Opinión

((Sustituye a la anterior por un error en el envío))

11.02.12 | 12:20. Archivado en Agustín Jiménez


- Firma sindicada.- Fernando Jáuregui.- En eso, Urdangarín tiene razón

MADRID, 10 (OTR/PRESS)

Estimados abonados,

Les rogamos sustituyan la anterior columna de Fernando Jáuregui por esta otra debido a un error en el sistema de envío.

Muchas gracias

Ha causado cierto escándalo la decisión del juez que instruye el caso "Palma Arena", el magistrado José Castro, de no grabar en soporte de vídeo digital la declaración de Iñaki Urdangarín. Y mayor escándalo aún ha provocado el hecho de que la portavoz del Consejo del Poder Judicial, Gabriela Bravo, haya defendido la decisión del juez, alegando que "no todos los imputados son iguales ni están sometidos a la misma presión mediática". Para colmo, la petición de la Casa del Rey en el sentido de que el señor Urdangarín no vaya a declarar a pie, sin duda para evitar las cámaras de los fotógrafos y de la televisión, ha sido igualmente polémica. Y, sin embargo, yo pienso que tanto la decisión del juez Castro como las palabras de doña Gabriela Bravo y la petición de La Zarzuela son razonables: no se puede tratar peor a un imputado por el hecho de ser una figura pública. Y la llamada "pena infamante", que otros bautizaron como "de telediario" es una sanción que demasiado a menudo se aplica, al margen de cualquier precepto del Código Penal, a nuestros "famosos".

Que nadie vea en las líneas anteriores cualquier indicio de defensa del señor Urdangarín. O del señor Garzón, o de cualquier otro personaje que, por su culpa o la de otros, tenga la mala fortuna de acudir como imputado, procesado o incluso como testigo, a los tribunales. Respeto y creo que hay que hacer respetar la presunción de inocencia, como respeto y creo que hay que hacer respetar el castigo a quien se salta las leyes para su propia conveniencia; otra cosa es luego discrepar o no de las sentencias, que en ocasiones -como la tan controvertida del Tribunal Supremo sobre Garzón- pueden parecer más o menos discutibles.

A lo que me quiero referir es al escaso respeto que el procedimiento penal y las costumbres judiciales españoles mantienen por la imagen de quien ha de acudir a los juzgados. Resulta previsible que Urdangarín salga destrozado no tanto de su comparecencia ante el juez cuanto de su aparición en las pantallas de televisión, tratando de sortear a los micrófonos y a los informadores que, en cumplimiento de su misión, tratan de arrancarle unas palabras.

Puede, en efecto, que este sea el procedimiento habitual en muchas cortes penales del mundo, pero no por ello hay que dejar de resaltar la enorme injusticia que para la buena fama de una persona, de sus familiares y allegados, significa esa exposición pública. Y lo mismo cabe decir de ciertas -tantas- filtraciones de sumarios declarados, con razón o sin ella, secretos; o de algunos juicios paralelos, previos a cualquier instrucción judicial, que aparecen en medios de comunicación.

Hay, en suma, usos y costumbres que resultan aberrantes para un concepto verdaderamente democrático del garantismo y hasta para una definición estricta de los derechos humanos. Y no puede ser peor, a la hora de afrontar un proceso, apellidarse Urdangarín, Camps, Garzón, Matas o Pantoja, pongamos por caso y sin ánimo de equiparar unas cosas con otras, que ser un personaje anónimo, de esos que no nos interesan a los periodistas. Por eso, en esta ocasión, pienso que el yerno del Rey tiene razón, como la tendríamos usted o yo, o cualquier otro, en procurar un poco de privacidad en el angustioso trance por el que, como cualquiera que presuntamente haya cometido un delito, tiene que pasar.


Mabel Redondo - Entre bambalinas - Arantxa Sánchez Vicario se guarda un "as" para su defensa.

11.02.12 | 12:20. Archivado en Mabel Redondo


MADRID, 10 (OTR/PRESS)

Ni por asomo pensamos que las memorias de Arantxa Sánchez-Vicario podrían llegar a abrir tantos frentes, ni que podrían albergar tan amargos recuerdos de la tenista sobre su infancia, adolescencia y juventud.

