
MADRID, 4 (OTR/PRESS)
El Gobierno ya trabaja sobre un Informe del Ministerio de Asuntos Exteriores que marca las líneas generales de la Presidencia española de la Unión Europea en el primer semestre de 2010. Será la cuarta vez que Madrid asumirá el timón de Europa, tras haber ingresado en la entonces CEE en 1986. El presidente Zapatero, agobiado de puertas adentro, tuvo este fin de semana una buena noticia pensando en su mandato europeo: el "sí" irlandés revierte la mayor crisis institucional sufrida por la UE desde que, en 2005, el proyecto de Constitución se vino abajo por el rechazo de Francia y Holanda, y el Tratado de Lisboa emergió como un plan alternativo, mucho menos ambicioso políticamente, pero quizá más realista.
Este cuarto mandato español en Bruselas será distinto a los anteriores, no solo por tener que afrontar agendas distintas, sino también por el número de países a contentar y conducir a favor del proyecto europeo, que a estas alturas ya no despierta la ilusión de hace quince o veinte años. La UE de ahora tiene veintisiete estados miembros, frente a doce o quince de las anteriores, y el marco institucional comprende un Parlamento Europeo recién elegido y con poderes muy reforzados. También, una nueva Comisión, que es el órgano ejecutivo de "Los 27".
Si no surgen nuevos contratiempos --tras el "sí" de Dublín, solo dos países deben ratificar el Tratado de Lisboa: Polonia y la República Checa--, Zapatero estrenará el nuevo Tratado de Lisboa, que trae consigo un nuevo Presidente del Consejo Europeo; el Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad; el Servicio Europeo de Acción Exterior, y el sistema de presidencias en equipo de dieciocho meses, que España inaugurará, seguida de Bélgica y Hungría. Todo ello, obviamente, con el visto bueno de Varsovia y Praga, donde Lech Kaczynski ya prometió la adhesión si Irlanda hacía lo propio y Vaclav Klaus aguarda del Tribunal Constitucional checo un improbable dictamen contrario a la carta de Lisboa.
Sea como sea, entre los objetivos pendientes de la UE destaca, sin duda, el mercado energético integrado e interconectado, así como la respuesta global al cambio climático. Son asuntos de por sí importantes, que además Bruselas quiere aprovechar para que Europa pueda hablar con voz propia en el mundo. De cara al interior, también hay retos como la inmigración y el espacio compartido de cooperación judicial y policial donde se aguardan avances. A Zapatero le tocará incluso una baza para reconciliarse con Felipe González, cuyas conclusiones como líder del llamado Grupo de Reflexión sobre el futuro de Europa van a debatirse bajo la presidencia española. Al menos en Europa, Zapatero podrá respirar tras ganar en Dublín. Dentro, ya veremos.
Domingo, 19 de febrero
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