
MADRID, 1 (OTR/PRESS)
No hay la menor duda de que el ministro José Ignacio Wert se ha visto obligado a hacer algo para contentar a quienes, desde dentro del Partido Popular -en el que él no milita- y desde sus proximidades eclesiásticas, se la tenían jurada a la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Porque el ministro es un hombre inteligente y sabe que la polémica creada por la ley y la seria división social que, supuestamente le atribuye, no eran tales; que la contestación era muy minoritaria y el enfrentamiento tímido, por no decir inexistente.
Así que, para que no se diga, cambian el nombre de la asignatura y prometen la expurgación de "contenidos controvertidos que puedan conducir al adoctrinamiento". Cuestión esta que se convirtió, desde el nacimiento de la asignatura, en la excusa de los que la criticaban, sin duda, por otras cuestiones. Porque adoctrinar, lo que se dice adoctrinar, o sea, inculcar determinadas ideas o creencias, siempre ha estado mucho más en el ánimo de los detractores de la asignatura que de sus defensores.
Fue el Consejo de Europa quien pidió que se diera un mayor peso a la educación cívica. Y se hizo consensuando los contenidos respecto a la diversidad, la igualdad entre géneros, los derechos humanos, la vida en comunidad y la Constitución, con los representantes de los colegios católicos. Por lo que ya entonces, a pesar de las dudas y los temores del ministro Wert, se evitaron fricciones, se limaron asperezas y se expurgaron contenidos de difícil digestión para cualquiera de las partes. A pesar de lo cual la Conferencia Episcopal, junto a los sectores más conservadores de nuestra sociedad, provocó un movimiento de rechazo con propuestas de boicot, descontenta con el tratamiento que en la asignatura se daba a la homosexualidad y a la idea de la familia basada, fundamentalmente, en criterios constitucionales.
Los intentos de boicot fueron atajados por el Tribunal Supremo que decretó la prohibición de objetar a esa asignatura obligatoria, entendiendo que en ningún caso adoctrinaba.
La nueva asignatura se llamará al parecer Educación Cívica y Constitucional. Como si el expulsado concepto de ciudadanía fuera en sí mismo de una malignidad extrema y de todo punto rechazable. ¿Alguien pretende acaso que dejemos de ser ciudadanos y volvamos a ser súbditos? Esperemos que no; esperemos que sea tan solo una cuestión de léxico y de guiños clientelares.
Pero lo cierto es que cuando el presidente Rajoy apunta por Europa unos recortes que van a afectar sin duda a la educación, los ciudadanos observan con estupor que lejos de buscar solución a los daños, puede que irreversibles, que esta falta de fondos va a suponer para la enseñanza pública, el PP sea tan diligente para acabar con una asignatura que tanta irritación suscitaban en su ala más reaccionaria. Parecen olvidar que hay otras prioridades.

MADRID, 1 (OTR/PRESS)
Quien tuviese alguna esperanza -y yo la tenía_ de que la nueva era que se abría con las elecciones del 20 de noviembre significase un período de mínimo consenso y concordia, que vaya abandonándola. Escucho nuevamente los tambores de guerra de las dos Españas de Machado sonando por doquier, ya sea en materia educativa -hay que destruir la legislación del periodo anterior, como el periodo anterior destruyó la del anterior, y antes, lo mismo-, en materia sanitaria, en materia social o, incluso, económica, aunque las opciones que en este campo se dejen a la autonomía de los gobernantes locales sea muy escasa. Los planes que las sucesivas comparecencias de los nuevos ministros ante las comisiones parlamentarias correspondientes nos van desgranando nos hablan de profundas y no siempre pacíficas reformas en la Justicia, en Educación o en materia de Sanidad (reforma de la legislación sobre el aborto incluida), descalificando por completo la obra del Gobierno anterior. Como ya digo, el Gobierno anterior se dedicó a echar por tierra la obra de sus antecesores y, así, hasta Cánovas y Sagasta. Eso explica que, por ejemplo, llevemos ya siete planes educativos de la democracia, lo que, no me lo negará usted, no deja de ser una broma pesada...
Conste que no digo yo que el nuevo elenco ministerial deba venir sin afanes reformistas y de mejora; cómo iba yo a pregonar lo contrario, cuando tantas vías de agua nos ahogan. Precisamente pienso que esos afanes son excesivamente tímidos, cuando en la España que queremos construir para, pongamos, 2020 hay tantas reformas de enorme calado que emprender y de las que nadie habla (todavía): constitucionales, territoriales, electorales, económicas, sociales...
Lo que sí digo, volviendo a lo que está ocurriendo estos días, es que estoy seguro de que entre las aspiraciones más sentidas del ciudadano de a pie no se encuentra, pienso, la de la inmediata reforma de la asignatura de Educación para la Ciudadanía, ni tampoco estoy seguro de que el sistema educativo deba volver a modificarse sin un amplio consenso entre las fuerzas políticas. Lo mismo cabe decir de otras cuestiones, incluyendo la reforma laboral (de acuerdo, la alumbrada por el Gobierno socialista sirvió de bien poco; por eso mismo no debemos repetir la triste y frustrante experiencia).
Y eso es precisamente lo que me duele: que hayamos olvidado ya el amago de consenso que vivimos inmediatamente antes e inmediatamente después de las elecciones generales del pasado mes de noviembre. Es ahora, cuando el horizonte va a estar despejado de elecciones (una vez transcurridas las autonómicas andaluzas y, ay, las asturianas), cuando podría ensayarse un amplio acuerdo en torno a cinco o seis temas reformistas clave. Pero ya digo que resulta más fácil, y quizá más rentable de cara a un sector de la opinión pública, hacer tabla rasa de todo, comenzar de nuevo para que luego vengan otros y destruyan lo ahora construido. Volvemos a la maldición machadiana del marinero que hizo un jardín junto al mar y, cuando estaba el jardín en flor, el marinero se fue por esos mares de Dios, abandonando, claro está el jardín. País...

MADRID, 1 (OTR/PRESS)
Hace unos meses, cuando el señor Francisco Alvarez Cascos irrumpió con fuerza en la vida política asturiana dejamos escrito que su vuelta depararía grandes tardes de gloria. Pues, bien, en eso está. Apenas medio año después de la llegada a la Presidencia del Principado, inopinadamente, ha dimitido, anunciando la convocatoria de elecciones para el próximo mes de marzo. Alega que ante la imposibilidad de aprobar el presupuesto para este año (el Foro, su grupo, está en minoría parlamentaria) era la única salida que le quedaba porque se siente "boicoteado" (sic) por socialistas y populares. Es cierto que está en minoría, pero no lo es menos que esa circunstancia no es cosa de ahora: rige desde el primer minuto de la legislatura. PP y PSOE, votando juntos, han rechazado los presupuestos, pero según todas las evidencias, Cascos no ha hecho el menor esfuerzo por ceder y pactar con sus antiguos correligionarios del PP. Más aún, pudiendo haber establecido una relación directa con Mariano Rajoy, antiguo compañero en los gobiernos de Aznar, ha limitado su relación a un registro estrictamente institucional.
Aunque tenga sus razones y le resulte difícil superar el enfrentamiento con los dirigentes locales del PP, lo razonable sería que, unos y otros, colocaran los intereses de los asturianos por encima de las rencillas personales. Los políticos están para resolver problemas, no para crearlos. Asturias, como el resto de España, padece un insoportable problema de desempleo. Medio año después de haber guardado las urnas, no está el patio para gastar más dinero en elecciones. Lo peor de la política es que algunos políticos se creen imprescindibles. Otra conclusión, fruto de esta chusca situación de interinidad política por la que atraviesa Asturias, nos lleva a constatar, una vez más, que no hay peor cuña que la de la misma madera como bien se puede apreciar en este nuevo pulso de Alvarez Cascos a Mariano Rajoy.

MADRID, 1 (OTR/PRESS)
¿Todo el mundo vale para todo? La respuesta obvia es que no, sin embargo los presidentes nos suelen sorprender en su elección de ministros. Por ejemplo, ¿por qué Ana Pastor es ministra de Fomento en vez de Sanidad que es de lo que sabe? ¿y por qué Ana Mato es ministra de Sanidad, materia que no es su especialidad? Pensaba en esto mientras escuchaba la intervención de Ana Mato en la comisión de Sanidad del Congreso. No me malentiendan, no es que la ministra haya dicho ninguna barbaridad, es que me produce asombro que de un día para otro alguien cambie el "chip" y tenga un "plan" para, en este caso el sistema sanitario, en el caso de Ana Pastor para las obras públicas, o en el de Ruíz Gallardón, por no ir más lejos, para la Justicia.
