
MADRID, 10 (OTR/PRESS)
En Afganistán, sobre el papel, nuestros 778 soldados están cumpliendo una misión de paz bajo mandato de las Naciones Unidas.La realidad es otra: las tropas internacionales actúan como refuerzo del nutrido contingente de norteamericanos que por mandato del Gobierno de Washington combaten a muerte a las milicias talibanes. El pasado lunes un ataque de la aviación norteamericano mató a 37 civiles; otro realizado ayer, a siete. Según la ONU, alrededor de 1.500 paisanos han perdido la vida en lo que llevamos de año a resultas de ataques de las tropas extranjeras desplegadas en el país. Esas mismas fuentes no precisan el número de combatientes talibanes abatidos.
El Gobierno de Kabul (presidente Hamid Karzai, sostenido por Washington) ha denunciado este tipo de ataques indiscriminados. Según el decir de algunos corresponsales europeos enviados a la zona, fuera de las altas esferas políticas de Kabul, la población civil no distingue entre los soldados norteamericanos y las tropas de las Naciones Unidas. La capacidad de ocultamiento de los milicianos islamístas entre la población civil, constituye uno de los grandes obstáculos para el triunfo de la "solución militar" al problema de Afganistán.
El otro es la corrupción de las altas esferas políticas de Kabul y en las diferentes capitales regionales; corrupción que genera el caldo de cultivo ideal para el primero de los dos grandes negocios de los políticos y los señores de la guerra locales: el cultivo de opio y el tráfico de heroína.El segundo gran negocio los constituyen las subvenciones, los dólares de la ayuda internacional que se desvían por millones de su camino previsto hacia hospitales, escuelas, programas de alimentación, alfabetización y construcción de carreteras para ir a parar a manos de funcionarios y militares afganos. El Gobierno Karzai -pozo sin fondo para la ayuda internacional-, apenas existe fuera de Kabul y el resto de las capitales del país.
El presidente electo Barack Obama habló durante la campaña electoral de disminuir el número de soldados destacadas en Iraq y aumentar el de los que operan en Afganistán. Ahora son alrededor de 60.000 soldados extranjeros destacados en el país. Hace treinta años, la Unión Soviética llegó a tener cerca de medio millón y fracasó en su intento de controlar un país en el que -desde los tiempos de Alejandro Magno-, la guerra ha formado parte de las vidas de sus habitantes. Por sí sola, la "solución militar" no resolverá el problema de Afganistán. Algunos expertos occidentales empiezan a cuestionar el sentido de aquel combate lejano y se preguntan si hay razón para luchar durante mucho tiempo por la libertad de un pueblo que apenas lo hace por sí mismo. De ahí la pregunta inicial: ¿Debemos -los españoles- seguir en Afganistán?
Fermín Bocos.
Sobre el papel estamos en "una misión de paz", pero además del papel existe la triste realidad, y sobretodo que se lo digan a los familiares de los muertos que hoy se han enterrado en Figueirido, en Pontevedra, rodeados del dolor de sus familiares y compañeros, y también de esos políticos socialistas que se gastan el dinero en la cúpula por la Defensa de los Derechos Humanos y la Alianza de Civilizaciones y de los Grandes Expresos europeos, en coches fantásticos, en pseudo-embajadas, en despachos como de los Emiratos Arabes, en asesores por cientos, en asesores que son liberados del "Psoe", en viajes de cien en cien a costa del contribuyente, pero que no ponen en los presupuestos unos vehículos blindados decentes que eviten las muertes de nuestros soldados. ¿debemos los españoles seguir en Afganistán? pues tal y como estamos, con nuestros soldados metidos en latas con ruedas de 30 años de antigüedad, de ninguna manera, y no creo que Zapatero, tiene experiencia en ello no pueda hacerlo.
La pregunta a realizar no es esta, sino ¿por qué ningún país occidental está ya interviniendo para acabar con las masacres en el Congo?
Pero hablando de Afganistán, a diferencia de la tiranía soviética, no hay ningún interés en controlar el país. Tampoco es el pueblo afgano el que resiste, sino sus opresores islamistas. Se trata simplemente de mostrarles a éstos que es inútil que ELLOS intenten controlar el país. Que no estamos dispuestos a admitirlos, por el bien del pueblo afgano, por nuestro propio bien y hasta por simple dignidad humana.
Las "reglas" de la guerra las pone él bando más brutal. Si la ocupación de Alemania y Japón en el 45 llevó la democracia a esos países no fue siendo blanditos, sino a través de amenazas muy severas y muy creíbles. Y se trataba de países avanzados en lo social, lo cultural y lo económico
Miércoles, 25 de noviembre
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