Opinión

Abortistas arrepentidos vuelven a la luz (I).

18.05.12 | 12:20. Archivado en Magdalena del Amo

Con frecuencia, cometemos el error de dar por hecho que las historias importantes son de dominio público y que ya no es necesario contarlas. Digo esto porque cuando cito al doctor Nathanson, salvo en los círculos provida, son muchos los que desconocen su lucha a favor de la legalización y práctica del aborto, su arrepentimiento posterior y su cruzada en la defensa de la vida. Por este motivo, he decidido hacer este resumen de quien marcó un antes y un después en la historia del aborto.

En su “Carta a las familias” Juan Pablo II destaca la importancia de que los niños crezcan en el seno de una familia que les inculque los valores morales necesarios para llegar a ser una persona de bien. Cuando Bernard Nathanson era niño, iba a la sinagoga tres veces por semana, pero creció en un entorno sin amor e influenciado por el odio que su padre le tenía a su madre y a la familia de ésta. El ambiente vivido en el seno familiar, sin el apoyo necesario para desarrollarse espiritualmente, le haría desembocar en un ateísmo atroz. Su destino le llevaría a poner su ciencia médica al servicio de la muerte. Ya en su madurez escribiría: “…había demasiada malicia, conflictos, revanchismos y odio en la casa donde yo crecí […] mi mundo interior era tumultuoso, tortuoso, sin fe, sin amor maternal, y con un acopio considerable de fobias y terrores”.

El materialismo de Nathanson le llevó a emprender una de las mayores cruzadas proabortistas de todos los tiempos. En 1967 corría la leyenda urbana de que una de las causas de muerte en las mujeres embarazadas de Estados Unidos era el aborto ilegal, y que la mayoría eran mujeres de baja extracción que llegaban a los hospitales medio desangradas por haberse practicado un aborto “casero”. Era evidente que había un problema de abortos incontrolados y que algunas mujeres morían a consecuencia de hemorragias e infecciones. Era necesario dar cobertura social y sanitaria a un colectivo que carecía, cuando menos, de formación y de información. Había que dar una solución a las embarazadas y a los no nacidos. Pero estos últimos no eran problema para alguien que afirmaba que la idea de Dios es nefasta para la evolución de la sociedad y que considera al hombre como la única autoridad moral para decidir sobre el derecho a la vida.

Con estas ideas llegó Nathanson a ocupar la dirección del “Centro para la Salud Sexual y Reproductiva de Nueva York” cuando, debido a unos problemas con la Justicia, su anterior director, el doctor Harvey había tenido que dejar el puesto.

“En esa época –escribiría Nathanson más tarde—no sabíamos nada del feto, no teníamos forma de verlo, ni medirlo, ni confirmar su humanidad. Nuestro interés se centraba en la mujer, no en el bebé”. Y como para Nathanson el nasciturus no tenía ningún derecho, optó por lo más fácil y lucrativo: luchar por la legalización del aborto.

La “Asociación Nacional para la Derogación de las Leyes que prohíben el Aborto” (NARAL, por sus siglas en inglés), promovida por Lawrence Lader y el doctor Bernard Nathanson, aglutinaba a grupos, personas e instituciones en pro de la legalización del aborto. Para conseguirlo, presionaban a los miembros de las cámaras legislativas para obligarles a derogar las leyes que lo prohibían. Y como ocurre siempre, el aborto se planteó como una solución y un derecho de la mujer a elegir. Incluso se vendió –y así se sigue haciendo—como un logro político el que las mujeres más desfavorecidas pudieran acceder libremente a él.

La campaña a favor fue un fraude basado en la mentira. Se falsearon datos para convencer de que era necesario que las mujeres abortaran en clínicas destinadas a ese fin y atendidas por personal sanitario. Aumentaron falsamente la ratio de muertes por aborto. En el año 1968 se producían en Estados Unidos alrededor de 100.000 abortos pero, para llamar la atención, multiplicaron la cifra por diez. Asimismo las 200 mujeres que morían víctimas de un aborto clandestino se aumentaron a diez mil para presionar a las autoridades y hacer ver que el aborto era necesario. Los estadounidenses partidarios del aborto en esos años eran menos del 1 por ciento. Pero el doctor y el resto de los colectivos antivida pronto cambiarían el porcentaje falseando la verdad.

El equipo de Nathanson publicaba en los medios sus propias encuestas fraudulentas. Por ejemplo, se informaba que de todos los encuestados, un veinticinco por ciento estaba a favor del aborto. Un tiempo después, en la siguiente encuesta, el porcentaje aumentaba a un cincuenta por ciento. En las charlas y ante los medios de comunicación, a las personas que rechazaban el aborto se las tildaba de seres retrógrados, manipulados por la jerarquía católica mientras que a los proabortistas se los consideraba personas liberales, inteligentes y modernas. Poco a poco esta idea fue calando y los ciudadanos, para no parecer anticuados, empezaron a aceptar la idea del aborto, al menos de cara a la galería. (Esta táctica de falseo se ha empleado en otros países para conseguir leyes despenalizadoras del aborto, y se sigue empleando en la actualidad. Para ello se utiliza a los medios de comunicación que debidamente manipulados, son capaces de hacer aparecer la mentira como verdad).

Otra de las estrategias fue culpabilizar a la iglesia católica de cada muerte, por oponerse a que las mujeres abortaran en centros especializados, y también se acusaba a los obispos que se oponían al aborto de “meterse en política”. Paralelamente, los colectivos feministas y algunos intelectuales liberales seguían reivindicando el aborto libre. Los laicistas hacían su irrupción, y de su mano, la nueva definición del aborto. La “Asociación Médica Americana” declaró en 1859: “El aborto es una destrucción innecesaria de la vida humana”. En 1871 la misma asociación calificó a los médicos que realizaban abortos, de “traidores a su profesión, traidores a sus principios, traidores a su honor, traidores a la humanidad y traidores a Dios”. En 1989 la misma asociación definió el aborto como “derecho fundamental”.

El doctor Nathanson fue un abanderado de la lucha proaborto en Estados Unidos hasta que en 1973 se legalizó en todos los estados. En su legalización no influyó el hecho de que el feto no fuera un ser humano en el sentido biológico, sino en que el no nato no es una “persona plena”. No se cuestionaba si el niño era o no una persona plena antes de nacer, sino que se estableció que “no lo era hasta su nacimiento”. Esta abstracción del concepto “persona plena” antes o después es tan artificiosa que nos está llevando a la comisión de delitos morales con la total anuencia y amparo de las leyes. De hecho, la eutanasia, la otra cara del aborto, se rige por parámetros similares, y para su legalización se manejan los mismos argumentos que se utilizaron en su día para legalizar el aborto.

El “Centro de Salud Sexual y Reproductiva de Nueva York”, conocido como la mayor clínica abortista del mundo, estuvo bajo la dirección de Nathanson desde 1971 a 1972. Los diez quirófanos y los treinta y cinco médicos, más una plantilla de ochenta enfermeras, trabajaban sin descanso, incluso los domingos. Sus antecedentes en la lucha y los más de cien abortos diarios practicados en su hospital le hicieron acreedor del sobrenombre “el rey del aborto”. Fue responsable de la práctica de unos 60.000 y realizó personalmente alrededor de 5.000, entre ellos dos hijos suyos, uno de su primera novia por la que sentía un gran amor.

En el transcurso de una fiesta del personal del hospital, el doctor Nathanson se enteró por boca de las esposas de algunos de los médicos que practicaban abortos en la clínica que él dirigía, que aquellos dormían mal y que soñaban con niños ensangrentados y cortados en trozos. Sorprendido, decidió indagar más entre su personal sanitario y descubrió que algunos bebían, otros tomaban drogas y algunas enfermeras abandonaban el trabajo porque no podían soportar tanto dolor continuo.

A finales de 1972 Nathanson dimitió de su cargo en el hospital y pasó a ser jefe del Servicio de Obstetricia del hospital San Lucas de Nueva York, pero seguía estando a favor del aborto.

