
MADRID, 21 (OTR/PRESS)
En Valencia, lo que empezó siendo una protesta de estudiantes de instituto ante la falta de calefacción en las aulas, va camino de ser una revuelta. Las cargas policiales, desproporcionadas, a juzgar por las imágenes servidas por la televisión, han cebado la mecha de un conflicto que pinta mal. Pinta mal porque el eventual contagio a otras ciudades (ya han sido anunciadas concentraciones solidarias) podría derivar en un conflicto de proporciones desconocidas. Un conflicto como el que se dio en los años ochenta del siglo pasado cuando en Madrid se hizo tristemente famoso el "Cojo Manteca". La mezcla entre los estudiantes de individuos marginales pertenecientes a los llamados colectivos antisistema agrava el perfil del conflicto porque hace muy difícil discernir los límites del problema que ha pasado de una protesta estudiantil a un ensayo de revuelta. Las declaraciones de un jefe policial tildando de "enemigo" a los estudiantes, no favorecen en modo alguno la reconducción del asunto.
El ministro del Interior (Jorge Fernández Díaz) debería aprovechar la comparecencia parlamentaria que solicita la oposición para aportar la serenidad que reclama el problema. Abrir una investigación para ponderar si la actuación policial ha sido o no desproporcionada, no puede ofender a nadie. Vivimos en una democracia y los servidores de la cosa pública están al servicio de los ciudadanos. Para garantizar, al tiempo, dos derechos: el de libre circulación que asiste a todos los ciudadanos y el de manifestación. Los policías son profesionales que han pasado por esa situación en cientos de ocasiones sin que la cosa haya dado que hablar. A juzgar por lo visto, esta vez no ha sido así. Las fotos de algunas de las cargas policiales en Valencia inundan la Red, dan la vuelta al mundo y no favorecen la buena imagen de nuestro país. En un mundo en el que la apariencia sustituye al ser, conviene no dar facilidades a quienes podrían juzgar el todo por la parte. En términos de orden público, hoy por hoy, afortunadamente, España no se parece en nada a Grecia.
Título acertado el de su columna de hoy, sr. Bocos. No sabe usted cuánto necesitamos los ciudadanos de análisis elaborados con mesura y ponderación, lejos de todo tremendismo y emotividad desmesurado, de personas como usted. Un saludo cordial.
Jueves, 31 de mayo
Agustín Jiménez
Aitor Yuste
Alfonso Rojo
Ana Pastor
Andrés Aberasturi
Angel Calzada
Antonio Casado
Antonio José Parafita Fraga
Carlos Carnicero
Carmen Tomás
Cayetano González
Charo Zarzalejos
Consuelo Sánchez-Vicente
Dámaso Mayarias
Esther Esteban
Fermín Bocos
Fernando Jáuregui
Francisco Muro de Iscar
Isaías Lafuente
José Cavero
José Luis Gómez
Julia Navarro
Lorenzo Bernaldo de Quirós
Luis Del Val
Mabel Redondo
Magdalena del Amo
Miguel Cancio
Miguel Higueras
Nava Castro
Pedro Calvo Hernando
Rafael Martínez-Simancas
Rafael Torres
Ramón Pi
Roberto Malestar Rodríguez
Rosa Villacastín
Salvador Freixedo
Victoria Lafora
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo