Opinión

Epifanio Alcañiz, el Einstein de la radiestesia

13.04.16 | 12:25. Archivado en Magdalena del Amo

Los libros huelen bien: los viejos de las estanterías, los que heredamos de nuestros antepasados letrados, los que compramos en los mercadillos con notas, recordatorios y alguna polilla. Los libros nuevos, cuando salen de la imprenta huelen tan bien como el pan tierno de las tahonas. Tengo mi nariz golosa pegada a las páginas del libro de Epifanio Alcañiz, Radiestesia, con el sugerente subtítulo La percepción olvidada.

La radiestesia, como ciencia, como arte, como disciplina o como quiera que se la quiera denominar, se conoce desde tiempos inmemoriales. La Iglesia siempre la ha practicado, y los templarios fueron los grandes maestros del Medievo. A lo largo de los años, cada estudioso ha tratado de aportar su granito de arena a esta interesante práctica que coadyuva a la obtención de respuestas sobre temas cruciales sobre los que siempre nos habíamos preguntado, así como a una mejor comprensión del mundo y el ser humano que lo habita, en compañía del resto de los seres vivos.

A través de la radiestesia podemos saber cuál es el lugar idóneo para construir una casa o situar el despacho o el dormitorio, es decir, lugares donde pasamos un gran número de horas. Muchas enfermedades y dolencias se deben a que pasamos demasiado tiempo sobre una geopatía, un punto energético desfavorable para nuestro organismo. Las consecuencias son pérdida de energía, cansancio crónico, debilidad general y, como consecuencia extrema, cáncer.

Algunas de estas cosas ya se conocían. Sin embargo, con Alcañiz la radiestesia inicia un ciclo nuevo. Que no se me enfaden los radiestesistas –alguno de ellos amigo desde hace tiempo— pero, si queremos ser justos, hay que hablar de un antes y un después. El autor de Radiestesia. La percepción olvidada evalúa la información aportada por otros profesionales, pero, además, valiéndose de la telerradiestesia descubre nuevos datos de mediciones de centros telúricos en varios lugares de la tierra, cuyos vórtices hasta ahora no se habían descubierto. El libro es toda una revelación donde el autor vuelca sus experiencias y comprobaciones a lo largo de dieciséis años.

Todos sabíamos que determinados lugares “por algo especial” han sido considerados sagrados desde la noche de los tiempos. De ahí que las catedrales medievales estén construidas sobre un templo romano que, a su vez, se erigió sobre un monumento megalítico. Lo mismo podemos decir de las pirámides y de todos los monumentos de la antigüedad. Hablábamos de energías telúricas, de “algo especial” para lo que no había definición. Alcañiz, a ese “algo especial”, tras descubrirlo, lo denominó “vórtice”. Pero, por si esto fuera poco, es capaz de descubrir si el vórtice es dextrógiro o levógiro (dependiendo de si el giro es a la derecha o a la izquierda), y no solo sobre el terreno, sino a través de fotografías y mapas; y lo mismo ocurre con la prospección de las líneas Hartmann, Curry, triángulos radiantes, octógonos radiantes y geopatías en general.

El estudio que hace sobre El Monasterio de El Escorial y alrededores es lo mejor y más completo, con aporte de datos inéditos. También aquí desmonta algunos mitos; por ejemplo, sobre la famosa silla de Felipe II, donde algunos aseguran sentir algo especial. Pero parece que es pura programación mental, ya que el punto energético importante no está allí, sino abajo. El Escorial es, según Alcañiz, uno de los puntos más energéticos del mundo.

También conocíamos la existencia de cuerpos incorruptos –normalmente los de los santos—y ello siempre se había atribuido a sus cualidades específicas. Parecía no haber duda de la causa-efecto, es decir, la incorruptibilidad venía a ser una especie de premio a una vida ejemplar plagada de virtudes. Sin embargo –sin restar un ápice a las bondades de la persona— el autor aporta la razón científica de por qué se produce dicho fenómeno: todos los cuerpos incorruptos se encuentran sobre un vórtice, incluido el de Santa Teresa.

Radiestesia. La percepción olvidada dará mucho que hablar, y también su autor, a quien podemos considerar como el Einstein de la radiestesia. Hablar de la radiestesia antes y después de Alcañiz es como hacerlo de la física de Newton y la de Einstein y el resto de los genios cuánticos. Epifanio Alcañiz es un genio en su arte. ¡Y no es una hipérbole!

(Radiestesia. La percepción olvidada, La Regla de Oro Ediciones, Madrid, abril 2016).

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
periodista@magdalenadelamo.com
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