
MADRID, 26 (OTR/PRESS)
El Congreso debate ya el proyecto de ley sobre el aborto que ha pasado el primer trámite al rechazar todas las enmiendas a la totalidad. Que entre los que apoyan el proyecto estén el PNV o diputados de Convergencia merecería una profunda reflexión. También que haya primado la disciplina de partido sobre la libertad de conciencia y que algunos diputados socialistas católicos no se hayan atrevido a votar en contra a pesar de que no suscriban parte de lo que incluye este proyecto.
Aunque la ministra de Igualdad lo proclame, no es una ley demandada socialmente ni hay consenso para su aprobación. Media España y miles de intelectuales, médicos, sociólogos, expertos, etc. se oponen a la ampliación. El propio presidente del Congreso publicaba ayer una tribuna en El País bajo el título "Ni derecho ni obligación" en la que trataba de salvar los muebles, los suyos. "El feto, decía el católico Bono, es más un "alguien" que un "algo* una vida humana en formación que es digna de protección". Y añadía que para el Tribunal Constitucional, el feto "es en todo caso un bien no sólo constitucionalmente protegido sino que encarna un valor central del ordenamiento constitucional".
Lamentablemente, lo que dice Bono no está en la ley que consagra el derecho al aborto y que para el presidente de las Cortes es "un mal menor". ¿Cuál sería el mayor?. Evidentemente, el aborto no es una obligación. Sólo faltaría que obligaran a abortar. Pero la nueva ley rompe la tradición jurídica de protección y defensa del más débil, no reconoce que el feto desde el primer momento de la concepción es una vida humana singular y distinta y no supone ni un mayor amparo para la mujer -ninguna ha ido a la cárcel por abortar con la anterior legislación- ni un apoyo a las familias que quieren tener hijos.
El primer derecho de un niño, ahora que celebramos los 50 años de la Declaración y los 20 de la Convención sobre los Derechos del Niño, es el derecho a la vida. Si ese no se respeta, sobran todos los demás. Es posible que en el debate parlamentario se de marcha atrás en alguno de los despropósitos que esta ley trae consigo como la posibilidad de que una niña de 16 años pueda abortar sin conocimiento de sus padres. Pero lo que está claro es que afronta el problema de que en España haya más de 115.000 abortos al año y que esa cifra no haya dejado de aumentar desde la aprobación de la primera ley que lo despenalizó. Y seguirá aumentando, ya lo verán. Que el aborto sea considerado legalmente un derecho es éticamente inaceptable. El progresismo español, citado por Bono, ha defendido históricamente el derecho a la vida. Hoy está en el lado contrario. Es una hipocresía manifestarse a favor de la vida y defender "el derecho" al aborto o la pena de muerte. El aborto es una tragedia, nunca un derecho y mucho menos un derecho contra el derecho del más débil, del que no puede protegerse.
Domingo, 19 de febrero
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José Pómez
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