
MADRID, 15 (OTR/PRESS)
Tener un buen nombre, un nombre eufónico, un nombre que se corresponda con uno y que a poder ser le mejore a uno, no es ninguna tontería, y menos en política. En tiempos de la Restauración, cuando la política tornó enteramente a manos de los caciques y los parlamentarios no eran sino hombres de paja y meros figurantes, para triunfar en ella bastaba con ser alto y tener buena voz, o más bien una voz hueca y campanuda, y hubo que esperar a la II República para que el nombre cobrara importancia en la carrera política. Fernández de los Rios, Alvaro de Albornoz, Victoria Kent, Manuel Azaña, Alcalá-Zamora, Martínez Barrio, Margarita Nelken, Nicolau D"Olwer, Indalecio Prieto, eran nombres de grandes políticos, pero, no por casualidad, también eran grandes nombres. Luego dejó de haber política, erradicada por tipos de nombres vulgares, y a la siguiente Restauración, la de la Monarquía actual, el nombre perdió su transcendencia, y la política la hizo gente que se llamaba Suárez, González y cosas así, apellidos que no es que estén mal, ni mucho menos, pero que sirven para cualquier cosa.
Después de mucho marear la perdiz y de mucho run-run de puñales, la coalición Izquierda Unida ha designado al fin a un nuevo coordinador general, recayendo el designio en el que lo venía siendo de la organización en Castilla-La Mancha. Se trata, al parecer, de un tipo duro pero a la vez conciliador, del aparato pero sin demasiado aparato, federal pero poco amigo de los nacionalismos, o sea, un mirlo blanco, pero si hay algo de lo que, de entrada y verdaderamente, pueda presumir, es de nombre, un nombre musical, de personaje de novela, que en pocas letras aúna la contundencia del Cayo con la suavidad del Lara: Cayo Lara. Ahora sólo falta, ciertamente, que el ciudadano en cuestión esté a la altura de su nombre.
Rafael Torres.
Los comentarios para este post están cerrados.
Repase la historia y podrá darse cuenta de que Indalecio Prieto ni fue un buen político y, mucho menos, buena persona. De aspecto bonachon, sí; de malas intenciones y de hechos, también. Pregunte a los familiares de Juan Negrín.
Baboso CHEQUISTA hoy tampoco te leo.
Señor Torres ¡qué frivolón es vd.¡ todavía, y ya calvo, no sabe que el hábito no hace al monje. Hoy las musas se han ido a dar una vuelta, porque la parida que vd. nos cuenta es de antología. Y para ello solo un ejemplo que vd. mismo pone. Suárez, apellido corriente, y persona extraordinaria, conciliador, educado, responsable, providencial en aquella hora de España en que el consenso era imprescindible. Maltratado por la izquierda sobretodo, pero también por sus propios compañeros, cuando el destino se lo lleve, verá vd. el vergonzoso desfile de piropeadores que antes le denostaron que saldrán a la palestra. ¡País cainita¡
Viernes, 1 de junio
Agustín Jiménez
Aitor Yuste
Alfonso Rojo
Ana Pastor
Andrés Aberasturi
Angel Calzada
Antonio Casado
Antonio José Parafita Fraga
Carlos Carnicero
Carmen Tomás
Cayetano González
Charo Zarzalejos
Consuelo Sánchez-Vicente
Dámaso Mayarias
Esther Esteban
Fermín Bocos
Fernando Jáuregui
Francisco Muro de Iscar
Isaías Lafuente
José Cavero
José Luis Gómez
Julia Navarro
Lorenzo Bernaldo de Quirós
Luis Del Val
Mabel Redondo
Magdalena del Amo
Miguel Cancio
Miguel Higueras
Nava Castro
Pedro Calvo Hernando
Rafael Martínez-Simancas
Rafael Torres
Ramón Pi
Roberto Malestar Rodríguez
Rosa Villacastín
Salvador Freixedo
Victoria Lafora
Carlos Ruiz Miguel
Juan Fernandez Krohn
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Antonio Cabrera
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Miguel Barrachina