
MADRID, 12 (OTR/PRESS)
Han sido unos días de infarto. La crisis y las sucesivas medidas que va adoptando el Gobierno se están convirtiendo en un bucle maléfico. La prima de riesgo nos acecha, los mercados, insaciables, la bolsa cayendo en picado y todos mirando al Presidente del Gobierno.
Sabia bien Mariano Rajoy en donde se metía y para qué le habían elegido los españoles con una mayoría más que absoluta. A él no le ha ocurrido lo que a su antecesor, cuando en Mayo de 2010 no tuvo más remedio que caerse del caballo y tomar decisiones que, son seguridad, le quitaron el sueño. No hay Presidente en el mundo al que le guste recortar pensiones, subir tasas o billetes de transportes. No hay Presidente en el mundo que pueda vivir tranquilo cuando sabe que su presente y su futuro más inmediato es el continuo reclamar sacrificios a los ciudadanos y a sus responsables políticos.
Ni antes ni ahora Mariano Rajoy ha tenido piel de porcelana. Como ya se ha recordado en muchas ocasiones, ha llegado al poder "llorado", con más de una herida de "guerra" y sabiendo que España, día si y día también, es percibida por propios y ajenos, al borde del precipicio. La piel en la que ahora habita el Presidente necesariamente se le tiene que estar haciendo más dura. Lo va a necesitar para mantener el ritmo de reformas, ajustes o recortes _que cada cual elija el término_ que cree indispensable para colocar a España en rampa de salida para tiempos mejores.
No tenemos un Presidente frívolo, ni improvisador, ni ocurrente. Tampoco es propicio a las exageraciones, a las descalificaciones sin matiz. Es, además, un hombre educado que cuando quiere sabe transmitir y explicarse. Por todo ello sorprendió sobremanera su airada salida del Senado dejando a los periodistas sin mediar palabra. No es este su estilo y al día siguiente rectificó en el Congreso haciendo justo lo que tenia que hacer. Hablar y explicarse. La piel que ha comenzado a habitar en Mariano Rajoy es la piel de la lógica preocupación y de la inmensa responsabilidad que tiene sobre sus hombros. Sabe que sus medidas agobian a los ciudadanos y sabe que se le van a pedir cuentas, que la incertidumbre genera ansiedad y que el tiempo ha comenzado a correr. El "tiempo muerto" se ha acabado y la piel que habita Mariano Rajoy, de vez en cuando, se eriza, le quita locuacidad y le invita a la ausencia. Y, no. No son tiempos de ausencias. Son tiempos de disciplina a la hora de que los suyos _Gobierno y partido_ hagan declaraciones públicas y son tiempos en los que los ciudadanos necesitan de la presencia del Presidente para que tantas veces cuantas sean necesaria, explique a los españoles lo que está ocurriendo y las medidas que se adoptan.
La piel en la que habita Rajoy se llama crisis, incertidumbre, paciencia, y , además vértigo, mucho vértigo porque sabe que en sus decisiones está la suerte de los españoles. La piel en la que habita el Presidente tiene que ser, tiene que hacerse piel de paquidermo. Por su bien y por el de todos.
Miércoles, 19 de junio
Agustín Jiménez
Aitor Yuste
Alfonso Rojo
Ana Pastor
Andrés Aberasturi
Angel Calzada
Antonio Casado
Antonio José Parafita Fraga
Carlos Carnicero
Carmen Tomás
Cayetano González
Charo Zarzalejos
Consuelo Sánchez-Vicente
Dámaso Mayarias
Esther Esteban
Fermín Bocos
Fernando Jáuregui
Francisco Muro de Iscar
Isaías Lafuente
José Cavero
José Luis Gómez
José Manuel Pazos
Julia Navarro
Lorenzo Bernaldo de Quirós
Luis Del Val
Mabel Redondo
Magdalena del Amo
Miguel Cancio
Miguel Higueras
Nava Castro
Pedro Calvo Hernando
Rafael Martínez-Simancas
Rafael Torres
Ramón Pi
Roberto Malestar Rodríguez
Rosa Villacastín
Salvador Freixedo
Victoria Lafora
Julio César Izquierdo
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
Antonio García Fuentes
José Pómez
Graciano Palomo
Francisco Rubiales
Toni García Arias
Daniel Sánchez Jiménez