
Las nostalgias del alma no deben abrir heridas en el corazón sino cicatrizar las que hayan dejado como huella las experiencias de las “locas” aventuras del pasado. No parece ajustarse a la realidad de los hechos y de las experiencias humanas que conforman la idiosincrasia individual y social de las personas en general, afirmar que cualquier tiempo pasado fue mejor, puesto que muchas tal vez sientan lo contrario, precisamente como resultado de sus propias vivencias. Los esquemas estereotipados en la estructuración del pensamiento humano, suelen llevar al individuo pensante a utilizar de modo inadecuado la noble herramienta de la que dispone, la inteligencia reflexiva y analítica, extrayendo conclusiones osadas y carentes de fundamento real de sus aceradas, frívolas, crueles y superficiales críticas, al margen de cualquier tipo de consideración autocrítica. En términos de sarcástica ironía, lo que importa a un grupo bien definido de conciudadanos es despellejar sin piedad a los demás, con el claro objetivo de aparecer como referentes en los ambientes sociales turbios y sórdidos y como faros en las noches oscuras de la insolidaridad social. ¡Vaya paradojas de la vida y cuánta impudicia y patetismo destilan los vividores de turno!.
Obvio es deducir que quienes así se comportan están haciendo y presentando ante los demás una fiel radiografía de su enfermiza personalidad. Se trata naturalmente de personas que vagan y corretean por el proceloso mundo freudiano de complejos de inferioridad y falta de estimación no superados, retozándose en ellos con pasmosa facilidad y regodeo. Por lo demás, es de resaltar que la inteligencia de estos individuos suele responder a las características de un perfil primigenio, cuyas notas son la hosquedad del carácter y la acritud de sus palabras, y ello debido a que las orejeras de su arrogancia y prepotencia le han impedido evolucionar hacia formas culturales superiores y diferentes a las que vienen determinando sus comportamientos sociales y las relaciones con sus congéneres. La falta de talento y talante impulsan a estos sujetos a reducir de manera selectiva y de forma artera el ámbito de sus movimientos en sociedad, por lo que dejan patente su elevado grado tanto de insociabilidad como de intolerancia y perversa desafección hacia sus semejantes.
Pero éstos, no perderán comba ni oportunidad de situarse en la primera fila de los aduladores de oficio en los actos sociales y públicos, para lograr por medios espurios e inconfesables prebendas y “chollos”, que den cobertura no sólo a sus mediocridades y misantropías sino también para que sean soporte laboral de sustanciosas retribuciones económicas de algún que otro allegado, familiar o amigo. Cabe señalar que en este elenco de tipologías de personajillos, es infrecuente encontrar chispas de ingenio y atisbos de creatividad o especiales habilidades, ya que en su reino no se cultiva el pensamiento ni se hace acopio del raciocinio, sólo se rinde culto a los dioses de la presuntuosidad, la envidia y el baboseo, a cuyas deidades ofrecen tediosas ofrendas en el altar de la petulante inmodestia, sobre el que encienden las humeantes y parafínicas velas de la hipocresía, el cinismo y la mentira. Hay que poner de manifiesto que tales especímenes, con frecuencia, se presentan en sociedad con el distintivo del altruismo y la bandera de la generosa caridad, ejercida para colmo en favor de quienes desprecia. La idiocia y tontilocuez de tales entes sociales resultan ser antológicas.
Sumérjase, pues, el lector en esta descriptiva reflexión para distraerse un rato, antes de que comience el soporífero curso político y se vea avocado a escuchar las pastueñas declaraciones de los políticos y de que sólo tenga a mano comentarios de esta naturaleza de los analistas del género, y entreténgase y mate el tiempo del estío buscando el retrato de alguno de estos tipejos o tipejas, que año tras año proliferan como hongos en el mundillo del “famoseo”, pululando por él a la sombra del poder y movidos por la necesidad de alimentar sus egolatrías, intereses y excentricidades, a cuyo efecto se nutren de la infecta y saprofítica materia de la frivolidad y del morbo. Es probable que el lector tenga hecho su particular catálogo de estas siniestras personas, pero cabe ampliarlo con nuevos hallazgos en los saraos veraniegos, en los que, en menos que canta un gallo, podemos encontrarnos con “estriptiseros” salidos, “descaretados” briosos y exhibicionistas descocados, así como con sicofantes e impostores de oscura trayectoria sociocultural y baja estofa moral. Pero en cualquier caso, y al margen de moralinas, cada uno debe plantear su propia vida como le plazca y divertirse del modo que le venga en gana.
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Antonio José Parafita Fraga, es pensador y comentarista de temas sociales y políticos.
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Cierto, nuestra vida social se ha convertido en un gran circo mediático, la nueva herramienta que se utiliza se denomina "ingeniería Social". Se está creando un nuevo orden, una nueva sociedad fiel y sumisa a los interés comerciales e intelectuales de unos pocos, da igual; la verdad que la mentira, el bien que el mal, el culto que el inculto, el sacrificado que el holgazán, tener familia que ser arraigado, en definitiva se han roto los valores importantes de los individuos, así como sus tradiciones y arraigos familiares. Se ha creado la manada impensante y dirigida, ha desaparecido el individuo con criterio y autoestima, triste, hasta cuando......Viva el nuevo orden, si quieres ser feliz acéptalo, de lo contrario te espera la oscuridad.....O quizás la pasión de luchar, y recuperar lo que somos y lo que queremos ser, no se......
Viernes, 17 de febrero
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