Opinión

Charo Zarzalejos - La tercera pata.

12.02.12 | 12:20. Archivado en Charo Zarzalejos


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

En cincuenta días de Gobierno, el Ejecutivo se ha puesto el acelerador y ha presentado las tres primeras grandes medidas para afrontar una situación que ya ni merece la pena calificar. Todos la sufrimos y la padecemos. La reforma laboral ha sido la tercera pata de esta mesa con la que el Gobierno pretende dar respuesta a nuestras enormes debilidades. La Ley de Estabilidad, la Reforma Financiera y ahora la Laboral han tenido ocupado a un gabinete que, sin duda, se va a quemar hasta límites insospechados porque nada o casi nada de lo que haga va a recibir el beneplácito de la oposición, de los sindicatos y, es probable, que de buena parte de la sociedad.

Esto en términos generales. Ahora, lo inmediato es la reforma laboral. Los sindicatos, que ya han convocado movilizaciones para el próximo día 19, aseguran que es una reforma que sólo va a acelerar y facilitar el despido, que está desprovista de los controles necesarios y que en ella se ve la pluma de la CEOE. Jesús Caldera, del PSOE, ha llegado a insinuar que puede ser inconstitucional.

Los más críticos centran su rechazo en el abaratamiento del despido que es verdad que se contempla, aunque lo cierto es que siendo más caro, se han desmantelado cientos de miles de puestos de trabajo y no es menos cierto que la reforma planteada por el Gobierno tiene muchos más aspectos que el abaratamiento del despido y algunos de ellos más que positivos.

Cada cual está en su papel y la inteligencia aconseja que se interprete sin maximalismos, sin enmiendas a la totalidad, sin agarrarse a hipótesis que no se sabe si se van a producir. ¿Preocupa a los desempleados cuanto van a cobrar en caso de ser despedidos? ¿Les agobia mucho que no haya que pedir autorización previa para llevar a cabo un ERE y colocar esta fiscalización una vez realizado?

Ambas cuestiones son importantes. Mejor un despido que ofrezca al trabajador una indemnización alta y mejor, mucho mejor, establecer controles para que nadie pueda tomar decisiones arbitrarias. Sin embargo, de una primera lectura de la reforma, no se puede concluir que la misma deje al trabajador a la intemperie _sería inadmisible_ y otorgue a los empresarios el titulo de esclavista, lo que supondría una vergüenza absoluta.

La reforma planteada por el Gobierno puede ser mejorada y algunos de sus extremos ser matizados. En política siempre hay margen para el acuerdo, para el acercamiento de posiciones y esta es la tarea pendiente a la que la ministra de Empleo ha emplazado a los sindicatos con los que se va a reunir mañana lunes. El miércoles, Rajoy se reúne con Rubalcaba y se hablará de ello. Al Gobierno le corresponde hacer los máximos esfuerzos para que lo que haya que hacer se haga con el máximo consenso.

Le corresponde también gobernar, con acuerdo o sin él, y a la oposición y a los sindicatos, en la misma medida que les asiste el derecho a la critica e incluso al rechazo de las propuestas del Gobierno, les es obligado escuchar bien a la calle y si creen que la calle, es decir los ciudadanos están por la movilización social, por la huelga pues que actúen en consecuencia pero me temo que a la hora de hablar de derechos es un derecho más exigible un trabajo digno, pagado con justicia y protegido en derecho, que la cuantía de una indemnización que de seguir así las cosas jamás van a cobrar porque el primer derecho _el derecho a trabajo_ no lo van a poder ejercitar.

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José Luis Gómez - A vueltas con España - Menos sueldo y más productividad.

12.02.12 | 12:20. Archivado en José Luis Gómez


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

Los sindicatos han reaccionado con el anuncio de movilizaciones ante una reforma laboral que no solo facilita los despidos, sino que abre paso a una rebaja general de sueldos, teniendo en cuenta que las empresas podrán modificar la cuantía salarial para ganar competitividad y tendrán capacidad para bajar la nómina a los empleados menos productivos. En resumen: Rajoy permite pagar menos y despedir más fácil y barato, y los sindicatos anuncian protestas para el 19 de febrero, a la espera de negociar.

¿Es verdad que aquí había mejores indemnizaciones por despido que en otros países de la Unión Europea? Sí lo es, en general. Pero en ningún otro país hay tantos despidos ni tanta economía sumergida. Méndez dice que el Gobierno de Rajoy actúa como si España fuera un país intervenido. Parece que el líder ugetista aun lo duda, pero poco margen hay para la dubitación: existe una agenda alemana para España que Zapatero cumplía en plan remolón y que Rajoy ejecuta como alumno aplicado. Traducido en términos de salarios, éstos tenderán a vincularse cada vez más a la productividad, desligándose de la inflación.

