En La Romareda huele a muerto, huele a segunda división. La afición se esperaba que hoy podía ser ese punto de inflexión, ese borrón y cuenta nueva que permitiera salir del pozo del descenso, pero una vez más los jugadores han sido incapaces de sacar los tres puntos en juego. Ya no sé si es que ya no dan para más o que la situación les supera. Psicológicamente se les ve derrotados y hundidos, solo ha hecho falta ver a varios de ellos tendidos en el suelo, llorando de impotencia, cuando Jorge López ha desaprovechado la última oportunidad de partido.
Jueves, 31 de mayo