Crónica agonizante (en negro)
15.11.07 @ 01:24:18. Archivado en Poetalia
I
Fui allí.
Al norte. Al país triste.
A la sombra oculta del roble y el druída.
Al naciente misterio de lo profundo y lo oculto
Lo ignoto y lo escondido,
Más allá de cualquier tiempo y cualquier nada.
Fui allí, al lugar recóndito donde los sueños de nácar
Se mezclan a escondidas con la luz pálida de la aurora y del alba.
Al recuerdo lejano de los ancestros rituales de magia.
Al aire del silencio y a la luna de plata.
II
Y tuve entre mis dedos el sabor, dulce, del encuentro,
La raíz de la vida, sólo durante un tiempo,
La hermética hermosura, perdida,
Entre las ramas del muérdago.
También fui a la arena dorada de la orilla
Del mar de tus sueños de niña,
Roto en mil pedazos
En el punto en que rompen las olas las espumas
Desnudas, sin tu piel, húmeda de reflujos,
Vaivenes de la marea
Que va y que viene desde el fondo.
Y vi el recuerdo azul de las gaviotas, mezclado
A borbotones, con regueros de sangre
Que mora los crepúsculos de colores sin risas,
Sin rimas ni esperanzas.
III
Luego vi las flores rotas de la amargura,
Los llantos de las madres en sus nidos,
Las pieles de los lobos colgando en los balcones,
Mecidas por la brisa, húmeda, de los suspiros,
Risas de las hienas.
Y tuve un negro encuentro con el réquiem de los muertos,
Música de viento silbando en las recámaras,
Estruendos de una noche gris y sin espejos,
Descalza y sin miserias.
Cuando el último de los locos contó sus pesadillas,
Mis carnes, desgarraron sus poros en pedazos.
Y tuve sueños.
Recuerdos de otros monstruos de tiempos no lejanos
Con la sangre de los justos pendiendo de sus labios.
Tiempo cruel, de lágrimas,
Con la sal seca de la saliva
Ahogando las palabras que nunca se dijeron.
Tiempo amargo, de mugre y desatinos,
De pan y desperdicios. Tiempo largo, demasiado largo.
IV
Y dibujó la muerte, de nuevo, su nudo en mi garganta.
Y me sentí solo, desnudo,
En medio de tu playa de flores amarillas, crisantemos,
Evocando, con rabia, las noches de noviembre.
Después y por último, al alba,
El trino amargo de los violines vibró trémulo en la obertura.
Misa solemne,
Misa sacra,
Inútil sacrificio de gloria con tonos de viola y coro
Doblándome las voces a contratiempo.
Glorias y aleluyas a la eterna nada.
Que nada es y en nada se queda.
La luz de los valientes que amanecen
No alumbra los rescoldos de la noche.
Los héroes de la patria de hojalata
Duermen en su almohada sus pistolas.
Reposan sus esfuerzos.
Epitafio
Yo vuelvo a mi sitio.
Al otro lado.
A la pálida luz de mis auroras,
A mi tiempo desnudo y siempre inacabado,
A mis versos y verdades,
A mis tardes doradas de luces del invierno cercano,
Al frío seco de mi llanura sin brumas,
Sin magia y sin druídas.
También sin sangre,
Salvo aquella que me envían los héroes de hojalata
En cartas sin remite,
Sin sello y sin destino.
Pero yo no las leo, ni me las creo.
Siento muy cercano su miedo y sus vergüenzas
Y cuento en la ventana, las tardes de noviembre,
La sangre de los muertos,
Los nuestros,
De uno en uno.
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Mi abrazo.
Manuel
Me voy del lugar donde la tristeza siempre llama
Me sacudo el polvo de las vivencias
Y me renuevo entera
Esta vez, el corazón puede quedarse si quiere
Yo me mudo a la razón para que se soplen mis velas.
perdona el silencio, estaba mutando, dejando a un lado la rutina...pero ya he vuelto.
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