
MADRID, 13 (OTR/PRESS)
Nadie pone en duda que el Rey, Jefe del Estado, pueda dialogar con quien quiera sobre las materias que quiera. Su función de "moderador" le aconseja, incluso, estar al tanto de lo que pasa y de los que opinan unos y otros. Otra cosa es que, a partir de ahí, pudiera intervenir en la vida política, actividad para la que no está autorizado por la Constitución. El dirigente de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, ha advertido esta posibilidad de que el Rey pudiera actuar como "muñidor" de ese eventual Pacto de Estado del que todos venimos hablando. Por el contrario, dentro del mismo espectro republicano, ha llamado poderosamente la atención el relativo entusiasmo demostrado por Carod Rovira sobre la intervención del Rey en esta hora crucial de la crisis y para salir de ella cuanto antes y con el esfuerzo de todos. Es decir, que a unos complace más que a otros la iniciativa del Rey. Desde luego, si se pudo llegar en un primer momento a la sospecha de que el Gobierno alentaba al Monarca, las declaraciones de la vicepresidenta De la Vega disuaden de ello: agradece esos esfuerzos del Jefe del Estado, pero le recuerda que la tarea de acometer pactos y de resolver las cuestiones del país corresponden al Gobierno de la Nación. Y tampoco ha resultado especialmente entusiasmado el PP, que ha preferido en materia sin más rodeos: Si Zapatero quiere un pacto, deberá empezar bajando impuestos, ha dicho la manchega por corto y en directo.
O sea, que hay muy variadas reacciones ante "la iniciativa" del momento, y que ésta deja a pocos indiferentes. A lo sumo, se deslinda lo que puede hacer o es o no es aconsejable que haga el Rey. Actuar como árbitro en tiempo de crisis encaja en sus tareas. Pero remitirnos a su actuación durante el 23-F pudiera dar lugar a equívocos, por cuanto son muchos quienes creen que intervino para salvar la situación, sí, y lo hizo exitosamente, pero después de que algunas de sus actuaciones anteriores hubieran podido ser interpretadas por los golpistas como apoyo y respaldo a sus actuaciones abiertamente inconstitucionales e ilegítimas.
De manera que cada gesto y movimiento del Rey van a merecer una atención extraordinaria, y tendrán el juicio inmediato de los políticos y de la opinión pública, exigentes todos en sus prerrogativas. ¿Qué desea la opinión, qué echa de menos? Una y otra vez, las encuestas han señalado que escandaliza la falta de colaboración de "los opositores", dicho sea en plural, pero significativamente la actuación del PP, que a todos ha parecido que trataba de beneficiarse de la crisis por la vía rápida del descalabro que propicia la política gubernamental. Rajoy ha sido el primero en negar esas hipótesis, y ha asegurado que hasta en tres ocasiones hizo la oferta de una colaboración. No dice, en cambio, que siempre que actuó en esa dirección condicionó su apoyo a que el Gobierno rectificara o anulara sus planteamientos. Dicho de otro modo, el PP hubiera participado, pero no son el programa ajeno, que el gobierno, legítimamente, desarrolla y pone en práctica, y en el que hay "distancias ideológicas" con los programas del PP. Rajoy habló recientemente de congelar los sueldos de los funcionarios, mientras el gobierno ha reducido a tres décimas su incremento para el presente año. Rajoy también "avanzó en la muy delicada cuestión del despido laboral, admitiendo los famosos 33 días por año trabajado, pero sólo a partir del cuarto o quinto año. Rajoy ha venido haciendo "apostado" en favor de un contrato de trabajo nuevo y único. Es evidente que hay distancias grandísimas entre quien gobierna y quien aspira a gobernar. Y es fácil de entender que al PP se le reproche un deseo de gobernar, "gula de poder", la llamó De la Vega, que podría pasar por el "cuanto peor, mejor". De ahí que la actuación, intermediación, iniciativa o sugerencia del monarca, resulte tan complicada y tan peligrosa.
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Ese aprobado de Carod es un prueba del desacierto de la propuesta del Rey. Todos sabemos que lo que querría Zapatero en caída libre, es la adhesión a su disparatado proyecto para salir de la crisis, nada mas reconocida nos dicee estamos saliendo, por 4 veces, y naturalmente el PP no está dispuesto a adherirse al fracaso que todos vemos. En realidad la actuación del Rey es un salvavidas a un presidente en caída libre, que ha demostrado su incapacidad para gobernar. Los mediocres que tiene alrededor siempre le dirán que lo hace genial porque ¿donde van a encontrar ellos el chollo que tienen? y mientras tanto España en declive. Se hacen imprescendibles Elecciones Generales, y después los dos partidos mayoritarios tendrán que acometer la cirugía durísima que necesitamos, cosa que no hará Zapatero porque le aterra perder un voto, aunque se le estan marchando a borbotones
Viernes, 1 de junio
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