No hay problema sin solución
16.09.08 @ 11:02:18. Archivado en Análisis social
Cada día que pasa me convenzo más de que los milagros son posibles, todo pasa por creer en lo increíble y por conservar un trocito de esperanza amordazado en nuestro sentido común. El paso de los años me ha hecho más crédulo de lo sobrenatural, o dicho de otra manera, de cosas que pasan que no tienen explicación científica, por lo menos de momento, y que hacen que nos sintamos especialmente asombrados al descubrir que realmente han sucedido.
Conozco a una persona que de alguna forma tiene ciertos “poderes” que la hacen única a mis ojos, porque después de muchos años intentando reducir al absurdo muchas de las cosas que le pasan, he tenido que admitir que algo de milagroso tiene su influjo sobre los demás. Es posible que el modo de canalizar la energía sea diferente al resto de los mortales y ese hecho consiga un efecto sanador para aquellos agraciados hacia los que dirige sus efluvios.
No me negarán que en más de una ocasión habrán tenido la tentación de buscar ayuda externa para resolver algún problemilla, pero sin recurrir al facultativo para ello, sino dejándose llevar por los rumores o por el boca oreja de que hay un curandero, una brujilla o un chamán que puede solventar sus males.
Contamos con estudios de investigación que demuestran que, en líneas generales, son más creíbles los curanderos que los médicos cuando quien recurre a ellos lo hace por voluntad propia y, sobre todo, cuando el profesional de la salud titulado comunica al interfecto su incapacidad para seguir su tratamiento porque lo da por desahuciado. Es singularmente representativo que una persona enferma se coma, sin falta ni omisión, las galletas curativas que le prescribe el saludador y sea incapaz de tomar los medicamentos que le receta su médico de cabecera.
El espectro se abre mucho más cuando los problemas coquetean con la salud del alma, con el dinero, el trabajo o la pareja y no digamos si lo hacen con el sexo. Los entendidos en el tema aseguran que hay dos clases de magias, la negra que únicamente persigue hacer el mal mediante sortilegios y hechizos, y la blanca, que por el contrario pretende ayudar a los demás a través de sus conjuros.
Una y otra son utilizadas para conseguir beneficios o resolver problemas, ya sea a costa de que alguien pague sus males, sufra enfermedades, debacles, o bien conseguir mejoras, amor o dinero. Es impresionante que en todas las culturas florezcan estas artes y sean seguidas por una cantidad ingente de personas que creen en sus efectos. La santería cubana, el vudú haitiano, el camdomblé brasileño, el satanismo, el shamanismo, el curanderismo, los videntes, las brujas, todos ellos conllevan una fuerte carga de magias y esoterismo que hacen las delicias de millones de personas en el mundo entero.
Como cualquier religión, creencia ciega o fe, los que siguen estas corrientes ocultas que bordean los límites de lo imposible, las profesan sin un resquicio de duda. Algo de cierto o todo de cierto tendrán cuando después del paso de los años siguen en pie manteniendo su posición en el mundo.
La otra tarde, paseando por las calles de la capital del reino, en uno de esos relajos veraniegos, se me acercó un ciudadano que repartía unas pequeñas octavillas fotocopiadas, donde rezaba el siguiente titular: “El más grande e ilustre vidente africano Maestro Lassana, no hay problema sin solución”.
Me llamó poderosamente la atención que este vidente garantizaba sin ninguna traba, ni obstáculo, la resolución de cualquier tipo de problema, desde un conflicto de pareja, cambio de suerte, recuperación de un comercio que no vende, mejorar en el trabajo, ganar en el juego, superar la impotencia, ganar más dinero, aprobar un examen o superar una enfermedad crónica, y todo esto en menos de cuarenta y ocho horas. Su horario de trabajo de sol a sol.
De inmediato sentí el impulso de poner en sus manos la crisis económica española, las ciento y pico guerras que siguen activadas en la aldea global o que de una puñetera vez me cambie la suerte. Después de reflexionar un instante no me atreví a llamar, pero seguí pensando en que no hay problema sin solución.
Comentarios:
La realidad es inmensamente más grandeque la ciencia.
Lo que pasa es que el nombre de la ciencia es lo que hoy se usa más en vano y hay muchos logreros apuntados al carro de la ciencia y lo que quieren es mamadera de poder, de negocio, de prestigio o son unos científicos autistas.
en los otros terrenos de la realidad que nose acerca uno a través de la experiencia externa, de la verificación y de las matemáticas también sobreabundan los logreros, los uluminados...pero hay mucha realidad por decubrir y por aprender a manejar.
Es totalmente anticientífico considerar a la ciencia el único conocimiento y lo que ella descubre ña única realidad.
¿No les parece patetético oir a los político, a los banqueros y a todos los grandes enanos decir que LA E...
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José A. García del Castillo
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