En crisis anteriores se hicieron devaluaciones para reactivar la economía mediante una mayor capacidad exportadora, capaz de revitalizar el empleo y el consumo interno. Como esto ahora con el euro no es posible, la "devaluación" se hace recurriendo a otro tipo de ajustes, que terminan afectando a los salarios y al gasto público. La reforma laboral es una palanca más de la devaluación interna: servirá para reducir los salarios y las indemnizaciones, sin que ya esté tan claro el estímulo a la creación de puestos de trabajo.

No nos engañemos: el problema económico y laboral de España es de crecimiento, competitividad y productividad. Nos quedamos sin la construcción y no sabemos qué hacer para suplir ese tremendo vacío. Con las mismas normas laborales que están cambiando se han hecho milagros económicos con gobiernos de distinto signo y retos diferentes (recesiones, reconversiones, adhesión a la CEE, etcétera) y con esas mismas normas hay tasas de paro similares a las europeas en Euskadi o Navarra frente a inaceptables niveles de desempleo de Andalucía o Extremadura. La reforma laboral ayudará a los empresarios pero por sí sola no devolverá el crecimiento y el empleo.

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Victoria Lafora - Despido baratito.

12.02.12 | 12:20. Archivado en Victoria Lafora


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

Ya dijo Mariano Rajoy que este iba a ser un año malo para el empleo. Lo sabía con conocimiento de causa. Este viernes se ha aprobado una nueva reforma laboral que facilita el despido barato, barato.

Se ha hecho en forma de Real Decreto, sin que los sindicatos y los pocos españoles que todavía tienen trabajo, conocieran el alcance del recorte de derechos al que se van a enfrentar de ahora en adelante. No se ha hablado con las centrales sindicales, ¿para qué? si la parte contratante, la patronal, está que no cabe en sí de gozo.

Por fin tienen las manos libres. Ya no necesitarán autorización administrativa para hacer un ERE, bastará con que tengan pérdidas actuales o previstas, o simplemente una disminución de ventas durante tres trimestres consecutivos para poder despedir a su antojo, de forma procedente, y con veinte días de indemnización por un máximo de doce meses.

Dice la ministra del ramo que se ha pretendido acabar con la dualidad de los fijos y sus cuarenta y cinco días y los temporales. ¡Vive el cielo que lo han conseguido!: ahora todos los trabajadores tendrán la misma precariedad en el empleo y se verán en la calle con dos perras.

Como solo hay cinco millones de parados en este país, el Gobierno del PP ha decidido que, no pudiendo contentar a todos, por lo menos tener a favor a los empresarios que son los que tienen dinero y les votan siempre. Los asalariados son muy desagradecidos, ya se sabe, e igual que les han dado la mayoría absoluta en noviembre, se cambian de chaqueta y votan a la izquierda en la próxima cita electoral.

Seguramente, con este lío en el que vive inmerso el presidente del Gobierno, se ha olvidado de que es la segunda promesa, de calado, que incumple antes de celebrar los cien días en el cargo. Precisamente el catorce de septiembre, en unas declaraciones a Tele 5, el propio Rajoy afirmó categórico que el PP no pretendía abaratar el despido sino, más bien al contrario, promover que el contrato indefinido "sea la regla general". Se refería seguramente a la indefinición en la que van a vivir, a partir de ahora, los que gozan de una nómina: ninguno va a saber cuánto le va a durar el empleo a la vista del decreto sobre los despidos de saldo.

Queda el consuelo de que los parados, que cobran una prestación porque cotizaron para ello, no van a estar mano sobre mano. Van a tener que realizar "servicios para la comunidad". Gratis et amore, eso sí. Ya lo dijo Ana Botella; que todas las instituciones cerradas por el despido de sus empleados podrían abrirse con "voluntarios" que así devuelven lo que la sociedad les ha dado.

Antes de legislar sobre el "trabajo forzoso" se puede acometer la reforma de la jornada laboral; volver a las catorce horas diarias o autorizar el trabajo infantil, a partir de cuatro años. Y más vale no seguir dando ideas porque la derecha es insaciable en su afán de proteger a los más débiles.

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Fernando Jáuregui - Siete días trepidantes - Cinco millones de personas calladas.

