Opinión

A vueltas con España - La hora de Mariano Rajoy

22.10.17 | 08:42. Archivado en José Luis Gómez


MADRID, (OTR/PRESS)

Ya se sabe con bastante detalle lo que quiere hacer Mariano Rajoy en Cataluña -en síntesis destituir a Puigdemont y al Govern y recortar las competencias del Parlament- y ahora queda por saber lo que se hará realmente, para lo cual no solo habrá que observar sus movimientos -formalmente en manos del Senado, que debe autorizarle-, sino también los de quienes abanderan la independencia de la comunidad autónoma catalana. Tal vez en dos tiempos: primero para saber qué pasa durante el proceso de intervención del Govern y de la tutela del Parlament por parte del Senado, y después para valorar el resultado de las elecciones autonómicas, el objetivo final de esta compleja operación política en la hora de Rajoy.
Son muchas las incógnitas -nada nuevo en los últimos tiempos cuando se habla de Cataluña- y pocas las certezas. Ya lo dijo Aristóteles: "No es suficiente con imaginar un gobierno perfecto e ideal, pues lo que se necesita sobre todo es un gobierno practicable, que impulse medidas de sencilla y segura implementación".
Los estadistas pasan a la historia por saber ver las cosas a tiempo y por saber encauzarlas con inteligencia, rara vez por la fuerza. Lo demostraron Helmut Kohl en la unificación de Alemania, Adolfo Suárez en el manejo de la Transición en España o Nelson Mandela en la democratización de Sudáfrica. También otros estadistas como Winston Churchill, Abraham Lincoln, Theodore Roosevelt y, a menor escala, François Mitterrand o Felipe González. Si bien cada uno tuvo tu especialidad y en algún momento tuvo que elegir un camino, ninguno de ellos se la jugó en un órdago. Todos ellos son políticos asociados a largos procesos históricos, con mucha política de por medio.
En el caso del problema de Cataluña han estado en primera línea los jueces y los fiscales -también los policías- para frenar al secesionismo, pero apenas hubo turno para la política a pecho descubierto. Hay quienes ven en estas medidas de Rajoy un compromiso con hacer política, lo cual puede ser cierto en la medida en que finalmente da él la cara, pero lo hace con una herramienta de alto riesgo, partiendo de un relato de lo sucedido bastante coloquial, en el que, sin dejar de arrimar el ascua a su sardina, se olvidó al menos de dos cosas: de una mínima autocrítica y de valorar el controvertido papel histórico del PP en relación con Cataluña.
Mariano Rajoy ha envuelto sus objetivos en papel de regalo -recuperar la legalidad para restituir la vigencia de la Constitución española y del Estatuto, volver a la normalidad y recuperar la convivencia, continuar con la recuperación económica, hoy en evidente peligro, y celebrar elecciones- pero el camino trazado para ello no parece fácil. Le asiste -es verdad- la legalidad española, con la que en Cataluña no solo debe imponerse sino también saber convencer. Veremos.


Victoria Lafora - Hasta aquí hemos llegado

22.10.17 | 08:42. Archivado en Victoria Lafora


MADRID, (OTR/PRESS)

Dice Mariano Rajoy, a quien tanto ha costado tomar la decisión, que podría pensarse que algunos estaba buscando la aplicación del artículo 155, refiriéndose a los dirigentes catalanes. Lo buscaran o no, el Gobierno, con el apoyo imprescindible del PSOE (sin el acuerdo con Sánchez seguiríamos en el chantaje), ha tomado la decisión que permitirá "recuperar la convivencia y celebrar elecciones". Pese a lo loable de la intención es de suponer que la aplicación de esta artículo de la Constitución no va a contar con la aquiescencia de los independentistas catalanes que amenazan con declararse en rebeldía.
Por otro lado, si la salida de las empresas (más de mil) y el descenso del consumo no han frenado las protestas en la calle, malamente se van a poder convocar elecciones por el presidente del Gobierno de España a la "mayor brevedad posible" y esperar que los independentistas no repitan o mejoren sus resultados de los últimos comicios.
La intervención del Parlament, que queda como simple representación de de la democracia en Cataluña pero que no podrá ejercer el control político ni convocar la sesión de investidura ni hacer ninguna función que se salga del marco del Estatut, va a desagradar posiblemente a Carme Forcadell, esa Juana de Arco de la ruptura con España que lleva años arengando a la ciudadanía de Cataluña para proclamar la republica. Es previsible que la tentación de encerrarse en ese Parlament, esa cámara autonómica que ha manejado a su antojo, saltándose incluso las advertencias de los letrados sobre la ilegalidad de sus decisiones, se le pase por la cabeza.
Qué decir de todos los consellers que han sido destituidos y que no saben si van a seguir recibiendo los emolumentos propios de sus cargos o apuntarse a las listas de desempleo, teniendo en cuenta que va a ser la Hacienda Pública la que pague los salarios a los funcionarios ante la intervención de la economía catalana.
La primera reacción política tras el Consejo de Ministros fue la de Podemos. Echenique se declaró en estado de shock, lo que puede ser un augurio de cómo se van a encontrar los dirigentes de la formación morada al ver el precio en votos que van a pagar por sus veleidades nacionalistas, tan contrarias a la verdadera izquierda.
Ahora toda la responsabilidad recae en el Senado, esa cámara apolillada, tan alejada de su función de representación territorial, y que se ha apresurado a pedir un aplazamiento del pleno que apoyará la aplicación del 155. Ya no sirve una convocatoria electoral por parte de la Generalitat solo el Senado puede anular la entrada en vigor del artículo de la Constitución que no se había aplicado nunca desde la transición.
Vamos a vivir días difíciles y es imprescindible que las previsibles manifestaciones en las calles sean respondidas con la exquisitez y la mesura que la complicada situación requiere. Ni una excusa más al relato victimista.


Siete días trepidantes - Pues no, a Rajoy no le tembló el pulso; ¿y ahora?

22.10.17 | 08:42. Archivado en Fernando Jáuregui


MADRID, (OTR/PRESS)

Quizá tratando de obligar a Puigdemont a convocar elecciones en Cataluña, Mariano Rajoy dio el paso más audaz, duro y decisivo que gobernante alguno haya dado jamás desde la restauración de la democracia: envió al Senado una contundente aplicación del artículo 155 de la Constitución, mediante la cual, en dos semanas, se destituiría al president de la Generalitat y a todo el Govern, se dejaría en blanco, en la práctica, el Parlament autonómico, y se convocarían, si Puigdemont no lo hace, elecciones catalanas en un tiempo menor a seis meses. Dijo Rajoy que ello no supone la suspensión de la autonomía de Cataluña, pero lo cierto es que ninguna de las instituciones catalanas sale incólume de este tremendo envite de un Rajoy capaz de mostrar su lado más definitivo, el menos previsible. Nada será igual tras la rueda de prensa del presidente del Gobierno central este sábado en La Moncloa: habrá consecuencias, de momento imprevisibles, para todos. No solo para los catalanes, claro. También para usted, para mí, para nuestros vecinos. Todos.
Cuando escribo este comentario de urgencia desconozco, lógicamente, cuál será la reacción de la Generalitat, anunciada en una declaración institucional de Puigdemont para la noche. Pero todo hace pensar en manifestaciones "fuertes" por parte de sectores catalanes, quizá no solamente independentistas.
La de este sábado ha sido una jornada histórica. Quizá necesaria, porque las cosas, en Cataluña, se habían puesto imposibles; así no se podía seguir. Quizá las cosas empeoren a corto y medio plazo, quizá se solucionen a largo. En todo caso, se aclararán. Falta por ver cómo afectan las decisiones del Consejo de Ministros de este sábado a los mossos, a los medios oficiales de comunicación, a las empresas que aún no se han marchado de Cataluña y a las que Rajoy pidió que se quedasen.
Con todos los riesgos que implica el tratar de adelantar el porvenir en estos tiempos de cierto caos, me atrevo a pensar que las cosas acabarán mejorando. Entre otros motivos, quizá porque empeorar ya no podían. La verdad es que acaso habría que haber tomado otras medidas, mucho más suaves, mucho antes. Pero no se hizo y, en todo caso, la mayor parte de la culpa recae en un mal gobernante, Carles Puigdemont, que se lanzó a una piscina que no tenía agua, empujado por Esquerra Republicana de Catalunya, culpable de todos los males que afectan a Cataluña desde hace un siglo, y nada menos que también por la CUP, un puñado de irresponsables antisistema que en ningún país del mundo podría ejercer tarea de gobierno alguna. A estas alturas, ni siquiera soy capaz de asegurar que Puigdemont no acabe en la cárcel, que es, quién sabe, lo que buscaba.
Puigdemont no podía, no puede, seguir gobernando a los catalanes, que se me antojan horrorizados viendo hasta dónde han llegado las aguas. Algo de culpa tienen tantos que votaron en su día a "Junts pel Sí", pensando que independencia no habría y que, con su voto, daban "una patada en los collons" a Rajoy, como en su día me dijo más de uno, que se proclamaba -entonces- "obviamente no independentista".
Bien, es posible que "desde Madrit", donde la impericia política también ha estado a la orden del día, se hayan fabricado miles de independentistas en los últimos diez años. Ya es tarde para lamentarse y también hasta para echarse culpas unos a otros, incluyendo el no haber llegado a una unidad de acción entre las fuerzas constitucionalistas hace mucho tiempo, como debería haber sido. Ahora es el momento de pensar en el futuro, y mucho, casi todo, dependerá ahora de lo que haga Puigdemont, sin duda sometido a extremas presiones por parte de sus "socios" y de esas asociaciones de manifestantes que se dicen conectadas con la sociedad civil, las de los encarcelados Jordi Sánchez y Jordi Cuixart. Si Puigdemont se equivoca extremando sus reacciones, las consecuencias para Cataluña pueden ser muy malas y, de rechazo, también para el resto de los españoles.
Puigdemont, mal político y mal estratega, ya digo, no esperaba el puñetazo en la mesa dado por Rajoy. Y, como es mal político, quizá también evite convocar esas elecciones que, en todo caso, a él, afortunadamente, le borrarían del mapa, pero que supondrían un balón de oxígeno para la asfixiante tensión. En abierta rebeldía, ¿qué ocurrirá? El cronista ni osa ir más allá en ese terreno. El enfrentamiento en la sociedad catalana ha sido llevado al máximo.
Ahora falta saber todo lo demás. Cómo va a influir todo esto en la marcha política, económica, social, internacional, de una España que iba avanzando en todos esos órdenes y que se ha detenido de golpe, nuca peor dicho. Hasta cuándo durará la unidad de las fuerzas de la oposición con el Gobierno. Qué pasará en las inevitables elecciones catalanas y si ello condicionará una disolución anticipada de las cámaras legislativas españolas. Qué ocurrirá con Rajoy como presidente del Gobierno y si dará pasos decisivos hacia la reforma constitucional y hacia un Gobierno de coalición, que tan útil sería en estos momentos. Y, desde luego, hacia su propio relevo, que a mí ahora, contra lo que dicen algunos, no me parece precisamente lo más imprescindible. No: ahora se trata, de la mano de Rajoy en connivencia con las otras fuerzas que se reclaman afines a la Constitución, con el papel que pueda ejercer el jefe del Estado, y variando algunas costumbres y tics antidemocráticos, de normalizar un panorama político que no puede, simplemente no puede, estar más alterado. Por eso, lo lógico es que mejore.


Carmen Tomás - Los números rojos del intento de secesión

22.10.17 | 08:42. Archivado en Carmen Tomás


MADRID, (OTR/PRESS)

El inaceptable intento de secesión, como llamó el Rey de España a lo que están perpetrando los independentistas catalanes, ya tiene una ristra de números rojos en la economía de la región y un impacto muy negativo que se puede valorar en la economía de otras regiones y por supuesto de la española. Ya no hablamos únicamente del número de empresas que han decidido cambiar su domicilio social o fiscal, ni de su tamaño, las hay grandes, medianas y pequeñas ni del impacto que eso tendrá a la hora de valorar el PIB de Cataluña. Cierto que ya a esta hora son bastantes más de 1.300 y que lo hacen al insoportable ritmo de 16 por hora y que el jueves pasado se batió el récord con la salida de 268. Ahora ya estamos hablando de caídas importantes de la inversión, del consumo en grandes superficies, en las pequeñas tiendas, reservas de hoteles, venta de coches, compra venta de viviendas, consumo de energía y un largo etcétera que están poniendo en riesgo el crecimiento previsto para Cataluña, pero también para España y que es nada menos de 8 décimas, cinco de ellas atribuibles a la inestabilidad en Cataluña.
La situación es tan insoportable y la incertidumbre enorme que la patronal de las pequeñas y medianas empresas de Cataluña explicaba el viernes en un comunicado que de este tipo de empresas con hasta 250 trabajadores han salido de Cataluña el 1 por ciento, unas 1.300, y que más del doble se lo están pensando si la situación se prolonga. Además, el 11 por ciento ha abierto cuentas bancarias fuera de la comunidad autónoma y un 13 por ciento más lo piensa hacer.
La preocupación es máxima por el daño que todos estos movimientos y caídas de la demanda y la producción puedan causar y causan en el empleo. De hecho, en las nuevas previsiones enviadas por el gobierno a Bruselas se prevé que se pueden llegar a perder unos 75.000 puestos de trabajo. Hay que esperar que tras la aplicación del 155 se restablezca la legalidad en Cataluña y no tengamos que ver un retroceso en los logros económicos conseguidos tras años de dura crisis.


Antonio Casado - El rescate de Cataluña

21.10.17 | 08:42. Archivado en Antonio Casado


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

Se ha terminado imponiendo el rescate de Cataluña porque era imposible construir nada sobre los resultados de una consulta ilegal, sin garantías, sin control, sin transparencia, en la que solo participó una de las dos partes en liza.
Sin embargo, el bloque independentista sigue utilizando el 1-O como fuente de legitimidad de una republica independiente de Cataluña. Como es muy difícil ponerlo en practica, Puigdemont sigue utilizando también el recurso al diálogo como pretexto para mantener vivo un absurdo plan de ruptura con España. En esa excusa se instala para justificar una eventual proclamación de independencia en sede parlamentaria.
Absurdo el plan y absurda la excusa, cuando todo el mundo sabe que el diálogo propuesto por los independentistas no es otro que el de negociar el cómo y el cuándo de la independencia pues, según ellos, el resultado del 1-O es palabra de Dios. "Nos hemos ganado el derecho a ser independientes" es su mantra. A partir de ahí reclaman una mediación internacional que sugiera al Gobierno central el modo de aplicar ese supuesto derecho.
Así que lo que hizo Puigdemont el 10-O en el Parlament fue anunciar que Cataluña ya estaba en condiciones de declarar la independencia aunque la dejaba en suspenso a fin de dar tiempo a Rajoy para decidirse a colaborar con la Generalitat en la voladura del Estado, mientras los independentistas jugarían la carta de la presión internacional sobre un Gobierno que responde con la violencia al civilizado deseo popular de expresarse en las urnas, según el tramposo relato soberanista.
Por eso en aquel momento unos interpretaron el tiempo muerto de Puigdemont como un respiro, cuando en realidad era una forma de prolongar la pesadilla. Y ahora el Estado tiene la obligación de defenderse. Es lo que va a hacer, mediante la activación del recurso constitucional previsto si gobierno de una Comunidad Autónoma atenta gravemente contra los intereses generales. Está recogido en el famoso articulo 155 de la Constitución. Lo activará el Gobierno en su reunión extraordinaria de este sábado.
Estamos a la espera de saber cuales son esas medidas concretas y tasadas en tiempo y en contenidos. Se trata de gestionar los órganos autonómicos cuyo ejercicio competencial ha desbordado el marco de la Constitución y se ha instalado en la ilegalidad. La policial es una de esas competencias, no estatutaria sino por delegación del Estado. O sea, el control de los Mossos de Escuadra, que pasará a depender temporalmente del Ministerio del Interior. Y otra, propia del presidente de la Generalitat, es la convocatoria de elecciones, que pasaría a ser ejercida por el Gobierno de la Nación.
Creo que van a ser las dos medidas más importantes que harían visible el rescate de Cataluña, antes de que Puigdemont la convierta en un erial.


Más que palabras - Matar periodistas

21.10.17 | 08:42. Archivado en Esther Esteban


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

Salud Hernández Mora periodista colombiana de nacionalidad y también española desapareció hace tiempo en la zona selvática controlada por la guerrilla del ELN y fue liberada tiempo después. Todos saben que es el látigo de los corruptos en ese país y según dicen, nada ni nadie está a salvo de su incisiva pluma. "Ha recorrido todos los rincones de Colombia donde ni el mismo ejército se atreve a meterse y es muy crítica con Juan Manuel Santos, el actual presidente del país por los que sus columnas en el periódico El Tiempo son admiradas y odiadas a partes iguales, pero de lectura obligada de la sección dominical", se ha escrito sobre su figura.
Cuando Salud desapareció estaba haciendo un reportaje sobre el cultivo de Coca, en una zona donde apenas hay maestros, ni médicos, ni acceso a Internet, un lugar dejado de la mano del gobierno en el que la desnutrición infantil es casi lo más leve que ocurre, por lo que es de prever que en su relato no estaba dispuesta a hacer concesiones de ningún tipo.
No conozco personalmente a esta colega, que lleva más de 17 años viviendo en Colombia, y denunciando todo lo que ha tenido que ver con la guerrilla -a cuyos líderes más sanguinarios ha llegado entrevistar-, pero he escrito otras veces sobre ella y sé que es una mujer valiente e insobornable y por eso la temen. La admiro por lo que hace y por lo que representa y lamento que el ejercicio del contrapoder se haya convertido en una excepción en un oficio donde la valentía no es precisamente algo que cotice al alza.
En las últimas semanas he teñido ocasión de moderar un coloquio con los máximos directivos de los principales periódicos de este país y está claro que nuestro oficio atraviesa una crisis de hondo calado. El problema es que somos nosotros mismos quienes estamos dejando morir la profesión desde el mismo momento que consentimos que la noticia, su veracidad y por tanto su confirmación contrastada por distintas fuentes sea lo de menos y lo demás un titular escandaloso, cuanto más mejor aunque se aleje de la realidad. Somos culpables desde el mismo momento que hemos consentido que la cuenta de resultado de nuestras empresas, por mucho que sean tiempos de crisis, se convierta en una pesada losa que aplaste u oculte la verdad y también a la manoseada libertad de expresión a la que luego todos apelan y reivindican falsariamente.
Pero más allá del "mea culpa" cada vez es más evidente que tenemos un oficio de alto riesgo. Los ataques a la libertad de prensa en su más descarnada expresión, atentando contra periodistas que antaño nos parecían cosas impropias de la Europa avanzada son cada día más habituales.
"Una bomba lapa situada en su coche acabó esta semana brutalmente con la vida de la periodista maltesa Daphne Caruana Galizia, de 53 años -escribía el otro día Rosario Gómez-. Estaba involucrada en una investigación sobre los papeles de Malta, una derivación de los llamados papeles de Panamá, que revelaron en mayo cómo la pequeña isla mediterránea se había convertido en un paraíso fiscal dentro de la propia UE. Sus indagaciones salpicaron a la esposa del primer ministro y a varios miembros del Ejecutivo. Abocaron a un adelanto electoral y, pese a las revelaciones, el laborista Joseph Muscat volvió a ganar en junio.
Caruana Galizia, la víctima mortal número 41 computada por RSF en lo que va de año, estaba en el punto de mira. Pocos días antes de ser asesinada presentó una denuncia en la que aseguraba haber recibido amenazas de muerte. Ahora su hijo culpa al Gobierno de Muscat de permitir el crimen, la corrupción y una cultura de impunidad. "Mi madre ha sido asesinada porque se interponía entre el Estado de derecho y quienes quieren violarlo, como muchos otros fuertes periodistas", ha denunciado Matthew Caruana Galizia.
En el otro extremo de la UE -seguía relatando el artículo- en la costa sur de Copenhague, la policía encontró a finales de agosto parte del cuerpo de la periodista sueca Kim Wall, de 30 años, que según todos los indicios fue asesinada cuando se encontraba a bordo de un submarino para realizar un reportaje. Su cadáver, mutilado salvajemente, fue hallado en el mar Báltico. Peter Madsen, excéntrico inventor y propietario del sumergible Nautilus, ha sido acusado de homicidio.
Crímenes destinados a acallar la voz de la prensa son moneda común en los países donde el narcotráfico, los paramilitares o los Estados corruptos se han hecho fuertes. Pero que estos ataques se produzcan en el seno de la Unión Europea son una noticia inquietante. La Comisión Europea, con su presidente, Jean-Claude Juncker en primera fila, se ha apresurado a condenar el asesinato de la reportera maltesa con una contundente declaración de intenciones: "El derecho de un periodista a investigar, hacer preguntas incómodas e informar de manera efectiva está en el corazón de nuestros valores y debe garantizarse siempre".
Sabemos que México, Irak y Siria encabezan de manera destacada la lista de los países más peligrosos para los periodistas pero nuestra profesión ya es de alto riesgo en todos los lugares del mundo. Matar al mensajero es algo tan antiguo como la misma humanidad y en los nuevos tiempos para matarnos simplemente inundan la redes sociales con comentarios injuriosos, nos acusan de ser unos vendidos cómplices o dóciles con el poder. Sigmund Freud, como he recordado en alguna ocasión, consideraba el hecho de matar al mensajero como una forma marginal de defensa para enfrentar lo insoportable, citando por ejemplo el famoso lamento de los musulmanes españoles "Ay de mi Alhama" que relataba como el rey Boabdil recibe la noticia de la caída de Alhama. El rey siente que su perdida significa el fin de su mandato, pero intenta que eso no se convierta en realidad tirando las cartas al fuego donde se anunciaba la derrota y matando al mensajero. Freud agrega que otro factor determinante fue la necesidad del Rey de combatir su sentimiento de inutilidad. Al quemar las cartas y matar al mensajero todavía estaba intentando demostrar su poder absoluto. Ahora en nuestra sociedad matar periodista física o socialmente es una forma de amedrentamiento, un aviso letal para todos porque al fin y al cabo somos sólo intermediarios, nos debemos a los ciudadanos y es a ellos a quienes debemos rendir cuentas y eso los poderosos no lo soportan.


Fermín Bocos - Tormenta perfecta

21.10.17 | 08:42. Archivado en Fermín Bocos


MADRID, 20 (OTR/PRESS)

Vaya por delante que tal y como están las cosas en Cataluña toda cábala está condenada a errar. ¿Por qué? Pues porque con Carles Puigdemont a la cabeza, la habilidad del conglomerado separatista ha consistido en ir embarrando el terreno al tiempo que cuando convenía a sus fines se instalaban en la ambigüedad.
¿Había declarado la independencia? Tal parecía puesto que él mismo anunció que la dejaba en suspenso. Sin embargo, en su respuesta del jueves al requerimiento del Gobierno decía que no hubo tal declaración. Eso sí, la amenaza de someter a votación la declaración de independencia en un "Parlament" donde los secesionistas tienen mayoría, era explícita.
Ante semejante táctica hay que reconocer que el Gobierno Rajoy siempre ha ido uno o dos pasos por detrás. Aún hoy, anunciado como está el recurso al Artículo 155 -que permite la intervención de la Autonomía- en el área del Ejecutivo y también en el PSOE, aliado de circunstancias, hay dudas acerca del alcance de la intervención y la conveniencia de una aplicación más o menos restrictiva de un instrumento plenamente constitucional que en definitiva faculta al Gobierno de España para restablecer el imperio de la ley en una Comunidad Autónoma en la que sus autoridades no acatan las sentencias del Tribunal Constitucional.
Con todo esto quiere decirse que ahora que como paliativo a la intervención desde el Gobierno se sugiere que una vez aplicado el 155, llegados al mes de enero, la mejor salida sería convocar elecciones autonómicas, convendría reflexionar un minuto acerca del alcance de tal medida. Al estar convocadas por la nueva autoridad emanada de la intervención, lo que desde Madrid se ve como un posible aliviadero de la tensión política y de orden público, desde el bando separatista podría ser origen de un boicot a los comicios. Consecuencia: el proceso seguiría enquistado y agravado.
Se sabe que hay negociaciones entre enviados del Gobierno y dirigentes del PdeCAT y algún "conseller" dizque "moderado". Algunas fuentes indican que también habría contactos vía PSC. El objetivo, hoy por hoy, es una misión imposible: conseguir que sea Carles Puigdemont quien convoque los comicios autonómicos. Hablo de misión imposible porque a estas alturas hay indicios suficientes como para concluir que no es él quien conduce el "procés" sino que está siendo arrastrado por las organizaciones embarcadas en la secesión que le urgen para que declare la independencia y proclame la República. En términos náuticos diríamos que estamos ante la tormenta perfecta.
Aún así, entiendo que el Gobierno no tiene otra salida que aplicar un artículo de la Constitución del que mucho se habla y que a juzgar por lo que algunos dicen, parece que no todos han leído.


Luis del Val - Los alimentos nuestros de cada día

20.10.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Cualquier español que abra la alacena o la nevera de su casa se encontrará con una abundante muestra de productos que se fabrican en Cataluña. Tienen calidad, solvencia y están introducidos en el mercado. Sin embargo, en el último mes, algunas de estas empresas ha comprobado que la disminución de pedidos alcanza porcentajes superiores a los de otras etapas, porque la fanfarronería secesionista provoca esas reacciones que muchos no aprobamos, pero entendemos, porque a toda acción se corresponde siempre una reacción.
En la industria alimentaria asentada en Cataluña trabajan medio millón de personas aproximadamente. El cambio de domicilio fiscal es simbólico y sólo afecta a que los impuestos de esas empresas, en lugar de abonarse en una autonomía lo harán en otra, pero no afecta los empleados, puesto que ni se trasladan las naves, ni las factorías.
Sin embargo, comienzan a estudiarse los costos de traslados, y las posibilidades de hacerlo con argumentaciones jurídicas, porque según la legislación laboral no se puede trasladar a un trabajador de un lugar a otro de no existir poderosas razones. Pues bien, en algunos despachos de abogados ya están estudiando el problema después de algunos ejecutivos hayan han dado la voz de alarma, y hayan advertido que no pueden soportar una caída de la demanda tan continuada, por una reacción emocional en el resto de España que es imposible de controlar, debido a la permanente chulería de los delincuentes de la Generalitat. Siempre se ha dicho que pagan justos por pecadores, pero para rematar el delirio de esta historia sólo falta añadir que, en medio de la gran fuga, Oriol Junqueras ha anunciado ventajas fiscales para las empresas que se instalen en Cataluña. Tardarán un rato, porque parece que las que se marchan son tantas que taponan la entrada.


Escaño cero - ¿Y ahora qué?

20.10.17 | 08:42. Archivado en Julia Navarro


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Con la respuesta de Carles Puigdemont a Mariano Rajoy se abre un capitulo más en la farsa impulsada desde la Generalitat y que desgraciadamente ya está adquiriendo tintes de tragedia.
¿Y ahora qué? se preguntan los ciudadanos. ¿Cumplirá el Gobierno Rajoy con su obligación de restaurar el orden constitucional en Cataluña o le temblará el pulso?

Llevamos meses, años, hablando de los independentistas pero poco de esa mayoría silenciosa que vive con angustia el "procés". Una mayoría que con su silencio ha dejado hacer seguramente porque no creía que las cosas iban a llegar adonde han llegado.
Lo mismo que la actitud meliflua de muchos de los empresarios y banqueros que ahora corren a situar sus sedes sociales fuera de Cataluña. Ellos tienen una responsabilidad si cabe mayor. Como la tienen los distintos gobiernos de España, socialistas y populares, que permitieron que anidara el huevo de la serpiente.
Tiene razón Toni Cantó cuando ha dejado dicho en el Congreso que en los colegios catalanes se adoctrina a los niños. Otra cosa es que sea un error la propuesta de Ciudadanos, de crear un organismo que vigile los centros para evitar el adoctrinamiento. Y es un error porque no es necesario, para eso está la Inspección, eso sí, exigiendo a los inspectores que de verdad cumplan con rigor su función.
Pero negar que en muchos colegios catalanes se siembra en los niños el independentismo es negar la realidad. La socialista Luz Martínez Seijo dijo ante sus señorías que eso solo sucede puntualmente. Pero ella sabe, como lo sabemos todos, que desgraciadamente no es una excepción.
No hace tantos días que veíamos a numerosos grupos de niños manifestarse a favor del referéndum ilegal, e ir a proferir gritos contra la policía, con el asentimiento de sus profesores y digo asentimiento porque nadie les impidió no ir al colegio o al instituto, sino que simplemente les dieron fiesta.
Así que la realidad es que en los últimos cuarenta años en las escuelas catalanes se han ido sentando las bases para que hoy haya un buen numero de independentistas. Y es que, aunque algunos ahora se empiecen a caer del guindo, lo cierto es que Jordi Pujol y los suyos se han dedicado todos estos años "a hacer país" como le gustaba decir al propio Pujol. Y a la vista está que lo han hecho.
Pero todo esto ya es leche derramada así que volviendo a la realidad de hoy, aquí y ahora, la carta de Carles Puigdemont a Mariano Rajoy negándose a volver a la legalidad es la peor de las noticias. El sábado se reunirá el Consejo de Ministros (¿por qué tan tarde?) y a partir de ahora puede pasar cualquier cosa dado que el movimiento independentista viene demostrando un desprecio absoluto a la Ley y a democracia.


El Abanico - Los demonios del nacionalismo andan sueltos

20.10.17 | 08:42. Archivado en Rosa Villacastín


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Me había propuesto no escribir sobre el tema catalán, no contestar a quienes a través de whatsapp o twitter me envían mensajes en los que me instan a no comprar productos catalanes o a sacar mi dinero de Caixa Bank. A todos les contesto lo mismo: estáis utilizando el mismo método que los independentistas: discriminar, señalar con el dedo al que no piensa o siente como ellos, al que no se enrolla la bandera rojigualda alrededor del cuello o la exhibe en el balcón de su casa, disparates a los que me niego a dar publicidad porque solo consiguen extender el miedo, el odio y el resentimiento.
Lo más triste es que quienes los envían es gente conocida, algunos amigos, articulistas, gente leída, que en su afán por sumar adictos a sus redes sociales son capaces de hacerse eco de cualquier cosa.
Es doloroso comprobar cómo después de 40 años de disfrutar de todas las ventajas que tiene la democracia, que son muchas, gracias a las cuales hemos vivido en paz y armonía, siendo envidiados por todos aquellos países donde fue necesaria una revolución para conseguir lo que nosotros conseguimos a base de diálogo, renuncias mutuas, y una visión generosa de la política, todo puede saltar por los aires sin que nadie haga nada por evitarlo.
Estos días he podido constatar cómo en algunas sucursales de algunos bancos se anima a los clientes del Sabadell o de Caixabank a sacar su dinero porque no tienen el suficiente "pedigree" de españolistas. Supongo que la utilización de estas malas prácticas nada tienen que ver con la libre competencia, tan legítima, y sí con el afán de llevar el agua a su molino pero también porque muchos de esos empleados o jefes siente verdaderamente lo que dicen. Y es ahí donde radica el grave problema que estamos padeciendo y que si no se evita puede desencadenar en algo peor.
Todos hemos visto estos días cómo grupos de extrema derecha salían a las calles no para reivindicar su nacionalidad española sino para acabar con quienes consideran sus enemigos, y digo bien, acabar. Lo sorprendente es que la mayoría de ellos han nacido y crecido en democracia, donde la libertad de expresión está garantizada pero también el respeto a quienes piensan diferente. Malo es que nos enroquemos en las banderas, de uno y otro lado, pero mucho peor, que ya no puedas mantener una conversación tranquila con quienes han sido tus amigos de toda la vida, o gente con la que te cruzas a diario en el supermercado, en la cafetería, o en el cine.
Hace unos días oí al portavoz del PP en el Ayuntamiento de Madrid decir que Manuela Carmena no se sentía española. Siendo esto grave lo peor es la ignorancia de quien pronunció estas palabras y que sus compañeros de bancada no le llamaran al orden. A él y a otros como él -Rufían encabezaría la lista desde luego-, que no procesan lo que dicen. Si Manuela no es española yo soy de Tanzania. Decir eso de una persona que ha luchado toda su vida por defender las injusticias de los fuertes contra los débiles, la igualdad, los derechos de los trabajadores, demuestra hasta donde ha llegado el afán de venganza de quienes se consideran dueños absolutos de ese cortijo llamado España.
Creo sinceramente que los medios de comunicación deberíamos evitar encender más los ánimos de lo que ya están, con un asunto que ha sacado a pasear a todos los demonios que la sociedad española guardó bajo llave durante los últimos 40 años. Conseguirlo es tarea de todos. De quienes habiendo nacido en Castilla, en Extremadura, en Andalucía, o en Madrid se sienten de su tierra pero también españoles.


Charo Zarzalejos - El vértigo de lo inédito

20.10.17 | 08:42. Archivado en Charo Zarzalejos


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Se ha llegado a donde nadie, ni Rajoy, ni nadie, quería que se llegara. El 155 ya está decidido y el sábado se conocerán las medidas concretas previamente concertadas con el PSOE. Las respuestas de Puigdemont, todas ellas alambicadas y ,en la última, con una amenaza obvia como es la votación en el Parlament de la declaración de independencia, parecían estar buscando que el gobierno tomara la decisión más difícil de cuantas ha tenido que tomar un Gobierno democrático. Era muy fácil emplear el sujeto, verbo y predicado: "no ha habido proclamación de independencia. La legalidad vigente es la constitucional y estatutaria". Es solo un ejemplo de la claridad requerida por el Gobierno y por millones de españoles.
Pero no. Desde la Generalitat se ha jugado a la confusión, a que sean otros quienes adivinen sus intenciones más profundas, a que sean otros quienes hagan un acto de fe en la sinceridad y legalidad de un diálogo que si se ha reclamado no era con otro objetivo que el de acordar el camino hacia la independencia. Diálogo imposible.
Ni Rajoy, ni Sánchez ni nadie quería este escenario, pero si buena parte del secesionismo que han estado pidiendo a gritos que el Gobierno actuara de manera contundente para, a continuación, establecer un relato que sin duda actuará como elemento de cohesión. También es verdad que hay un sector --no se sabe su amplitud-- más moderado a quien según algunos habría que darles una salida pero los moderados permanecen en silencio y quien calla otorga. Bueno sería que ese sector más moderado diera un paso al frente, se hiciera oír y sentir porque de lo contrario será, lo es ya, tan responsable como los más radicales.
El proceso de tramitación del 155 tiene sus plazos. Quedan días por delante para su aplicación efectiva y en estas jornadas próximas no van a ser plácidas ni cómodas. El secesionismo responderá con una declaración de independencia si finalmente se cumple lo anunciado y la vida política española entrará en complicado bucle.
Nos adentramos poco a poco en un territorio por explorar. Hay tiempo para que la situación pueda reconducirse pero mejor es rebajar expectativas. El poder de la CUP no es pequeño. Tiene el que Puigdemont les ha dado y se hace difícil imaginar que la posición secesionista se modifique después de tantos plazos que el Gobierno les ha dado para que lo hagan. Con todo, hasta el ultimo minuto es tiempo de juego.
Y los tiempos han sido largos. Ya quisiera cualquier ciudadano que, por ejemplo, no paga a tiempo su IVA tanta paciencia por parte de Hacienda. No hay en España ciudadano que ante un error ante la administración, una falta de circulación, un retraso en sus pagos o un papel presentado fuera de plazo haya contado, ni contará, con tanta paciencia como la demostrada con Rajoy con quienes se han saltado toda la legalidad, absolutamente toda, a la torera.
Ojalá los acontecimientos hubieran transcurrido por otros derroteros pero de nada vale llorar por la leche derramada. La situación es de extrema gravedad, muy difícil de gestionar pero el Gobierno y los partidos que le apoyan deben mirar al toro a la cara porque este reto se soluciona de manera correcta o el bucle será infinito y peligroso. Insistir como hace Ciudadanos en aplicar el 155 y elecciones, como si esto fuera un aquí te pillo, aquí te mato, es infravalorar la gravedad de la decisión que el Gobierno se ha visto abocado a tomar. Días de vértigo y pesadilla es lo que, de verdad, tenemos por delante.


Fernando Jáuregui - El artículo 155 dichoso y otros males

20.10.17 | 08:42. Archivado en Fernando Jáuregui


MADRID, 19 (OTR/PRESS)

Sé que acabarán sacando del armario el artículo 155 de la Constitución, porque por estos pagos la imaginación es limitada y la capacidad de análisis, casi nula. Sigo sin entender por qué necesariamente acabarán/acabaremos aplicando a nuestras relaciones con una porción de España como Cataluña un tratamiento, el del artículo 155, poco específico, excesivamente discrecional y que todos (empezando por Rajoy y siguiendo por Pedro Sánchez; de Rivera no estoy seguro) creen que traerá muchos males. Muchos sabemos que Mariano Rajoy era más que remiso a aplicar este artículo de Fierabrás, como casi todos creemos que, a estas alturas, Puigdemont, el gran inconsciente que pisotea la normativa democrática, está convencido de que de ninguna manera debe proclamar unilateralmente la independencia de la República de Catalunya, porque ya sabe que es imposible. Quizá por eso, este jueves escribió su última "carta abierta" a Rajoy, un texto que quién sabe por qué todos se empeñaron en no analizar a fondo y con la suficiente sutileza.
Porque en esta carta, sin duda chulesca y hasta amenazante en apariencia, lo que Puigdemont hacía era manifestar que de declaración de independencia, hasta ahora, nada. Y es verdad: ha amagado, pero no ha dado, porque la independencia ha de ser declarada y aprobada por el Parlament, y ese no ha sido el caso. Una cosa es una declaración de intenciones, y otra, subirse al atril para desde allí vociferar que se ha roto formalmente con el Estado.
Me sorprende que ni el Gobierno central, ni el PP, ni el PSOE, ni Ciudadanos, hayan querido atisbar la tenue retractación del molt honorable president, que se ve, me parece, contra las cuerdas; amenaza con "levantar la suspensión" de la declaración de independencia, cuando esta declaración nunca existió como tal y, por tanto, no podía ser suspendida. Me choca la insistencia de "populares", socialistas y Ciudadanos en dar por hecho que el Consejo de Ministros de este sábado aprobará la aplicación del artículo 155, como si la famosa declaración fuese un hecho consumado, sin que nadie especifique en qué consistiría tal aplicación. Que es algo que todos coinciden en que causará males ¿quizá más que los bienes?

Permítanme que insista: hay que hacer política. Y política no es solamente asegurar que se cumplen a rajatabla las leyes, cosa que, por otra parte, tampoco está sucediendo, más allá de la prisión provisional acordada para los "jordis". Política es comunicación, flexibilidad, acercamiento, ideas nuevas y diálogo. Sí, diálogo, que hasta esta bella palabra parece hoy maldita.
Ignoro, claro, qué nos dirá Rajoy tras el Consejo de Ministros del sábado, si es que comparece tras este Consejo, que ni eso está claro en este cuarto de hora. Pero es el tiempo de la generosidad del vencedor, y qué duda cabe de que el Estado es el vencedor. No nos aferremos al artículo 155 de la Constitución, cuando existen otros muchos más dialogantes, amables y que representan soluciones posibles (el 152.2, por ejemplo). Olvidemos las recetas de los "halcones", que tan mal nos han ido hasta ahora. Y demos una oportunidad a la paz. Yo, la carta de Puigdemont que leí este jueves era la carta de un vencido que trata de salvar los muebles, no la de un loco que aún se cree sus propias patrañas antidemocráticas. Actuemos, pues, en este sentido, aunque mis esperanzas en ello son, la verdad, débiles.
Vencer, para el Estado frente a una autonomía, aunque sea la catalana, es relativamente fácil. La conllevanza, que decía Ortega, es decir, convencer aunque sea un poco, aunque se trata de aplazar el problema otros treinta años -como hicieron Suárez y Tarradellas--, es mucho más difícil. Y ha llegado la hora.


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