Opinión

Francisco Muro de Iscar - Una gran nación

20.11.17 | 08:42. Archivado en Francisco Muro de Iscar


MADRID, (OTR/PRESS) Uno de los objetivos principales de los nacionalismos y de los populismos para alcanzar el poder, por la vía que sea, es desacreditar las instituciones democráticas: las del Estado del que forman parte, en un caso; las esenciales de la democracia representativa, en el otro. En ese camino, unos y otros tratan de destruir los pilares de los Estados democráticos. Esos que en Europa y en España han conseguido, por primera vez en la historia, más de siete décadas de paz, unos estándares de libertad y de ejercicio de los derechos democráticos sin precedentes y la práctica desaparición de la miseria o con unos factores correctores que palían el abandono en el que vivían las clases más desfavorecidas hasta hace poco. Es evidente que hay muchos problemas, muchas cosas que corregir -corrupción intolerable, desempleo, brechas económicas y sociales- pero el nivel de vida medio ha pasado en muchos casos de la indigencia y el desprecio a un nivel soportable. Europa es un paraíso al que tratan de llegar los marginados del mundo, dispuestos a arriesgar su vida por conseguirlo.
De España podemos decir lo mismo. Hay muchos problemas sociales y políticos por resolver. En algunos casos nos siguen conociendo fuera más por los tópicos que por la realidad. Aunque millones de personas nos visitan cada día y conocen nuestro sistema de vida, muchos medios de comunicación internacionales acaban hablando de cosas que dejaron de existir hace décadas, el franquismo incluido. Siempre es más fácil recurrir al tópico que profundizar en la realidad. Sobre todo si no invertimos en contar fuera lo que hacemos dentro. Y si son algunos de los políticos "nacionales" los que impulsan estas mentiras, conscientes de que lo son, es más fácil el contagio. Bélgica pidió recientemente "garantías de nuestras prisiones y del trato que reciben los presos". Nuestras prisiones son mucho mejores que las belgas, nuestro sistema judicial tan garantista o más que el belga y nuestros jueces al menos tan independientes como los belgas.
Tenemos una educación universal, obligatoria y gratuita, aún con grandes defectos, que llega casi hasta la Universidad. Una sanidad pública envidiable y envidiada con profesionales de excelencia formados en el MIR y que tratan de quitarnos los países de nuestro entorno. Una Organización Nacional de Trasplantes, que copian y elogian todos los países del mundo, un sistema de Justicia Gratuita que defiende los derechos de los más desfavorecidos con eficiencia y que no existe así en ningún país de Europa. Algunas de las principales multinacionales españolas son líderes en el mundo y ayudan a que estemos entre las diez potencias económicas más importantes del mundo y la cuarta o quinta de Europa. Nuestra democracia, con todos sus defectos, permite que cualquier ideología, incluso las que quieren acabar con el sistema, puedan actuar libremente y con apoyos económicos del propio Estado. Nunca han tenido más libertad ni más derechos los ciudadanos españoles. Es cierto que algunos políticos, con sus excesos, o con su permanente intención de destruir la democracia y de romper el proyecto común, están contribuyendo a que creamos que no somos esa gran nación, moderna, libre y democrática. Pero lo somos. Y es responsabilidad de cada ciudadano contribuir a mejorarla, haciendo nuestro trabajo, denunciando los posibles delitos y apartando del camino a los que quieren romper lo alcanzado. Somos muchos los que hemos construido esta España y necesitamos a todos para hacer una nación mejor.


Fernando Jáuregui - "Pides mi cese porque me quieres", me dijo el fiscal Maza

20.11.17 | 08:42. Archivado en Fernando Jáuregui


MADRID, (OTR/PRESS)

Apreciaba mucho al fiscal general del Estado, José Manuel Maza. Incluso jugué, en el pasado, alguna partida de mus con él; era persona con la que siempre pasabas un buen rato, por su trato afable y su extraordinario sentido del humor. Se nos fue para siempre y se abre un hueco inmenso en las estructuras del Estado, incluso a la hora de tratar judicialmente el "procés".
Pese a mi reconocido afecto por Maza, un día, hace no muchos meses, pedí en una radio su dimisión o cese, por su apoyo al juzgaba yo impresentable fiscal jefe de Anticorrupción, Manuel Moix, que acabaría marchándose al poco. Sabía yo que, tras mi comentario en el programa de Carlos Herrera, Maza iba a ser entrevistado. Así que se lo dije en antena: "acabo de pedir tu cese, aunque sabes que te aprecio". "Fíjate si sé que me aprecias, que ahora pides mi dimisión de este cargo, que te consta que abrasa a cualquiera". Y echó una carcajada. Ese era su talante. Luego nos vimos algunas veces y nos prometimos reanudar los combates de mus en cuanto él pudiera. Y vino lo que vino: cuando se fue Moix, tuve al menos ocasión de rectificar y decir que Maza era un gran fiscal, independiente en lo posible, riguroso en lo necesario, justo en lo esencial. Y ahora, con su muerte, ¿qué?

Yo creo que el fiscal general puso en un brete al Gobierno cuando dictaminó medidas rigurosas contra los principales impulsores del "procés", el Govern y la Mesa del Parlament, así como los "jordis" responsables de la Assemblea y de Omnium. Seguramente, en Moncloa pusieron cara de disgusto al comprobar que la cárcel era el destino del vicepresidente, de los "consellers" y de los mentados "jordis", y la huida la meta de Puigdemont y sus incondicionales. Pero ni una palabra de protesta salió, aseguran, de la boca de Rajoy en sus conversaciones con Maza, que puso en marcha el procedimiento que nos ha llevado hasta donde nos ha llevado: el fiscal cumplió con lo que creía su deber, una vez que el Gobierno decidió acudir a la vía judicial, más que a la política, para combatir el peligroso brote secesionista impulsado por la Genealitat de Puigdemont/Junqueras.
Admiré el valor solitario de Maza, al que seguramente las múltiples tensiones acumuladas en el ejercicio de su cargo en este año le precipitaron dolencias quizá latentes. Murió en el peor momento: este lunes iba a reunirse con los fiscales del Supremo para decidir la acumulación de todo el "caso 1 de octubre", es decir, el "procés" independentista, en manos del juez del supremo Llarena, que esta semana tendrá que revisar la situación de Carme Forcadell y los otros miembros de la Mesa del Legislativo catalán. Se apartará así del caso a la juez Carmen Lamela, de la Audiencia Nacional, que decretó el encarcelamiento de Oriol Junqueras y los otros miembros del Govern -excepto Santi Vila, curiosamente "desaparecido", por mor del photoshop, del álbum de fotos de la Generalitat_ que no huyeron a Bélgica con Puigdemont.
Y, así, es de suponer que sea probable que Junqueras y compañía abandonen pronto sus prisiones para, aunque con la espada de Damocles del 155 sobre sus cabezas, incorporarse a la campaña electoral, añadiendo así unos gramos de normalidad a la total imprevisibilidad de un proceso político tan inédito como indeseable.
Pero todo eso se hará ahora, claro, sin Maza sobrevolando la tempestad jurídica y judicial. El Ejecutivo de Rajoy habrá de buscar en apenas unas horas un sustituto para el cargo más difícil, más ingrato, que pueda corresponder a magistrado alguno, a cualquiera con vocación de fisca, a un jurista que se apasione, como Maza, por eso: por la Justicia. Sea quien sea el sustituto -a la hora en que esto escribo ya han comenzado a circular algunas "quinielas", como era de suponer--, no le arriendo la ganancia. Tendrá que tener la gallardía y el buen humor de Maza para sobrellevar la carga que le aguarda.


Siete días trepidantes - Apoyar a Rajoy, quizá tapándose la nariz

19.11.17 | 08:42. Archivado en Fernando Jáuregui


MADRID, (OTR/PRESS)

Comprendo la indignación de Mariano Rajoy cuando la flamante candidata a la Generalitat, Marta Rovira, hija del dedo ajeno a elecciones primarias de Oriol Junqueras, dijo que el Gobierno central preparaba un baño de sangre para impedir el tramposo -eso lo digo yo: menudo pucherazo- referéndum de Puigdemont. Comparto esa irritación ante la mentira de la política aún, pese a todo, bisoña y no obstante veterana en fanatismos. Nada puede justificar la mendacidad en política; si hay pruebas, hay que presentarlas. Si no, todo queda en un nuevo episodio de la guerra, donde la principal víctima es, ya se sabe, la verdad.
Pensar que el loco "procés" catalán se normaliza, cuando Junqueras ha decidido catapultar como títere a la señora Rovira no deja de ser un "wishful thinking" que el Ejecutivo central puede difundir, pero en el que nadie cree. Entre Puigdemont el huido, la Bélgica empeñada en que España sigue siendo el país de Franco muerto hace -el lunes se cumplen_ cuarenta y dos años, Oriol encarcelado y Marta la fantástica, a lo que hay que añadir no pocos sectarismos institucionales y mediáticos, la verdad es que la campaña hacia el 21-D se presenta loca, loca, loca. Y llena de sobresaltos que yo ahora sería incapaz de detallar, por lo imprevisible que todo resulta cuando está sometido a las no-reglas de la falta total de sentido común.
Lo preocupante es que hay otros temas, que podríamos hoy considerar secundarios aunque no lo sean, que redundan en la anormalidad ambiente. Claro, hablo de los casos "Gürtel", Lezo, Púnica y largo etcétera, que han estallado, de manera natural o buscada, al tiempo. Hay quien dice que Rajoy ha tenido suerte, en el fondo-fondo, de que el "procés" lo tape todo, incluso que estamos al borde de la sed física en este secarral llamado España. Así, Bárcenas, Correa, Ignacio González, Granados, Aguirre "et alia", que ya irán saliendo, quedan para lo que los periodistas llamamos páginas pares de los periódicos. O sea, las que muy pocos leen. Pero no es así.
No, no es así porque, si bien se analiza el conjunto de las consecuencias últimas que esto va a tener, lo que está ocurriendo es que Rajoy ve debilitado el apoyo que todos tenemos que prestarle -pienso_ ante una situación de emergencia nacional. Y se nota en los silencios de Rivera, en las cosas desafectas que va diciendo Pedro Sánchez, que el bloque constitucionalista llegará, si llega, hasta el 21-D, y luego ya veremos qué ocurre. La corrupción ha lastrado la buena imagen de España y la hunde ahora que hay muchos medios empeñados en presentar a nuestro país como un Estado policiaco que golpea a pacíficos viandantes que tratan de votar. Es una enorme mentira, como las de Marta Rovira,de acuerdo; pero qué importa eso cuando, en parte ante las torpezas de comunicación de La Moncloa y allegados, que no saben, parece, lo que es elaborar un plan de crisis, los telediarios europeos se empeñan en presentar a España como una democracia tan imperfecta que está casi al borde del expreso de medianoche carcelario y del madurismo parlamentario.
Una lástima que hayamos llegado hasta aquí. Porque la verdad es que Rajoy ni es el delincuente que le espetó en el Congreso la irresponsabilidad de Pablo Iglesias -en el Legislativo hay que aquilatar la semántica, y llamar preso político a quien lo es y delincuente, lo mismo--, ni el taimado Putin que quiere el Times, ni, claro, el salvaje Maduro que sugirió Jordi Evole, y bien que lo siento, porque admiro al personaje (a Evole, digo, claro). Ni, por supuesto, tiene nada que ver con Franco, más allá de la innegable galleguidad, que es casi lo único bueno que adornaba al dictador que reposa en el Valle de los Caídos.
Presentar a Rajoy como el resumen de todos los males es tan contraproducente como sugerir que es el salvador de la patria; ni una cosa ni otra, estimo. Pero de sus cualidades y defectos hablaremos más tarde, cuando todo se normalice de verdad, si es que tal esperanza cabe aún albergarse en nuestros apesadumbrados corazones. Ahora, por la voluntad de las urnas -y un poco de la de Ciudadanos-, Rajoy es el inquilino de La Moncloa, y, ante una situación de quiebra nacional, necesita nuestro apoyo, de la misma manera que necesitamos apoyarle. Lástima que su círculo de tiza caucasiano, y él mismo, se empeñen en considerar disidente peligroso a todo aquel que no está al cien por cien con el Hombre Providencial. Y así, claro, ocurre muchas veces lo que ocurre, que viene siendo no poco.


A vueltas con España - El PSC, algo más que un partido

19.11.17 | 08:42. Archivado en José Luis Gómez


MADRID, (OTR/PRESS)

Las elecciones catalanas son eso -catalanas-, pero realmente esta vez son unas elecciones de Estado. Vitales para los intereses de los catalanes, por supuesto, pero también para los del conjunto de los ciudadanos españoles. Sostener lo contrario equivaldría a llamarse a engaño e intentar falsear la realidad bajo la apariencia de decir solo lo que también es cierto: son unas elecciones autonómicas.
Si se asume la hipótesis más verosímil -el interés de Estado- parece lógico que estas elecciones tengan el tratamiento de unas generales, ya que en el fondo están en juego las cosas de comer; es decir, los intereses de España como Estado de la Unión Europea; el futuro de la banca; el horizonte de las empresas -grandes y pequeñas-; el crecimiento del PIB y, en consecuencia, el mercado de trabajo; las inversiones públicas y privadas; la financiación autonómica; las pensiones, y muchas otras cosas.
Visto con perspectiva de Estado -no de ningún partido, ni solo con perspectiva catalana- parece también evidente que a España le interesa que el Govern resultante no sea hostil. Pero por esa misma razón, si el Estado aplica la inteligencia política tampoco le interesa que el Govern sea hostil con el independentismo y menos aún con el nacionalismo. A una política de Estado le interesa la centralidad, de modo que sea posible el diálogo político y el encaje -transitorio o definitivo- de Cataluña en España. Cualquier tipo de radicalismo puede tener graves consecuencias, como ya se ha visto.
En esa hipótesis solo hay un partido catalán que responda a tantas expectativas, y no es otro que el PSC, ya sea como líder del Govern o como socio de una gran coalición. Porque un Govern encabezado por Ciudadanos -hipótesis en la que confían algunos- sería cómodo para Madrid pero tendría muchas dificultades en Cataluña y un Govern de ERC con radicales podría tener buen anclaje en una parte de Cataluña pero tendría difícil la convivencia con Madrid, salvo que en Madrid hubiese un cambio de gobierno o, de repente, se impusiera la realpolitik en Madrid y Barcelona, lo cual tampoco estaría mal pero no parece lo más probable.
Lejos de ser una defensa del PSC, atribuirle este peso puede complicarle las cosas, pero para paliar ese tipo de circunstancias se supone que están los estrategas políticos, cuyo lenguaje no siempre coincide con el de los analistas, entre otras cosas porque los primeros no suelen tener reparo en decir una cosa y hacer otra, mientras que los análisis -máxime los periodísticos- se supone que deben ser veraces. Dicho de otro modo, y sin rodeos: lo inteligente y práctico para España -y para una Cataluña catalanista, no independentista- es apoyar al PSC. De ese modo, no se le mete el dedo en el ojo al independentismo ni se rompe con Madrid. No se queda bien del todo con casi nadie, pero no se rompe nada.
Por si alguien lo duda, puede resultar ilustrativo un gráfico y un análisis que publicó El Periódico de Catalunya, donde salta a la vista que el partido con opciones de captar más votos en distintos caladeros del rico mestizaje político catalán es el PSC. Pero esto no garantiza nada, ya que si no lo consigue, a izquierda y derecha, puede volver a fracasar, con la diferencia de que esta vez no solo fracasaría el PSC sino el interés general y la centralidad política de Cataluña y de España. Son los riesgos de haberse difuminado en Cataluña el eje izquierda-derecha para dar paso a extraños compañeros de cama como el PDECat y la CUP. No se trata, pues, en este análisis de apoyar al PSC, ni menos aún de pedir el voto para el partido de Miquel Iceta, sino de subrayar que sin el PSC en un papel protagónico seguirán las tensiones de alto voltaje entre Cataluña y España. Dicho queda.


Carmen Tomás - La reforma laboral vuelve a escena

19.11.17 | 08:42. Archivado en Carmen Tomás


MADRID, (OTR/PRESS)

Ya tenemos otra polémica encima de la mesa y , por distintas razones, une a los empresarios y a los socialistas por paradójico que pueda parecer. Verán, el Ministerio de Empleo ha presentado a los agentes sociales un documento en el que, en su afán por acabar con la dualidad del mercado laboral, por reducir la temporalidad, ha puesto encima de la mesa la posibilidad de encarecer el despido de los contratos temporales. Además, el Ministerio se propone echar marcha atrás, matizar algunas de las cuestiones que contiene la reforma laboral vigente y que tienen que ver con el papel de los sindicatos y los convenios sectoriales.
Se trataría al parecer de encarecer el despido de los contratos temporales, una indemnización creciente, que como decía, no ha gustado a los empresarios. Creen que esto va a suponer un freno a la creación de empleo, no va a acabar con la dualidad y muy al contrario será una traba más para la competitividad, ya que encarece los costes laborales. Y tienen razón. Se puede frenar la creación de empleo, cuando la temporalidad se está reduciendo y ya es bastante menor de lo que lo era en los años de bonanza.
Por su parte, a los socialistas no les gusta lo de un contrato con indemnización creciente inspirado en el modelo de Ciudadanos. Algo parecido piensan los sindicatos que, por supuesto, lo que más desean es que su papel en la negociación salarial vuelva a ser relevante. En definitiva, volver a la casilla de salida en este asunto y que las élites del sindicato y de las distintas secciones vuelvan a meter cuchara en la negociación sectorial. Conviene recordar que introducir mayor flexibilidad en las relaciones laborales, más empresa es precisamente lo que en la crisis evitó el cierre de muchas empresas y lo que ahora mantiene engrasadas las relaciones laborales. Una traba que Bañez supo eliminar valientemente y que ahora no se entiende muy bien que se quiera revertir, precisamente cuando la fuerza de los sindicatos es manifiestamente mejorable.
Veremos si unos sindicatos en baja son capaces de revertir una de las pocas reformas que han funcionado a la perfección. Todavía casi 4 millones de trabajadores están en paro y precisamente lo que hay que seguir es avanzando en la reforma puesto que es obvio que ha dado frutos excelentes. Es más habría que seguir profundizando porque, algo que se olvida, las empresas son las que crean empleo y el mercado debería ser aún más claro, transparente y directo. No al contrario como era antes de la reforma y como si no se remedia puede retroceder.


Victoria Lafora - Raca, raca...

19.11.17 | 08:42. Archivado en Victoria Lafora


MADRID, (OTR/PRESS)

Cuando ya nos habíamos acostumbrado a que cualquier político catalán, del sector independentista por supuesto, hiciera declaraciones arrepintiéndose de la DUI, llega Marta Rovira, número dos de Oriol Junqueras, con el relato de terror de un supuesto ejército español dirigiéndose a Cataluña, con las armas cargadas, para provocar un baño de sangre si se atrevían a seguir con la independencia.
Puede ser el pistoletazo de salida de la campaña electoral y, de ser así, anuncia una exacerbación del victimismo con el que mantener prietas las filas. O podría ser también que Rovira, ungida como sucesora del líder de ERC encarcelando, trate de justificar el fiasco de una declaración que nunca fue y que acabó con medio Govern fugado y la otra mitad en Estremera. La que puede ser la próxima presidenta de la Generalitat, ante el difícil porvenir procesal de las, hasta ahora, "estrellas del proces", trata de justificar el fiasco y recuperar el ánimo de los "indepes" defraudados y desmotivados. No es que los promotores de la DUI se dieran a la fuga, es que " el Estado opresor" amenazaba con un baño de sangre.
Por la misma razón que ha calado el argumentario de llamar " presos políticos" a los dirigentes para los que la juez Lamela ordenó prision preventiva, por la gravedad del delito, posible reincidencia y riesgo de fuga, habrá gente que se crea este nuevo cuento de terror de Marta Rovira.
Se prepara así una campaña cansina, con "las cartas desde mi celda" de Junqueras, las entrevistas incendiarias desde Bruselas de Puigdemont, el nuevo brío de Rovira, el quiero y no puedo de Colau, y todavía está por ver si el expresident de la Generalitat no protagoniza el último golpe de efecto y se vuelve a España, días antes de los comicios, para levantar las encuestas que le son adversas, con la imagen de un furgón policial, en una noche fría de invierno, camino de prision.
Menos mal que Carme Forcadell, tras su compromiso con el juez del Supremo, guarda un prudente silencio y, aunque va en las listas de ERC, no es de esperar que se dedique a defender la independencia unilateral con el ardor con que lo proclamaba hasta hace bien poco.
Si alguien pudo sospechar que el suflé catalán había bajado se equivoca y de aquí hasta el 21 de diciembre la sociedad va a seguir bajo el "raca, raca" del derecho a decidir, mientras se corre un tupido velo sobre el desaguisado social y el coste económico que para las arcas públicas de Cataluña va a suponer la aventura independentista.
De momento, las ofertas de reformas sociales, de incentivos al empleo, o de apuesta por las infraestructuras brillan por su ausencia y lo único que se escucha es más de lo mismo pese al fracaso. Eso sí, ahora dicen que se lo van a tomar con más calma porque las cosas de la independencia no se pueden hacer deprisa y corriendo.
En las manos de los votantes catalanes está el decidir si quieren seguir así y por cuánto tiempo.


Fernando Jáuregui - Y, a todo esto, ¿qué fue de la "marca España"?

18.11.17 | 08:42. Archivado en Fernando Jáuregui


MADRID, 17 (OTR/PRESS)

La "marca España" no consiste en llevar los colores de la bandera en la corbata, ni en pulseritas rojigualdas, ni en dar cócteles con jamón ibérico, gran producto nacional, en algún centro cultural de Bruselas. Es urgente realizar un plan de comunicación para potenciar esa marca, la de España, que tiene tras de sí tan espléndidas realidades y que tan pobremente se está vendiendo ahora por ahí y por aquí.
Es urgente recuperar el orgullo de ser español, sin complejos. Y no menos inmediato ha de ser lanzarse a vender país por todos esos sitios en los que los noticiarios de televisión locales se empeñan ahora en presentarnos poco menos que como una dictadura bananera. Claro, a mí, como sin duda a usted, me han ofendido esas preguntas de la Fiscalía belga sobre la calidad de las prisiones (y de la Justicia) españolas: lo grave es que no tengan ni idea; lo realmente inquietante es que los españoles hayamos permitidos, o hasta fomentado, que ahora campe por sus respetos una idea totalmente equivocada de España.
Quienes encarnaban la dirección de la "marca España", gentes hoy casi desaparecidas de la escena, lo mismo que quienes deberían gestionar la comunicación de la cosa pública, desdeñaron comenzar su tarea por donde más importaba: por el interior. Los españoles carecen hoy de ese sentido del Estado que hace que los ciudadanos de una nación se sientan orgullosos de su Historia, de su unidad, de su bandera, de sus costumbres. De ellos mismos. Hace tiempo que el orgullo de ser español se refugia en canciones pachangueras que algunos utilizan para chinchar a los catalanes, en el toro ese del coñac y, como mucho, en la selección nacional de fútbol, cuando mete goles. Básicamente, porque no sentimos el orgullo de estar representados por gentes que deberían merecer respeto, acatamiento y hasta afecto. Y, claro, no es precisamente así.
Así que hoy nos hemos convertido en un país triste, desmoralizado como en los tiempos de 1898, desconfiado de sus gobernantes, que se deja sacudir por Putin, por Maduro y por esos fiscales a los que les gustaría que Bélgica dejase de ser un solo país. Y por esos periodistas de tantos otros países que se sienten rechazados cuando reclaman alguna información en La Moncloa, reconozcámoslo también.
A ver si logramos que no nos saquen a pasear a Franco cada vez que alguien comete un error y pone a la policía a contener, quizá con mayor virulencia de la debida, a unos manifestantes. Estamos pagando muy caros los cuarenta años de posfranquismo en los que solamente Adolfo Suárez fue capaz de impulsar los cambios imprescindibles: lo demás ha sido todo demasiado conservador. Ahora andamos siempre esperando una mejor oportunidad para regenerar nuestra democracia, perfectible como cualquier otra, pero democracia al fin.
Lástima que no todas las fuerzas políticas lo admitan así. Lástima que algunos dirigentes políticos no entiendan que, en una convivencia democrática razonable, hace falta medir el alcalde palabras como "preso político" o "presidente delincuente". Lástima que, por el potro lado, se sigan primando las virtudes del inmovilismo, creyendo --¿cómo se puede estar tan ciego?- que todo va bien y que, si va bien, para qué cambiar.
La "marca España" necesita ideas, coraje, el concurso de todos -no solamente de los políticos, aunque también--. Y, claro, invertir algo de dinero, que esto de la comunicación, la imagen y eso, la marca, exigen algunos desembolsos que si no se hacen no es por austeridad, ni por carencia de fondos, sino por desprecio a eso que se ha dado en llamar comunicación. Y, en ese sentido, Rajoy es un despectivo nato, rodeado por gentes que no han entendido nada de lo que se está cociendo en los tableros nacional e internacionales. ¿Cuánto más habrán de despreciarnos unos togados belgas que nada conocen para que nos concienciemos de que hay que ir a explicarles, a ellos, a todos los demás, y a nosotros mismos, que este puñetero país nuestro es tan democrático como el que más, tiene las cárceles tan limpias para los que merecen estar en ellas como los que más?


Fermín Bocos - Rajoy pisa fuerte

18.11.17 | 08:42. Archivado en Fermín Bocos


MADRID, 17 (OTR/PRESS)

El Presidente del Gobierno pisa fuerte. Pese a no pocos pronósticos adversos, tras aplicar el Artículo 155 que ha supuesto la disolución del Parlamento de Cataluña, la destitución de todos los miembros del "Govern" de la "Generalitat" y la entrada en prisión de algunos de ellos, la esperada reacción de la calle no se ha producido. En términos políticos, sin duda, ha supuesto un tanto muy importante. Tan importante como para difuminar otras cuestiones de la actualidad procedentes de los tribunales que de no ser por la "cuestión catalana" estarían en la primera página de los periódicos.
Me refiero a los casos de corrupción. Sobre todo el conocido como caso "Gürtel". Es público y notorio que para la fiscal del caso la existencia de una Caja B del Partido Popular estaría "plena y abrumadoramente acreditada". La conclusión a la que llegó en su escrito es que el PP, como persona jurídica, obtuvo un beneficio de los delitos atribuidos a la trama corrupta organizada por Francisco Correa. Ninguno de los desmentidos formales escuchados en boca de los diferentes portavoces populares ha conseguido extinguir la muy fundada convicción de que en los llamados "papeles de Bárcenas" figuraban las anotaciones contables de la financiación non sancta del partido. Ya digo que en otras circunstancias estos asuntos salpicados por la corrupción habría puesto en un serio aprieto al máximo responsable del partido que también lo es del Gobierno de España.
En otras circunstancias, sí. Ahora no. O no tanto. Por varias razones. La primera y más evidente es el desenlace (provisional) de la mencionada "cuestión catalana" que todo lo copa y ocupa. El personal jerarquiza prioridades y a juzgar por lo que dicen las encuestas el intento sedicioso de los separatistas preocupa y mucho a la gente. Además, hay que tener en cuenta un fenómeno que provoca melancolía pero que, por desgracia, está en la naturaleza del quehacer de los políticos. Juegan a su favor desde un cálculo nacido del más puro cinismo. Su idea es que hay que resistir. Resistir porque en la opinión pública la corrupción provoca el mismo efecto que el aire acondicionado: al principio molesta el ruido, pero con el tiempo el personal se acostumbra. De ahí el "resistir es vencer", lema de Mariano Rajoy. Por eso pisa fuerte. Tan fuerte que tiene dicho que quiere repetir como candidato de su partido. España sigue siendo diferente.


Forcadell volverá a la cárcel si reincide en la matraca de la independencia.

17.11.17 | 12:00. Archivado en Magdalena del Amo

Aquella bravuconada de “Ni un paso atrás” se convirtió en rendición genuflexa ante la Justicia este jueves 9 de noviembre de 2017. A Carma Forcadell, presidenta del parlamento catalán, se le cayeron la valentía y el honor cuando olió de cerca los barrotes de la cárcel y pensó en el uniforme azul de presa, en los “Vivas a España” que iban a corearle las reclusas y en la ristre de privilegios que iban a quedarse atrás, por el cuento de “Alicia en el país de las maravillas de la independencia”. Aparte de los 150.000 euros de fianza, la retirada del pasaporte y demás medidas al uso, la más importante en mi opinión es el acato a la ley y la promesa de no hacer política fuera del marco constitucional. “Bienvenida a la legalidad”, Carma. No hay por qué dudar de los hijos pródigos cuando vuelven pidiendo perdón.

Las medidas cautelares del juez son criticadas por los sectores más radicales: los de un bando y los de otro. Unos consideran que el juez Llarena debería haberlos mandado a la cárcel, como hizo la juez Lamela la semana anterior con Junqueras y adláteres, y hablan de una nueva componenda del Gobierno, experto ya en la negociación con terroristas, cediendo a chantajes, inconcebibles en otro tiempo o con otros gobernantes.

Ignoro hasta qué punto pudo haber presionado el Ejecutivo de Rajoy para que el auto fuera más “blando”, dadas las circunstancias de una campaña electoral en marcha y una temperatura de la calle casi al punto de ebullición, con todos los arrebatados y ociosos cortando fronteras, estaciones, pintarrajeando trenes y poniendo a los bebés de barreras humanas, cosa esta última que nos lleva a cuestionarnos la inoperatividad de la Fiscalía de menores.

Es cierto que el Gobierno está siendo muy cobarde en muchos aspectos. Por hablar de lo último, la nula actuación de los mossos, controlados ahora por Interior, dejando indefensos a miles de ciudadanos, no tiene parangón ni disculpa, y es lógico que muchos ciudadanos digan que el Gobierno es cobarde e incluso carente de empatía. Sin embargo, manteniendo activa la crítica reiterada que venimos haciendo al Ejecutivo de Rajoy desde sus inicios, en esta nueva circunstancia considero importante analizar algunos aspectos: el PP gobierna esta legislatura de puro milagro, y a esta situación lo ha llevado su incumplimiento del programa electoral de 2012 y los incontables casos de corrupción, amén de la leyenda negra de la derecha, que tantos agitadores tiene, sin que se haga ningún tipo de pedagogía por enmendarlo. El Gobierno está en manos de sus socios, a los que tiene que contentar haciendo cesiones que no se entienden, como la no intervención de TV3, sabiendo el terrible daño que está infligiendo a la sociedad catalana. Despejemos incógnitas: los socialistas han vetado que el Gobierno controle TV3 porque se reservan para ellos su reestructuración y control. Los del puño y la rosa, con el ambiguo Iceta a la cabeza tienen en su hoja de ruta formar un “tri”o un cuatripartito, según se den las cosas, con la metralla nacionalista moderada –una contradictio in terminis—y los radicales. Es una aspiración lícita, pero hay que tener memoria y recordar la época de Montilla, gran culpable y fertilizante de lo que estamos viviendo ahora. El PP está pagando las cuentas del pasado, al que hay que sumar la patulea de gente inepta y de dudosa moral que rodea a Rajoy.

Dicho esto, no está de más hablar un poco de perspectiva. Nos guste o no, vivimos tiempos nuevos, inimaginables hace unos años. Las nuevas tecnologías condicionan nuestra vida, para bien y para mal. El viejo dicho “una imagen vale más que mil palabras”, aunque yo no esté de acuerdo, quizá porque me gusta leer, escribir y razonar, es hoy un valor en alza. Y en cuanto a palabras, no hacen falta 1000; los 140 caracteres del tuit de un posible analfabeto o de un mentiroso malintencionado pueden transformarse en virales en cuestión de segundos. No importa si lo que se transmite es verdad o mentira. En la sociedad del homo videns, como dice Sartori, lo importante es el impacto, la emoción del momento. El ser humano ha invertido el camino de la evolución y se parece cada vez más a los primates. Todos tenemos en nuestras mentes las imágenes de la carga policial –que no fue tal, pero así lo pareció— que fueron portada de varios medios internacionales. ¡Es una locura, pero es lo que hay! Por eso, lo que llamamos inacción del Gobierno no es más que la decisión de no caer en la trampa de esta gentuza que no da puntada sin hilo y lo tiene todo por escrito. ¡Cuánto hubieran dado por una imagen de los antidisturbios disolviendo a empujones de porra a las “inocentes” del sindicato de estudiantes que mantuvieron bloqueada la AP-7 y otras vías públicas el día de la huelga política! Pero tuvieron que irse a su casa de manos vacías, sin la anhelada imagen para su diario martirológico. Dicho esto, recurriendo al perspectivismo y recordando a Ortega, estaríamos aquí ante un hecho integrado por diferentes puntos de vista.

Volviendo a la rendición de Forcadell y sus compinches en la trama criminal, en contra de la opinión de muchos, a mi entender marca un antes y un después en el independentismo. No porque crea en la palabra de semejantes personajes “non gratos”, para toda la gente de bien, sino porque en el auto del juez Llerena queda bien claro que la reiteración en el delito les llevaría nuevamente a prisión. Y tal y como está el panorama, mejor están fuera como cobardes, que dentro como héroes. Aunque los adeptos de la secta independentista, acostumbrados al victimismo, a vivir en una realidad paralela, producto de su esquizofrenia colectiva, y maestros en la mentira y la tergiversación, están haciendo una interpretación a su medida del auto del juez. Así, los oímos hablar como si, contrariamente a la juez Lamela en la Audiencia Nacional, en el Supremo los hubieran recibido con la banda municipal y les hubieran servido un fino para hacer boca. Ese es el mensaje que están transmitiendo a los suyos. Hago esto extensivo a sus canales y comunicadores afines, sea la Antena 3, con la progre Susana Griso, la Cuatro, la Sexta –Ferreras parece que no leyó el auto—porque siguen dándoles cuerda al rebaño de opinadores salidos del filón de los medios apesebrados del independentismo. Veremos a ver cuántos sobreviven a los EREs que ya se plantean, una vez seca la teta del dinero público. De momento, parece que siguen en la luna, y acostumbrados a la “literatura” del tuit, leer 27 páginas de un auto debe parecerles poco menos que un tomo.

Forcadell no acudió a la manifestación contra el 155 organizada por Ómnium y la ANC, de la que ella fue presidenta. Es cierto que como persona tiene el derecho de manifestarse, pero también lo es que prometió ante el juez acatar el artículo 155 y no volver a delinquir, como dice el auto en la página 22:

“… lo que se evalúa es el riesgo de reiteración en ese comportamiento, lo que debe hacerse considerando que el devenir político más próximo y cercano pudiera propiciar la persistencia en la actuación fuera del marco constitucional y transformar la próxima legislatura, en un ilegal proceso constituyente. En todo caso, todos los querellados, no es que hayan asumido la intervención derivada de la aplicación del artículo 155 de la CE, sino que han manifestado que, o bien renuncian a la actividad política futura o, los que desean seguir ejerciéndola, lo harán renunciando a cualquier actuación fuera del marco constitucional”. (Las negritas son mías).

Pero la cosa no se queda ahí. Los investigados pudieron pensar que engañaban al juez para eludir la prisión, pero veamos lo que dice el auto en la página 23:

“No se escapa que las afirmaciones de todos ellos pueden ser mendaces, en todo caso, han de ser valoradas en lo que contienen, sin perjuicio de poderse modificar las medidas cautelares si se evidenciara un retorno a la actuación ilegal que se investiga”. (Las negritas son mías). Es decir, que si reinciden volverán a la cárcel.
Junqueras y sus compis de talego ya saben la receta para salir de prisión y esperar fuera el juicio por rebelión, sedición, malversación y conexos. Sus defensas ya hablan de la “estrategia Forcadell”. Posiblemente, si ellos hubieran declarado y abjurado de sus conductas delictivas, como sí hicieron los del Parlament, las medidas cautelares de la juez Lamela hubieran sido más suaves y no hubiera decretado su entrada en prisión. Están a tiempo si vuelven a declaran en el Supremo, pero no olviden que hay que cumplir y no reiterar en el delito, si no, volverán otra vez al trullo. No creo que los tribunales se dejen chantajear como los gobernantes de Madrid a lo largo de las últimas legislaturas. Ahora creo que estamos hablando de otra cosa.
En cuando a Forcadell, yo le recomendaría andarse con pies de plomo. Sé que ya sueñan con una amnistía o un indulto, pero para ello hay que pasar muchas páginas y un purgatorio que no es lo que esperaba la que ya llevaba la corona de laurel como victoriosa del “prosés”. Yo le aconsejo quedarse en casa, a ser posible rezando. Los milagros existen y ella necesita uno muy grande para amortizar los errores de una vida de ilegalidades y tropelías. Si toda acción tiene su reacción, convertir una autonomía de un país democrático en una dictadura totalitaria tiene que tener la suya. Dicho todo esto, me atrevo a augurar que las próximas manifestaciones serán solo una reacción de la vacuna contra el independentismo.

___________________
Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora, pertenece al Foro de Comunicadores Católicos.
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
Directora de Ourense siglo XXI
periodista@magdalenadelamo.com
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Charo Zarzalejos - La manada

17.11.17 | 08:42. Archivado en Charo Zarzalejos


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

El concepto "manada" se ha atribuido siempre al mundo animal. Porque son los animales los que se agrupan en manadas. Nosotros, los humanos, nos agrupamos en torno a amigos que elegimos, a la familia que hemos decidido crear. Nos agrupamos en torno a intereses que compartimos con otros. Es verdad que nosotros, los humanos, nos podemos convertir o formar parte de la "masa" que es ese ente que ni piensa, ni critica y, lo que es más, importante, ni siquiera duda, pero la manada no es algo previsto para el mundo de los seres racionales.
Desde que saltó a los medios el apodo del grupo que supuestamente --no hay sentencia-- violó en grupo a una joven en los Sanfermines hace dos años, la primera reacción fue de horror. Horror al pensar en lo que pudo sufrir esa joven a tenor del relato que se han ido conociendo de los hechos. No hace falta llegar a la violación para que cualquier ataque a la libertad sexual de las mujeres resulte un acto de profunda indignidad por parte de quien o quienes lo cometen, un ataque directo al preciado bien de la libertad, una herida profunda en la intimidad y en la dignidad de la mujer agredida. No es algo con lo que se puedan hacer bromas y, ni mucho menos, tener manga ancha: todo aquello que una mujer no elige libremente es un ataque directo a su ser más profundo.
Hasta el momento, el juez, con muy buen criterio, ha tomado todas las precauciones necesarias para que la víctima no lo sea por partida doble. Y lo hubiera sido, si se hubiera dado publicidad a la vista judicial, si no hubiera entrado en la sala del juicio bien protegida y, desde luego, si hubiera tenido que ver cara a cara a sus presuntos agresores; es decir, "La Manada".
Los integrantes de este grupo, que incluso tuvieron el cuajo de grabar unos segundos de vídeo en el que dejar constancia de su macabra e insoportable heroicidad, tienen ya un historial nada edificante y ahora, cuando, uno a uno, está delante del juez, quizás caigan en la cuenta de que las responsabilidades penales no se comparten. Son siempre individuales. Desparece el carácter grupal de la manada y es en ese momento cuando, los que van por la vida de matones considerando a la mujer como un trofeo, cuando se encuentran con sus propias miserias. Los que tenemos la suerte de tener grupos de amigos, una familia o intereses compartidos con otros sabemos que cuando alguno falla es inevitable un cierto sentimiento de pérdida e incluso de orfandad pero antes de que esto ocurra nos sabemos individuos libres e iguales. Se crea dependencia afectiva, pero no pantallas para aparentar ser más fuerte que nadie. Son los débiles, los cobardes los que "desaparecen" en el grupo y entonces es cuando se produce la "manada". ¡¡Que fácil es atacar a alguien en compañía y complicidad de otros!!.
Habrá que estar a la espera de la sentencia final pero en todo caso hay que estar muy alerta y elevar los niveles de exigencia desde la infancia y sobre todo en la adolescencia. Es en esta etapa en la que las mujeres deben tomar conciencia de su propia autoestima y no consentir --si ellas no quieren-- ni media broma y ellos, los chicos, asumir con absoluta claridad que la mujer no es un trofeo, ni un pañuelo de usar y tirar, ni un ser inferior a la que se le puede hablar y tratar de cualquier manera. Casi a diario tenemos un parte de malos tratos, de hombres despiadados que son capaces de hacer daño a los hijos para hacer daño a su madre. Saben que es donde más duele. Invertir en educación es la única receta que a medio o largo plazo puede dar resultados.
Confiemos que se haga justicia y "La Manada" deje de serlo.


Escaño cero - La gran burla

17.11.17 | 08:42. Archivado en Julia Navarro


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

Aventureros, cínicos, manipuladores, cobardes. Sí, estas son algunas de las definiciones que se me ocurren sobre algunos de los impulsores del "proces".
En realidad no sé como no se les cae la cara de vergüenza cuando ahora reconocen que nunca hubo la más mínima posibilidad de llevar su aventura secesionista adelante puesto que no contaban con la mayoría de sus conciudadanos. O, el colmo del cinismo, otros explican que no podían imaginar que desde el Estado se pudiera responder a su órdago, e incluso Puigdemont se ha atrevido a decir que todo lo que habían montado era para obligar al Gobierno a negociar.
La verdad es que toman por auténticos idiotas a sus conciudadanos de Cataluña. Les han tomado el pelo de la manera más indigna. Han alentado una revuelta y luego se desmarcan diciendo que no iba en serio.
Yo no sé que pensarán los ciudadanos de Cataluña pero espero que incluso los que de buena fe defienden el independentismo den la espalda a todo este grupo de aventureros que les han guiado a la nada.
Sí, Puigdemont, Junqueras, Forcadell, los de la CUP, todos, se han burlado de los ciudadanos catalanes y de paso del resto de los españoles. Porque solo como una burla se pueden entender sus excusas cobardicas.
En sus declaraciones vienen a decir con un cinismo insoportable que no entienden la reacción del Estado porque lo de la independencia en realidad no iba en serio.
Mientras Puigdemont continua haciendo el ridículo en Bruselas, Oriol Junqueras ha designado sucesora a Marta Rovira, a la que ve como presidenta de la Generalitat, con el consejo añadido de que intente tejer una alianza con Ada Colau y Podemos. Y es que Junqueras ya da por ganador a su partido en las elecciones del 21 de diciembre.
En cualquier caso si el 21 de diciembre gana Ezquerra e intenta volver a llevar adelante la aventura secesionista ya saben la respuesta: el artículo 155 de la Constitución.
Dicho sea de paso con la aplicación del artículo 155 no ha pasado nada excepto que se ha recuperado la normalidad en Cataluña. Por tanto si alguien la vuelve a quebrar sabe que el Estado tiene herramientas para devolver la legalidad.
Esperemos que los "padres y madres" del "proces" tengan a bien dejar de burlarse de los ciudadanos.


Luis del Val - Chulería continuada

17.11.17 | 08:42. Archivado en Luis Del Val


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

Durante dos años, los delincuentes que dirigían la Generalitat de Cataluña se pasaron las sentencias del juez que ordenaban devolver 46 obras de Arte al monasterio de Sijena por el forro de su secesionismo. Durante dos años, las órdenes judiciales y los requerimientos del gobierno de Aragón los observaron con la displicente molestia de quien está comprometido, en asuntos graves e importantes y alguien le importuna con tonterías. Ahora, un juzgado de Huesca ha solicitado al eventual consejero de Cultura de la Generalitat, que no es otro que el ministro Méndez de Vigo, que ejecute la sentencia. ¿Y qué ha dicho el ministro? Que abordará el asunto con mucho interés y sumo cuidado. Lo del interés lo entiendo, porque si se ha aplicado el artículo 155 para reponer la legalidad y, repuesta la legalidad, se siguen incumpliendo las sentencias, para este viaje no se necesitaban alforjas, ni siquiera un botellín de agua mineral. Pero lo que me asombra mucho es lo del "sumo cuidado", es decir cuidado supremo, como si el requerimiento de un juez para que se cumpla una sentencia fuera algo así como una tarántula de la que hay que protegerse o un frasco de ácido clorhídrico que puede destrozar la piel de la mano si se entra en contacto con él.
A mí me cae bien el ministro de Cultura, pero no le veo cara de velocidad, ni hombre que se deje llevar por las prisas. Es decir, que de aquí al 21 de diciembre, en tanto que lo estudia, lo reflexiona, lo piensa y lo decide, ya tendremos resultados electorales y, entonces, "con sumo cuidado" a punto de formarse un nuevo gobierno de la Generalitat, no me imagino al ministro dando órdenes urgentes para que una chulería tan evidente se restañe. Y, si es así, que le diga a su colega Zoido, que se puede provocar un asalto al museo de Lérida por parte de aragoneses cabreados por partida doble, y que también tienen forros, como todo el mundo.


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