
MADRID, 30 (OTR/PRESS)
Mal año para la mujer éste que acaba. Tenemos un Ministerio para la Igualdad, con más voluntad que avances, pero 2008 ha sido el peor de la historia en lo que se refiere a violencia contra la mujer, con 77 mujeres asesinadas por agresiones de sus parejas o ex parejas, la mitad de ellas extranjeras, inmigrantes. Cuando una mujer inmigrante toma conciencia de que está siendo víctima y lo denuncia, aumenta su riesgo y ahí tenemos mucho trabajo pendiente. En la prevención y en la información, porque estas mujeres necesitan mayor atención y el uso pleno de sus derechos.
La ministra de Igualdad ha dicho que "es necesario que exista un trabajo común por parte de los poderes públicos, en colaboración con los agentes sociales, para conseguir erradicar esa lacra social que es la manifestación más grave de la desigualdad entre hombres y mujeres". Por encima de las palabras, los datos indican que España ha caído siete puestos en el ranking mundial de la igualdad de género, es decir entre los países que más reducen las diferencias entre hombres y mujeres. No basta con crear Ministerios; hay que establecer y dotar políticas reales de igualdad. Pese a los sistemas de cuotas impuestos por el Gobierno, seguimos teniendo muy pocas mujeres en puestos directivos en las empresas y en las Administraciones, pero también en el Congreso y en el Senado. Y sigue habiendo una brecha salarial entre hombres y mujeres. Y cuando hablamos de dependencia, seguimos mirando hacia otro lado al no contemplar que en la mayoría de los casos, es la mujer la que cuida al dependiente, la que tiene que abandonar su trabajo y, en ocasiones, sus planes de vida. Estos son problemas serios que afectan a la mujer, a los que habría que dedicar políticas, tiempo y dinero público, sin imposiciones, convenciendo.
Por el contrario, avanzamos en políticas que ni tienen consenso social ni son progresistas. En lugar de apostar por la información, la protección de la infancia o de la maternidad, se legisla para facilitar acabar con la vida. El futuro aborto libre hasta las 14 semanas, sin necesidad de alegar causa alguna, no sólo no es un avance social sino que va a multiplicar el terrible aumento de la cifra de abortos -cerca de un millón y medio desde que se legalizó- y, además, el negocio de las clínicas abortistas. No se contempla el derecho a la vida, constitucionalmente protegido, del no nacido. Las campañas de algunos Ministerios, como el de Sanidad, aparte de un disparate publicitario, no sirven para nada. Caen las ventas de preservativos, repuntan la sífilis, el VIH y los embarazos en adolescentes y jóvenes y ya ni siquiera asusta el SIDA. Los jóvenes conocen el riesgo de las drogas, pero lo desprecian. En lugar de afrontar con información y formación la inmadurez no sólo de los jóvenes, sino de muchos adultos, se amplían las facilidades para abortar o para un sexo prematuro o inconsciente. Algo no estamos haciendo bien cuando rechazamos que los adolescentes voten o tomen pequeñas decisiones, pero les dejamos absoluta libertad en actos que pueden cambiar radicalmente su vida y hasta, en algunos casos, se pide que puedan decidir su derecho a la muerte.
Francisco Muro de Iscar.
Viernes, 1 de junio
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Francisco Muro de Iscar
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