
MADRID, 26 (OTR/PRESS)
Probablemente, una palabra de encomio sobre Sabino Fernández Campo es ya una palabra de más. No hay voces discrepantes en el elogio fúnebre entre otras razones porque su figura de hombre leal, culto y cabal fue admirada por muchos y reconocida por todos. Incluso por quienes viniendo del republicanismo militante descubrieron la mesura y agudeza de juicio que atesoraba el hombre prudente que estaba de pie junto a la oreja del Rey.
Pasará a los libros de Historia de España por aquella lacónica expresión suya: "Ni está, ni se le espera", con la que desarmó la conjura golpista que había montado el general Armada en ocasión del 23-F, pero, siendo como fue relevante aquella actuación, tengo para mí que su gran servicio a la Corona, y, por lo mismo, a la estabilidad de la política española, fue su discreta y eficacísima labor para acercar a dos personajes clave de la Transición: el Rey don Juan Carlos y Felipe González, líder del PSOE y presidente del primer Gobierno socialista que tenía España tras la trágica experiencia de la guerra civil.
Mucho tuvo que ver la mano discreta de Sabino en la química que se estableció entre ambas personalidades en un momento en el que el PSOE, un partido de confesión republicana, con más de diez millones de votos y más de doscientos diputados, podía haberse dejado llevar por el vértigo que aparejaban aquellos momentos germinales de la vida política española. Todos le debemos respeto a su memoria, pero quienes más le deben son aquellos que en un momento dado, al verlo partir, creyeron alejar la voz de su conciencia.
Que se sepa, no deja escritas memorias. Ha hecho bueno aquél proverbio que aconseja no romper el silencio si uno no está en condiciones de mejorarlo sin crear problemas innecesarios. Descanse en paz, Sabino, el prudente.
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Seguramente si se hiciera una encuesta, las memorias de Sabino Fernández serían de las más codiciadas. Aún tengo esperanza de que su esposa y sus hijos lleguen a publicarlas. El ha estado en el centro de la Historia de España como pocos han estado. Fué nombrado Grande de España, no lo necesitaba, ha sido grande por caballero, por persona de honor, por discreción y por autoridad moral, en una España que cada vía vemos con más tristeza convertida en un lugar inhabitable, y donde el sufrido pueblo, trabaja y trabaja, cuando no está en paro, luchando para sacar a su familia duramente, mientras unos personajillos venidos a más y sin merecimientos, están en la cresta de la ola. Harían falta varios miles de Sabinos para arreglar esto.
Sábado, 18 de febrero
Agustín Jiménez
Aitor Yuste
Alfonso Rojo
Ana Pastor
Andrés Aberasturi
Angel Calzada
Antonio Casado
Antonio José Parafita Fraga
Carlos Carnicero
Carmen Tomás
Cayetano González
Charo Zarzalejos
Consuelo Sánchez-Vicente
Dámaso Mayarias
Esther Esteban
Fermín Bocos
Fernando Jáuregui
Francisco Muro de Iscar
Isaías Lafuente
José Cavero
José Luis Gómez
Julia Navarro
Lorenzo Bernaldo de Quirós
Luis Del Val
Mabel Redondo
Magdalena del Amo
Miguel Cancio
Miguel Higueras
Nava Castro
Pedro Calvo Hernando
Rafael Martínez-Simancas
Rafael Torres
Ramón Pi
Roberto Malestar Rodríguez
Rosa Villacastín
Salvador Freixedo
Victoria Lafora
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Cesar Sinde
Toni García Arias
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Francisco Rubiales
Antonio Javier Vicente Gil
Carlos Ruiz Miguel