12.02.12 | 12:20. Archivado en Fernando Jáuregui


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

Aquí, todo el mundo dice estar actuando a favor de los cinco millones (¿y pico?) de desempleados: el Gobierno, la patronal, los sindicatos, los expertos que se han pronunciado, en uno u otro sentido -priman las opiniones positivas, es cierto-, sobre la reforma laboral. He escuchado, salvadas algunas encuestas callejeras en una televisión, muy pocas opiniones de esos millones de parados. ¿Les beneficia la reforma puesta en marcha por el Gobierno de Mariano Rajoy? ¿Les perjudica?

Quizá un principio de superación del conflicto callejero que se anticipa, ya para el 19 de este mes, con protestas contra una reforma que, pienso, desde luego no va a crear puestos de trabajo ni a corto ni a medio plazo, fuese consultar a esos millones de desempleados. Claro, las mayorías silenciosas lo son precisamente porque tienen muy pocas facilidades para hacer oír su opinión y ni yo ni, me parece, nadie puede cometer el desmán de atribuirse la portavocía de un colectivo tan heterogéneo y desesperado como el de los que no tienen nada que hacer. Pero tengo para mí que seguramente escucharíamos muchas cosas inéditas y tal vez constructivas si los principales afectados nos hiciesen escuchar, uno a uno, su clamor. Que, ya digo, no es el mismo de los sindicatos, ni el de alguna formación política de la izquierda, ni siquiera el de los "indignados".

Decirles a esos cinco millones de parados que las cosas pueden seguir como antaño, con el mismo régimen de contratación, los mismos rígidos convenios colectivos, sería simplemente ridículo: ¡a ellos les van a contar si sirve o no la legislación de hasta ahora, que los mantiene mano sobre mano y sin salario! Contarles la milonga de que mediante una reforma laboral que, en el fondo, flexibiliza muchas cosas, sí, pero sobre todo flexibiliza los despidos, se van a crear empleos, me parecería un engaño, y afortunadamente ni la vicepresidenta Sáenz de Santamaría ni la en mi opinión solvente ministra Fátima Báñez han caído en eso.

Mucho se ha criticado el que, más que poner el acento en intentar crear nuevos trabajos con nuevos esquemas, el Gobierno actual -y el anterior, con su efímera e inservible reforma_ lo que ha pretendido es mejorar las duras condiciones en las que la pequeña y la mediana empresa han tenido que ir sobreviviendo. Mantengo, sin embargo, la esperanza de que la tramitación parlamentaria del proyecto de ley, primero -aunque tampoco he escuchado soluciones milagrosas en los demás grupos de la Cámara, la verdad-, y posterior legislación complementaria, que no debería demorarse más allá de marzo, como una ley del Emprendedor, por ejemplo, vengan a suplir algunas de esas carencias.

El empleo tradicional, con un contrato "para-toda-la-vida" es algo que no se recuperará fácilmente, si es que se recupera. Hay que aceptar esas nuevas formas de trabajo, como antes señalaba. Especialmente interesante me pareció el encuentro de miembros del Ejecutivo con representantes de los trabajadores autónomos, como Sebastián Reyna y Lorenzo Amor: no es un secreto que la esperanza de recuperación del trabajo está puesta en este sector, más que en ningún otro, y también sabe todo el mundo que el panorama laboral comenzó a desmoronarse cuando tantos trabajadores autónomos, que constituían pequeñas empresas, tuvieron que ir abandonando la cancha.

Fueron, en mi opinión, insuficientes las explicaciones dadas por todos los actores en el momento de anunciarse la reforma laboral. Ni el Gobierno nos explicó todas las posibilidades de presente y de futuro, ni lo ha hecho la oposición -¿qué se dirán Rajoy y Rubalcaba cuando se encuentren, cada cual en su nuevo papel, el próximo miércoles?-, ni lo han hecho, pese a su comparecencia de este sábado, los sindicatos, ni tampoco los manifestantes "indignados" ni, desde luego, la patronal, representada por un siempre lacónico Joan Rosell reticente a cualquier comparecencia pública y que siempre delega el trabajo duro en su "número dos". Pienso que, antes de movilizarse en contra (o a favor) de una reforma que supone inevitables puntos de ruptura con un largo pasado, hay mucho que negociar, mucho que debatir... y muchas ideas nuevas que poner en práctica. Porque esto, el drama silencioso de los cinco millones -y subiendo-, claro, tiene que tener remedio. De lo que no estoy tan seguro es de que con solo las medicinas recetadas por el Consejo de Ministros del viernes se logre la curación de este multitudinario enfermo.

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Carmen Tomás - Desde el parqué - El rescate griego de nunca acabar.

12.02.12 | 12:20. Archivado en Carmen Tomás


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

Pasito a paso el IBEX iba escalando posiciones. Con altibajos, pero decidido a alcanzar los 9.000 puntos. Es verdad que algunos de los grandes no acaban de arrancar y que los bancos dan aún un poquito de miedo. En todo caso, el selectivo español acumulaba ya cuatro semanas de avances. Sin embargo, la pasada se truncó el sueño. La causa desgraciadamente la misma que hace ya demasiado tiempo. Grecia no acaba de convencer y su rescate se está convirtiendo, a juicio de los expertos, en un auténtico calvario que nos arrastra sin solución de continuidad. Ahora, vuelven los temores porque los partidos de la oposición no tienen claro aprobar los ajustes. Como diría mi amigo Federico, si no es Juana es su hermana. Y, lo peor, es que no sólo está dañando la escalada de nuestro IBEX sino que también ha sufrido la prima de riesgo y el tipo del bono a 10 años que de nuevo se puso por encima del 5 por ciento.

España está haciendo sus deberes, las reformas que necesita para salir de la paralización actual. Los mercados están aplaudiendo tanto la ordenación del sistema financiero como el compromiso con la austeridad de las cuentas públicas. Ahora veremos qué camino toman una vez que ya se ha aprobado también la profunda reforma del mercado laboral que el Gobierno aprobó el pasado viernes. Una reforma que acerca su mercado laboral a la que rige en los países de nuestro entorno y que unida a las demás puede realmente taponar la sangría del paro, especialmente de los jóvenes que ronda el 50 por ciento.

El caso es que el IBEX perdió un 0,72 por ciento en la semana, el volumen de negocio muy bajo, el euro fue extremadamente volátil y el precio del petróleo está en máximos de siete meses. Siempre hay razones para explicar los movimientos en las bolsas. En lo que coinciden los analistas en que la causa griega ya huele y es urgente darle un carpetazo al asunto. ¿Cuánto tiempo más vamos a estar pendientes de lo que decidan los griegos y cuánto tiempo y dinero más vamos a dedicar a salvar a un país que por lo visto no quiere salvarse?

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Carlos Carnicero - Titanic, sin lanchas para todos.

12.02.12 | 12:20. Archivado en Carlos Carnicero


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

"Los niños y las mujeres primero" es grito obligado en las catástrofes del mar, y en casi todas las situaciones de emergencia. Al margen de los avances en igualdad, que establecen inequívocamente la equivalencia en la posición de mujeres y hombres en el mundo, se establecía que hay que proteger en situaciones de emergencia a quienes tienen menos medios de defensa.

Nuestra sociedad ha chocado a toda máquina con un iceberg constituido por la crisis económica. Es la manifestación dramática de una crisis sistémica de un modelo de desarrollo que en su estadio actual no da más de sí.

Los recortes son la reacción de los poderes reales y fácticos ante esa crisis. Y las lanchas salvavidas, en esta metáfora improvisada, son los elementos que los poderosos ponen a disposición de los viajeros para salvarse de los efectos devastadores de esta situación. No hay lanchas para todos y el reparto de los salvavidas es todo menos solidario. Los que menos tienen no encuentran lugar para salvarse. Y la apuesta es que si se salvan los bancos, las empresas y quienes los gobiernan, a lo mejor encuentras métodos de supervivencia nuestros hijos. Los mayores de cincuenta años tienen que considerarse ya ahogados. Los jóvenes más a construir su madurez desde la precariedad.

Esta es la mejor síntesis que se me ocurre de la reforma laboral y de las medidas de recorte que se están aplicando para hacer frente a la pandemia de la crisis.

En el fondo, los que la han provocado, los poderes financieros que tienen rostro y alma ocultos, son quienes están dictando las normas y apuntalan la idea de que los sacrificios los tienen que hacer las personas más desprotegidas. Nos han convencido de que es el único remedio y que para que un día nos podamos salvar nosotros, primero se tienen que salvar ellos. Estos capitanes del capital son los primeros en instalarse en las lanchas y ocupan mucho espacio porque viajan con sus enormes privilegios.

Quienes ganan los sueldos y los bonus consiguen que se dicten normas de austeridad terribles mientras ellos ni siquiera hacen gestos de solidaridad siquiera simbólicos. No se toca la fiscalidad de quienes ganan sueldos obscenos o acceden a jubilaciones increíbles.

Todo lo que dice el texto de la reforma laboral va en la dirección de recortar los derechos laborales sin una contrapartida que obligue al otro lado de las relaciones laborales. En ese sentido, para los trabajadores que serán despedidos con más facilidad, no hay lanchas disponibles para abrigarse de esta tormenta. La promesa no vinculante es que este sacrificio de los que no pueden defenderse servirá para poner a flote el mismo modelo radicalmente injusto que ahonda en el camino de un mundo desigual. La promesa son las migajas para el futuro y ni siquiera se promete que las cosas volverán a ser, en relación con los derechos de los trabajadores, similares al mundo que estamos destruyendo. Nos piden que ahora que nos van a violar, nos relajemos para que no nos duela. Me parece que es demasiado.

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((Sustituye a la anterior por un error en el envío))

11.02.12 | 12:20. Archivado en Agustín Jiménez


- Firma sindicada.- Fernando Jáuregui.- En eso, Urdangarín tiene razón

MADRID, 10 (OTR/PRESS)

Estimados abonados,

Les rogamos sustituyan la anterior columna de Fernando Jáuregui por esta otra debido a un error en el sistema de envío.

Muchas gracias

Ha causado cierto escándalo la decisión del juez que instruye el caso "Palma Arena", el magistrado José Castro, de no grabar en soporte de vídeo digital la declaración de Iñaki Urdangarín. Y mayor escándalo aún ha provocado el hecho de que la portavoz del Consejo del Poder Judicial, Gabriela Bravo, haya defendido la decisión del juez, alegando que "no todos los imputados son iguales ni están sometidos a la misma presión mediática". Para colmo, la petición de la Casa del Rey en el sentido de que el señor Urdangarín no vaya a declarar a pie, sin duda para evitar las cámaras de los fotógrafos y de la televisión, ha sido igualmente polémica. Y, sin embargo, yo pienso que tanto la decisión del juez Castro como las palabras de doña Gabriela Bravo y la petición de La Zarzuela son razonables: no se puede tratar peor a un imputado por el hecho de ser una figura pública. Y la llamada "pena infamante", que otros bautizaron como "de telediario" es una sanción que demasiado a menudo se aplica, al margen de cualquier precepto del Código Penal, a nuestros "famosos".

Que nadie vea en las líneas anteriores cualquier indicio de defensa del señor Urdangarín. O del señor Garzón, o de cualquier otro personaje que, por su culpa o la de otros, tenga la mala fortuna de acudir como imputado, procesado o incluso como testigo, a los tribunales. Respeto y creo que hay que hacer respetar la presunción de inocencia, como respeto y creo que hay que hacer respetar el castigo a quien se salta las leyes para su propia conveniencia; otra cosa es luego discrepar o no de las sentencias, que en ocasiones -como la tan controvertida del Tribunal Supremo sobre Garzón- pueden parecer más o menos discutibles.

A lo que me quiero referir es al escaso respeto que el procedimiento penal y las costumbres judiciales españoles mantienen por la imagen de quien ha de acudir a los juzgados. Resulta previsible que Urdangarín salga destrozado no tanto de su comparecencia ante el juez cuanto de su aparición en las pantallas de televisión, tratando de sortear a los micrófonos y a los informadores que, en cumplimiento de su misión, tratan de arrancarle unas palabras.

Puede, en efecto, que este sea el procedimiento habitual en muchas cortes penales del mundo, pero no por ello hay que dejar de resaltar la enorme injusticia que para la buena fama de una persona, de sus familiares y allegados, significa esa exposición pública. Y lo mismo cabe decir de ciertas -tantas- filtraciones de sumarios declarados, con razón o sin ella, secretos; o de algunos juicios paralelos, previos a cualquier instrucción judicial, que aparecen en medios de comunicación.

Hay, en suma, usos y costumbres que resultan aberrantes para un concepto verdaderamente democrático del garantismo y hasta para una definición estricta de los derechos humanos. Y no puede ser peor, a la hora de afrontar un proceso, apellidarse Urdangarín, Camps, Garzón, Matas o Pantoja, pongamos por caso y sin ánimo de equiparar unas cosas con otras, que ser un personaje anónimo, de esos que no nos interesan a los periodistas. Por eso, en esta ocasión, pienso que el yerno del Rey tiene razón, como la tendríamos usted o yo, o cualquier otro, en procurar un poco de privacidad en el angustioso trance por el que, como cualquiera que presuntamente haya cometido un delito, tiene que pasar.

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Mabel Redondo - Entre bambalinas - Arantxa Sánchez Vicario se guarda un "as" para su defensa.

11.02.12 | 12:20. Archivado en Mabel Redondo


MADRID, 10 (OTR/PRESS)

Ni por asomo pensamos que las memorias de Arantxa Sánchez-Vicario podrían llegar a abrir tantos frentes, ni que podrían albergar tan amargos recuerdos de la tenista sobre su infancia, adolescencia y juventud.

"Vamos Arantxa. Memorias de una lucha, una vida y una mujer" acaba de salir a la luz y ni un solo capitulo de ese libro tiene desperdicio. Será el próximo martes cuando la que ha sido número uno del tenis mundial, de la cara en una rueda de prensa en la Casa del Libro de Barcelona. La expectación es brutal y la presentación será multitudinaria, no habrá medio de comunicación que no esté representado en esa convocatoria. Arantxa piensa explicar "el por qué" ha escrito unas memorias en las que denuncia que se siente engañada por sus padres y a quienes les pide cuentas de buena parte de la fortuna que amasó durante su carrera deportiva, les reclama 14 millones de euros y lo hace también en los tribunales, además les acusa de apropiación indebida y administración desleal.

La extenista ya intentó recuperar su patrimonio hace dos años cuando tras su matrimonio con Josep Santacana les reclamó, a sus progenitores, por las buenas lo que era suyo, ahora le persiguen sus problemas con Hacienda. Además, Arantxa ha interpuesto otra demanda a sus padres para recuperar tres viviendas, en una de ellas viven Emilio y Marisa, y los otros dos son apartamentos en S"Agaró.

Es inevitable pensar que con este libro Arantxa Sánchez Vicario se ha liberado, en su relato deja patente que se ha sentido presa de un objetivo: "jugar y ganar". Para llegar a ser una figura como ella es fundamental elevar a la máxima potencia la competitividad y el esfuerzo, lo malo es cuando a toro pasado y después de tantos éxitos a tus espaldas eso ya no lo ves tan positivo porque piensas que te has perdido muchas vivencias propias de una niña y de una adolescente. Pero ese, es también el precio que tienen pagar quienes llegan a ser "número 1", y ella lo ha demostrado con creces.

Arantxa retrata en su libro a unos padres obsesionados por controlar absolutamente todo en su vida, desde su forma de vestir, su peinado, su alimentación, sus amistades hasta los hombres con los que salía y a quienes nunca terminaban de encajar, porque siempre pensaban que esos "novios" podrían tener otros intereses muy distintos al amor por la tenista.

Mucho dista este "libro denuncia" de Arantxa del que escribió su padre Emilio Sánchez, y que bajo el titulo "Forja de Campeones" narraba los sacrificios, que como progenitores, habían llevado a cabo tanto él como Marisa, su esposa. El matrimonio siempre tuvo muy claro que harían de sus cuatro hijos auténticos deportistas, ellos les orientaron desde niños al universo del tenis y Arantxa consiguió elevarse al podium de las campeonas y llegar a ser número uno del mundo.

Resulta curioso perderse en algunos párrafos de "Forja de Campeones" en los que Emilio Sánchez cuenta que: "Los frutos que esperamos recoger todos los padres normalmente constituidos son exclusivamente, la felicidad de nuestros hijos, un porvenir seguro para ellos, y que logren ellos también una familia estable el día en que decidan tomar estado. No conozco todavía unos padres que programen el porvenir de sus hijos pensando en sí mismos, en su seguridad el día de mañana. El "oficio de padres" es el único en el que no ejercen derechos, el único en el que normalmente no hay pleitos, ni reclamaciones, ni esperanza de resultados financieros". Estas líneas las escribía el padre de Arantxa hace unos años, hoy esas frases vienen a demostrar las vueltas que da la vida, hasta en las familias aparentemente ejemplares, nada más lejos de la realidad.

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Antonio Casado - Perplejidades Garzón.

11.02.12 | 12:20. Archivado en Antonio Casado


MADRID, 10 (OTR/PRESS)

No se trata de pertenecer o no al club de fans del juez Garzón. Se trata de expresar ciertas perplejidades que caen de su lado. A su favor, quiero decir, porque avivan la fundamentada sospecha de que ha sufrido una especie de escarmiento de quienes se la tenían jurada en su propio estamento profesional.

Perplejo se queda uno ante el hecho de que, después de treinta años en el ejercicio activo de la Judicatura le empapelen por tres causas distintas en tan poco tiempo. O que la iniciativa de los reproches penales venga de acusadores particulares, nunca de la Fiscalía (acusación pública).

Si nos ceñimos únicamente al caso de las escuchas, por el que se le condena a 11 años de inhabilitación, perplejo se queda uno ante la inquietante coincidencia de abogados de presuntos delincuentes (caso Gürtel) con los magistrados del Tribunal Supremo en el mismo reproche penal a Garzón (hablo de coincidencia, no de frente común). Y perplejidad es lo que causa constatar que en la operación judicial desencadenada contra una trama de corrupción masiva el primero que cae es el juez que trataba de investigarla. En fin, tampoco queda uno muy tranquilo al constatar que por la misma conducta a nadie se le ocurra ir contra otros dos jueces: el que respaldó las escuchas entre defensor y defendido y el que decidió prorrogarlas.

