
MADRID, 18 (OTR/PRESS)
Estamos en una revolución conservadora que cuestiona que las becas sean para los más pobres; ahora se trata de financiar la excelencia aunque tenga dinero para ir a Harvard. La interrupción del embarazo deja de ser un derecho individual para pasar a ser un examen técnico. Y, naturalmente, los sindicatos son prescindibles y perversos.
Esta derecha maneja el marketing mucho mejor que el marido de Carme Chacón. Repiten consignas de modernización que nos introducen en el túnel del tiempo. España está asustada. Y, de momento, lo aguanta todo.
Lo cierto es que los sindicatos no solo son mejorables sino que necesitan una profunda regeneración. Estamos en la batalla de la modernidad y ellos, los sindicatos, huelen a naftalina. Estructura, proyectos, tecnología y cuadros renovados o la ola conservadora se los va a llevar por delante.
Tienen que defender a los parados y a los que buscan empleo. Tienen que ser maquinarias de poder para la negociación colectiva y convertirse en el contrapunto eficaz de las organizaciones patronales.
Ahora mismo los sindicatos están petrificados, sobrepasados por los acontecimientos. Y la derecha dura no perdona. Ataca para reducir las últimas defensas de una izquierda democrática. Demonizar a los sindicatos es un populismo irresponsable. ¿Pero quién dijo que existe una preocupación por la institucionalización de la democracia?
La izquierda ha caído en la trampa del desguace del estado de derecho. Si se les puede llamar fascistas a los magistrados del Tribunal Supremo, ¿por qué no se les puede llamar vagos, ladrones y aprovechados a los líderes sindicales?
Este modelo social se diluye como un azucarillo mientras el PSOE se despereza e Izquierda Unida busca su punto de equilibrio entre el Parlamento y la calle. Ahora, la ofensiva conservadora trata de declarar malditos y demonizar a los sindicatos. Y lo terrible es que está teniendo éxito.
Dar becas a quien no quiere estudiar es muy de izquierda, si. Y el aborto... ¿Cuando lo convirtió la izquierda en un derecho? ¿No es un delito despenalizado en algunos casos? Igual que pueden llamar fascista al juez que no obedezca, puede Vd. Convertir un delito en un derecho, pero luego, no se sorprenda cuando el pueblo le de la espalda por demagogo e irresponsable.
Los sindicatos subsidiarios de según que partidos pueden desaparecer sin que la democracia se resienta. Hay ma ¿Sabe?
Jueves, 31 de mayo
Agustín Jiménez
Aitor Yuste
Alfonso Rojo
Ana Pastor
Andrés Aberasturi
Angel Calzada
Antonio Casado
Antonio José Parafita Fraga
Carlos Carnicero
Carmen Tomás
Cayetano González
Charo Zarzalejos
Consuelo Sánchez-Vicente
Dámaso Mayarias
Esther Esteban
Fermín Bocos
Fernando Jáuregui
Francisco Muro de Iscar
Isaías Lafuente
José Cavero
José Luis Gómez
Julia Navarro
Lorenzo Bernaldo de Quirós
Luis Del Val
Mabel Redondo
Magdalena del Amo
Miguel Cancio
Miguel Higueras
Nava Castro
Pedro Calvo Hernando
Rafael Martínez-Simancas
Rafael Torres
Ramón Pi
Roberto Malestar Rodríguez
Rosa Villacastín
Salvador Freixedo
Victoria Lafora
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo