
MADRID, 24 (OTR/PRESS)
La Unión Europea podía haber optado por una mujer para la presidencia europea y habría dado un salto cualitativo en el despegue de las políticas hacia las mujeres en el mundo, pero ha preferido dar el cargo a un belga competente pero gris y sólo se ha atrevido a colocar a una inglesa como "número 2", como voz de Europa ante el mundo. Hemos perdido una oportunidad histórica porque era un momento para situar a una mujer -había varias candidatas tan válidas por lo menos como cualquiera de los candidatos masculinos- en la cabeza de la nueva Europa pero no para gobernar como un hombre sino para dar un cambio en las políticas europeas desde una sensibilidad diferente. No se han atrevido a un giro que hubiera servido más que cualquier campaña sobre el acceso a la educación, la violencia de género o la igualdad. Y no se trata de discriminación positiva sino de no discriminar a una mujer por el hecho de serlo.
En España sucede más o menos lo mismo. Las mujeres están en la administración y en las instituciones casi de forma masiva en las zonas bajas o medias, pero no llegan al poder real salvo excepciones ni son lo que deberían en empresas, en la judicatura o en el Parlamento, por sólo poner tres ejemplos. Seguimos siendo una sociedad masculinizada. Sólo hay una líder de un partido, minoritario, en un mundo dirigido en su inmensa mayoría por los hombres. Y no sería malo ver si esa diferencia de ver la política y la vida que tienen muchas mujeres podría servir para dar un giro a la estéril forma de organizar la política que vienen demostrando los hombres que nos gobiernan. En Europa y en España.
Pero quizás tienen razón los poetas. Escribe Jesús Munárriz unos hermosos versos. "No busques la verdad entre los triunfadores: prefieren la eficacia. No busques la belleza entre los poderosos: prefieren el dominio. No busques el amor entre los importantes: prefieren el control."
Y aunque él termina hablando de buscar entre los pobres, si me lo permiten podríamos buscar el cambio entre las mujeres para alcanzar una sociedad más justa, más solidaria, menos mercantilista, con mayor sentido común, más humana. Llegará, ya lo verán.
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Si se toma usted la molestia de leer un poquito de historia, podrá fácilmente descubrir que las mujeres que, por el motivo que sea, llegaron a gobernar un país, no se han caracterizado por ser menos agresivas, violentas y egoistas que los varones.
Pero, claro, es mucho más bonito soñar y repetir consignas absurdas, pero bien vistas.
Domingo, 19 de febrero
Agustín Jiménez
Aitor Yuste
Alfonso Rojo
Ana Pastor
Andrés Aberasturi
Angel Calzada
Antonio Casado
Antonio José Parafita Fraga
Carlos Carnicero
Carmen Tomás
Cayetano González
Charo Zarzalejos
Consuelo Sánchez-Vicente
Dámaso Mayarias
Esther Esteban
Fermín Bocos
Fernando Jáuregui
Francisco Muro de Iscar
Isaías Lafuente
José Cavero
José Luis Gómez
Julia Navarro
Lorenzo Bernaldo de Quirós
Luis Del Val
Mabel Redondo
Magdalena del Amo
Miguel Cancio
Miguel Higueras
Nava Castro
Pedro Calvo Hernando
Rafael Martínez-Simancas
Rafael Torres
Ramón Pi
Roberto Malestar Rodríguez
Rosa Villacastín
Salvador Freixedo
Victoria Lafora
Raúl González Zorrilla
Vicente A. C. M.
José Pómez
Juan Fernandez Krohn
Avelino Vallina
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Antonio Javier Vicente Gil
Pedro Fernández Barbadillo
Cesar Sinde
Toni García Arias
Francisco Rubiales