Opinión

José Luis Gómez - A vueltas con España - El PP y la calle.

20.02.12 | 12:20. Archivado en José Luis Gómez


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Las multitudinarias movilizaciones de este domingo contra la reforma laboral en 57 ciudades contrastan con la placidez del congreso del PP en Sevilla, lo cual no quiere decir que ambas cosas no estuvieran previstas. La calle -una parte de la calle- estará lejos de la política del PP, al menos durante un tiempo, pero el PP tiene margen político suficiente para gobernar con comodidad, no solo por su mayoría absoluta, sino también por el apoyo de otros partidos del centro derecha que en casos como el de CiU son además fuerza de gobierno en Cataluña, el motor económico de España.

Un periodista progresista, Daniel Salgado, le preguntó a un político de izquierdas, el catedrático Xosé Manuel Beiras, por qué la crisis que originó la política de derechas se lleva por delante a la izquierda. Y esta fue la respuesta sustancial: la izquierda que hizo el diagnóstico no fue escuchada por la izquierda institucional. Es una manera de decirlo, pero quizá sería más claro recordar que la izquierda gobernante fue obligada por la derecha política (Alemania y la UE) y la derecha económica (los mercados financieros) a hacer una política contraria a la suya y, en vez de plantarse y convocar elecciones, explicando con claridad las cosas, se puso a mal gobernar el país. Digamos que a la hora de cumplir la agenda alemana para España, Zapatero hacía los deberes en plan remolón y mal, mientras que Rajoy ejecuta todo lo que le dicen -y más- como buen alumno aplicado.

¿Tenía solución España antes de que se disparase la crisis? Seguramente pudieron haberse hecho mejor algunas cosas, pero visto el problema con perspectiva lo más seguro es que la izquierda, el PSOE, se quemó inútilmente. Y que el PP no salvará España de la crisis si no recibe ayuda de Europa, léase Alemania. Hay una pregunta que se hace el premio Nobel Paul Krugman que ilustra y enfoca la situación. Dice el columnista de "The New York Times": cuando dos de las cuatro grandes economías europeas tienen peores resultados que en la Gran Depresión, al menos en lo que se refiere al PIB, y son tres de cinco si cuentan a España, ¿no creen que los defensores de la austeridad deberían plantearse que, posiblemente, van por mal camino? Ahí está el problema de fondo, y no en las simplificaciones que a veces se proyectan mediáticamente con mero interés partidario. Y si alguien lo duda que mire a Portugal, país que ha ido a peor tras cumplir todas la medidas impuestas por la UE, el BCE y el FMI.


Francisco Muro de Iscar - Campañas repugnantes.

20.02.12 | 12:20. Archivado en Francisco Muro de Iscar


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

El líder de la oposición ha dicho que hay "campañas repugnantes contra los sindicatos" porque han osado decir que no a la reforma laboral. Rubalcaba sabe que no es verdad. La denuncia de que tenemos unos sindicatos anclados en el pasado, sin preocupación por los cinco millones y medio de parados, cómplices de no haber tomado medidas para aliviar la crisis, absolutamente dependientes de las subvenciones públicas, creadores de una clase social de sindicalistas que no trabajan, viene de lejos. Los sindicatos son necesarios, pero no han hecho su transición, son organizaciones escasamente democráticas, con cuentas nada transparentes que han venido descalificando a la clase empresarial y a los banqueros. Y ahora se descubre que muchos de ellos han venido cobrando sueldos impresentables de entre 75.000 y ¡180.000 euros! al año por sentarse en los consejos de administración de las entidades bancarias y han sido incapaces de denunciarlo públicamente porque eso significaba renunciar a ellos. ¿Cuánto han ingresado ellos o sus sindicatos por callar las barbaridades que se han cometido al amparo del respaldo político y sindical en el sector financiero? ¿No son responsables? ¡Y UGT no ve "dilema moral" porque el sindicato se quede con los sueldos en Cajas y bancos rescatados!

Dice el catedrático de Historia Económica de la Universidad Autónoma de Barcelona. Jordi Maluquer, que "la única solución es la mejora de la productividad con reformas estructurales. Hay que acabar con los abusos y las disfunciones. Poner fin al despilfarro de recursos de la sanidad, exigir algún copago para que la gente no se piense que ir al médico es como ir al café a jugar al dominó, introducir precios reales -o por lo menos un poco realistas- en la enseñanza superior y becas para quienes se las ganen, penalizar el absentismo de quienes todavía tienen trabajo, poner peajes a diestro y siniestro, dar fin al gasto suntuario y electoralista en materia de inversiones". "No se puede construir, termina, un puerto de mar en todas las capitales de provincias por la monserga de la equidad territorial".

A esto, y a mucho más, se niegan los sindicatos, especialmente si toca a sus finanzas. Se les ha reducido sustancialmente el número de liberados, muchos se han tenido que poner a trabajar y los contribuyentes nos hemos ahorrado un montón de millones de euros. Los fondos destinados a formación, que hasta ahora manejaban sin control la patronal y los sindicatos, se van a reducir y van a entrar otros a compartir el pastel. La reforma laboral quita poder a los sindicatos en las fábricas y negocio en muchos otros sitios. Esto es lo que duele. No se puede reducir el sueldo a los funcionarios, recortar en todas las partidas, bajar el sueldo a los directivos de las empresas públicas y que los sindicalistas sean bancarios con sueldos de 75.000 a 180.000 euros por unas horas. He sostenido siempre que los políticos deben cobrar más y que los partidos y los sindicatos deberían autofinanciarse. Pero no hay "campañas repugnantes". Lo que repugna es conocer ahora lo que sabemos.


Mortal para el PP prescindir del humanismo cristiano.

20.02.12 | 09:00. Archivado en Magdalena del Amo

Durante un tiempo creímos que las ocurrencias eran cosa de Zapatero y Rubalcaba, pero no. Algunos peperos las tienen a pares. Se ha repetido hasta la saciedad que el PP es un partido de centro, reformista, donde caben todas las sensibilidades. Como enunciado teórico bien, pero solo como eso. Ello no quiere decir que militantes y simpatizantes marchen al son de la música de la gaviota, cual ejército ruso antes de la perestroika; pero sí que esas llamadas sensibilidades o matices conceptuales no diverjan de su ideario primigenio que no es otro que el arquetipo de la derecha y el humanismo cristiano. Otra cosa es que muchos, contaminados por la lluvia ácida acomplejante de la izquierda, que tan magistralmente gestiona siempre, quieran desprenderse de ese sello conservador y cristiano, origen del partido azul de la derecha española.

Rubalcaba, afectado por un brote de “anticlericalismo casposo”, Francisco Vázquez dixit, quiere replantear seriamente el Acuerdo con la Santa Sede y así lo expresó en el 38 congreso del Partido Socialista. Anacrónico y fuera de lugar, pero es esperable, dada la fobia que los radicales laicistas sienten hacia lo sagrado –deberían hacérselo mirar por si necesitan un exorcismo—, que muestra su máxima expresión en la niña Regan McNeil de la famosa película de William Friedkin, El exorcista. Rubalcaba no vomita verde ni hace giros imposibles de cabeza, pero reacciona ante la Iglesia de manera airada. Lo curioso es que acabamos de comprobar que algunos miembros del PP se parecen mucho a los progres laicistas. El texto de la ponencia social del XVII congreso del PP, celebrado en Sevilla, “Comprometidos con las personas”, dice que el partido “está inspirado en los valores de la libertad, la democracia, la tolerancia y el humanismo cristiano y está plenamente comprometido con las necesidades, las preocupaciones y los problemas de todos los ciudadanos”. Impecable. Sin embargo, algunos no solo se avergüenzan de nuestras raíces, sino que abogan por borrar la palabra “cristiano” de la definición del Partido Popular y sustituirla por el término “humanismo occidental o europeo”. Los genios autores de la ocurrencia son el concejal del Ayuntamiento de Madrid, Ángel Garrido –que gracias a su insensatez ha conseguido estar en los papeles nacionales—, y la delegada del Gobierno en la capital de España, Cristina Cifuentes, a la que muy frecuentemente ya hemos visto asomar la oreja en este sentido. Pretendía esta minoría progre –solo tuvieron cinco votos— poner una pica en Flandes y que el PP, que aglutina a prácticamente todos los católicos de España, eliminase la voz “cristiano”, aclarando además que no es “ir contra la fe católica”, que el propio Garrido es practicante y que está casado por la Iglesia. ¡Cuánta incoherencia! Con amigos así, no hacen falta enemigos.

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Martes, 16 de septiembre

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