Después de estudiar el feto durante unos cuantos años, en 1974 el doctor Nathanson publicó un artículo en la revista médica The New England Journal of Medicine en el que declaraba sus dudas y temores sobre el aborto, admitiendo que el feto era una persona; pero no era un artículo propiamente provida. “La vida –escribió—es un fenómeno interdependiente para todos nosotros. Es un espectro continuo que comienza en el útero y acaba con la muerte; las bandas del espectro se designan con palabras tales como feto, bebé, niño, adolescente y adulto. Debemos afrontar con valor –por fin—el hecho de que [en el proceso del aborto] se aniquila un tipo especial de vida humana, y, dado que la mayoría de los embarazos se llevan a término con éxito, el aborto debe verse como la interrupción de un proceso que, de otro modo, habría engendrado un ciudadano del mundo. Negar esta realidad es el tipo más burdo de evasión moral”. El escrito provocó una gran controversia e incluso recibió amenazas de muerte por parte de los colectivos proaborto. Pero Nathanson tenía ya las ideas más claras sobre el particular. A partir de ahí continuaría realizando investigaciones con ultrasonidos. Por esos años se estaba empezando a aplicar esta técnica en ginecología. Nathanson grabó un aborto y, por primera vez, pudo comprobar lo que ocurría con el bebé en el interior del útero. La vida de Nathanson dio un giro de ciento ochenta grados. Cuando vio el feto en la pantalla del ordenador y pudo sentir su corazón empezó a plantearse sobre lo que había estado haciendo en los últimos años. Él sabía desde un principio que los no natos eran seres humanos. Pero fue al observar el comportamiento del feto en el vientre materno, advertir sus gestos y oírle, cuando se convenció de que se trataba de un ser independiente y único. “Por primera vez –dice Nathanson—pudimos estudiar al ser humano en el vientre y descubrimos que no era distinto de nosotros: comía, dormía, bebía líquido, soñaba y se chupaba el dedo igual que un niño recién nacido. Era un ser humano con dignidad, dada por Dios, que no debía ser destruido o dañado”.

Desde ese día del año 1979 no volvió a practicar más abortos; y lo mismo le ocurrió a un colega suyo que practicaba todos los meses alrededor de trescientos abortos, cuando colocó un ecógrafo sobre el vientre de la madre para grabar qué ocurría.

Aunque la calidad del material no es muy buena, en la grabación se ve el niño, que hasta hace unos momentos nadaba feliz en el líquido amniótico, empieza a huir hasta la pared del fondo del útero cuando siente que los artilugios metálicos introducidos a través de la vagina quieren alcanzarle. Al fin, cuando las tenazas lo atrapan, se ve que abre la boca en un grito de dolor. Este grito se conoce como “el grito silencioso”, título además de un vídeo que Nathanson utilizó en sus conferencias provida.

En 1984, durante la “Convención del Comité Nacional Provida” en Kansas City, Missouri, el doctor Bernard Nathanson mostró un sonograma (película de ultrasonido) del aborto de una niña, por succión. Una de las delegadas, Sandy Ressel, hizo el siguiente relato de sus impresiones: “El doctor decía: ´La niñita tiene diez semanas de vida y es muy activa`. Podíamos verla en sus juegos moviéndose, volviéndose y chupándose el dedo pulgar. Podíamos ver su pulso normal de 120 pulsaciones por minuto. Cuando el primer instrumento tocó la pared uterina, la niña se replegó inmediatamente y su pulso aumentó considerablemente. El cuerpo de la niña no había sido tocado por ningún instrumento, pero ya ella sabía que algo estaba tratando de invadir su santuario. Nosotros vimos con horror cómo, literalmente, maltrataban y descuartizaban a este pequeño ser humano inocente. Primero la espina dorsal, luego la pierna, pieza por pieza, mientras la niña tenía violentas convulsiones. Vivió casi todo este trágico proceso tratando de esquivar el instrumento cortante. Con mis propios ojos la vi echar su cabeza hacia atrás y abrir su boca en lo que el doctor Nathanson llamó “el grito silencioso”. En una parte de estas escenas sus pulsaciones habían llegado a más de 200 por minuto, porque tenía miedo. Por último, fuimos testigos de la macabra silueta del fórceps que buscaba la cabeza para destrozarla y retirarla, ya que era muy grande para pasar por el tubo de succión. Este proceso homicida duró entre unos 12 y 15 minutos. El abortista que practicó esto lo había filmado por curiosidad. Cuando vio la película dejó la clínica de abortos y nunca más volvió”.

Los defensores del aborto publicaron artículos sobre si el feto siente dolor o no cuando está siendo despedazado y succionado. El problema no era ese. Una persona no deja de serlo porque esté anestesiada o una determinada lesión le impida sentir dolor o no tenga el tiempo suficiente para haberse desarrollado los centros del dolor. Otra de las estrategias para poner en contra a los medios de comunicación fue asegurar que el vídeo era un montaje. Corrieron ríos de tinta en torno al tema.

En vista de la polémica el propio Nathanson envió el vídeo al doctor Ian Donald, de Escocia, el descubridor de los ultrasonidos para que lo analizara y le diera una opinión. Donald no sólo analizó la cinta y dijo que era auténtica sino que hizo una declaración jurada. El doctor Nathanson desafió a los proabortistas a que grabaran un vídeo de sus abortos y nunca lo han hecho.

Después de El grito silencioso vino el libro Aborting América y el segundo vídeo The Eclipse of Reason que se emitió por varias televisiones y se exhibió en parlamentos de todo el mundo. Pero su obra clave es La mano de Dios, donde él abre su corazón y habla de sí mismo, de su arrepentimiento, de su conversión y de su relación con Dios.

“Cuando contemplo los veinticinco años que me separan de esa asquerosa extravagancia a costa de los cuerpos de las mujeres embarazadas y sus bebés exterminados, me admiro por el carácter acrítico de la tarea que nos habíamos asignado, por el vacío moral y espiritual que había en el fondo de esta bárbara operación, por la indiscutida certeza que teníamos del alto grado de rectitud moral con que obrábamos. Y, sin embargo, qué claramente sórdida era la cosa. ¿Por qué no enlazábamos la ética con la moral, la birria de práctica con el vil practicante, la evidente codicia con la crueldad insensible que la motivaba, la estupidez de la empresa y los implicados en ella, todos esos indicadores éticos y la grotesca inmoralidad del acto en sí mismo?”, reflexiona en La mano de Dios. En el libro Nathanson describe a los médicos de su clínica como “una cuadrilla compacta de delincuentes profesionales desprovistos de todo bagaje ético o moral”.

A pesar de la catarsis producida por los vídeos y las conferencias, Nathanson no conseguía tener su alma en paz. Se pasaba las noches en blanco, sin pegar ojo, esperando no sabía muy bien qué. Su antiguo profesor de psiquiatría cuando estudiaba en Canadá, Karl Stern, tuvo una importancia vital en este periodo tormentoso de la vida de Nathanson. Stern, tras varios años de meditación y reflexión se había convertido al catolicismo y había plasmado en The Pillar of Fire su experiencia en bellas y profundas palabras que calaron en el corazón de Nathanson. “Stern –escribe—poseía un secreto que yo había buscado durante toda mi vida: el secreto de la paz de Cristo”.

A Nathanson le llamaban la atención las manifestaciones pacíficas de los movimientos provida que cantaban y rezaban, arriesgándose a sufrir las afrentas y agresiones de los abortistas. Rezaban por los niños que morían vilmente asesinados, por las mujeres que abortaban y también por los “mal llamados” médicos y enfermeras que cometían tales atrocidades. Estas acciones fueron ablandando el corazón de Nathanson y, poco a poco, empezó a tener algunas respuestas. El proceso de conversión estaba ya en marcha. “Por primera vez –escribiría más tarde—en toda mi vida de adulto, empecé a abrigar la noción de Dios, un Dios que paradójicamente me había llevado a través de los proverbiales círculos del infierno, sólo para mostrarme el camino hacia la redención, el perdón por medio de su gracia. Ese pensamiento contradecía todas las dieciochescas certezas que tan queridas habían sido para mí; en un instante convirtió mi pasado en una repugnante ciénaga de pecado y maldad; me acusó y condenó de graves crímenes contra los que me amaban y contra aquellos que ni siquiera conocí; y a la vez –milagrosamente—me ofreció una reluciente chispa de esperanza, en la creencia, cada vez más firme, en que, hace dos milenios, Alguien había muerto por mis pecados y mi maldad”.

Nathanson recibió el bautismo en la iglesia de San Patricio de Nueva York de manos del reverendo O´Connor el 9 de diciembre de 1996. Hasta el día de su muerte defendió los derechos de los no nacidos a través de conferencias y foros en los que mostraba los vídeos de su investigación.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
periodista@magdalenadelamo.com
Suscripción gratuita
(17/5/2012)
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Comentarios
  • Comentario por Nohemi Gonzalez Acencio 20.05.12 | 07:15

    Gracias por esta INFORMACION sabia sobre el tema pero no el nombre del Dr. Y los detalles ahora le daré difusión, por las nuevas generaciones que desconocen esto y que son aleccionadas en las escuelas con todas las mentiras que se comentan en el articulo y la sociedad en general se está tragando toda la INFORMACION perversa que los comunicadores sin escrúpulos o mal informados que lanzan en pro del aborto. Ya hice tres programas de televisión en favor de la vida y la gerente de producción me presionaba para que invitara a los pro abortos NO LO HICE, estoy feliz, ahora voy a comentar el tema en la radio y Dios me volverá a ayudar, porque estoy convencida de que "el que no conoce la historia está condenado a repetirla"


  • Comentario por Mari Carmen 20.05.12 | 01:00

    Magdalena, como siempre escribes de política ya creí que habías dejado los temas provida. Haces bien en incidir. Parece que está todo dicho pero no es así. Hay que seguir concienciando y poniendo nuestro conocimiento al servicio de los demás. Además se que te lee mucha gente y eso es importante.

  • Comentario por Susana 19.05.12 | 17:12

    Magdalena, como siempre escribes de política ya creí que habías dejado los temas provida. Haces bien en incidir. Parece que está todo dicho pero no es así. Hay que seguir concienciando y poniendo nuestro conocimiento al servicio de los demás. Además se que te lee mucha gente y eso es importante.

  • Comentario por Melo 19.05.12 | 12:40

    Es increible. El daño que se esá haciendo es incuantificable. Los niños se asesinan cada año creyendo que tenemos potestad de decidir quien vive y quien debe morir porque viene en mal momento. Pero no son culpables las mujeres sino los políticos y los intelectuales. Estos permanecen apoltronados preocupados unicamente de sus ascensos.

  • Comentario por José Miguel 19.05.12 | 10:39

    Si quereis podeis ver en internet lo que el doctor habla de su experiencia. Está en inglés pero hay algunos videos subtitulados. El artículo está muy bien. El ateísmo conduce a estos comportamientos.

  • Comentario por Mercedes 19.05.12 | 10:10

    Ya conocía la historia del doctor Nathanson. Es increible lo que sufrió cuando se dio cuenta de que había estado asesinando niños. Haces bien en sacar este artículo porque mucha gente no lo conoce.

  • Comentario por María Trinidad Invernizzi Laureiro. 19.05.12 | 01:40

    He leído todo el artículo.Lo que me extraña de los llamados "proaborto" es que hablan de "persona plena,o no",no hablan de la VIDA. Acaso de una semilla seca no nace una débil tallo para convertirse luego en una flor o en un poderoso árbol? Eso no es VIDA?. Nuestro óvulos y espermatozoides son nuestras semillas en las cuales está aguardando la VIDA para empezar a realizarse como tal. Se necesita definir si lo que las mujeres llevamos en nuestro vientre es un feto "desechable" o una "persona plena"?.Las mujeres que no han podido tener hijos se llaman a sí mismas,secas,aridas.estériles,no diríamos lo mismo refiriéndonos a una semilla que plantamos y no dió fruto? Hay más que similitud,igualdad.La inteligencia nos ha diferenciado de los animales,lástima que la hallamos usado para la guerra,genocidios,abortos, es decir por siglos la hemos usado para matar la vida. Seguiremos usando nuestra inteligencia para de diferentes maneras,MATAR? Sea semilla,óvulo o espermatozoide,repetemos la VIDA.

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