Observatorio para un espectador en ruta

Transición, traición y fraude

14.09.18 | 12:20. Archivado en política

Desde hace tiempo que España ha perdido el Norte y anda a la deriva. Para saber dónde nos encontramos nada mejor que hacer memoria y saber de dónde venimos por lo que bueno sería asomarnos a la historia con rigor, nunca con odio y empezar a ver la película desde el principio. A modo de reflexión rápida, me propongo hacer un breve recordatorio de cómo comenzó este periodo histórico bautizado con el nombre de la Transición, que permitió pasar de un Estado cimentado en los Principios Fundamentales, inspirados en el Humanismo Cristiano y en la Cultura Occidental, a otro Estado sin principio alguno de orden superior que quedaba bajo la tutela arbitraria y caprichosa de la casta política. En mi opinión los orígenes de la Transición más que turbios fueron sucios y para nada fueron ejemplo de lealtad con el pasado, comenzando por el cambio de viraje súbito del Rey designado por Franco, quien prestó juramento en estos términos: “Juro por Dios y sobre los santos evangelios cumplir y hacer cumplir las Leyes Fundamentales del Reino y guardar lealtad a los Principios que informan el Movimiento Nacional”. El juramento tuvo como colofón la siguiente interpelación: “Si así lo hiciereis que Dios os lo premie y si no que os lo demande”.
En el juicio de Dios no podemos entrar, lo que sí sabemos es que, a los pocos meses de este histórico acontecimiento, comenzaba el desmantelamiento del anterior régimen, haciendo volar por los aires los Principios informadores del Movimiento Nacional que recientemente habían sido jurados . A partir de aquí se hacen inevitables las siguientes preguntas ¿ Si el aspirante a suceder a Franco no se identificaba con tales principios por qué los juró fideidad? y ¿ Si se identificaba con ellos por qué al poco tiempo los dinamitó? En cualquier caso de haber existido un Cid Campeador entre los españoles del 1975 seguramente que a D. Juan Carlos se le habría exigido cuentas, al igual que le fueron exigidas a Alfonso VI
De todos es sabido que sin el juramento a los Principios Fundamentales no habría habido rey, pero también parece claro que la lealtad y el honor no podían faltar. Dada la trascendentalidad del asunto tenía que haber quedado muy claro que la operación de dar la vuelta al calcetín se había realizado con el máximo decoro por aquello de que “la mujer del Cesar no solamente debe ser honesta sino parecerlo”; pero pronto se pudo ver que las cosa no iba por ahí . Lo que importaba era el “qué y no el “como”. Se dio por buena la argucia legal sin que se hiciera diligencia alguna destinada a clarificar que la operación no había estado viciada en su origen.
La mayoría de españoles no solo mostraron su disposición a disculpar lo que fuera necesario, sino que se sintieron orgullosos de todo lo sucedido y como había sucedido, sin hacerse ningún tipo de pregunta al respecto, sin preocuparse por que razón y de que modo se estaba produciendo el vuelco, lo cual no deja de ser cuando menos una actitud irresponsable y lo más que uno puede decir es que España, la noble y señorial España hubiera merecido algo más.
Este fue el primer capítulo, breve pero intenso, de la transición al que habría de seguir otro no menos vergonzante protagonizado por las cohortes franquistas de aquel entonces El 18 de Noviembre de 1976 Las Cortes Orgánicas aprobaron el Proyecto de Ley para la Reforma Política, lo que suponía firmar su propia sentencia de muerte o como se ha dicho hacerse el harakiri. Se trata de un hecho insólito, tanto que desde fuera sus mismos rivales políticos casi no podían creérselo y aún hoy día después de haber pasado cuarenta años es difícil de explicarlo, porque suponía, nada menos, que los vencidos pasaron a ser los vencedores por obra y gracia de quienes habían ganado la guerra, tal y como se ha podido ver con el paso del tiempo.
Nunca en la historia universal se había visto un caso parecido. De nada había servido la sangre derramada en abundancia y generosamente de nuestros mártires, de nada la entrega y el sacrificio de nuestros héroes, como el del General Moscardó, que prefirió salvar a España antes que salvar la vida de su propio hijo. De nada había servido salvar la Civilización Cristiana de Occidente y a la Iglesia Española de las garras del comunismo ateo, de nada había servido la construcción de una España decente, próspera, reconciliada y en paz; de nada habían servido 36 años de trabajo, ahorro, sudor y lágrimas, por parte de un pueblo honrado y trabajador. De repente había terminado el tiempo de los grandes ideales de la España Una, Grande y Libre, para acabar volviendo a 1936. Comenzaban los tiempos del pragmatismo político, en que cada cual habría de ir a lo suyo, quedando España tristemente condenada al olvido.
El tercer capítulo de la historia de la Transición había de protagonizarlo el partidismo demagógico, preocupado sólo por los votos y el asalto al poder. Políticos y periodistas en una operación conjunta asustaron a la ciudadanía haciéndola creer que España estaba pasando por unos momentos críticos y que las circunstancias aconsejaban pasar página para que los españoles que lucharon por España pudieran reconciliarse. La falaz proposición contenía dos falsedades en una. Primero: No se puede meter en el mismo saco a los combatientes de los dos bandos, porque unos amaban a España y murieron por defenderla al grito de ¡Viva España, Viva Cristo Rey! Y había otros que no la querían y en la pancarta que enarbolaban podía leerse: ¡Viva Rusia y muera España!. Segundo: Tampoco es cierto lo de la reconciliación. La católica España de Franco estaba ya reconciliada porque había sabido perdonar, como no podía ser de otra manera y de ello podemos dar fe los que vivimos en esos tiempos. Es ahora cuando hay necesidad de reconciliación, es ahora cuando las provocaciones son constantes y los enfrentamientos sobre todo en Cataluña están poniéndonos al borde del precipicio. De todo lo que podía pasar nos había prevenido el Caudillo en su testamento; pero aún así, la falacia de políticos y periodistas al fin surtió efecto y en 1976 la Ley para la Reforma Política quedó refrendada por la ciudadanía
Llegados a este punto es preciso detenerse para hacer alguna puntualización, que podía llevarnos a cuestionar la legitimidad del Régimen de 1978, o cuando menos preguntarnos si tal vez no estamos ante un fraude. Sabido es de todos que la transición pudo hacerse porque se partió de un compromiso que tenía por base la reconciliación, ella habría de ser una condición de obligado cumplimiento para todas las partes. Esto implicaba correr un tupido velo y poner en práctica lo de borrón y cuenta nueva. Ni unos ni otros podían volver al pasado para exigirse mutuamente responsabilidades. Una especie de pacto de no agresión que de no cumplirse, como sucede en todos los acuerdos, podía poner en cuestión todo lo pactado.
El caso es que esta condición ni se ha cumplido, ni se está cumpliendo. Llevamos más de cuarenta años en que las izquierdas se vienen recreando en un revanchismo morboso, no exento de agresividad, falta de respeto para los que consideran sus eternos enemigos, los fachas proscritos, a los que humillan, insultan y persiguen; pero a pesar de todo, nosotros seguiremos perdonando por Cristo; aunque no por ello renunciaremos a defender nuestros legítimos derechos.
La Ley de Memoria Histórica ha rebasado todos los límites al pretender exhumar los restos del Caudillo del Valle de los Caídos. Por fin la fechoría fue refrendada por el Congreso el 13 de Septiembre sin ningún voto en contra de todos los miembros del arco parlamentario. Se dice pronto, ningún voto en contra.... y ¿ aún tendremos que seguir creyendo que el Parlamento Español nos representa a todos los españoles? ¿ que burla es ésta? ¿Qué está pasando? ¿Aquí solo vale lo que las izquierdas deciden? Por lo que se ve son ellos quienes pueden hacer y decir lo que les viene en gana, los demás a obedecer y cuidadito con hablar bien de Franco. La situación ha llegado a un punto tan insostenible, que si pronto no se pone remedio declarando inconstitucional a esta ley infame y sectaria, habrá motivos para pensar que aquí “todo vale” y ya sabemos que cuando se llega “al todo vale” es porque ya “nada nos vale”, incluido el régimen de la casta política de 1978.


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