
MADRID, 15 (OTR/PRESS)
Me disgusta adoptar el papel de acorralado: nos acosan el "Financial", Reuters, Moody"s, Durao Barroso, Olli Rehn y los guiñoles gabachos. Todos contra España. Y nosotros, con la cabeza gacha. Peligroso. Lo peor que nos puede pasar es volver al hispanocomplejo, al acobardamiento frente a las pérfidas potencias europeas que quieren aprovecharse de nuestra debilidad y hasta se meten --¡el colmo!-- con nuestros deportistas. Me parece que, sin sobreactuar, en aras de la dignidad hay que reaccionar: este es un gran país, capaz de muchas cosas. No somos ni Grecia, ni Italia, ni Portugal, que cada cual tiene sus grandezas y sus miserias. Pero nosotros, las nuestras, y muchos de los puntos débiles de los países citados, lo digo sin chovinismo, a los españoles, que estamos sabiendo atravesar el desierto sin derramar una lágrima, nos son ajenos.
Y, si los vanrompuy y los standardsandpoor del Viejo y el Nuevo Continente me lo permiten, diré que ya está bien de empujones: me parece que el Gobierno y, sobre todo, los ciudadanos españoles estamos haciendo ya muy bien los deberes que los maestros ricos nos han impuesto, no sé yo si con mucha justeza, no sé si con toda justicia ni con algo de sabiduría. Pero si hay que apretarse el cinturón, aunque sea por real eurodecreto, pues se aprieta. Pero que no nos exijan a continuación, calificadores y agencias de calificación que de nuestro aquí y ahora apenas saben de la misa la media, que hagamos un agujero más. Otro más.
Ahora, llega el supercomisario europeo de economía y pide públicamente al Gobierno español, que no lleva ni dos meses en faena, que entregue ya los Presupuestos Generales del Estado. Cuando aún ni conocemos los grandes números de la UE. Cuando La Moncloa se ha comprometido a tener los PGE listos en marzo, es decir, dentro de cuatro semanas como mucho. Las prisas del señor Rehn no son, así, sino una demostración de fuerza, un deseo de poner en evidencia que en Bruselas pueden seguir pisándonos el cuello y dar otra vuelca de tuerca al potro de tortura.
No sé si estos eurócratas y los plumillas que bailan con ellos -quién ha visto a los rectores de Europa y quién ve a los actuales...- lo que pretenden es sembrar la semilla del euroescepticismo más feroz en los ciudadanos de media UE, concretamente en los españoles. Peligroso juego el que se traen los empleados de la señora Merkel y de su ministro de Finanzas: hemos sido y somos fieles socios del club, no damos problemas y, mientras las fuentes anónimas de Reuters no demuestren fehacientemente lo contrario, jamás hemos mentido sobre la contabilidad nacional. Sería muy malo para todos que la opinión pública española se separe del orgullo de ser europeo a base de los errores de los "cabezas de huevo" que se sientan en las europoltronas, allá en Bélgica o en Alemania, y emiten desde allí sus "diktat" acerca de lo que los súbditos tenemos que hacer.
Tengo muy claro que los rectores de la UE no han sabido gestionar ni las crisis políticas ni la crisis económica. Y que Berlín ha logrado, sobre los demás, ganar esta guerra sin botas, ni bigotes, sin disparar un tiro y sin un solo grito, menos mal. Pero también estoy convencido de que, si los padres de la idea de una Europa unida levantasen la cabeza, Los Adenauer, Monnet, Schuman y De Gasperi, y tantos otros que los secundaron, volverían a la tumba de inmediato, avergonzados de estos sus remotos sucesores.
Y, sin embargo, yo sigo queriendo ser europeo, no porque no pueda ser otra cosa, sino porque nos ha costado mucho llegar hasta aquí y también porque la ¿utopía? de aquellos "padres" que impulsaron luego el Tratado de Roma merece la pena. Incluso tanta pena como soportamos.

MADRID, 15 (OTR/PRESS)
Por si los efectos de la crisis económica sobre la salud de los españoles no fueran suficientemente devastadores, el propio sistema sanitario público se miserabiliza, se recorta, anuncia su quiebra y, aprovechando la coyuntura, acelera su privatización. Por si los efectos de las revolución de los especuladores, los avaros y los prestamistas sobre las personas trabajadoras y decentes (depresión, ansiedad, insomnio, malnutrición, incremento de los suicidios...) no alcanzaran a derribarles, particularmente a aquellos que carecen de trabajo y de unos ingresos mínimos, la Sanidad Pública se desmantela, cual acaban de denunciar los colegios médicos de toda España.