Sí, ya sé que los políticos son "generalistas" pero es evidente que todos sabemos algo más de una cosa que de otras. Pero volviendo a Ana Mato, les diré que como el resto de los ministros que acuden estos días a las comisiones del Congreso, su intervención fue un catálogo de buenas intenciones. Interesante, y esperemos que la saque adelante, su propuesta de que todos los ciudadanos tengamos la misma tarjeta sanitaria que nos permita ser atendidos en cualquier lugar de España. Ultimamente hemos visto las tensiones que se producían entre País Vasco y La Rioja precisamente porque ciudadanos vascos que tienen más cerca el hospital de Logroño acudían a este y la Consejería de Sanidad de La Rioja decidió cortar por lo sano. El problema es que al haberse convertido las comunidades en reinos de taifa al final los ciudadanos reciben una atención u otra dependiendo de donde vivan, lo que rompe el principio consagrado en la Constitución de la igualdad de los españoles.
El caso es que, además, de ese catálogo de buenas intenciones Ana Mato no concreto demasiado sobre qué piensa hacer con el Sistema Nacional de Salud. Yo por lo pronto desconfío. Sí, desconfío porque en aquellas comunidades donde el PP gobierna la sanidad pública ha empezado a ser privatizada por la puerta de atrás. Es preocupante la externalización de servicios en los hospitales, o que el criterio de los gerentes sea el exclusivamente económico y no el cuidado de la salud.
Pero hay más problemas, por ejemplo la falta de médicos y enfermeras. Nuestros jóvenes médicos encuentran trabajo fuera de España porque realmente han recibido una excelente formación, mientras que nuestro Sistema de Salud contrata a médicos formados en países que no tienen los niveles de excelencia de nuestros médicos. La señora ministra debería de pensar en cómo contar con esos médicos jóvenes, que además necesitamos. Y lo mismo con las enfermeras, tan cotizadas fuera de nuestras fronteras.
Sí, hacen falta médicos, y que se refuerce los centros de atención primaria donde médicos y enfermeras no pueden dedicar más de diez minutos a cada paciente, con lo que esto supone. De la misma manera que es necesario que la ministra junto al ministro de Educación y el de Industria, pongan todo su empeño en que en los Presupuestos se contemple una partida importante para la investigación. En países como Alemania en lo único donde no ahorran es en investigación porque realmente ese es el futuro, mientras que en nuestro país donde primero se ha metido la tijera es en ese capitulo.
España tiene un excelente sistema de salud, es la joya de la corona, y esperemos que el Gobierno del PP, con la ministra en cabeza, no aprovechen para ir privatizándolo o mermando con la excusa de la crisis. Racionalizar los gastos sí, mermar el sistema nacional de salud no. Por sus obras les conoceremos. De manera que habrá que esperar a los primeros pasos que vaya dando la ministra más allá de sus buenas intenciones.

MADRID, 1 (OTR/PRESS)
En casi 40 días, el actual Gobierno ha sido incapaz de crear ni un solo puesto de trabajo, pues el número de los "asesores" y de los cargos de confianza que ha colocado no computa, toda vez que sustituyen a los cesantes. Las gallinas que entran, pues, por las que salen, pero si bien no ha creado un solo nuevo empleo, que es para lo que se supone que venía este gobierno en plan salvífico, sí ha estado diligente con otras cosas, con las tocantes a laminar, a abolir, las leyes y las normas que, provenientes del Gobierno anterior, cree que son cosas de "rojos".
Así, por ejemplo, se cepilla la asignatura de Educación para la Ciudadanía, sustituyéndola por otra de nombre parecido, pero de contenido, seguro, bien disímil. Es cierto que con Educación, a secas, ya nos daríamos con un canto en los dientes, pues este país y sus nacionales la necesitan como el agua los campos en mayo, toneladas de educación, de refinamiento, de civismo, de cortesía, de urbanidad, de cultura a fin de cuentas, pero también lo es que esa asignatura tuneada por el PP, pepeada, no nos ha de hacer ni más educados, ni más cultos, ni más refinados, ni más benéficos. Ganas de complacer, sin más, al sector más ultra del partido, al que también dedica Gallardón su desagradable beligerancia contra la actual ley de interrupción voluntaria del embarazo. Los gays, porque son muchos, que, si no, con esta deriva, enormemente previsible por lo demás, lo mismo se quedaban sin poder casarse con todas las de la ley. La memoria cabal de los abusos y las atrocidades franquistas también podría regresar, por decreto, a las sentinas del olvido.
Esa cierta suavidad y esa cierta moderación usadas por el nuevo Ejecutivo en sus primeras semanas, tan convenientes para no asustar mucho a los andaluces que han de votar próximamente, se resquebrajan. No podía ser, en puridad, de otra manera. Basta recordar lo horripilante, lo satánico casi, que al PP le pareció todo lo que hacía el primer Zapatero, para prever cómo será su reacción, de la que están dando, deprisa, deprisa, tan inquietantes muestras.

MADRID, 1 (OTR/PRESS)
Según sentencia del juez Gonzalo Dívar, sobrino del presidente del Tribunal Supremo y del CGPJ, el delito de prevaricación debe ser "evidente, patente, flagrante y clamoroso". No parece que sea el caso de Baltasar Garzón en la instrucción que llevó a cabo en 2008 sobre los crímenes del franquismo. Opinan lo contrario el instructor de la causa, Luciano Varela, y la acusación popular (un grupo de extrema derecha), por declararse competente en la depuración penal de aquellos crímenes "a sabiendas" de que era decisión injusta. Ese es el tipo penal.
Pero Garzón se inhibió a favor de los juzgados ordinarios cuando fue advertido por instancia superior. Aunque no lo hizo a la primera también es verdad que desde que se declaró competente (en octubre de 2008, cuando le pusieron sobre la mesa 114.000 casos de desaparecidos) hasta que se inhibió un mes después, ni avanzó en la causa y ni autorizó la apertura de fosas. O sea, no había mala fe.
Sabía que, efectivamente, podía no ser competente. En la duda, resignó su propio fuero (independencia judicial, no lo olvidemos) y se inhibió a favor de los juzgados ordinarios. La inhibición no supuso renegar de los motivos -en ningún caso políticos, ha declarado ante el tribunal-, que le llevaron a abrir la causa. Incluso llegó a ratificarse en la necesidad de investigar unos delitos que, por su propia naturaleza (crímenes de lesa humanidad) son imprescriptibles y no reconocen fronteras a la hora en su investigación y enjuiciamiento, a la luz del principio de jurisdicción universal.
Con ese discurso ha comparecido Garzón ante la sala del Tribunal Supremo que le juzga. Y ha salido a relucir en los interrogatorios de la defensa y el fiscal. Pero después de que la sala desestimase las causas de anulación presentadas por la defensa. Básicamente, dos. Una, el instructor de la causa inspiró a los acusadores de Garzón (Manos Limpias), hasta el punto de que éstos convirtieron un texto del instructor en la principal pieza acusatoria. Y otra, nadie aparece como perjudicado en la causa abierta por Garzón. No hay acusación pública (Fiscalía) ni privada (o particular). Hay una acusación del llamado sindicato "Manos Limpias" que ejerce la acusación "popular" al entender que hubo violación de la legalidad. Curioso, no apreciada por la institución que tiene encomendada esa tarea de vigilante permanente.
Es lo que hay. Ninguna de las dos causas alegadas convencieron al tribunal de la anulación, aunque los magistrados se dividieron: un 4 a 3 a favor de continuar con el juicio. Esa división impide concluir que Garzón prevaricó de forma "evidente, patente, flagrante y clamorosa". Y permite anticipar una sentencia absolutoria en ese asunto del franquismo. En el de las escuchas me temo que Garzón ya está condenado. Suficiente para consumar su exclusión de la carrera judicial por pena de inhabilitación.
Jueves, 31 de mayo
Agustín Jiménez
Aitor Yuste
Alfonso Rojo
Ana Pastor
Andrés Aberasturi
Angel Calzada
Antonio Casado
Antonio José Parafita Fraga
Carlos Carnicero
Carmen Tomás
Cayetano González
Charo Zarzalejos
Consuelo Sánchez-Vicente
Dámaso Mayarias
Esther Esteban
Fermín Bocos
Fernando Jáuregui
Francisco Muro de Iscar
Isaías Lafuente
José Cavero
José Luis Gómez
Julia Navarro
Lorenzo Bernaldo de Quirós
Luis Del Val
Mabel Redondo
Magdalena del Amo
Miguel Cancio
Miguel Higueras
Nava Castro
Pedro Calvo Hernando
Rafael Martínez-Simancas
Rafael Torres
Ramón Pi
Roberto Malestar Rodríguez
Rosa Villacastín
Salvador Freixedo
Victoria Lafora
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Antonio Cabrera
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo