Conciliación
26.09.06 @ 13:34:44. Archivado en Análisis social, Crítica Social
Últimamente estamos entrando de lleno en nuevas adaptaciones a la europea, para que luego se diga que los españoles no queremos ser unos definitivos y genuinos ciudadanos de la nueva Europa, después de haber sufrido y seguir padeciendo la moneda única, con todo lo que esto nos ha acarreado a los de a pie, subidas de precios en cadena, redondeos al alza en todos y cada uno de los productos que vamos a comprar y, todo ello, sin mediar para nada, incrementos de los salarios, en resumen, la moneda nos ha dado buenos disgustos e infinitas añoranzas de la divina y nunca olvidada peseta.
A esto, le vamos a sumar la entrada y salida de ciudadanos de la unión, para bien y para mal, encontrándonos en nuestras calles, trabajos y centros sanitarios, todo tipo de individuos que saben aprovechar al máximo las garantías que este maravilloso país ofrece a los comunitarios.
Si seguimos sumando, desde las instituciones académicas estamos padeciendo el cambio de los cambios, eso que se ha venido en llamar el acuerdo de Bolonia, aunque todavía está por ver qué significa realmente el llevado y traído pacto académico, porque a día de hoy todavía seguimos preguntándonos dónde nos llevará la convergencia de los títulos universitarios y nadie es muy capaz de hacer de visionario y adelantar un final a este largo y tedioso periplo.
Lo más innovador aun está por llegar, porque según parece los cambios no han hecho más que empezar, por lo que aducen los políticos de turno y los más avanzados en temas europeos. Desde la posguerra española, esa que hizo padecer hasta el límite de lo imposible a todos y cada uno de los que pudieron librarse de las emponzoñadas garras de la muerte, no tanto por las balas que ya se habían callado, sino por el puro hambre, venimos desarrollando un modelo de sociedad diferente, tan diferente que se hizo muy popular aquel dicho que esgrimían los que empezaron a visitarnos como turistas en los años sesenta “Spain is different”, surgido de lo espectacularmente distintos que éramos vistos por los ojos de esos avezados e intrépidos turistas de más allá de los Pirineos.
Posiblemente una de las cosas que más llamaban la atención, y siguen llamando en la actualidad, era nuestro sistema de vida diario, eso que ahora empezamos a criticar vehementemente, por lo menos algún que otro avispado, que ve con buenos ojos entrar en la convergencia del estilo de vida a la europea. Los años de posguerra forzaron a los más a buscarse la vida como podían y eso pasaba necesariamente por encontrar varios trabajos o trabajillos que pudieran dar algo más de holgura a la precaria situación alimenticia de la práctica totalidad de las familias españolas.
Desde entonces hasta ahora hemos arrastrado dignamente un sistema horario abracadabrante para la mayoría de los europeos, pero que a nosotros, quizás por el proceso de adaptación, nos ha ido bien. Somos capaces de trasnochar, cosa que nos gusta disfrutar por entero y sobre todo en las épocas estivales y, para colmo de bienes, madrugar y rendir en el trabajo durante la mañana y la tarde. Vamos, que se lo cuentas a un centro europeo y se le ponen los ojos como platos de pura sorpresa e incredulidad.
Como seguimos siendo diferentes y parece que lo que puntúa en la vieja Europa es no serlo, nuestros dirigentes se están tomando en serio lo de cambiar los horarios y que todos podamos tener las tardes libres, eso sí, madrugando un poco más que ahora, eliminando el almuerzo de media mañana, los cafetitos en grupo que se llevan la media hora y, por supuesto, suprimiendo las opíparas comidas del medio día con la consiguiente sobremesa.
Con estas simples medidas conseguiremos de un plumazo, acabar la jornada de trabajo hacia las cinco de la tarde y, a partir de ahí, contar con todo el tiempo del mundo para dedicarnos a lo que realmente nos interesa más en esta vida social del siglo veintiuno, a la conciliación familiar.
Por lo menos eso es lo que se supone que deseamos los españoles, al igual que se suponía que estábamos deseando contar con una moneda como el euro. Esperemos que no sea otro fiasco más de la nueva Europa.
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José A. García del Castillo
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