"Vamos Arantxa. Memorias de una lucha, una vida y una mujer" acaba de salir a la luz y ni un solo capitulo de ese libro tiene desperdicio. Será el próximo martes cuando la que ha sido número uno del tenis mundial, de la cara en una rueda de prensa en la Casa del Libro de Barcelona. La expectación es brutal y la presentación será multitudinaria, no habrá medio de comunicación que no esté representado en esa convocatoria. Arantxa piensa explicar "el por qué" ha escrito unas memorias en las que denuncia que se siente engañada por sus padres y a quienes les pide cuentas de buena parte de la fortuna que amasó durante su carrera deportiva, les reclama 14 millones de euros y lo hace también en los tribunales, además les acusa de apropiación indebida y administración desleal.

La extenista ya intentó recuperar su patrimonio hace dos años cuando tras su matrimonio con Josep Santacana les reclamó, a sus progenitores, por las buenas lo que era suyo, ahora le persiguen sus problemas con Hacienda. Además, Arantxa ha interpuesto otra demanda a sus padres para recuperar tres viviendas, en una de ellas viven Emilio y Marisa, y los otros dos son apartamentos en S"Agaró.

Es inevitable pensar que con este libro Arantxa Sánchez Vicario se ha liberado, en su relato deja patente que se ha sentido presa de un objetivo: "jugar y ganar". Para llegar a ser una figura como ella es fundamental elevar a la máxima potencia la competitividad y el esfuerzo, lo malo es cuando a toro pasado y después de tantos éxitos a tus espaldas eso ya no lo ves tan positivo porque piensas que te has perdido muchas vivencias propias de una niña y de una adolescente. Pero ese, es también el precio que tienen pagar quienes llegan a ser "número 1", y ella lo ha demostrado con creces.

Arantxa retrata en su libro a unos padres obsesionados por controlar absolutamente todo en su vida, desde su forma de vestir, su peinado, su alimentación, sus amistades hasta los hombres con los que salía y a quienes nunca terminaban de encajar, porque siempre pensaban que esos "novios" podrían tener otros intereses muy distintos al amor por la tenista.

Mucho dista este "libro denuncia" de Arantxa del que escribió su padre Emilio Sánchez, y que bajo el titulo "Forja de Campeones" narraba los sacrificios, que como progenitores, habían llevado a cabo tanto él como Marisa, su esposa. El matrimonio siempre tuvo muy claro que harían de sus cuatro hijos auténticos deportistas, ellos les orientaron desde niños al universo del tenis y Arantxa consiguió elevarse al podium de las campeonas y llegar a ser número uno del mundo.

Resulta curioso perderse en algunos párrafos de "Forja de Campeones" en los que Emilio Sánchez cuenta que: "Los frutos que esperamos recoger todos los padres normalmente constituidos son exclusivamente, la felicidad de nuestros hijos, un porvenir seguro para ellos, y que logren ellos también una familia estable el día en que decidan tomar estado. No conozco todavía unos padres que programen el porvenir de sus hijos pensando en sí mismos, en su seguridad el día de mañana. El "oficio de padres" es el único en el que no ejercen derechos, el único en el que normalmente no hay pleitos, ni reclamaciones, ni esperanza de resultados financieros". Estas líneas las escribía el padre de Arantxa hace unos años, hoy esas frases vienen a demostrar las vueltas que da la vida, hasta en las familias aparentemente ejemplares, nada más lejos de la realidad.


Antonio Casado - Perplejidades Garzón.

11.02.12 | 12:20. Archivado en Antonio Casado


MADRID, 10 (OTR/PRESS)

No se trata de pertenecer o no al club de fans del juez Garzón. Se trata de expresar ciertas perplejidades que caen de su lado. A su favor, quiero decir, porque avivan la fundamentada sospecha de que ha sufrido una especie de escarmiento de quienes se la tenían jurada en su propio estamento profesional.

Perplejo se queda uno ante el hecho de que, después de treinta años en el ejercicio activo de la Judicatura le empapelen por tres causas distintas en tan poco tiempo. O que la iniciativa de los reproches penales venga de acusadores particulares, nunca de la Fiscalía (acusación pública).

Si nos ceñimos únicamente al caso de las escuchas, por el que se le condena a 11 años de inhabilitación, perplejo se queda uno ante la inquietante coincidencia de abogados de presuntos delincuentes (caso Gürtel) con los magistrados del Tribunal Supremo en el mismo reproche penal a Garzón (hablo de coincidencia, no de frente común). Y perplejidad es lo que causa constatar que en la operación judicial desencadenada contra una trama de corrupción masiva el primero que cae es el juez que trataba de investigarla. En fin, tampoco queda uno muy tranquilo al constatar que por la misma conducta a nadie se le ocurra ir contra otros dos jueces: el que respaldó las escuchas entre defensor y defendido y el que decidió prorrogarlas.

Es verdad que no se condena a Garzón por haber investigado una trama corrupta vinculada al PP sino por haber vulnerado el derecho de defensa, no importa en qué asunto. Pero también es verdad que las circunstancias que concurren (dos causas por prevaricación y una por cohecho), con evidente trasfondo político e ideológico, hacen inevitable dudar de si se habría actuado así en el caso de conductas similares de un juez en asuntos relacionados con el PSOE, que tampoco faltan.

Por otra parte está el espinoso asunto de la prevaricación, como un tipo penal tan vinculado a los procesos de intención subjetiva ¿Cómo demostrar que se cometió ese delito, el más grave que se puede imputar a un juez? Dicho sea con todos los respetos, la sentencia que conocimos este jueves no lo demuestra en absoluto. Simplemente se afirma que la decisión de Baltasar Garzón (ordenar las escuchas) fue un acto "arbitrario" que vulnera el "derecho de defensa".

Tal vez la consecuencia de aquella decisión fue la vulneración del derecho de defensa, seguramente fue así, pero eso no demuestra que su decisión fuese "arbitraria". Y muchísimo menos que la tomase a sabiendas de que estaba cometiendo un delito ¿Cómo negar al juez Garzón que lo hizo, como él sostiene, por creer que era lo justo, lo correcto, lo adecuado?

En definitiva, se puede demostrar que estaba equivocado. Eso trata de demostrar técnicamente la sentencia. Lo que no demuestra en absoluto es que estuviera deliberadamente equivocado. O sea, que fuera consciente de estar cometiendo un delito. Eso es lo que nos remite a la figura penal de la prevaricación.


Esther Esteban - Más que Palabras - El juez y la buena hija.

11.02.12 | 12:20. Archivado en Esther Esteban


MADRID, 10 (OTR/PRESS)

De todas las reacciones que hemos visto y oído una vez que la Justicia ha dictaminado que Baltasar Garzón es un juez prevaricador -que merece ser inhabilitado once años- me voy a detener en una sola: la de su hija María. La joven de 26 años ha demostrado ser una buena hija que sale a dar la cara por su padre, hasta en los peores momentos. Es lógico que ella sufra con él y por el. Como además hemos sabido que es madre, reaccionando así, le da a su propia hija un buen ejemplo de lo que significa estar al lado de la familia a las duras y las maduras.

Es difícil rebatir argumentos cuando se enarbolan desde el corazón y no desde la razón y por eso solo un par de consideraciones a la carta abierta de la joven María. Quiero pensar que en este país nadie salvo los etarras -que así lo han manifestado y de cuya maldad su padre es un experto- brindan con champán por la desgracia ajena y desde luego no creo que ningún demócrata que se precie reaccione de tal manera por mucho que sea el odio acumulado. Ella aboga por una justicia de verdad y seria una total perversión creer que los siete jueces del Supremo que unánimemente han dictado sentencia , no han querido hacer justicia de forma premeditada y guiados por sectarismos, envidias o acuerdos de pasillo, como ella presupone.

Para ella la Justicia es la que respeta a las victimas y la que aplica la ley sin miedo a las represalias y es cierto. Por eso precisamente es tan importante garantizar el derecho a la defensa, para que quienes han podido ser verdugos no se conviertan en victimas y como tal sacar partido por caminos torticeros. Cuando se hace Justicia nadie tiene porque bajar la cabeza salvo quien ha obrado injustamente y además no hay mayor ni mejor Justicia que aquella que no hace distingos y no sitúa a nadie, absolutamente a nadie por encima de la ley.

María ha hecho lo que debe, lo que debe hacer un buen hijo y los jueces del Tribunal Supremo han cumplido también con su obligación argumentando con una sentencia, impecable desde un punto de vista legal porqué Baltasar Garzón debe quedar inhabilitado para seguir en su cargo.

Es verdad que un país de filias y fobias como el nuestro resulta prácticamente imposible diseccionar nada sin encontrar componentes de enfrentamiento político- y mas cuando esta por medio un caso que abre tantas heridas como el del franquismo- y por eso no es de extrañar algunas de las reacciones "fuera de madre" que estamos leyendo , incluidas la de un delirante exfiscal anticorrupción. Aquí no se esta abriendo un causa general contra el juez mas mediático de España, por mucho que algunos se desgañiten en el intento de hacérnoslo creer. Se esta juzgando su actuación en tres casos donde se bordeó la legalidad al querer aplicar el principio de que "el fin justifica los medios". Al menos de uno de ellos ya sabemos que es culpable, Yo desde luego estoy mas tranquila sabiendo que el derecho a la defensa que ampara la Constitucion esta hoy mas protegido que ayer.


Rafael Torres - Al margen - Vergüenza.

11.02.12 | 12:20. Archivado en Rafael Torres


MADRID, 10 (OTR/PRESS)

Entre los que brindan por el defenestramiento del juez Garzón, y entre los que aducen para argumentar su brindis que el fin no justifica los medios, los hay, y no pocos, que justifican la Sublevación del 36, y la guerra y el horror subsiguientes, por el supuesto fin que perseguía, al parecer "salvar a la patria". Uno no sabe bien, en verdad, cómo se salva a una patria de las catástrofes reales o imaginarias, pero sí cómo se la hunde en la miseria: mediante la guerra, la violencia, la erradicación del otro, y, en la paz, mediante la abolición de la justicia que la mayoría entiende como verdadera, limpia, ecuánime, igualitaria y justa.

Entre los que brindan con el champán de una complacencia mal disimulada por el castigo a Garzón, se esgrimen éstos días toda clase de tópicos creados para la ocasión, que no es otra que la de la demonización absoluta del juez que combatió con valentía y eficacia al narcotráfico, a la corrupción política, al terrorismo y a los sátrapas del mundo. Por un quítame allá esas escuchas telefónicas, ordenadas legalmente por quien podía ordenarlas, a unos presuntos hampones que aún podían seguir lesionando de gravedad los intereses de España y de los españoles, a ese juez le quitan de enmedio sus pares, que no sus iguales, en el curso de algo muy parecido a un Auto de Fe. Como si no se quisiera correr el albur de que saliera absuelto en los otros dos procesos que se le siguen, promovidos igualmente por la ultraderecha, todo el peso de la ley, pero no de la ley en la que creen y confían las personas, ha caído sobre él, y, de inevitable rebote, sobre las aspiraciones generales de dignidad y justicia.

Qué vergüenza. El sentimiento de desamparo de buena parte de la sociedad española es, tras conocerse la primera sentencia del Supremo, brutal, tanto como el escándalo suscitado por ella en las naciones democráticas. Nunca, desde el término de la tiranía franquista, hubo tanta distancia entre el pueblo y la justicia. Nunca ésta, desde entonces, había ido tan lejos.


Fermín Bocos - Garzón, la Justicia y la Ley.

11.02.12 | 12:20. Archivado en Fermín Bocos


MADRID, 10 (OTR/PRESS)

A estas alturas, una palabra dicha sobre el caso del juez Garzón es una palabra de más. No sólo ha sido juzgado sino que todos hemos emitido ya un juicio sobre lo juzgado. Prevaricador para los miembros de la Sala del Supremo que le han condenado; culpable para la pléyade de enemigos cosechados a lo largo de sus veintitantos años en la Audiencia Nacional o inocente, víctima de una Justicia que todavía padece adherencias franquistas según el decir desde la distancia (y la ignorancia ) por el "New York Times".

Unos y otros saben que el caso por el que ha sido juzgado y condenado -las escuchas a los abogados del "caso Gürtel"- no tiene relación con el sumario de los crímenes del franquismo. En aquél, pendiente todavía de sentencia, ha sido juzgado por presunta extralimitación en sus competencias.

Pero, en la España de las "dos Españas", ¿hay alguien que tenga tiempo para leer o escuchar antes de emitir una opinión o un juicio? Tengo para mi que pocos. Pocos, porque es sabido que es más fácil creer que saber; admitir que una cosa son las convicciones y otra las evidencias. Es verdad que resulta chocante hasta la paradoja que un juez pueda ser juzgado antes de que pasen por el banquillo los delincuentes (presuntos) sobre cuyas andanzas instruía un sumario.