Los médicos, que sobre el apego a su alta, sensible y transcendente misión también lo tienen al propio pellejo, temen, como es natural, cargar con la responsabilidad de que los pacientes se agraven o mueran a consecuencia de los recortes, que no lo son, desde luego, racionalizadores de la gestión sanitaria, sino puramente contables, para ahorrar allí, en el trémulo organismo de los enfermos, donde en ningún caso debería ahorrarse. El que caiga, que se aguante, que ya somos muchos, al parecer, los que andamos sobrando.
Sin embargo, esa poda ciega en el sistema sanitario público so capa de ahorrar, no sólo es antisocial, salvaje e inhumana, sino también falaz: detrás está el proyecto privatizador, que avanza imparable. Pero, ¿qué interés pueden tener las grandes compañías privadas que andan acechando si, como se dice, el estado de la Sanidad Pública es ruinoso? Muy sencillo: porque saben que ahí hay negocio, un negocio brutal, del que pueden apoderarse, coaligadas, casi en régimen de monopolio. O dicho de otra manera: el mismo sistema (el capitalismo) que enferma a la gente, se aprestaría, tras la descomunal exacción en su beneficio de la que fue la joya de las prestaciones públicas, a curarla un poco.

MADRID, 15 (OTR/PRESS)
Cuando un asunto genera polémica -por ejemplo, la flamante reforma laboral aprobada por el Gobierno Rajoy-, quienes la impulsan y quienes la apoyan desde los medios procuran desviar el foco de la atención de la opinión pública acudiendo a lo que se conoce como "estrategia de la división". Se trata de atacar un aspecto accesorio del asunto sometido a debate. En este caso, el blanco elegido para desviar la atención son los sindicatos, que rechazan la reforma laboral impuesta. Basta con echar una ojeada a los periódicos o detenerse a escuchar cualquier tertulia de la radio o la televisión para constatar que se habla más de los sindicatos que de las medidas que impone la reforma: que si con Zapatero eran complacientes; que si son organizaciones obsoletas; que ya está bien que tengamos que financiarles entre todos, etc, etc. Algunas de estas críticas están fundadas, otras no tanto. De la reforma propiamente dicha y en sus rasgos esenciales: abre la puerta a una rebaja generalizada de los sueldos de los trabajadores al tiempo que abarata los despidos, se habla menos, o solo para decir (lo cual es verdad) que peor que un "mini salario" es el paro.
Es verdad que España tiene un problema gravísimo que son los más de cinco millones que no tienen trabajo, pero también lo es que de esa tragedia no son responsables los sindicatos. A la hora de buscar el origen de la crisis sería más justo mirar a los bancos antes que a los sindicatos. Pero de eso, se habla menos en las tertulias porque los bancos que han sobrevivido son, también, de los pocos anunciantes que quedan y de la publicidad (escasa) intentan sobrevivir no sin grandes sobresaltos los medios de prensa independientes. Cabe añadir que a la estrategia de desviación de las críticas a la reforma han ayudado los portavoces de algunos de los sindicatos, que con sus toscas declaraciones alimentan un clima de crispación dialéctica que enrarece el debate y ofusca la comprensión de los argumentos que aducen para rechazar la reforma laboral. Se diría que ni Méndez ni Fernández Toxo se dan cuenta de que hay mucha gente que criticó (con razón) su excesiva contigüidad con Zapatero y les estaban esperando para ver qué hacían cuando gobernará el PP. Si se precipitan o se pasan en la respuesta, perderán. Lo cual no quita para que, a mi juicio, muchas de sus críticas a la polémica reforma, estén cargadas de razón. El enemigo no son los sindicatos, el problema es el paro.

MADRID, 15 (OTR/PRESS)
Seamos sinceros, había un cierto morbo en ver cómo se desarrollaba el primer "cara a cara" entre la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría y la nueva portavoz socialista, Soraya Rodríguez. Al fin y al cabo la actual vicepresidenta debe su consolidación política a sus enfrentamientos con Teresa Fernández de la Vega a la que semana tras semana lograba batir en la sesión de control del Gobierno. De manera que Soraya Sáenz de Santamaría se conoce al dedillo la asignatura de la sesión de control parlamentario y por tanto como ganar la partida. Vamos, que no está dispuesta a que Soraya Rodríguez crezca políticamente a costa suya.
La verdad es que la vicepresidenta salió a la tribuna dispuesta a machacar a su oponente. Soraya Rodríguez había acusado al Gobierno de aprobar una reforma laboral que va no solo contra los trabajadores y va a crear más paro sino que también incumple todas las promesas y compromisos del PP antes de ganar las elecciones. La portavoz socialista estuvo agresiva "ma non tropo", y lo que no se esperaba es que la vicepresidenta saliera dispuesta a comérsela viva. Y es que la señora vicepresidenta estuvo agresiva, incluso faltona, e hizo un doble papel, defender al Gobierno y, además, hacer oposición a la oposición recordando a la portavoz socialista que fue Zapatero el que aprobó una reforma laboral en el que también se contemplaba el despido con veinte días de indemnización y generalizó el despido con treinta y tres días.
Soraya Sáenz de Santamaría se mostró agresiva, nada de dar cuartel a la portavoz socialista, y, la verdad sea dicha, de este primer encuentro salió vencedora. Puede que con el tiempo Soraya Rodríguez aprenda el oficio de portavoz, pero en su primera actuación, lo mismo que en su primera rueda de prensa, más parecía estar en un mitin que en el Parlamento. Y ahí se perdió.
No sé, pero quizá para esta etapa en que el PSOE va a tener que hacer una dura travesía por el desierto el cargo de portavoz debería de estar en manos más experimentadas en las lides parlamentarias que las de Soraya Rodríguez. En realidad, el mejor portavoz que podría tener el PSOE es el propio Rubalcaba, aunque lógicamente el nuevo secretario general del PSOE no puede estar en todos los frentes. Pero justo es reconocer que Rubalcaba ha sido un estupendo portavoz parlamentario porque se las sabe todas y sobre todo es un gran dialéctico que sabe combinar el rigor con la ironía.
Claro que la legislatura es larga y Soraya Rodríguez tiene tiempo de ir curtiéndose en el oficio de portavoz y derrotar a su tocaya Soraya Sáenz de Santamaría. Porque lo que a la vicepresidenta le puede pasar es que vaya de sobrada por la vida, y cuando uno empieza a levitar creyéndose más listo que los demás es cuando comete los mayores errores.
Pero en este primer duelo el resultado es el que es 1-0 a favor de la vice. ¡Que le vamos a hacer!

MADRID, 15 (OTR/PRESS)
Por boca del líder del principal grupo de la oposición, Pérez Rubalcaba, supo este miércoles Mariano Rajoy que el PSOE no apoyará en el Parlamento la reforma laboral recientemente alumbrada por el Gobierno. No hace más que devolverle la pelota, cuando ni siquiera se han cumplido dos años desde que, con los papeles cambiados, el PP también votó en contra de la reforma laboral presentada por el Gobierno anterior.
Esperemos que el rechazo socialista no se inspire solo en afanes de desquite. No parece, cuando el partido de Rubalcaba sí piensa apoyar la reforma financiera. Al menos tiene argumentado el rechazo. A saber: la reforma laboral del PP abarata y facilita el despido, ataca los derechos de los trabajadores recogidos en los convenios colectivos, suprime garantías laborales al facilitar el descuelgue de pequeñas y medianas empresas, ignora derechos adquiridos en convenios al fijar en dos años el plazo máximo de denuncia de los convenios, etc.
Pero hay un más allá de esas objeciones "técnicas" a esta nueva regulación del mercado laboral. A medida que se ha ido descifrando la letra pequeña del decreto ley 3/2012, en los sectores progresistas ha ido ganando terreno la idea de que se abre un camino hacia la sociedad del sálvese quien pueda. Es la sombra de una sospecha que planea sobre los asalariados, como la parte más débil en las relaciones de poder.
Tanto el espíritu como la letra de esta nueva vuelta de tuerca sobre el status del trabajador, el fijo y el temporal, nos anuncian una economía más competitiva y una sociedad menos justa. ¿Tal vez estamos empezando a envidiar el modelo chino? Las señales están camufladas, como digo, en la letra pequeña del decreto-ley de medidas urgentes para la reforma del mercado laboral. Indican a las capas sociales más débiles el camino hacia un entorno social más hostil.
El empleo basura, el despido fácil y los sacrificios salariales, como mecanismos de ajuste empresarial en tiempos de crisis, vienen para quedarse cuando salgamos del túnel. Y en cuanto a lo público, incluidos EREs y despidos por "insuficiencia presupuestaria", el llamado Estado del Bienestar puede sufrir algún desperfecto si se apuran las posibilidades que ofrece esta reforma al gobernante de turno.
Razones más que suficientes para que un partido de izquierdas se oponga, al margen de que el PSOE quiera pagar a Rajoy con la misma moneda que éste le pagó cuando el Gobierno Zapatero fletó su reforma en junio de 2010. Entonces, Dolores de Cospedal, número dos del PP, se dejaba ver en público con una "kufia" al cuello diciendo "¡Somos el partido de los trabajadores y no me cansaré de decirlo!". Han cambiado las tornas. Ahora los socialistas se apropian de aquellas palabras pronunciadas por Rajoy contra la reforma del Gobierno anterior: "Queremos una reforma laboral que cree empleo y que no lo destruya".

MADRID, 15 (OTR/PRESS)
Si le hicieran caso al añorado Gila y se fueran del pueblo todos aquellos que no aguantan bromas España se iba a quedar muy vacía. Porque hay que ver la que se ha montado con el asunto de los guiñoles del Canal+ francés. ¡Menuda tontería! Sobre todo en un país como el nuestro, con un reconocido y magnífico sentido del humor, donde siempre nos hemos caracterizado por saber reírnos de nosotros mismos. Que le pregunten si no al sabio pueblo de Lepe.
¿Qué nos está pasando? ¿A cuento de qué esta estúpida trifulca que ha puesto en pie de guerra a deportistas, políticos, diplomáticos y hasta a un presidente de Gobierno como Rajoy que hace gala habitualmente de su socarronería gallega? ¿O acaso también esta salida de madre es otra maniobra de distracción frente a "las cosas que realmente importan a los españoles" (que el hoy ofendido don Mariano nos repetía por activa y por pasiva).
Los famosos guiñoles -tanto los franceses como los que en su día hicieran en nuestro Canal+- han sido un ejemplo de sentido del humor ácido pero inteligente. Recordemos la época en que los políticos españoles casi exigían ser caricaturizados por ese magnífico programa porque quienes no lo eran se sentían incómodos y ninguneados. Nadie se sintió ofendido entonces por el uso de su imagen en el programa; ni el beso amoroso entre José María Aznar y Jordi Pujol hizo que los aludidos se rasgaran sus vestiduras, ni Benedicto XVI anatemizó al grupo Prisa, ni Raúl se sintió ofendido porque lo caricaturizaran como un ser mezquino y envidioso. Hasta puede que Julio Anguita se sintiera halagado por la prestancia califal de su muñeco. El caso es que nadie protestó; nadie se picó, y si se picó nunca lo dijo porque habría sido considerado por todo el mundo como un necio, más guiñol que el propio guiñol.
Por eso resulta tan extraño -y tan ridículo- que el señor García- Margallo, ministro de Asuntos Exteriores, se quejara ante el Ministerio de Deportes francés, por un video que ironiza sobre el dopaje en el deporte español. Con ello, el ministro dejó muy claro que no tiene el más mínimo sentido del humor. No tiene la más mínima idea de lo que significa la libertad de expresión (o tal vez sí la tiene, pero no le gusta). Y no tiene nada claro cuáles deberían ser las prioridades de su gabinete. Porque, si el Partido Popular quiere, como ha dicho, recuperar el prestigio supuestamente perdido de España en Europa, este tipo de acciones no van a contribuir para nada en su logro. Ni ridículas protestas por una serie de televisión, ni apertura extemporánea de melones gibraltareños.
Tampoco nuestro Monarca, tan campechano él, ha dado muestras de su jovialidad y agudeza al afirmar que "Esos de los guiñoles son tontos". ¿Y qué nos dice sobre tema el señor Rajoy, presidente del Gobierno? Pues que "el mayor desprecio es no hacer aprecio". Algo así como que "a palabras emitidas por laringes inconscientes trompas de Eustaquio en estado letárgico". Pues vale.
Jueves, 31 de mayo
Agustín Jiménez
Aitor Yuste
Alfonso Rojo
Ana Pastor
Andrés Aberasturi
Angel Calzada
Antonio Casado
Antonio José Parafita Fraga
Carlos Carnicero
Carmen Tomás
Cayetano González
Charo Zarzalejos
Consuelo Sánchez-Vicente
Dámaso Mayarias
Esther Esteban
Fermín Bocos
Fernando Jáuregui
Francisco Muro de Iscar
Isaías Lafuente
José Cavero
José Luis Gómez
Julia Navarro
Lorenzo Bernaldo de Quirós
Luis Del Val
Mabel Redondo
Magdalena del Amo
Miguel Cancio
Miguel Higueras
Nava Castro
Pedro Calvo Hernando
Rafael Martínez-Simancas
Rafael Torres
Ramón Pi
Roberto Malestar Rodríguez
Rosa Villacastín
Salvador Freixedo
Victoria Lafora
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo