Opinión

Andrés Aberasturi - El dilema del medio plazo

21.02.12 | 12:20. Archivado en Andrés Aberasturi


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

El problema es que el común de los mortales no tenemos demasiada idea de qué es lo bueno y qué lo malo, de si la receta para salir de la crisis es el ajuste duro que aplica Europa o justo todo lo contrario que es lo que hace EEUU. Naturalmente que los sistemas económicos y, sobre todo, los modelos sociales del viejo continente nada tienen que ver con los que rigen en los USA, pero la duda sigue y muchos a estas alturas se empiezan a cuestionar ente esta nueva recesión que se avecina si realmente debe ser el déficit el único enemigo a batir y a costa de lo que sea.

Personalmente me da miedo la reforma laboral emprendida por el Gobierno de Rajoy y quiero pensar que en el trámite parlamentario podrá ajustarse más sin dejar por ello de ser dura y tristemente necesaria. Porque una cosa es que asuste y otra bien distinta que, porque asuste, no se haga. A favor de la reforma del PP juega el fracaso de las políticas de Zapatero de la misma forma que a favor de la muy dura verdad anunciada sobre el primer efecto de la reforma -la perdida de puestos de trabajo- juegan los absurdos brotes verdes con los que se empeñaban en engañarnos un día sí y otro también los gabinetes del anterior gobierno: ni había brotes, ni eran verdes. Y al final, cuando el túnel era mas negro y mas largo y no se veía luz por ninguna parte, tuvo que recurrir a una reforma que no sólo resultó escandalosamente larga en su elaboración y luego del todo pacata, sino que, es lo peor, no solucionaba nada.

Pero es el pasado y a quien toca ahora vigilar es al Gobierno de Rajoy. Y la pregunta que nos hacemos muchos es obvia: ¿se ha pasado de la raya en la dureza del ajuste? Yo no tengo la respuesta, lo cual no sería en absoluto importante si no fuera porque nadie la tiene: oyes a expertos economistas, buenas gentes llenas de buenas intenciones, y uno defienden la bondad y necesidad de las medidas con argumentos que parecen tan convincentes como los que las descalifican con coherencia y sin apasionamiento y aseguran que no van a servir sino para empeorar el panorama. No lo sé. En lo único que todos estamos de acuerdo -todos no, que siempre hay excepciones a las que ni merece la pena poner nombre- es que algo había que hacer y que lo que había que hacer debería ser digamos radical, duro y doloroso. Vale, pero ¿tanto? Zapatero se la jugó al buenismo, a esperar que escampara y a -permítaseme la expresión- "comprar" la paz social. No funcionó. Rajoy apuesta también con riesgo y sabe que va a tener lío en la calle un día sí y otro también. Si para mediados del 2013 no han aparecido -y esta vez de verdad- los brotes verdes, el inmenso poder del que ahora disfruta se puede evaporar en poco tiempo. Un pueblo está dispuesto a sacrificarse mucho siempre que vea resultados a medio plazo, y ahí está el "quid" de la cuestión. Porque todos sabemos lo que es el corto plazo, eso que se produce de una forma casi inmediata, lo mismo que sabemos lo que es el largo plazo, eso que los mayores ni llegaremos a ver. ¿Pero quien mide el medio plazo y cuánto dura? ¿Cuándo será el momento de pedir cuentas por el sacrificio? No lo sé, pero imagino que debe ser algo muy parecido a lo que me han contado ocurre con los almonteños y la Blanca Paloma: no hay hora prevista, todos esperan, surgen intentos que no cuajan hasta que, de pronto, sin saber por qué se salta la verja. Pues eso; que la cuentas del Gobierno de Rajoy estén presentables en el momento inconcreto en que la sociedad diga "hasta aquí hemos llegado".


Luis del Val - Los mantras posmodernos.

21.02.12 | 12:20. Archivado en Luis Del Val


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

En general, los individuos de las sociedades occidentales son bastante reacios a proclamar su fe en las religiones tradicionales, pero no tienen inconveniente en abrazar causas extravagantes que, de repente, se convierten en una especie de verdad revelada para uso urbano. Una de las más deslumbrantes ha sido la doctrina de que es mucho mejor parir a los hijos en casa. Años luchando contra la morbilidad infantil y, ahora, que hay sociedades privilegiadas que disponen de quirófanos asépticos y personal sanitario de alta preparación para todo el mundo, se vuelve a los tiempos en los que la septicemia se llevó a miles de mujeres al otro mundo, a la vez que otros tantos de miles de niños no llegaron a abrir los ojos o lo hicieron en condiciones de disminución psíquica por falta de riego sanguíneo durante el alumbramiento. La pionera de este "parto ecológico", Carolina Lovell, murió en su casa al dar a luz. A veces, la ciencia tiene unas maneras muy crueles de imponer su lógica.

