Miguel Higueras.- Es razonable que quien logra con dedicación, talento o ingenio lo que anhelaba conseguir se sienta orgulloso de haberlo alcanzado.

MADRID, 4 (OTR/PRESS)
José Luis Rodríguez Zapatero es un político solitario, táctico, con instinto y que además funciona con las encuestas en la mano. Tiene una habilidad extraordinaria para decir a cada uno lo que quiere oír; es capaz de prometer cosas contradictorias y no piensa en las consecuencias y en los costes de las decisiones políticas porque lo que prima son las soluciones instantáneas sobre los problemas que es incomodo contemplar en una perspectiva lejana.
La soledad con la que toma sus decisiones se ha definido en su entorno como "radial". Zapatero irradia y los demás ejecutan. El presidente elige a sus colaboradores más directos y a sus asesores áulicos fuera del núcleo del partido porque sabe que llevarle la contraria equivale a proferirle una ofensa. Piensa en él y no en el estado y es frecuente conocer anécdotas de personas que se referían a las consecuencias de abrir determinados debates, como el nuevo estatuto de Cataluña, y su respuesta invariable no es hablar de las consecuencias para España sino las que le afectan a él personalmente. El bonapartismo o cesarismo es una condición frecuente del ejercicio del poder en el que quienes lo padecen piensan que han sido ungidos de unos dones especiales para gobernar al margen de los ciudadanos, aunque siempre los invocan a ellos para justificar sus conductas y en algunos casos, como el que nos ocupa, sin que esa conducta sea contradictoria con su origen y legitimidad democrática indiscutible. Pero son los tiempos que nos ha tocado vivir y la elección posible es entre Zapatero y Rajoy: hasta ahora la mejor garantía para que el presidente socialista continúe en La Moncloa.
El cierre de la central de Garoña es un buen ejemplo del hurto de un debate a la sociedad porque la decisión estaba vinculada a voluntad y al cálculo personal del presidente en medio de una polémica larvada dentro de su propio partido. Si todavía no se ha producido, ni siquiera formulado, el cambio inevitable de modelo económico para sobrevivir a esta crisis y ganar posiciones en este mundo en ebullición, ¿por qué precipitar soluciones? Y, sobre todo, por qué anunciar el blindaje de una decisión institucional y democrática que podrá revocarse por una norma del mismo rango. Las cosas que quedan "atadas y bien atadas" no suceden siquiera en las dictaduras, porque una de las condiciones de la democracia y de la soberanía popular es que gobiernan sobre un mundo en el que las leyes se pueden cambiar siempre que tengan mayoría y encajen en la Constitución. Eso lo tendría que saber hasta Zapatero.
CARLOS CARNICERO

MADRID, 4 (OTR/PRESS)
Hasta ahora, y durante toda la crisis, la mesa del diálogo social que constituyen los dos principales sindicatos, UGT y CCOO, las patronales CEOE y Cepyme, y el Gobierno, representado por el Ministerio de Trabajo, han sido objeto de una queja permanente: pese a haberse depositado en esa mesa de diálogo tosas las esperanzas de que los agentes sociales hicieran alguna aportación sustancial a la solución de la crisis, particularmente en lo relativo a la reforma del mercado laboral y alguna otra reforma, el diálogo no ha dado nada de sí. En las últimas semanas, y forzados ya por una opinión pública cada vez más apremiante y por presiones crecientes, los negociadores de esta mesa parecían dispuestos a hacer nuevos esfuerzos y, finalmente, llegar a alguna clase de acuerdo que diera satisfacción de las tres partes, Gobierno, empresarios y trabajadores. Sin embargo, desde la tarde del jueves empezó a tenerse información sobre crecientes y graves tensiones que llegaban a amenazar a la mismísima existencia de la mesa del diálogo. Y hoy, sábado, son varios los periódicos que, alegando distintas razones, insisten en las muy serias dificultades por las que atraviesa ese diálogo, y que acaso hayan dado la puntilla a un diálogo hasta ahora ineficaz.
Una de las primeras versiones del choque entre los participantes en esa mesa, la proporcionaba La publicación de Internet "El confidencial", Carlos Sánchez, excelente fuente informativa en materias económicas y laborales, hablaba de "crisis de las gordas" en el diálogo social, y relataba que CCOO y UGT se habían levantado el jueves de la mesa, llegando incluso a amenazar con una huelga general. "Nunca antes se había tensado tanto la cuerda de los agentes sociales" decía el cronista. Y sobre las cursas, mencionaba el último documento presentado por Moncloa, más en línea empresarial que sindical. El representante de Zapatero, Vallés, provocó incluso hasta proferir gritos a los sindicalistas Górriz y Ferrer. Se había discutido la extensión del seguro de paro a los colectivos que han dejado de percibir estas ayudas, así como la reducción de cotizaciones a la seguridad Social para contingencias comunes. La postura de presidencia llegó a ser considerada una agresión por los sindicatos.
En su versión de hoy, el diario La Vanguardia también se ha señalado ese abandono de la mesa por los sindicatos, después de que la patronal exigiera un nuevo contrato, y sobre la rebaja de las cotizaciones, destacaba que los empresarios reclaman una rebaja de cinco puntos. Mar Díaz Varela también habla en su relato de las distancias insalvables entre los interlocutores sociales: mientras el Gobierno parece conformarse con un acuerdo de mínimos, la CEOE no está dispuesta a firmar un acuerdo que no incluya una rebaja de los costes del empleo y del despido. A su vez, CCOO quiere alcanzar un cambio de modelo económico que protejamos a los parados, y en este aspecto coincide con UGT, que se resiste a que se producta cualquier reforma laboral. Según este relato, el único punto de absoluta coincidencia de los agentes sociales es el rechazo unánime a la propuesta de acuerdo para el diálogo social elaborado por la Moncloa, en la que el Gobierno propone un subsidio temporal de 420 euros para los parados a los que se le agiten las prestaciones, que beneficiaría a 200.000 desempleados. Tampoco complace la propuesta de que mejore la intermediación de las empresas de trabajo temporal ni la reforma de la negociación colectiva.
Otra versión es la que hoy ha proporcionado a sus lectores el diario económico El Economista, que no ha dudado en hablar de "incendio del diálogo social", y asegura que la negociación se tensa y hace tambalearse el principio de acuerdo dotado con 19.000 millones. La CEOE y los sindicatos relevaron sus exigencias al Gobierno al plantear por separado, un nuevo paquete de máximos. A su vez, es llamativo el titular de Público, que ofrece su propia y singular versión: Zancadilla al pacto social. Los empresarios se radicalizan. La patronal pone en crisis el diálogo tras un almuerzo con Rajoy. Relata que los sindicatos se levantaron de la mesa ante la pretensión de CEOE de abaratar el despido mediante un contrato con sólo ocho días de inmunización, y la exigencia empresarial de rebajar las cotizaciones sociales cinco puntos. Más esperanzadora es la versión de El País, al señalar, primero, que "el fiasco del jueves no supone, en todo caso, la ruptura de las negociaciones". El lunes hay previsto un nuevo encuentro, aunque no se descarta que pase al jueves. Pero la cita de la semana próxima no evitó que ayer el secretario de Comunicación de CC OO, Fernando Lezcano, reclamara a Zapatero que tomara cartas en el asunto para "reconducir" la situación, atendiendo a que es Moncloa, y no Trabajo, quien coordina esta ronda de negociaciones. Este diario hace un repaso a unas cuantas dificultades ahora mismo existentes en el diálogo social.
JOSE CAVERO

MADRID, 4 (OTR/PRESS)
Dicen que los patos que viven en un estanque de aguas limpísimas muy próximo a la central de Garoña no han leído los doce folios del Gobierno, pero se han enterado que en cuatro años probablemente ellos también se irán. Las gentes del bonito Valle de Tobalina están aturdidas. Habrá algunos que estén satisfechos con la decisión del Presidente del Gobierno, pero la mayoría, la inmensa mayoría, no acaba de entender por qué una empresa que es rentable y segura, que da trabajo y que permite cubrir objetivos energéticos de España, deba ser cerrada antes del 2019.
Desde el punto de vista técnico no hay argumento bastante para justificar su cierre. La seguridad es un valor prioritario, pero el CSN ha dicho que es segura, que la central tiene vida en plenitud durante diez años más. Si los únicos autorizados a realizar un diagnóstico lo han hecho, no hay razonamientos "técnicos" que expliquen el cierre.
Y es que no se trata de una decisión técnica, sino política. Estrictamente política, calculada con tiralíneas en el tiempo, porque eso de que no iba a gustar ni a unos ni a otros no agobia nada al PSOE, ni al Presidente. Por el contrario, es el mejor argumento para afirmar que es una "decisión equilibrada".
Al Presidente del Gobierno le asiste toda la legitimidad para tomar la "decisión equilibrada". Lo que ya resulta más difícil de digerir es el discurso que acompaña a la decisión. Se afirma que es coherente con el programa electoral. ¿Es coherente, entonces, introducir la reforma de la ley del aborto que no iba en el programa? Dicen que es "responsable". ¿No sería una actitud más responsable no introducir en momentos de zozobra un elemento más de inquietud? Se señala que a efectos energéticos no supone daño alguno para el suministro necesario. Es posible que así sea, pero valga como dato que Garoña da energía como para abastecer a toda Cantabria. Y cuando algo no sobra, ¿por qué prescindir de lo que ya se tiene? En el argumentario se incluye la decisión de impulsar las energías alternativas. ¿Quién ha dicho que Garoña sea incompatible con el desarrollo de las energías alternativas?
Se concluye la bondad de la medida con un plan alternativo para los trabajadores de Garoña. El plan todavía no existe y como la suerte del plan que dice que vendrá sea la misma que la de esas empresas que iban a instalarse en la bahía de Cádiz para dar trabajo a los empleados de Delphi, la cosa es para echarse para temblar.
Al Presidente, siempre lo he sostenido, le gusta bailar en el alambre y ahora vuelve a hacerlo. Pero si se quiere cerrar, lo realmente coherente es que el cierre se hubiera llevado a cabo en 2011, que es cuando la central cumplirá los cuarenta años de vida. Ha elegido, en cambio, el cierre hoy no, pero mañana si, con la nebulosa en medio de un Plan que no tiene ni dineros ni proyectos conocidos. Por eso, estos cuatro años que hay por delante no van a ser años para la tranquilidad. Nadie en la comarca se cree a día de hoy que vaya a haber plan alguno y que si lo hay "será un parche".
En el Valle de Tobalina tenían las ideas claras. Si Garoña se tenía que cerrar en diez años, lo mejor sería, dicen, empezar a construir una nueva, al mismo tiempo que se avanza en las renovables. ¿No es un valor en sí mismo que un enclave, una población no haga ascos a una central nuclear? Todas las energías son necesarias y compatibles "y aquí estamos todos tan sanos como los demás. Nada, que la quieren cerrar y la han cerrado". El ciudadano González no la hubiera cerrado; el CSN, tampoco; los trabajadores quieren seguir trabajando donde siempre han trabajado y la empresa quiere seguir invirtiendo.
Coherente aunque arriesgado fue irse de Irak al día siguiente de llegar a Moncloa. Lo de Garoña ni es coherente, ni técnicamente aconsejable, ni socialmente responsable. Zapatero manda y eso es todo.
Charo Zarzalejos

MADRID, 4 (OTR/PRESS)
De momento parece que el Gobierno tiene mejor entrenado que el Partido Popular el músculo de las "dimisiones/ceses". Mientras las aficiones cinegéticas, además de otros asuntos, les han costado el puesto a Bermejo y a Saiz, el tesorero del PP Luis Barcenas, con la complacencia de Rajoy, sigue aferrado con uñas y dientes a su cargo al frente de las finanzas del principal partido de la oposición.
Si, además, se demuestra que a los votantes de la derecha esto no parece importarles mucho a la hora de ir a depositar su voto en las urnas, e incluso que Rajoy ganaría imagen de firmeza frente a los duros de su partido con estas defensas numantinas de quien conviene, pronto veremos un tres cero.
El tercero puede ser Pedro Castro, alcalde de Getafe y presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias. Desde que a Castro se le ocurrió la barbaridad de llamar "tontos de los cojones" a los votantes populares y pese a que pidió perdón en público y en privado, por escrito y hasta en verso, es un objetivo a abatir.
Pero Pedro Castro además de bruto es correoso y un viejo zorro de la política. Lleva como alcalde de Getafe tantos años que ni él mismo se acuerda. Tras insultar a los votantes del PP, grave pecado democrático, se le hizo el vacío en la FEMP, dimitieron los responsables populares que tenían cargos de responsabilidad en la Federación y dejaron de asistir a los actos públicos en los que estuviese Pedro Castro.
El 23 de junio la comisión ejecutiva de la FEMP decidió crear una subcomisión bilateral para negociar con Hacienda la financiación de los municipios. Esos municipios que andan tan mal de dinero que no pueden pagar a los proveedores y están llevando a la ruina a muchas pequeñas empresas. Pues bien el PP denuncia que han sido "expulsados" al no habérseles notificado la creación de la citada subcomisión. Amenazan con llevarle a los tribunales y de esa manera, como presunto implicado, pedir inmediatamente y una vez más su dimisión al frente de la FEMP. Pero esta vez la batalla será más dura. Pedro Castro no necesita tener al Gobierno detrás, ni falta que le hace dada la facilidad con la que este Gobierno ratifica en el cargo a alguien para dejarlo caer solo dos meses después. Hablando de imputados ¿se oye algo de la dimisión de Camps, Costa, Fabra o Barcenas?
VICTORIA LAFORA

MADRID, 4 (OTR/PRESS)
Lo que va de Saiz a Sanz
Hace poco más de dos meses, desde el Gobierno se defendía a Alberto Saiz, director del Centro Nacional de Inteligencia, como un funcionario honesto y eficaz que había obtenido grandes éxitos contra el terrorismo. Entonces, vulnerando el espíritu de la ley del Centro, que prevé un mandato limitado a cinco años para el jefe de los servicios secretos, se prorrogó a Saiz en el cargo, ante la extrañeza de muchos. Por entonces, ya se conocían algunas de las cosas que los medios han ido narrando sobre el ya ex director, incluyendo la mayoritaria hostilidad con la que le distinguían los agentes del Centro y el consiguiente deterioro del funcionamiento de una institución tan importante para la seguridad de los españoles.
Esta semana, forzado por las circunstancias, Saiz arrojaba al fin la toalla, cuando sus planes de venganza contra los agentes "filtradores" no pudieron consumarse porque el Gobierno, dividido en torno a su persona, no lo autorizó. El anuncio de su dimisión llegó acompañado del nombre de su sucesor, el general Félix Sanz Roldán, ex jefe del Estado Mayor de la Defensa, un militar culto, políglota, cosmopolita y moderado, es decir, poseedor de cualidades de las que su antecesor claramente carecía. Vuelve el espionaje a lo castrense, aunque la mayoría de los agentes son ya civiles, reclutados a partir de la Universidad.
Lo que no hemos visto ni oído son los golpes de pecho del Ejecutivo por su desliz al prorrogar artificialmente, el pasado 24 de abril, el mandato de un hombre que era claramente inadecuado para el cargo. Sabemos que los ministros de Defensa e Interior estaban contra esa prórroga, pero que, finalmente, se impuso la tesis de la vicepresidenta Fernández de la Vega; lo que nunca nos han contado son las interioridades de esa pelea cuyo primer "round" ganó De la Vega, aunque perdiese finalmente el combate.
Garoña, como síntoma
He titulado este resumen semanal preguntándome, y preguntando, si el Gobierno debe hacer autocrítica. No me refería solamente al caso del ya ex jefe de los espías. El cierre o no de la central nuclear de Garoña me parece también sintomático: en el Gobierno subsisten distintas teorías (y no pasa nada; es hasta lógico) sobre la relevancia que debe darse a la energía nuclear. La solución, algo salomónica, sobre Garoña, que estará abierta hasta 2013 (para luego convertirse en un parador de Turismo), es una muestra de que el debate interno está vivo.
Lo que no puede ser es que el muy legítimo sentimiento antinuclear del presidente Zapatero se fundamente en datos que él ofrece y que nada tienen que ver con la realidad internacional. ZP ofreció cifras sobre el tiempo de vida de las centrales, su implantación en el mundo y el ritmo de construcción de las mismas en otros países que eran, pura y simplemente, falsos, según se encargaron de demostrar varios "lobbies" pro-nucleares. Ya sé que hay muchos intereses, más o menos ocultos, tras este debate, pero creo que el jefe del Gobierno no debe ser pillado "in fraganti" a la hora del dato, no de la opinión.
Es, me temo, un síntoma: al presidente, en ocasiones, le abandonan el dato, la cifra, la coyuntura reales. Nunca he dudado de la buena voluntad de Zapatero ni de su rectitud de miras. Pero, para ser un hombre con tantos asesores, a veces -solo a veces_ da la impresión de estar un pelín desinformado. O de querer que la realidad pase por sus particulares parámetros. Pero ya digo: aquí, de autocrítica, nada.
Brotes tirando a verdes
Eso sí: el optimismo antropológico del presidente se ve a veces recompensado con alguna tenue luz de esperanza en medio de la gris crisis. Me pareció afortunada la metáfora de Elena Salgado hablando de "brotes verdes", aunque quienes quieren verlo todo negro se le echaran encima. Brote verde son las cifras del paro, todo lo coyunturales que usted quiera; verde es la recuperación del sector del automóvil y tirando a verde es el informe mensual del Banco de España, entidad cada día más claramente independiente (ah, cuántos disgustos ha dado ese gobernador Fernández Ordóñez, al que creyeron de los suyos). Un informe que advierte que la cosa sigue regular tirando a mal, pero que mejora algo el consumo privado y que se ha moderado el ritmo de empeoramiento del mercado laboral.
No es para echar las campanas al vuelo, pero, al menos, es un primer indicio esperanzador, mientras los cuchillos se siguen afilando en lo tocante a la reestructuración del sector financiero y se estanca el diálogo social.
Por cierto: ¿lo está haciendo bien el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, en quien tantas esperanzas se había depositado? Me consta que algunas publicaciones andan ya preparando resúmenes críticos de cómo ha sido este tremendo curso político, que ha incorporado hasta una crisis de gobierno y unas elecciones europeas. Y la valoración media del elenco ministerial no da ni para volver a examinarse en septiembre, sino para repetir curso. Por eso digo que acaso un poco de autocrítica, "rara avis" en estos pagos, y me refiero a toda la clase política (ay, ese "affaire Bárcenas", que amarga los viajes de Rajoy), no vendría mal.
Menos mal que nos queda Patxi López
Zapatero recibía esta semana a Patxi López, el "Obama de Portugalete", en La Moncloa. Pienso que el lehendakari dice muchas cosas sensatas, aunque algunos se empeñen en echarle encima las hemerotecas con lo que afirmaba en el pasado. Ha sido, López, el gran éxito de Zapatero en esta Legislatura, el único éxito tal vez. En un país en el que, como ocurre en España, el sentido del Estado es tan débil, cuando en Cataluña el idioma español se debilita por iniciativa de un president de la Generalitat venido de Córdoba, cuando el debate sobre la financiación autonómica está poniendo en quiebra la misma idea del Estado autonómico, reconforta que un señor apellidado López vaya por ahí soltando frases, tópicos si usted quiere, que tanto tienen que ver con el sentido común. Y, así, el lehendakari (fíjese usted qué gesto tan normal) ha viajado a Madrid y luego a Navarra, donde se ha abrazado con otro señor normal apellidado Sanz (Miguel) y ha restablecido las relaciones oficiales con el vecino, que el antecesor del lehendakari López, un ex llamado Ibarretxe, se había empeñado en enturbiar. Lo mismo que con Cantabria o con Castilla y León.
Allá los atavismos que se inculcaron desde Ajuria Enea y dependencias anejas a una parte de los vascos, que aún se empeñan, dice el Euskobarómetro, en desconfiar del gobierno de López. A mí, López me da más confianza que ese Ibarretxe que se empeñaba en no viajar a Madrid, ni a Pamplona, ni a Santander, ni a Valladolid. Menos mal que nos quedan Patxi López, o los Sanz, para certificar que algo se hace bien. De lo contrario, el Gobierno se tendría que estar todo el día dando esos golpes de pecho a los que tan poco aficionados son él y todos sus colegas, sean del partido que sean.
FERNANDO JAUREGUI

MADRID, 4 (OTR/PRESS)
Hace casi dos años, una encuesta de El Periódico de Catalunya venía a concluir que los españoles no entienden a los catalanes o, mejor dicho, no entienden su realidad. La incomprensión siempre hay que lamentarla, porque no suele conducir a nada bueno, pero en este caso quizá hay que lamentarla especialmente, teniendo en cuenta la dimensión de Cataluña por sí misma y, a la vez, su condición de motor de la ahora maltrecha economía española. Después de todo ese tiempo, seguramente nadie va a atreverse a decir que ese clima descrito en aquel sondeo ha mejorado con el paso de los meses. Más bien cabe intuir lo contrario, ya que solo hace falta ver como está el patio con la financiación autonómica y la decisión del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Autonomía de Cataluña; es decir, toda una ley orgánica del Estado.
La financiación autonómica parece encarrilada pero sigue en el aire, con riesgos de que se infrinja el mandato del Estatut, especialmente la garantía de un acuerdo bilateral Estado-Generalitat, en la medida en que va camino de ser aprobado por otras comunidades. A su vez, una sentencia que descafeine el Estatut añadiría más leña al fuego. Como dice el notario Juan-José López Burniol, uno de los más finos analistas políticos de Cataluña, la única salida clara al atolladero en que se encuentra, desde hace más de un siglo, la estructura territorial de España es el Estado federal. Pero lo que para muchos catalanes es una evidencia, no deja de ser un problema para buena parte del resto de los ciudadanos españoles.
Dado el desarrollo autonómico y una vez aprobado el Estatut, España es, de hecho, un Estado federal que, curiosamente, no se quiere llamar a sí mismo Estado federal, lo cual contrasta con el hecho de que haya universidades en Europa que estudian España como tal. En realidad, tampoco se trata de hacer de todo esto una cuestión puramente nominalista, porque se trata de algo mucho más profundo. Digamos que España es un Estado compuesto por naciones y regiones, que además se ven a sí mismas así, es decir, que Murcia se ve región y se siente muy cómoda, Castilla La Mancha también se siente a gusto viéndose como se ve; pero Cataluña y no digamos el País Vasco, o incluso Galicia, se ven de otro modo. Y ahí está la clave de muchas cosas que siguen sin resolverse tras siglos de debate.
JOSE LUIS GOMEZ
Aunque en estas últimas semanas he estado publicando una serie de artículos sobre los cambios que hay que realizar en la empresa española, para que esta sea más competitiva y salga fortalecida de la actual crisis y las políticas erráticas que está aplicando el Gobierno de Rodríguez Zapatero, he decidido hacer un pequeño alto en el camino, para contarles a ustedes que algo está cambiando, por lo menos por parte de algunos contenidos televisivos que se han emitido en los últimos días.

MADRID, 3 (OTR/PRESS)
Aunque después de las previsiones del CIS en las elecciones europeas no resulte nada fácil creer en las encuestas digamos "oficiales", los titulares que arroja el último "euskobarómetro" deberían provocar aunque solo fuera cinco minutos de meditación a los partidos que hoy son algo en el País Vasco: al parecer el 61% rechaza el pacto entre el PSE y el PP y un 49 % incluso cuestiona su legitimidad. El otro dato interesante se refiere a los deseos de independencia que sólo parecen tenerlos 24 de cada cien ciudadanos vascos. Los datos siguen y las lecturas que se pueden hacer de los mismos pertenecen ya al ámbito de las interpretaciones personales. Pero los tres a puntados resultan lo suficientemente interesantes como para detenerse un minuto en cada uno de ellos.
Que el 61% de los ciudadanos rechace el pacto que ha llevado a la presidencia al líder socialista, no deja de ser moderadamente sorprendente; resulta obvio que los votantes del PNV lo vean con malos ojos pero no tanto que -siempre según el euskobarómetro- el pacto no convenza tampoco a casi la mitad de los votantes socialistas. Difícil misión la del nuevo Lehendakari que va a tener que entenderse con el PP, no abandonar al PNV y convencer a la mitad de sus votantes de que la experiencia merece la pena. Sólo el tiempo dirá quien tiene razón pero esta falta de confianza -es una forma dulce de llamarlo- del socialista de base en el PP, viene alimentada por muchos años de errores en uno y otro partido mas ocupados en el insulto y la descalificación mutua que preocupados por la realidad social que es de todos y a todos afecta.
El segundo dato a señalar es que casi la mitad de los vascos, cuestionan la legitimidad del pacto de gobierno. Y esto no tiene discusión posible en una democracia porque esa es su grandeza y posiblemente también su miseria. Lo que no vale es cuestionar las alianzas o los pactos cuando nos van mal y aplaudirlos cuando nos benefician. El PP en Madrid, por ejemplo, o en Galicia, sabe que tiene que ganar por mayoría absoluta porque juega contra dos, por no hablar del tripartito catalán o de ese convoluto que es el Gobierno Balear del que buena parte de culpa la tiene el propio PP o muy directamente el señor Matas.
Por último está el escasamente detectado deseo de independentismo. Aunque la cifra no es baja, sí parece retroceder sobre las anteriores y con una "trampa" añadida: que se trata de una encuesta y no de un referéndum serio; en el caso de que algún día se diera esa consulta popular, el fracaso de los independentistas sería clamoroso porque una cosa es ser y sentirte nacionalista y otra que ese sentimiento te nuble la realidad. El discurso independentista se sostiene muy fácilmente pero su realización resultaría francamente complicada y los resultados más que dudosos. Se pongan como se pongan y digan lo que digan los secesionistas, cada vez resulta más absurda la idea. Justo por eso, su discurso se mantiene en Cataluña y justo por eso, y por algo bastante más dramático, sigue siendo válido en Euskadi.

MADRID, 3 (OTR/PRESS)
Pero a quién se le ocurre soltar dos malísimas noticias justo el día en que la buenísima noticia eran las cifras del paro de junio, con esa importante disminución de 55.000 inscritos en las listas del INEM. El mes anterior también había disminuido el desempleo en España, pero es esta vez cuando las cifras permiten atisbar un cambio de rumbo en lo que más importa de la crisis económica, que son las pérdidas de puestos de trabajo. Se necesita ser inútiles para hacer coincidir eso con el anuncio de la prórroga de dos años de la central de Garoña y con el anuncio de la dimisión de Alberto Sáiz como director de la Central Nacional de Inteligencia. Es como si la política informativa del Gobierno la decidiera el PP. Rajoy hasta se ha permitido el lujo de proclamar que la situación en la CNI era insostenible y que su director tenía que haber cesado hace mucho tiempo. Digo el lujo porque, por ejemplo, el tesorero Luis Bárcenas, con cien mil claros indicios de su implicación en el escándalo Gürtel, ahí lo tenemos todavía de tesorero nacional del PP y de miembro del Senado de España.
Por otro lado, nada más torpe que jugarse el rechazo de todo el mundo con esa decisión de aumentar dos años la vida útil de la central nuclear de Garoña. Dos años es la quinta parte, el 20 por ciento, de los diez años reclamados por los enemigos de las nucleares, que exigían el cierre al cumplirse cuarenta años de su apertura. Por dos cochinos años, Zapatero y su Gobierno se sacuden el apoyo no sólo de las organizaciones ecologistas sino de toda la izquierda y la progresía que siempre vio un claro peligro en la energía nuclear y que aplaudió la decisión de la moratoria de Felipe González en su día, un Felipe que ahora se muestra partidario de que sigan las centrales o incluso de que se construyan otras nuevas. Pero vamos a ver: quiénes asesoran a Zapatero, quiénes deciden su política energética y su política informativa. Que me lo digan, para dirigirles unas palabritas amables, hombre. Primero, tendrían que ser de izquierda coherente. Segundo, no perder tontamente bazas electorales.

MADRID, 3 (OTR/PRESS)
Félix Sanz Roldán es un general que gusta a los generales. Y a los civiles. Se le considera muy bien preparado, habla idiomas, para él los Estados Unidos y la OTAN son terrenos conocidos. Y en el Centro Nacional de Inteligencia tiene contactos suficientes, aseguran. Los militares con los que he podido hablar desde que se conoció que el ex JEMAD era el hombre designado para sustituir a Alberto Saiz al frente de los servicios secretos parecen satisfechos de que el cargo retorne a un uniformado, y, sobre todo, a un uniformado con las características de Sanz Roldán. Si acaso, le achacan, quienes bien le conocen, una cierta falta de decisión y un excesivo deseo de complacer a todos. Y dicen que, como Saiz, Sanz es también persona cercana a José Bono. Quién sabe; yo pienso que a quien es cercano este general estrellado es a la ministra Chacón, de quien era asesor. Lo cierto es que, en "la Casa", tendrá que acometer tareas muy serias de reestructuración, y sus primeras declaraciones -tiene muchos conocidos periodistas, como resulta obvio al leer algunas columnas y al escuchar algunos comentarios- así lo abonan.
Que hay que cambiar la estructura directiva del Centro es un clamor. Que el actual director de Operaciones, teniente coronel Francisco Muro, era una persona excesivamente apegada a Alberto Saiz, lo mismo que la directora de Inteligencia, Raquel González, y, en menor medida, la secretaria general, es algo muy evidente. Como evidente es que no puede mantener su poder quien era la jefa de gabinete (y prensa) del hasta ahora director, Mercedes Pérez, una periodista que Saiz se trajo de Toledo y que experimentó un ascenso vertiginoso en el "edificio estrella" de la Cuesta de las Perdices.
Hay una reestructuración por acometer en los servicios contraterroristas, sobre todo nacionales, y en la estructura de captación de información y en la de análisis. Y en personal, y en seguridad, y... quienes hablan y cuentan acerca de lo que pasa en el Centro, y son muchos quienes lo hacen, aseguran que el CNI sigue funcionando por la alta cualificación de sus gentes, bastantes aún procedentes del "manglanismo", la era en la que el director del entonces CESID era el general Emilio Alonso Manglano, un personal aborrecido por Saiz y que le aborrecía. Pero reconocen que, bajo la dirección de este ingeniero técnico forestal, a quien, algo despectivamente, llamaban "El Guardabosques", el Centro se ha visto algo lastrado por una política de cierta prepotencia y cierta cerrazón.
Veremos si, por fin, Sanz Roldán sabe poner coto a excesos, secretismos injustificados y a una estructura que Saiz convirtió en demasiado piramidal, arbitraria y polémica. Desde luego, su nombramiento ha despertado no pocas esperanzas y ha cerrado conatos de discrepancia interna en el Gobierno, hasta recientemente dividido sobre la conveniencia de mantener o no a Saiz en el importante puesto en el que le colocó José Bono hace cinco años.

MADRID, 3 (OTR/PRESS)
Este primer jueves de julio, el día 2, ha proporcionado algunas informaciones largamente esperadas: la reducción del número de parados en más de 50.000, la dimisión del director del Centro Nacional de Inteligencia, Alberto Saiz, y su relevo por el general Sanz Roldán, el anuncio formal de que la central nuclear de Santa María de Garoña deberá cerrarse en 2013, o las declaraciones del presidente Zapatero sobre la ley educativa catalana aprobada la víspera por el Parlamento autonómico. Mucha información política coincidente en unas pocas horas.
De todas ellas, las noticias sobre Garoña y el CNI han sido las que más atención están reclamando. Garoña, porque, sin dejar satisfecho a nadie -ni a partidarios ni a detractores de esta forma de energía-, tiene ya fecha de cierre, terminando con una etapa de discusión sobre la conveniencia-inconveniencia de cerrar o prolongar la actividad de esa industria burgalesa. Con un dato que todos destacan: en última instancia, el cierre o continuidad de Garoña es probable que resulte determinado por los votos de los ciudadanos españoles en las generales de 2012, toda vez que si Zapatero revalida su condición de primer dirigente político del país, tendrá oportunidad de cumplir su anuncio, y si fuera Rajoy el vencedor, la central tendría alguna mayor continuidad..., salvo que el Consejo de Seguridad Nuclear opinara lo contrario, según ha puntualizado el líder del PP. Es decir, que seremos los españoles quienes, con nuestro voto, determinaremos si la central sigue o no en 2013.
De momento, esas elecciones, sin duda ya por sí mismas cruciales, han pasado también a tener una cierta consideración de referéndum: Garoña sí, Garoña no... Hasta entonces, durante estos tres años que aún quedan para las urnas, el Gobierno deberá esforzarse en buscar alternativas al empleo para el Valle de Tobalina, ahora mismo sumamente preocupado por su propio futuro económico. ¿Tiene alternativa la central para la zona? Tiene el Gobierno por delante cuatro años para desarrollar una buena alternativa económica.
No menos atención ha reclamado el relevo del director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Alberto Saiz. Sus explicaciones en el Congreso, en dos ocasiones recientes, tras verse criticado con severidad por informaciones, sobre todo divulgadas desde el diario El Mundo, que habían denunciado el empleo indiscriminado de dineros públicos y privados en aficiones personales, y parece que algunos encontronazos producidos con el titular de Interior, Pérez Rubalcaba, han sido las razones últimas para la sustitución del "designado por José Bono", y su relevo por el general Sáenz Roldán. Saiz, relevado por Sáenz. La controvertida biografía del primero, a cambio de la impecable trayectoria del general...
En esta materia, parece que hay mucha mayor coincidencia. Rajoy se ha mostrado satisfecho por la aceptación de la dimisión de Saiz, aunque quejoso porque no fue "consultado" sobre el nombre del sucesor, en la que le hubiera gustado participar. Resulta evidente que el relevado Saiz había llevado al CNI a situaciones nada gratas y probablemente de escasa eficiencia. Y hay coincidencia en que una institución de esa naturaleza debe caracterizarse, sobre todo, por la discreción y la eficiencia de sus mandos.
El tercer capítulo de la actualidad política lo constituyen las declaraciones de Zapatero sobre algunas otras materias de gran actualidad, como la ley educativa catalana. Zapatero ha invocado la buena situación política de la autonomía que preside Montilla, y es evidente que no quiere originar mayores tensiones con una declaración crítica. Dicho de otro modo, prefiere primar la paz social frente a una ley que suscita contrariedad incluso en el seno del PSOE...
También aporta una cierta "paz" sobre la futura ley del aborto, al proclamar que, "como es lógico, me gustaría que mi hija me consultara, en su caso, si decidiera abortar, cuando cumpla 16 años...". Zapatero aparecía, en estas manifestaciones, visiblemente satisfecho por el crecimiento del número de empleados registrado en junio. Un día variado en informaciones de relieve.
Lunes, 6 de julio
Agustín Jiménez
Alfonso Rojo
Ana Pastor
Andrés Aberasturi
Angel Calzada
Antonio Casado
Carlos Carnicero
Carmen Tomás
Cayetano González
Charo Zarzalejos
Consuelo Sánchez-Vicente
Esther Esteban
Fermín Bocos
Fernando Jáuregui
Francisco Muro de Iscar
Isaías Lafuente
José Cavero
José Luis Gómez
Julia Navarro
Lorenzo Bernaldo de Quirós
Luis Del Val
Mabel Redondo
Miguel Cancio
Miguel Higueras
Nava Castro
Pedro Calvo Hernando
Rafael Torres
Ramón Pi
Roberto Malestar Rodríguez
Rosa Villacastín
Victoria Lafora
ADIÓS AYER
Antonio Javier Vicente Gil
Manuel Molares do Val
11M
Carlos Ruiz Miguel
José Javier Solabre Heras
JUAN JULIO ALFAYA
Rufino Soriano Tena
Pedro Fernández Barbadillo
Vilagarcía na Rede