Los dioses cazan...
29.01.07 @ 17:54:08. Archivado en κυνηγετικός
Además de su organización social, su arte y cultura únicas, los griegos se unen, básicamente, en torno a su panteón déico-mítico, común a toda la Hélade y más conocido como Mitología Griega.
Sus principales deidades tienen como primera generación a los hijos de Cronos, (el tiempo) y Rea, (la tierra), Zeus, Hera, Poseidón, Plutón, Démeter y Hestia, y como segunda generación a los hijos de estos, todos hermanos, Afrodita, Atenea, Apolo, Ares, Artemisa, Asclepio, Dionisos, Héfestos y Hermes. Una pléyade de dioses menores, héroes, (semidioses), ninfas, musas y seres mitológicos, completan el panteón más hermoso y rico en leyendas de todas las religiones de la antigüedad (y del presente).
La coexistencia de lo posible y lo imposible pervive en fabulosas leyendas en las que la venatoria aparece constantemente como fuente principal de sus devaneos. Los dioses aman la caza y transmiten su amor por ésta a los mortales confraternizando con ellos en su práctica y su arte. Artemisa, (mas conocida por su nombre romano de Diana Cazadora), y Apolo, su hermano, son los dioses cazadores por antonomasia. Una serie de semidioses y héroes, Teseo, Ayax, Jasón, Orfeo, Adonis, Cástor, (romano), Polux, (también), Orión, Esculapio, Ulises, Néstor, Meleagro, Telamón y otros muchos, reciben su magisterio cinegético y estos, a su vez, lo transmiten a los hombres. Orión el cazador, enseña a cazar por la noche, Acrisos el modo de cazar a pié, Polux la caza con perros, Cástor la caza a caballo y las técnicas de lazos y redes las imparte Hipólito. Mítica y a su vez lógica conjunción de lo divino con lo humano.
Leyendas Mitológicas.
Plena de un constante amor por la naturaleza y una pasión cinegética sin límites, toda la mitología se impregna de leyendas en las que el destino, mas bien predestinación, marca los actos de dioses y héroes dirigiendo su vida y su propia suerte hacia un premeditado final, casi siempre trágico y previsible. La lógica impone el favor y agradecimiento a los dioses antes y después de las partidas. La loa agradecida del retorno, casi siempre se torna en sacrificio.
Quirón, fruto de los amores de Cronos y la ninfa reina de los bosques, Filira, debe su nacimiento a los celos de Rea, esposa de Cronos, al descubrir los amores de éste con la ninfa. Perseguido por Rea, Cronos huye transformado en caballo llevando a su grupa a la hermosa Filira. De la unión de ambos nace un mítico animal con torso humano y cuerpo de caballo: Quirón el Centauro. Su inteligencia de hombre, mezclado con la fuerza y agilidad del caballo le convierten en el más experto cazador de los bosques. Su habilidad en el manejo del arco pone todas las piezas a su alcance y ninguna escapa de sus habilidades. A Quirón le cabe el glorioso y único mérito de haber enseñado el arte venatorio a todos los héroes mitológicos, entre los que destaca el inefable Aquiles, y en consecuencia a los hombres. Otro fornido cazador, diestro también en el manejo del arco y las flechas, Heracles, (Hércules), en su persecución por los bosques de un hermoso jabalí, hiere accidentalmente al Centauro, (quizá no tan accidentalmente sino celoso, como buen cazador, de las magnificas piezas que cobraba Qirón). La flecha de Heracles, impregnada por el veneno mortal de la Hidra de Lerna, provoca la trágica muerte de Quirón entre atroces sufrimientos. Trágico destino.
El joven y hermoso Adonis sufre el desconsuelo de su amor por Afrodita, (la Venus romana). En su intento por seducir a una de las más hermosas de las diosas, se propone dar caza con sus propias manos y cuerpo a cuerpo a un magnífico ejemplar de jabalí. Cuando está a punto de vencer a la fiera, ésta hunde sus enormes colmillos en el costado del joven que muere desangrado. El jabalí en realidad no es ni más ni menos que Ares, (Marte romano, dios de la guerra), que también locamente enamorado de Afrodita y celoso de Adonis, se transforma en la fiera para dar muerte al apuesto Adonis. Destino trágico.
Artemisa, (de la que ya hablaremos), en el momento de ser concebida por su padre, Zeus, recibe de este armas y perros de caza. Es la auténtica diosa de la caza, entre otras atribuciones.. En una disputa de cazadores, por la propiedad de las piezas venatorias, Meleagro mata a su propio tío. El castigo de la diosa por el crimen, le cuesta la propia vida.
El mejor discípulo de Quirón en el arte de la caza en persecución es Acteón. Artemisa se baña desnuda en un estanque rodeada de su séquito de ninfas. Entre la maleza Acteón la observa absorto y enamorado. La diosa virgen, (también es diosa de la virginidad), le descubre e indignada por la obscenidad lo transforma en ciervo y lanza tras él su jauría de perros para que lo cacen y lo desgarren. Perdonado Acteón, acompañará, como ciervo, siempre a la diosa, (multitud de representaciones de la diosa, con el ciervo entre sus piernas, lo atestiguan).
El mítico y avariento rey Agamenón −que dirigió como rey de Micenas la unificación de los griegos para cruzar el Egeo con el fin de controlar el comercio de Troya (con el ardid de recuperar a su cuñada, la casi divina Helena)−, también sufre las iras y venganzas de Artemisa y está a punto de sacrificar a su propia hija, Ifigenia, por cazar una cabra del séquito de la bella y temible diosa −el destino de Agamenón, sin duda, era el sacrificio de Ifigenia, que sucumbirá en al ara para calmar los vientos que impedían a los griegos partir hacia Troya−. Pero esa es otra historia…, de hermosas leyendas, espléndidos cazadores y trágicos destinos.
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