
MADRID, 18 (OTR/PRESS)
A lo sumo, y tras haber escuchado atentamente el debate desarrollado el miércoles en el Congreso y el nuevo enfrentamiento de Zapatero y Rajoy, se podrían esperar algunos acuerdos puntuales sobre determinadas materias o asuntos concretos, pero es poco verosímil pensar que entre los dos grandes partidos pudiera producirse un gran entendimiento global. La actitud de los dos dirigentes lo hace radicalmente imposible. Por una sencilla razón: el líder de la oposición ha vuelto a sus inclinaciones naturales, de suponerse por encima de las posibilidades intelectuales de su adversario y de tener recetas mejores que él para salir de la crisis. Desprecia lo que pone en práctica Zapatero y no está, en absoluto, dispuesto a sumarse a sus iniciativas, y mucho menos, a apoyarlas y participar de ellas.
Siempre fue el planteamiento de Rajoy: creerse por encima de su adversario. Y en este pleno hizo una demostración insólita de ese complejo de superioridad, al reclamar a los parlamentarios socialistas que dejen de apoyar a su líder, Zapatero, y elegir otro alternativo. Una iniciativa que a los socialistas, lógicamente, dejó perplejos y que calificaron de exótica y surrealista... La réplica de Zapatero no fue menos contundente: si tiene coraje y valor político gane usted las elecciones, le replicó Zapatero, riéndose del hecho de que las haya ganado en las dos ocasiones anteriores en las que ambos contendieron en las urnas. Con esos planteamientos mentales o psicológicos, es del todo imposible que el uno acepte las opiniones del otro. Sencillamente, preferirán esperar a que los ciudadanos terminen otorgándole la mayoría en unas siguientes elecciones generales.
Y entre tanto, a esta legislatura le quedan dos años de andadura más. En ellos puede pasar cualquier cosa, claro está, pero no se descarta en las filas socialistas que la crisis empiece a remitir y, lo que resultaría mucho más decisivo, que volviéramos a una situación de prosperidad y crecimiento económico, del que sería una primera demostración la creación de empleo neto. En ese supuesto, sería muy difícil que se mantuvieran las ventajas que las encuestas vienen otorgando al candidato popular, siempre que en este tiempo se compruebe el esfuerzo del Gobierno de adoptar medidas que ayuden a la salida de la crisis en el menor tiempo posible. Zapatero puso plazos probables: no es improbable que estemos ya fuera de la recesión, tras la décima negativa del último trimestre de 2009. Si así fuera, y el Producto Interior bruto hubiera empezado a crecer y a dar datos positivos, calcula el presidente del Gobierno que el gran fruto esperado, los nuevos empleos, pudieran empezar a producirse en el segundo o tercer trimestre de este año. No será tarea vertiginosa ni sencilla de conseguir. Pero debieran ayudar la serie de reformas anunciadas, entre ellas, la reforma del mercado laboral, el ahorro de dineros públicos, la reforma del sistema financiero... Y a esas tareas deberá entregarse el Gobierno en las semanas y meses siguientes.
Y entre tanto, y siguiendo las instrucciones del jefe del Estado, es probable que el Gobierno se esfuerce por conseguir apoyos de las restantes fuerzas políticas. Apoyos que, en todo caso, es probable que resulten puntuales, sobre materias concretas. Salvo, acaso, con Convergencia i Unió. La aproximación entre los correspondientes dirigentes aterra a los populares, porque sospechan que ese eventual entendimiento pudiera significar otra meta o propósito: el entendimiento entre las dos grandes fuerzas políticas catalanas, CiU y PSC, para constituir un gran gobierno de coalición que, tras las elecciones autonómicas de otoño próximo, viniera a sustituir al tripartito que ya ha venido dando algunas demostraciones de fatiga, como recientemente expresaba el conseller Maragall. Claro que, en tal hipótesis, tampoco habría que excluir el final político de José Montilla. Pero ése es otro escenario de futuro...
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Torpezas aparte de ZP y Rajoy, Rajoy y ZP, durante la intervención sobre el debate de la economía, lo que resulta evidente es que el gobierno socialista es incapaz por sí sólo de arreglar este desaguisado al que con sus políticas populacheras no ha conducido a casi todos los españoles. El que ahora ZP quiera seguir gobernando en base a pactos "comprados" demuestra la frivolidad de un gobierno agotado y en plena agonía, y por otro lado la ddesvergüenza de quien pacte con el Psoe. España necesita pero yá un cambio de rumbo, un golpe de timón que enderece la caña para navegar por aguas mas claras y fiables. Se debe de gobernar para el Pueblo, no en fucnión de lo que tu me ofreces y yo recibo mientras el paro sigue su macabra escalada.
Viernes, 1 de junio
Agustín Jiménez
Aitor Yuste
Alfonso Rojo
Ana Pastor
Andrés Aberasturi
Angel Calzada
Antonio Casado
Antonio José Parafita Fraga
Carlos Carnicero
Carmen Tomás
Cayetano González
Charo Zarzalejos
Consuelo Sánchez-Vicente
Dámaso Mayarias
Esther Esteban
Fermín Bocos
Fernando Jáuregui
Francisco Muro de Iscar
Isaías Lafuente
José Cavero
José Luis Gómez
Julia Navarro
Lorenzo Bernaldo de Quirós
Luis Del Val
Mabel Redondo
Magdalena del Amo
Miguel Cancio
Miguel Higueras
Nava Castro
Pedro Calvo Hernando
Rafael Martínez-Simancas
Rafael Torres
Ramón Pi
Roberto Malestar Rodríguez
Rosa Villacastín
Salvador Freixedo
Victoria Lafora
Carlos Ruiz Miguel
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina