
MADRID, 11 (OTR/PRESS)
Ha llegado a mis manos el libro de Daniel Casado, titulado "El arqueólogo enamorado", que confieso que me ha seducido, no sólo por cómo está escrito, sino por la forma que tiene de contar aspectos de la arqueología totalmente desconocidos para mí, y creo que para el gran público, y que merecen ser conocidos porque forman parte de la historia -grande y pequeña-, no sólo de nuestro país, también de la de otros pueblos, de otras civilizaciones, de otras culturas, por las que siento un enorme interés y por qué no decirle, una gran atracción fatal.
Cuenta Daniel cómo la hija de Marcelino Sanz de Sautuola -un aparcero cuarentón de la Cantabria serrana-, descubrió en el otoño de 1868, casi por casualidad, las famosas cuevas de Altamira. Su lucha casi titánica porque se reconociera un hallazgo que prestigiosos arqueólogos y científicos de la época trataron de ocultar, unos por ignorancia, otros por puro interés patrio. Una historia que el autor va desgranando con maestría y humor, y en la que no faltan las miserias de unos y la grandeza de un hombre que murió antes de que la justicia y los expertos le reconocieran el mérito de haber batallado por la que sin duda es una de las joyas arqueológicas de nuestro país.
Pero si interesantes son las pinturas rupestres de las cuevas de Altamira, mucho más las vicisitudes que pasó el profesor Jorda hasta llegar a Atapuerca, ese "parque temático" de la Prehistoria, convertido hoy en un fenómeno de impacto mundial, ya que se trata de un templo paleontológico, no en vano es allí donde se han descubierto los huesos del hombre más antiguo de Europa.
¿Quién puede dudar a estas alturas de que la Dama de Elche es una la más bella entre las bellas?. Yo creo que nadie, por más que su descubrimiento se deba, como en otros muchos casos a la casualidad. Dice Daniel que "la arqueología debe mucho a los labriegos, ya que detrás de cada hallazgo siempre hay un jornalero con su azada, pese a que sean los grandes olvidados de la arqueología", y así debe ser porque la Dama de Elche vino al mundo moderno tras un azaroso golpe de azadón que la rescató de las tinieblas. Resucitada de entre las piedras de La Alcudia de Elche, pronto se convirtió en el icono de la cultura ibérica.
La pasión de Daniel Casado por la arqueología le viene de antiguo, bueno, en realidad le viene de cuando a los 18 años sintió la "llamada de las piedras". Una inclinación que le llevó a participar en numerosas excavaciones, a Licenciarse en Geografía e Historia por la Universidad de Navarra, y a escribir tres libros y más de cien artículos sobre temas que siguen enamorando al lector por el misterio que rodea a todo aquello que forma parte de nuestra memoria histórica.
ROSA VILLACASTIN
Domingo, 19 de febrero
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