
MADRID, 20 (OTR/PRESS)
José Blanco ya es el hombre fuerte del Gobierno, en una interpretación compartida por políticos y medios de comunicación de las más diversas tendencias. Y eso que no es ni el presidente, ni siquiera uno de los tres vicepresidentes, un cargo que, la verdad sea dicha, va camino de generar inflación.
Los mismos que durante mucho tiempo jugaron a ningunearle e incluso a hacer bromas llamándole Pepiño --creyendo acaso que así se le conocía en Galicia, donde siempre había sido Blanquito-- andan ahora haciendo cola en esa gran feria de los aduladores que tiene Madrid por sede permanente.
Pepe Blanco comenzó siendo un político controvertido y audaz para convertirse, aún siendo joven, en una persona tan intuitiva como sensata. E incluso humilde. Suyo es el mérito de haber convertido en líder oficial del PSOE a un colega suyo de León, al que después le preparó el camino para ser presidente. No quiso ser ministro en 2004. Ni siquiera en 2008. Sabía que su papel estaba en gestionar el PSOE, la gran máquina electoral y de marketing que, si se diera el caso, podría competir con la mismísima Coca-Cola.
Por el Gobierno fueron desfilando todos los otros compañeros -y compañeras- que hicieron de José Luis Rodríguez Zapatero -Jose, sin acento, para Carme Chacón- todo un referente político de una nueva generación de socialistas. Unos se quemaron en un plis-plas, otros se enredaron y algunas se olvidaron de que ser ministras es compatible con ser como la gente. Blanco, que es de Lugo, contempló la escena desde el poder del PSOE, hasta que se dio cuenta de que en el partido había tocado techo y de que ya podía hacer otras cosas. Zapatero lo nombró entonces ministro de Fomento sin que tuviese que renunciar a su control de Ferraz, donde alguien empezó a darle la lata, pero sin mayores consecuencias. En realidad, ZP lo nombró ministro con mayúsculas, ya que Fomento es el único ministerio que suena realmente a tal cosa; los otros o son muy técnicos o están medio vacíos de contenido, como consecuencia de la descentralización que lleva consigo el Estado de las autonomías. Dicho de otro modo: Blanco tiene donde mandar, sin coordinarse. Sobre todo si los ingenieros no le ponen palos en las ruedas.
Si llega o no a vicepresidente del Gobierno, no parece que sea lo más importante. Ni para él, ni para Zapatero. Otra cosa es que José Blanco sea ya el futuro y que, como tal, se note cada día más en el Ejecutivo. Entre otras, tiene la ventaja de controlar el PSOE y de saber pactar con los de fuera.
Puestos a especular, lleva muchas papeletas para que le toque algo si hay sorteo de candidaturas electorales en España o en Galicia. Y si no lo hay, bastante tiene con ser el hombre fuerte del Gobierno que ahora luchará contra la crisis y, de paso, contra Mariano Rajoy, a quien Pepe es capaz de desequilibrar. En eso sí que se nota que es gallego y que entiende el juego de Mariano, a quien en Madrid no acaban de cogerle el tranquillo. Digamos que Pepe sabe donde le aprieta el zapato a Mariano. ¿O no?
Jueves, 31 de mayo
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