
MADR5ID, 12 (OTR/PRESS)
Baleares, Cataluña y, ahora, el País Vasco cierran el círculo de congresos pendientes tras la cita de Valencia. La cita vasca ha sido, con diferencia, la más dura. Cuando sólo se trata de discrepancia política, el arreglo no es difícil.
Basta con que las parten enfrentadas se sienten y se pongan de acuerdo. El llegar a acuerdos es la política en estado puro. Es cuestión de dedicarle tiempo, ganas y voluntad de alcanzar un punto de encuentro.
Pero en el País Vasco la cuestión de fondo era otra bien distinta, otra que se escapa a lo objetivo, a lo negociable. La cuestión de fondo es, nada menos, que una cuestión de fe y la fe se tiene o no se tiene. En ningún caso es negociable.
María San Gil se ha ido por una cuestión de fe. Simplemente no se fía. Su paso ha sido un paso sin retorno, que ha arrastrado a tres personas, ha inspirado discursos de lógico y merecido reconocimiento y ha provocado serias heridas entre los populares vascos, todos ellos ya heridos por la extrema dificultad que supone ser militante de este partido en el País Vasco y porque una buena parte de ellos, como el propio Basagoiti, ha sentido en más de una ocasión el aliento de ETA en sus nucas.
La fe no deja de tener sus paradojas. Se perdió la fe porque la ponencia política de San Gil fue modificada en Valencia, pero no se recupera ahora que se ha incluido en la ponencia aprobada en Bilbao.
¿Cómo es posible depositar tanta fe, conceder tanta importancia a lo que no deja de ser un documento político en el que nunca y para ningún partido abarca la realidad?
Las ponencias, como los programas electorales, lo aguantan todo, pero luego es la realidad la que se impone, es la coyuntura la que obliga a decidir estrategias, son los demás los que influyen en la posición propia. Y todo ello sin que sea necesario cuestionar los principios.
Ante el doloroso plante de San Gil, el PP vasco tenía dos opciones: o lamerse las heridas, o trabajar para cerrarlas. Con buen criterio se ha optado por lo segundo, pero el trámite no ha sido fácil.
En la cita de Bilbao se han entrecruzado sentimientos y sospechas, una memoria que pesa y un futuro que a muchos les parece inalcanzable, el recuerdo de los que fueron y la lotería que supone siempre apostar por los nuevos.
La inteligencia en las formas ha fallado de manera estrepitosa, sobre todo aquellas que han tratado de presentar a Maria San Gil como a una persona que ha perdido el oremus. No es eso.
Pero tampoco lo es escupir sobre los que se quedan toda clase de ignomias. ¿Son traidores Basagoiti, Urquijo, Barreda, Otaola o Usandizaga? Desde ayer Alfonso Basagoiti es el presidente del PP del País Vasco. Su tarea es ingente.
De entrada, ha propuesto que Maria San Gil sea miembro nato de la Ejecutiva. Y a partir de hoy el trabajo más inmediato es preparar al partido para las próximas elecciones vascas. Solo un buen resultado puede cerrar de manera definitiva las heridas abiertas por una cuestión de fe.
Un apunte final: Maria San Gil se ha ido. Sus más fieles permanecen en la disciplina del partido y algunos forman parte de la nueva Ejecutiva, pero ¿y Jaime Mayor?
Ha brillado por su ausencia, pero salvo que haya abandonado la coherencia de la que tantas veces ha hecho gala, no debería pasar muchos tiempo para que pusiera su escaño en Europa a disposición del partido. Mayor Oreja no ha estado, pero tampoco se ha ido (¿).
Charo Zarzalejos.
Mi enorme respeto para todos y cada uno de las personas del PP que tienen que vivir en el País Vasco, y lamento profundamente lo que ha pasado. No son ellos los culpables. Si lo es la desconsideración rayana en grosería que han tenido sus compañeros de ponencia, sobretodo Soria, llamando franquista en un chiste absurdo, a una compañera que no está cómodamente instalada en Canarias y sí el el País Vasco,con todo lo que esto implica y también de el vigilante de la playa, puesto por Rajoy, sr. Lasalle, un desconocido para los votantes como soy yo, y que se ha permitido comportarse desconsideradamente con ella. María ha podido con la presión terrorista, con la incomprensible nacionalista, con el desistimiento de un Nicolás Redonde laminado en beneficio de Patchi el sumiso, pero no con la falta de lealtad de sus compañeros cómodamente instalados en Madrid. Nunca la olvidaremos y nos encantaría verla de nuevo.
La sombra de María San Gil perseguirá a D.Mariano hasta que pierda las próximas elecciones y se vaya a su casa, donde debía estar ya.
Lunes, 9 de noviembre
Agustín Jiménez
Alfonso Rojo
Ana Pastor
Andrés Aberasturi
Angel Calzada
Antonio Casado
Carlos Carnicero
Carmen Tomás
Cayetano González
Charo Zarzalejos
Consuelo Sánchez-Vicente
Esther Esteban
Fermín Bocos
Fernando Jáuregui
Francisco Muro de Iscar
Isaías Lafuente
José Cavero
José Luis Gómez
Julia Navarro
Lorenzo Bernaldo de Quirós
Luis Del Val
Mabel Redondo
Miguel Cancio
Miguel Higueras
Nava Castro
Pedro Calvo Hernando
Rafael Martínez-Simancas
Rafael Torres
Ramón Pi
Roberto Malestar Rodríguez
Rosa Villacastín
Victoria Lafora
José Luis Palomera Ruiz
Juan Fernandez Krohn
Miguel Torres Galera
Vicente A. C. M.
Francisco Rubiales
Julio César Izquierdo
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
David Millán
Antonio Javier Vicente Gil