Pero también resulta chusco que, puestos a interpretar el "caso Garzón" desde el lado más favorable para el magistrado ahora inhabilitado haya quienes sin cortarse un pelo digan que ha sido condenado por haber intentado hacer justicia. Hacer justicia,pero sin tener en cuenta la ley, como declara probado la sentencia. Tras más de veinte años de toga y puñetas , Garzón , mejor que otros, sabe que nadie está por encima de la ley. Ni siquiera para hacer justicia. Obvio resulta decir que con estas líneas no aspiro a convencer ni a los que ya sabían que Garzón era culpable antes incluso de que hubiera ordenado las escuchas por las que ha sido inhabilitado, ni a quienes, también, antes del juicio, estaban seguros de que Garzón sería condenado por ser el único que se había atrevido a investigar la corrupción. Ya digo, a estas alturas de la película ,cualquier palabra sobre el caso, es una palabra de más.


Andrés Aberasturi - No brindo por la caída de Garzón.

11.02.12 | 12:20. Archivado en Andrés Aberasturi


MADRID, 10 (OTR/PRESS)

Recuerdo el día que el diario "El País" titulaba en primera una información sobre Gómez de Liaño adosándole sin más el calificativo de prevaricador como algo consustancial a su persona; era algo así: "El prevaricador Gómez de Liaño" No brindé tras la sentencia -por el caso PRISA- que apartaba de la carrera a aquel juez bueno y al que había conocido como amigo de Garzón, el mismo Garzón que no dudó en declarar como testigo contra Gómez de Liaño en el Supremo. Ni brindé entonces ni por supuesto brindo ahora por la caída de Garzón porque los dos me parecen dos personas excelentes y respetables, dos jueces importantes mientras lo fueron y dos ejemplos a seguir en todo menos en sus errores. El único consuelo personal que me queda es que lo que escribí sobre ambos en sus momentos mejores y peores, lo sigo manteniendo y no me veo en la penosa obligación de tener ahora que teclear blanco donde antes escribí negro. No todos pueden decir lo mismo y ahí está -entro otros- el blog de Santiago González recordando muchas afirmaciones que hicieron contra Garzón y en defensa de la "Lex, dura Lex sed Lex" los que ahora defienden a Garzón y afirman disparates contra esa misma "dura Lex" que ha aplicado el Supremo.

Desde el principio creí -y así lo dije- que el caso más grave de las tres causas abiertas contra Garzón era precisamente el de las escuchas telefónicas porque ponía en cuestión, nada menos, que la base de nuestro sistema. Los otros dos no iban a tener el mismo recorrido: las subvenciones no se probarán y el tema de la memoria histórica no irá más allá. Ya veremos. El problema es juntarlo todo con intereses espurios y afirmar que los que hemos defendido que el secreto de las comunicaciones entre abogado y cliente -y sólo eso y al margen de los que se instruya salvo casos de terrorismo- es esencial en un estado de derecho -qué vergüenza la nada del Colegio de Abogados- lo que queríamos era ver a Garzón a los pies de los caballos bien porque somos seguidores de los corruptos de Gürtel, bien porque sentimos nostalgias del dictador Franco y justificamos sus represalias. Incluso es posible que las dos cosas juntas.

Pues no. No en mi caso. Muchos seguimos defendiendo lo mismo de siempre, lo que defendimos en el caso GAL (donde también hubo sombras y Garzón estuvo en la frontera de traspasar la legalidad), lo que defendemos en el caso Gürtel y que no es otra cosa que todos los corruptos, sean o no del PP, paguen por sus delitos. Sobre la llamada memoria histórica, también somos muchos los que creímos y aun creemos que no es la vía judicial la que debe seguirse. Y lo creo sin dogmatismo y teniendo muertos en los dos bandos.

No brindo pues por la inhabilitación de Garzón; me parece triste y preocupante y siento que la Justicia no tenga figuras alternativas a la prevaricación o matizaciones a la misma. Pero me alegra que el Estado de Derecho haya prevalecido y se asegure así esa pieza fundamental que es la confidencialidad entre los detenidos y sus defensores. Sacar de esta sentencia las conclusiones que he podido leer y escuchar de los más exaltados o proclives a Garzón, me parece un ejercicio disparatado que en nada beneficia a nadie, ni siquiera al propio juez. Pensar que siete jueces y todas sus asociaciones profesionales se equivocan, resulta, por lo menos, sospechoso y deberían plantearse quienes así piensan, la posibilidad de que los equivocados puedan ser ellos.


Domingo, 23 de noviembre

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