Pero como el agnosticismo necesita creencias, durante las últimas semanas ha aparecido otro de esos de fenómenos extravagantes. Alguien dice que el champú para caballos es mucho mejor que el champú preparado para el consumo humano, y las estanterías de las grandes superficies se han vaciado de champú de caballo, e incluso ha aparecido una modalidad adaptada al cabello humano. La explicación de esta especie de dogma se basa en la existencia de biotina, que, en efecto, puede ayudar a la pérdida del cabello, si se carece de vitamina B, pero... ingerida. Mezclada con el champú tiene tanto efecto como si nos aplicáramos la penicilina por la piel para curar una infección intestinal. Todo esto me recuerda aquél personaje, creo que de Arniches, que "ni siquiera creo en la única religión verdadera, que es la católica". Los mantras posmodernos vienen a ser la nueva religión. El último y más peligroso: no vacunar a los niños. El postrero grito en mantra urbano, que está multiplicando la aparición de enfermedades que creíamos desaparecidas.


Julia Navarro - Escaño Cero - las razones de los otros.

21.02.12 | 12:20. Archivado en Julia Navarro


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

Lo peor que puede hacer un gobernante es no escuchar. Le pasó a José María Aznar cuando decidió meter a España en la guerra de Iraq haciendo caso omiso a la opinión de la calle. Le ha pasado a otros muchos gobernantes sin distinción del color político. Hago esta reflexión al filo de las manifestaciones, la mayoría multitudinarias, que se han celebrado este fin de semana para mostrar el rechazo y preocupación por la recién aprobada reforma laboral. Y es que la reforma laboral supone un tajo a los derechos de los trabajadores, derechos conseguidos tras años de lucha y negociación y que son, o mejor dicho, eran, una parte sustancial del Estado del bienestar.

Verán, yo no tengo la menor duda de que Mariano Rajoy quiere sacar a España de la crisis y que lo hace con los instrumentos que cree que pueden ser más eficaces. Pero, dicho esto, también creo que el presidente no puede encasillarse creyendo que la razón solo le asiste a él y que por tanto no hay más recetas que las suyas para abordar los gravísimos problemas de nuestra economía. De ahí que me parezca preocupante que la respuesta del PP a las manifestaciones hayan sido unas palabras de su secretaria general, Dolores de Cospedal, diciendo que son muchos más los que apoyan a Rajoy que los que salen a la calle a manifestarse.

Es evidente que Mariano Rajoy ha obtenido un éxito rotundo en las urnas, éxito que comenzó el pasado mes de mayo con las elecciones autonómicas y municipales y que ha culminado con las elecciones generales. Y es igualmente evidente que los ciudadanos estaban hartos de Rodríguez Zapatero y del PSOE, y en el caso del ex presidente no le perdonaban que se hubiera saltado su programa electoral a la torera. Algo parecido está haciendo el señor Rajoy incumpliendo algunos de sus compromisos electorales como la subida de impuestos.

Me parece a mí que el presidente debería de escuchar la voz de la calle, reflexionar sobre si no ha llevado su reforma laboral demasiado lejos y, sobre todo, estar dispuesto a negociarla a su paso por el Parlamento. Creerse en posesión de la verdad y de la razón absoluta es solo un ejercicio de soberbia y, francamente, no creía yo que ese fuera a ser uno de los puntos flacos del nuevo presidente.

Igualmente, me llama la atención el empeño que tienen algunos prohombres del PP, pero sobre todo sus portavoces mediáticos, en desprestigiar a los sindicatos como vía para defender su reforma laboral. Ese no es el camino. Los sindicatos lo podrán hacer mejor o peor, desde luego en el pasado reciente no lo han hecho demasiado bien, pero eso no significa que no sean sustanciales en un Estado democrático. Además, en esta ocasión, tanto Cándido Méndez como Fernández Toxo están actuando con una sensatez y prudencia digna de elogio. Por eso, la respuesta no puede ser la arrogancia y el lanzar una campaña para desacreditarles. Si los dirigentes del PP insisten en ese registro, se equivocarán.

Creo que después de las manifestaciones de este fin de semana, el presidente debería de reflexionar y desde luego negociar. Colosal. En cuanto a la señora de Cospedal no se le debería de olvidar que las elecciones lo mismo que se ganan se pierden, y que no se puede gobernar contra una buena parte de los ciudadanos. Hoy puede que sean menos que los votantes del PP, pero mañana pueden ser más.


Cayetano González - Patxi López y ETA.

21.02.12 | 12:20. Archivado en Cayetano González


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

Fue Pilar Ruiz Albizu, la madre de Joseba Pagazaurtundua asesinado por ETA en febrero de 2003, la que dijo aquello de "Patxi, harás y dirás cosas que nos helarán la sangre", en referencia al actual lehendakari del Gobierno Vasco. Esa frase lapidaria la pronunció la madre de los Pagazaurtundua -su hija Maite es la presidenta de la Fundación Víctimas del Terrorismo- a las puertas del hotel donde en una de sus salas, Patxi López y Rodolfo Ares mantenían en julio de 2006 una reunión con Arnaldo Otegui y otros dirigentes de la ya entonces ilegalizada Batasuna durante el proceso de negociación política que el Gobierno de Zapatero llevó a cabo con ETA.

Desde entonces han pasado muchas cosas, entre otras, que López se convirtió en el 2009 en el primer lehendakari del Gobierno Vasco no nacionalista gracias al apoyo que le prestó el PP de Basagoiti. Pero también ha sucedido que López ha sido el más ardoroso defensor de eso que ha venido en denominarse la "izquierda abertzale" y que no es otra cosa que ese sórdido mundo que siempre ha dado cobertura a la actividad criminal de la banda terrorista. Así, en su momento, López se mostró contrariado por la decisión del Tribunal Supremo de no permitir a Sortu presentarse a las pasadas elecciones municipales y fue de los que más presionó para que el Constitucional permitiera que lo hiciera Bildu, desautorizando al Supremo.

Y sin que ETA se haya disuelto ni haya entregado las armas, López sigue empeñado en que el Gobierno de Rajoy modifique la política penitenciaria acercando los presos de la banda a las cárceles del País Vasco, que se excarcelen a los que están gravemente enfermos y que se reinserten a los que hayan rechazado la violencia y pedido perdón. Pero no contento con todo lo anterior, el lehendakari ha manifestado este domingo en una larga entrevista en el periódico Gara, afín a las posiciones de la izquierda abertzale, que "la permanencia de Arnaldo Otegui en prisión es contraria a la opinión y al sentimiento de la sociedad vasca". Es decir, según López, si la opinión pública de forma mayoritaria en un momento determinado considera que un preso no debe de seguir en la cárcel, pues se le pone en la calle y santas pascuas. Da lo mismo si le queda por cumplir un tiempo de condena y por qué delito ha sido condenado.

Es bastante triste que un socialista se convierta en el principal abanderado de las reivindicaciones del mundo de ETA. A López le queda un año en Ajuria-Enea, porque tiene muchas mas posibilidades el Athletic de Bilbao de ganar la próxima Copa del Rey al Barcelona, que hacerlo el líder socialista vasco en las próximas elecciones autonómicas. Esa será otra herencia envenenada que dejará Zapatero, López y el PSOE: la posibilidad de que Otegui sea el próximo lehendakari. Cuanta razón tenía la madre de los Pagazaurtundua.


Fermín Bocos - No es tiempo de huelgas.

21.02.12 | 12:20. Archivado en Fermín Bocos


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

Convocados por los sindicatos, miles de ciudadanos salieron a la calle el domingo pidiendo al Gobierno que pare la reforma laboral aprobada hace diez días. El mismo día y a la misma hora, en Sevilla, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, justificaba el ajuste de la normativa laboral como el paso imprescindible para dinamizar el mercado de trabajo. El PP obtuvo el respaldo mayoritario de los votantes en las elecciones celebradas el pasado 20 de Noviembre y, por lo tanto, el Gobierno que surgió de las urnas está legitimado para impulsar esta o cualquier otra reforma de nuestras leyes. Eso nadie lo discute; pero, con cinco millones de parados y la economía en fase de recesión, no nos conviene entrar en una etapa de inestabilidad generada por movilizaciones instadas por los sindicatos. La democracia es un régimen de opinión publica y el Gobierno debe tener suficiente cintura u olfato como para atender algunas de las propuestas que plantean Cándido Méndez y Fernández Toxo. Por otra parte, los dirigentes sindicales deben ponderar mucho el alcance de las movilizaciones para no dañar el clima de confianza necesario para iniciar la recuperación económica. Desde luego, España no está ahora como para convocar la huelga general que reclamaban algunos manifestantes.

La paz social es un bien para la democracia. Mantenerla, también es tarea de los gobernantes. Se oyen voces destempladas que emplazan al Gobierno a desentenderse de lo que digan los sindicatos y la calle porque entienden que la única voz que cuenta es la que se expresa el día de las elecciones. Siendo cierto que es de las urnas de donde procede la legitimidad para ejercer el poder, no lo es menos que en democracia toda voz expresada sin violencia debería ser atendida. Tengo para mí que Mariano Rajoy, que nunca fue político de talante autoritario, encontrará el registro para dar cauce a alguna de las reformas de la reforma laboral que plantean los sindicatos. La paz social, bien merece un esfuerzo por parte de todos.


Antonio Casado - Fobia a los sindicatos.

21.02.12 | 12:20. Archivado en Antonio Casado


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

El Gobierno sostiene que las movilizaciones del domingo pasado expresan un ataque de contrariedad de los sindicatos por la pérdida de privilegios que supone para ellos la reforma laboral. Según dijo Rajoy en el congreso nacional del PP, dicha reforma se ha hecho pensando en los parados ("Son las medidas que estaban esperando los cinco millones de desempleados"), pero la agitación se hace en nombre de quienes tienen trabajo. Por su parte, la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, hizo un llamamiento público a la transparencia de los sindicatos, rematando así el balón centrado por las terminales mediáticas del PP, que venían calentando las manifestaciones del 19 de febrero por los sueldos millonarios de los dirigentes sindicales y su pasión por el lujo, las comilonas y los relojes de marca.

Por todo lo alto se ha celebrado en dichos medios el hallazgo de los 180.000 euros anuales que percibe el líder de la UGT madrileña, José Ricardo Martínez, como consejero de Bankia. No había terminado la vicepresidenta de pedir transparencia a los sindicatos el viernes pasado, cuando Martínez ya estaba dando toda clase de explicaciones sobre dicha percepción. Básicamente, que vive de su sueldo de 2.300 euros como empleado de Renfe y que los 180.000 euros van a la caja del sindicato. De nada le sirvió la transparencia. Esos medios siguieron haciendo risas con la cantinela, sin prestar oídos a esas aclaraciones. Como mucho, los que sí tomaron nota abroncaban a Martínez por la desvergüenza de no entregar a los parados su sueldo de Renfe, como "liberado", e irse a vivir debajo de un puente con su familia. Es lo menos que puede hacer para ser creíble.

No parece políticamente correcta esa vía de financiación de los sindicatos que consiste en quedarse con la retribución de sus representantes en un consejo de administración. También es discutible la presencia de los representantes sindicales. Supone una pérdida de independencia, una forma de estar cautivos del poder bancario. Por ejemplo, ¿cómo defender a los propios trabajadores de una Caja de Ahorros desde su cúpula empresarial? No se escuchan estas críticas. Todo se va en desprestigiar al líder sindical que tiene la osadía de encabezar una marcha contra la reforma laboral del Gobierno y difundir la fobia a los sindicatos, como si fueran sectas dirigidas por unos vividores adictos a la buena vida.

El sindicalismo español es una maquinaria averiada. Necesita una puesta al día del templo y también de la doctrina. Vale. Pero mientras sea una institución más de nuestro ordenamiento constitucional, merecen el mismo respeto que la CEOE, los partidos políticos, las Fuerzas Armadas o el CGPJ. Dicho sea por la demagógica campaña de los sectores más radicales del PP, alentados por un Gobierno que no oculta su esperanza de que las movilizaciones del domingo pasado, y las que están convocadas a escala europea el próximo día 29, sirvan para desacreditar a las organizaciones que representan los intereses de los trabajadores.


Rafael Torres - Al margen - ¡Que inventen para ellos!

21.02.12 | 12:20. Archivado en Rafael Torres


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

El unamuniano "¡Que inventen ellos!" ha derivado en el "¡Que inventen para ellos!" Es decir, los científicos españoles, preteridos y despreciados en su país, para las naciones que les acogen como emigrantes cualificados. Por primera vez, ningún ministerio del Gobierno español ostenta la palabra "Ciencia", pero más grave aún es que si la ostentara tampoco serviría para nombrar una realidad: a los políticos de aquí la Ciencia les importa maldita la cosa, ni la Educación, ni la Cultura, ni el Arte, ni nada de cuanto sirve de veras para la elevación de los individuos y de los pueblos.

Zapatero dejó en esto de la Ciencia la cama por hacer, y Rajoy, entregado de hoz y coz a los empresarios, a los bancos y a los mercados, ha optado, sin más, por desembarazarse de ella. Así, las ya paupérrimas dotaciones para la Investigación se han desplomado hasta caer en los aledaños de la nada, los estímulos se han abolido, los laboratorios se están cerrando (¡Ese "Príncipe Felipe" de Valencia que costó un dineral y ahora lo pueblan los fantasmas!), y los científicos españoles, gente de vocación y talento, hacen las maletas y se marchan en masa del país que invirtió en su formación lo que ya jamás recuperará en logros y resultados. Lo que inventen por esos mundos, una vacuna o un dispositivo quirúrgico, una nueva fibra sintética o un combustible revolucionario, aparecerá por España algún día, bien que mucho más caro que de haberse generado y patentado aquí, pero lo que no reaparecerá, porque nunca habitó entre nosotros, es la apuesta política, colectiva, unánime, por el progreso de la Nación.

Otra vez lo más granado del pueblo español tiene que transterrarse, que huir, para seguir viviendo. No hace dos generaciones que marcharon los mejores brazos en el descomunal éxodo migratorio de los 60 y 70 del pasado siglo, y ahora les toca a los mejores cerebros. Y así nos va, perdiendo a chorros, constantemente, el líquido que lubricaría el buen funcionamiento del país, cuyas máquinas, abandonadas y decrépitas, se paran. Unamuniano a lo chungo, sin talento, el Gobierno apuesta por el "¡Que inventen para ellos!".


Fernando Jáuregui - No te va a gustar - De quinientos mil a cincuenta mil.

21.02.12 | 12:20. Archivado en Fernando Jáuregui


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

Las dos españas se muestran también en las cifras: los sindicatos dijeron que, en Madrid, quinientas mil personas habían salido a manifestarse contra la reforma laboral. El poder municipal, que es del PP, dijo que los manifestantes eran, en realidad, cincuenta mil. Demasiada diferencia. Como la que separa la definición de esa reforma como "fábrica de parados" o como "buena, justa y necesaria" (Rajoy dixit en la clausura del congreso del PP en Sevilla). En medio, el ciudadano de a pie, ese al que no asesoran los especialistas y que tampoco está afiliado a sindicato alguno, vive sumido en la confusión. Agravada, claro, con algún familiar o conocido en el paro.

Y esto no puede ser. La burla a la hora de contar a los manifestantes según convenga no puede ni quitar ni poner un cero que convierte a medio millón en cincuenta mil, o viceversa; algún término medio habrá, digo yo, que en calcular numéricamente manifestaciones callejeras nunca fui un experto. La mofa a la hora de relatarnos a los españoles las bondades o maldades de la reforma laboral no puede esquinarse en los extremos, todo bueno o todo malo. Claro que los ciudadanos de este país llamado España estamos ya acostumbrados al anuncio de negros nubarrones o panoramas beatíficos, según de quién provenga el anuncio. Lo que ocurres es que ahora quien, desde el Gobierno de turno, vaticinaba horizontes rosados, nos está diciendo que aquí va a haber sangre, sudor y lágrimas; ni Churchill en la preguerra fue tan contundente con los británicos como Mariano Rajoy en algunos pasajes de su, pese a todo optimista si bien se mira, discurso sevillano.

Culpar a los sindicatos en exclusiva, o solamente "al Gobierno "conservador" asistido por la patronal", de la inseguridad y la falta de confianza en que vive el ciudadano me parece miope, injusto y, por ello, peligroso. Lejos de volver a la España bifronte que lamentaba Machado, me parece que tenemos que hacer todo lo contrario: unificar las cifras. Las de manifestantes y las de los beneficios que puedan producir los recortes. Porque aquí el único dato unívoco parece ser el del número de desempleados.

Pienso que tenemos unos sindicatos responsables, que han mantenido el control en las manifestaciones organizadas en decenas de ciudades españolas, sin lanzar los pies por alto. ¿Cabría esperar que las organizaciones que dicen representar a los trabajadores no lanzasen por doquier su voz de protesta ante los sacrificios que se nos anuncian? Claro que no. Yo diría que ha sido, incluso, una protesta con sordina, y Toxo y Méndez tuvieron que escuchar, de boca de algunos "indignados", aquello de "barato, barato, se vende el sindicato". Yo diría que son la última barrera de contención antes de Atenas, y así, me parece, debe entenderlo el Gobierno en los contactos que estos días mantenga con ellos.

Más valdría que ambas partes -la moderación verbal del Gobierno me parece que también merece aprobación-, Gobierno y agentes sociales, y los representantes de partidos de oposición, hablasen de posibles nuevos pactos de La Moncloa y cerrasen urgentemente el clima de confrontación que empieza a ventearse. Y lo peor que podría verse en nuestras calles es lo que ahora vemos en Grecia, aunque a algunos insensatos, menos mal que pocos, parece que les gustaría.


Domingo, 20 de abril

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