¡ A desalentar, a desalentar...!
23.02.07 @ 01:33:41. Archivado en Reflexionando
La conjugación del verbo desalentar, transitivo y reflexivo a la par, produce, en cualquiera de su tiempos, una melodramática sensación de repeluco, o repelús, que acaba, tarde o temprano, por converger en desencanto. Chasco, desengaño, hastío, desilusión, decepción... ¿Aburrimiento?
Condicional perfecto o antepospretérito (antiguo potencial compuesto o perfecto): yo habría desalentado o yo me habría desalentado. Pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo o antepretérito de subjuntivo: yo hubiera o hubiese desalentado o yo me hubiera o me hubiese desalentado. Desalienta, en presente, conjugarlo. Y no es para menos ante la patética situación que se nos presenta a corto y medio plazo...
Nadie atisba, de los que tienen que atisbar, el horizonte más próximo, aunque sea una simpleza pueril o perogrullada; el horizonte nunca está próximo, si vas en su busca siempre se aleja. Pero aquí, nadie se quiere percatar de la situación. Y no está, precisamente, la situación, para hacer un alboroque.
Pasa, es más afirmo que reniega, el personal de lo que se ha dado en llamar “clase política”, sin clase. Recientes, tanto que aún humean, recuentos de sufragios emitidos, pronostican un incierto desasosiego sobre las apetencias del sufrido emisor de derechos democráticos por permutar campo o playa de domingo por colegio plebiscitario. ¡A las claras! ¡Que no convencen ni a dios, ni al diablo, con este afán, casi obsesivo, de reformas estatutarias de estatutos tiempo ha legitimados!
Con mi puñetera manía de evocar tiempos remotos, al menos en la memoria, me veo, tiempo atrás, en cabecera de aguerridas manifestaciones, siempre a porra reprimidas, gritando como un poseso “¡Libertad, Amnistía, Estatut d’Autonomía!” Supongo, a mis años, que lo de gritarlo en catalán no tenía otra acepción que lo de la propia rima, porque sino no lo entiendo. Y ahora menos. Al grano. Me considero eso que ahora los “retros” (hay una palabra más gráfica en el diccionario pero mejor no llegar a mayores) llaman “giliprogres”. A mucha honra. A brazo partido, con otros muchos, bregué, entre otras muchas cosas tal vez más importantes, por descentralizar un estado ogro que regurgitaba todo aquello que engullía en su propio beneficio, en el de sus adláteres. Conseguimos, nos lo ganamos a pulso, además de himnos y banderas, acercar el poder al ciudadano hasta casi tocarlo con la mano. Pareado aparte, la tierra creció con nuevas infraestructuras, nuevos caminos que, al menos en la mía, olvidada de siglos, crearon un cierto desarrollo y bienestar. Nos sentimos, por primera vez en mucho tiempo, parte de ella. Y nos felicitamos, con orgullo, por ello.
Pero la conjugación del verbo desalentar siempre está, latiente, aguardando tras la esquina. ¿En qué hemos desembocado? Lo que fuera manantial de esperanza, se ha convertido en encabritado río que todo lo arroya. Un monstruo de diecisiete cabezas con cientos de miles de bocas chupando de la misma teta. Un ejército apocalíptico que todo lo que pilla engulle en su propio beneficio. Y ya no regurgita. Fagocita y digiere a diestro y siniestro todo aquello que, por derecho, corresponde al que lo alimenta.
Pero que nadie se llame a engaño, y las pruebas, aún humeantes, me remito. La teta, a pesar de sus nuevos intentos de ordeñarla, se está secando.
Y yo me desaliento, tu te desalientas, el se desalienta..., porque ellos desalientan. En presente continuo.
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