
04.09.07 @ 02:21:34. Archivado en Nullius in verba
Desde el fondo del viejo callejón apenas pueden las estrellas rebasar los aleros carcomidos del tejado. Abocadas el vacío, las tejas contemplan a sus pies el brillo macilento de las piedras engarzadas y aferradas al suelo, escribiendo, en arcanos mensajes cifrados, los resquicios que la historia ha recopilado bajo los pasos que durante siglos hoyaron y pulieron sus aristas. Nada queda al azar. Desde el principio de la cuesta, que perfila un perfecto marco de contraluz sobre el fondo de Alfileritos, un suave tobogán se desliza hasta el esbozo de plaza que dibujan sus cuatro esquinazos. Remanso intenso de paz entre la maraña de callejas, pasajes y pasadizos que desde los Cobertizos desemboca su insinuante sinuosidad en la cuesta del Cristo de La Luz, mágico y exótico entorno en el que se entremezclan, en armonioso y hermoso mestizaje, las sangres que el tiempo quiso amalgamar bajo sus herraduras. Mezquita del Cristo de la Luz. Le falta sinagoga al nombre pero, seguro, la tiene. O al menos jardín judío
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13.06.07 @ 02:22:59. Archivado en Nullius in verba
Descubrió, sentada en la orilla, que los gestos tibios del agua, sus guiños y sus requiebros, apenas pintaban de gris la plata de los reflejos del alba.
Cada mañana refrescaba sus pies y sus sonrisas arropada por el arrullo fresco del arroyo adormecido que lentamente serpenteaba entre los guijarros. Su piel, desnuda, alborotaba el cálido canto de los verdejos y las oropéndolas. Miraba al sol tejiendo un mapa de luz y de armonías que se desperezaba entre púrpuras bostezos y turquesas desgajados. Y el gélido céfiro, desperdigado en sus poros, enervaba sus placeres hasta el borde del espasmo. Nada era que no fuese y ya no hubiese sido. Todo era placer y sensación, goce irrefutable de los sentidos, naciendo con la aurora. Era luz y era deseo.
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O cuarenta, o tal vez más…
Los mitos nunca mueren. Pero se descomponen en vida y hieden el tufo de la impotencia, del fue pero no es, del quiero querer pero sólo soy la sombra de un fantasma del recuerdo. ¡Pero, joder, qué recuerdo!
Cuando la armónica, desgarrada, rasgó el aire de la incipiente y tormentosa noche, cargada en agua, desgranando las cuentas de una ancestral plegaria, léase blues, seguida de una guitarra áspera, que quería, tal vez, llorar nostalgia…, en las caras de unos cuantos, unos dos mil y pico, quedó grabada, como marcada, la antigua expresión de estado de gracia de los tiempos de Wright o Woodstock, felices y esperanzadores tiempos. ‘¡El cielo puede esperar!’ Al menos un rato más, me dije, Ian Anderson está, hecho carne, entre nosotros.
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09.05.07 @ 02:31:56. Archivado en Nullius in verba
Anoche, el cielo era pequeño y lo escondí entre mis manos. Jugué a ser dios entre las macetas y me perdí entre el humo sucio de una taberna sucia y maloliente de vino agrio. Jugué a la risa con las estrellas y me acosté desnudo entre los pastos, en las pajas de los pajares, entre el heno y el arroyo, al pie, justo, de los misterios de una noche bendita, sin sueño, e interminable. Jugué a dirigir el alba hacia otro lado, a pintar con aguardiente el resquemor del silencio, a fundirme en el refajo y en las sayas con hedores de sudor interminables, con sal y salvia por los rincones, con lunas negras y sin sus reflejos.
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21.04.07 @ 19:53:15. Archivado en κυνηγετικός
En los orígenes de Roma como civilización, la práctica de la actividad venatoria era libre y practicada independientemente por ciudadanos o esclavos.
Por su origen ganadero, los originarios forjadores de Roma, desde el mismísimo Rómulo (según la tradición), hasta los ciudadanos de los pueblos, primero aliados y luego sometidos, practican la caza en la libertad más absoluta y sin ningún tipo de veda, bien como sustento, bien como manjar cinegético o esparcimiento deportivo. Sin embargo, con la propia evolución política y social que sufre la República y el cambio de sus costumbres hacia sistemas “más refinados”, esta práctica generalizada empezó a considerarse, con el tiempo, como algo “indigno de hombres libres”, relegando y obligando su uso exclusivamente a los esclavos. Salustio, (siglo I a.C.), en su obra Catilina, califica la actividad cinegética de “trabajo civil”, impropio del cursus honorum (etapas que tenían que pasar los nobles para alcanzar las magistraturas superiores).
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28.03.07 @ 12:51:46. Archivado en κυνηγετικός
Para unos, los primeros, fue mera supervivencia. Para otros fue su esencia, un fin con el que, de una forma u otra, ganaron su sustento, loaron y celebraron la realeza y el poder, expresaron sus más intimas sensaciones y sentimientos; pero todos encontraron en la naturaleza y en su ancestral lucha del hombre por dominarla, una fuente de inspiración que nos ha legado auténticas obras de arte con un denominador común: la caza en todas sus manifestaciones.
El animal, compañero inseparable del humano en su periplo histórico, si en un principio se presenta como un adversario, con el tiempo se convierte pieza indispensable en el proceso de evolución. El dominio de los elementos naturales, principalmente el fuego, suponen un cambio básico en el proceso evolutivo que, con el cambio a una alimentación carnívora, implica la necesidad imprescindible de cazar para sobrevivir y evolucionar. Con el tiempo, la fiera será aliado, fuente de comunicación con lo desconocido, los dioses, al ser ofrecido en sacrificio y protagonista del rito de la vida y su máxima expresión: el arte.
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12.03.07 @ 10:46:23. Archivado en κυνηγετικός
…que en el año del Señor de 1013 siendo conde de Castilla Sancho García –según otros autores Sancho Fernández, hijo del fundador del Condado, conde Fernán González–, habiéndose enamorado su madre, Doña Sancha –también llamada Doña Oña–, viuda del Conde, de un rey moro –para muchos autores el mismísimo Almanzor– quiso, ante la oposición de su hijo a sus amoríos, envenenarlo durante un festín con la ayuda de una sirvienta.
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23.02.07 @ 01:33:41. Archivado en Reflexionando
La conjugación del verbo desalentar, transitivo y reflexivo a la par, produce, en cualquiera de su tiempos, una melodramática sensación de repeluco, o repelús, que acaba, tarde o temprano, por converger en desencanto. Chasco, desengaño, hastío, desilusión, decepción... ¿Aburrimiento?
Condicional perfecto o antepospretérito (antiguo potencial compuesto o perfecto): yo habría desalentado o yo me habría desalentado. Pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo o antepretérito de subjuntivo: yo hubiera o hubiese desalentado o yo me hubiera o me hubiese desalentado. Desalienta, en presente, conjugarlo. Y no es para menos ante la patética situación que se nos presenta a corto y medio plazo...
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07.02.07 @ 02:11:51. Archivado en Poetalia
Capté la luz tras la esquina negra de un desencanto amargo,
Donde nunca y mañana conjugaron, sin verbo, su intemporal destino
En “abismal mirada” que perdieron tus besos a lo largo del camino.
Capté la prisa que desde el viento gélido desprendía tu risa,
El azul amargo de tus “sonidos inconexos”
Y la voz inaudible del odio y del olvido.
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02.02.07 @ 02:03:56. Archivado en Reflexionando
Un quiste de moralina entorpece la circulación justo al lado del pómulo, casi debajo de la oreja. No es grave, pero está afectando, notablemente, a la visión periférica obligando a mirar sólo en una dirección. Y de frente el problema se simplifica, se evitan los embates directos y se salvaguarda, de una forma u otra, la integridad. Pero cuando llegan de costado..., se estampan todas en la misma mejilla. Y además, y para colmo, está la más que famosa conciencia, que no consciencia, que empuja, instintivamente, a poner la otra...
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29.01.07 @ 17:54:08. Archivado en κυνηγετικός
Además de su organización social, su arte y cultura únicas, los griegos se unen, básicamente, en torno a su panteón déico-mítico, común a toda la Hélade y más conocido como Mitología Griega.
Sus principales deidades tienen como primera generación a los hijos de Cronos, (el tiempo) y Rea, (la tierra), Zeus, Hera, Poseidón, Plutón, Démeter y Hestia, y como segunda generación a los hijos de estos, todos hermanos, Afrodita, Atenea, Apolo, Ares, Artemisa, Asclepio, Dionisos, Héfestos y Hermes. Una pléyade de dioses menores, héroes, (semidioses), ninfas, musas y seres mitológicos, completan el panteón más hermoso y rico en leyendas de todas las religiones de la antigüedad (y del presente).
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28.01.07 @ 04:01:41. Archivado en Reflexionando

Hay otros jóvenes. Perdón, vaya por delante mi exculpación y contrición ante los que, muy probablemente, se sientan zaheridos por la comparativa. No es mi pretensión crear litigios sobre un tema tan escabroso, escalofriante, casi escatológico y completamente ilógico −aunque sea la lógica de un ámbito asocial, maltrecho, el que lo haya provocado− como es el tema de los jóvenes, y no tan jóvenes, de Alcorcón. Repito, sin acritud, hay otros jóvenes que no son los de Alcorcón.
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