Es verdad que no se condena a Garzón por haber investigado una trama corrupta vinculada al PP sino por haber vulnerado el derecho de defensa, no importa en qué asunto. Pero también es verdad que las circunstancias que concurren (dos causas por prevaricación y una por cohecho), con evidente trasfondo político e ideológico, hacen inevitable dudar de si se habría actuado así en el caso de conductas similares de un juez en asuntos relacionados con el PSOE, que tampoco faltan.

Por otra parte está el espinoso asunto de la prevaricación, como un tipo penal tan vinculado a los procesos de intención subjetiva ¿Cómo demostrar que se cometió ese delito, el más grave que se puede imputar a un juez? Dicho sea con todos los respetos, la sentencia que conocimos este jueves no lo demuestra en absoluto. Simplemente se afirma que la decisión de Baltasar Garzón (ordenar las escuchas) fue un acto "arbitrario" que vulnera el "derecho de defensa".

Tal vez la consecuencia de aquella decisión fue la vulneración del derecho de defensa, seguramente fue así, pero eso no demuestra que su decisión fuese "arbitraria". Y muchísimo menos que la tomase a sabiendas de que estaba cometiendo un delito ¿Cómo negar al juez Garzón que lo hizo, como él sostiene, por creer que era lo justo, lo correcto, lo adecuado?

En definitiva, se puede demostrar que estaba equivocado. Eso trata de demostrar técnicamente la sentencia. Lo que no demuestra en absoluto es que estuviera deliberadamente equivocado. O sea, que fuera consciente de estar cometiendo un delito. Eso es lo que nos remite a la figura penal de la prevaricación.

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Esther Esteban - Más que Palabras - El juez y la buena hija.

11.02.12 | 12:20. Archivado en Esther Esteban


MADRID, 10 (OTR/PRESS)

De todas las reacciones que hemos visto y oído una vez que la Justicia ha dictaminado que Baltasar Garzón es un juez prevaricador -que merece ser inhabilitado once años- me voy a detener en una sola: la de su hija María. La joven de 26 años ha demostrado ser una buena hija que sale a dar la cara por su padre, hasta en los peores momentos. Es lógico que ella sufra con él y por el. Como además hemos sabido que es madre, reaccionando así, le da a su propia hija un buen ejemplo de lo que significa estar al lado de la familia a las duras y las maduras.

Es difícil rebatir argumentos cuando se enarbolan desde el corazón y no desde la razón y por eso solo un par de consideraciones a la carta abierta de la joven María. Quiero pensar que en este país nadie salvo los etarras -que así lo han manifestado y de cuya maldad su padre es un experto- brindan con champán por la desgracia ajena y desde luego no creo que ningún demócrata que se precie reaccione de tal manera por mucho que sea el odio acumulado. Ella aboga por una justicia de verdad y seria una total perversión creer que los siete jueces del Supremo que unánimemente han dictado sentencia , no han querido hacer justicia de forma premeditada y guiados por sectarismos, envidias o acuerdos de pasillo, como ella presupone.

Para ella la Justicia es la que respeta a las victimas y la que aplica la ley sin miedo a las represalias y es cierto. Por eso precisamente es tan importante garantizar el derecho a la defensa, para que quienes han podido ser verdugos no se conviertan en victimas y como tal sacar partido por caminos torticeros. Cuando se hace Justicia nadie tiene porque bajar la cabeza salvo quien ha obrado injustamente y además no hay mayor ni mejor Justicia que aquella que no hace distingos y no sitúa a nadie, absolutamente a nadie por encima de la ley.

María ha hecho lo que debe, lo que debe hacer un buen hijo y los jueces del Tribunal Supremo han cumplido también con su obligación argumentando con una sentencia, impecable desde un punto de vista legal porqué Baltasar Garzón debe quedar inhabilitado para seguir en su cargo.

Es verdad que un país de filias y fobias como el nuestro resulta prácticamente imposible diseccionar nada sin encontrar componentes de enfrentamiento político- y mas cuando esta por medio un caso que abre tantas heridas como el del franquismo- y por eso no es de extrañar algunas de las reacciones "fuera de madre" que estamos leyendo , incluidas la de un delirante exfiscal anticorrupción. Aquí no se esta abriendo un causa general contra el juez mas mediático de España, por mucho que algunos se desgañiten en el intento de hacérnoslo creer. Se esta juzgando su actuación en tres casos donde se bordeó la legalidad al querer aplicar el principio de que "el fin justifica los medios". Al menos de uno de ellos ya sabemos que es culpable, Yo desde luego estoy mas tranquila sabiendo que el derecho a la defensa que ampara la Constitucion esta hoy mas protegido que ayer.

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Rafael Torres - Al margen - Vergüenza.

11.02.12 | 12:20. Archivado en Rafael Torres


MADRID, 10 (OTR/PRESS)

Entre los que brindan por el defenestramiento del juez Garzón, y entre los que aducen para argumentar su brindis que el fin no justifica los medios, los hay, y no pocos, que justifican la Sublevación del 36, y la guerra y el horror subsiguientes, por el supuesto fin que perseguía, al parecer "salvar a la patria". Uno no sabe bien, en verdad, cómo se salva a una patria de las catástrofes reales o imaginarias, pero sí cómo se la hunde en la miseria: mediante la guerra, la violencia, la erradicación del otro, y, en la paz, mediante la abolición de la justicia que la mayoría entiende como verdadera, limpia, ecuánime, igualitaria y justa.

Entre los que brindan con el champán de una complacencia mal disimulada por el castigo a Garzón, se esgrimen éstos días toda clase de tópicos creados para la ocasión, que no es otra que la de la demonización absoluta del juez que combatió con valentía y eficacia al narcotráfico, a la corrupción política, al terrorismo y a los sátrapas del mundo. Por un quítame allá esas escuchas telefónicas, ordenadas legalmente por quien podía ordenarlas, a unos presuntos hampones que aún podían seguir lesionando de gravedad los intereses de España y de los españoles, a ese juez le quitan de enmedio sus pares, que no sus iguales, en el curso de algo muy parecido a un Auto de Fe. Como si no se quisiera correr el albur de que saliera absuelto en los otros dos procesos que se le siguen, promovidos igualmente por la ultraderecha, todo el peso de la ley, pero no de la ley en la que creen y confían las personas, ha caído sobre él, y, de inevitable rebote, sobre las aspiraciones generales de dignidad y justicia.

Qué vergüenza. El sentimiento de desamparo de buena parte de la sociedad española es, tras conocerse la primera sentencia del Supremo, brutal, tanto como el escándalo suscitado por ella en las naciones democráticas. Nunca, desde el término de la tiranía franquista, hubo tanta distancia entre el pueblo y la justicia. Nunca ésta, desde entonces, había ido tan lejos.

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Fermín Bocos - Garzón, la Justicia y la Ley.

11.02.12 | 12:20. Archivado en Fermín Bocos


MADRID, 10 (OTR/PRESS)

A estas alturas, una palabra dicha sobre el caso del juez Garzón es una palabra de más. No sólo ha sido juzgado sino que todos hemos emitido ya un juicio sobre lo juzgado. Prevaricador para los miembros de la Sala del Supremo que le han condenado; culpable para la pléyade de enemigos cosechados a lo largo de sus veintitantos años en la Audiencia Nacional o inocente, víctima de una Justicia que todavía padece adherencias franquistas según el decir desde la distancia (y la ignorancia ) por el "New York Times".

Unos y otros saben que el caso por el que ha sido juzgado y condenado -las escuchas a los abogados del "caso Gürtel"- no tiene relación con el sumario de los crímenes del franquismo. En aquél, pendiente todavía de sentencia, ha sido juzgado por presunta extralimitación en sus competencias.

Pero, en la España de las "dos Españas", ¿hay alguien que tenga tiempo para leer o escuchar antes de emitir una opinión o un juicio? Tengo para mi que pocos. Pocos, porque es sabido que es más fácil creer que saber; admitir que una cosa son las convicciones y otra las evidencias. Es verdad que resulta chocante hasta la paradoja que un juez pueda ser juzgado antes de que pasen por el banquillo los delincuentes (presuntos) sobre cuyas andanzas instruía un sumario.

Pero también resulta chusco que, puestos a interpretar el "caso Garzón" desde el lado más favorable para el magistrado ahora inhabilitado haya quienes sin cortarse un pelo digan que ha sido condenado por haber intentado hacer justicia. Hacer justicia,pero sin tener en cuenta la ley, como declara probado la sentencia. Tras más de veinte años de toga y puñetas , Garzón , mejor que otros, sabe que nadie está por encima de la ley. Ni siquiera para hacer justicia. Obvio resulta decir que con estas líneas no aspiro a convencer ni a los que ya sabían que Garzón era culpable antes incluso de que hubiera ordenado las escuchas por las que ha sido inhabilitado, ni a quienes, también, antes del juicio, estaban seguros de que Garzón sería condenado por ser el único que se había atrevido a investigar la corrupción. Ya digo, a estas alturas de la película ,cualquier palabra sobre el caso, es una palabra de más.

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Lunes, 13 de febrero

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