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Halina Birenbaum superviviente del Holocausto en Vitoria-Gasteiz

27.04.18 | 17:59. Archivado en Autor

Halina Birenbaum, superviviente del Holocausto: “la gente no aprende de la Historia, solo aprende Historia.”


Halina Birenbaum nació en septiembre de 1929 en Polonia. Siendo muy niña vivió el horror del gueto de su Varsovia natal. El coraje y valentía de su madre logró demorar hasta el límite su deportación y posterior peregrinar por los campos de concentración nazis. Desde los trece a los quince años pasó por los Campos de Majdanek, Auschwitz, Ravensbrück y Neustadt-Glewe, de donde fue liberada en la primavera de 1945.

En 1947 emigró a Israel donde rehízo su vida, se casó y tuvo dos hijos. En 1964 comenzó a escribir sus recuerdos que salieron publicados tres años más tarde bajo el título “La esperanza es la última en morir”. Después se han sucedido otras publicaciones de prosa y poesía, y artículos varios.
Un hecho importante en su vida ocurrió en el verano de 1986, cuando, tras cuarenta años de ausencia, regresó a Polonia y visitó los Campos de Concentración. Fue una dura prueba en la que vivió el ejercicio de conciliar pasado y presente, recuerdos y realidad. Halina define en su primera obra los campos de Concentración como “un símbolo de la victoria de Satán”.
En el 2001 el Consejo Polaco de Cristianos y Judíos le otorgó el título de “Persona de la Conciliación 2001” y la pasada semana su ciudad natal la reconoció como “Hija Predilecta de Varsovia”.

Desde hace años se dedica a ofrecer su testimonio especialmente a los jóvenes, y de forma reiterada en Alemania, Polonia e Israel. La Asociación vasca de profesores de religión en la escuela pública, GARENOK, con la colaboración de la Asociación Havtajá, ha organizado en Vitoria-Gasteiz la visita de Halina Birenbaum a España, en la que los principales actos han sido un concierto por la Paz a cargo de dos coros juveniles, el Iradier Gazte y el Doinuz Blai, bajo la batuta de la directora Leire Betolaza, y dos conferencias en el Palacio de Congresos Europa, en las que intervino también Marta Simó, experta en el tema del Holocausto, doctoranda en la Universidad Autónoma de Barcelona con la Tesis: “La población española y su encuentro con el Holocausto”. Además Halina tuvo varios encuentros con jóvenes en centros escolares de la capital alavesa.


Entrevista

Los hombres le dieron motivos sobrados para no creer en Dios, o al menos para repudiarlo. Pero, después ¿Le ha dado Dios motivos para creer en Él?
No. Mi experiencia fue tan dura que no quiero pensar en la existencia de un Dios. Cuanto vivimos en el gueto, cuando fuimos trasladados en los trenes, sufrimos tanto … Mi familia era religiosa y cumplidora. Y así me educaron. Pero cuando llegué a los campos de concentración y vi y viví todo aquel horror no pude creer en Dios. Creo en las personas, pero no soy creyente.

“Lágrimas” es una palabra que ha estado presente en su vida en muchos momentos y de muchas maneras. Muchas personas han llorado con el relato del Holocausto pero sin haberlo vivido. A veces esas lágrimas han llegado a incomodarle, como confiesa en su libro, ¿Por qué?
Esas lágrimas me han incomodado porque yo no tuve lágrimas. Yo no podía llorar, con todo aquel sufrimiento yo no podía llorar. Recuerdo que lo que teníamos que hacer era escondernos, pagar un dinero que no teníamos para conseguir favores o un trozo de pan. Recuerdo a mi madre siempre mostrando tranquilidad, fortaleza, serenidad, y nunca lloraba. Yo no pude llorar. No había lágrimas. Nos prometían un mundo mejor que nunca llegó. Mi madre era todo para mí.


Cuando decidió ofrecer su testimonio al mundo, la juventud ha sido su público preferido. ¿Cómo conecta con esas generaciones para las que lo que usted vivió es, como mucho, una página de su libro de Historia? ¿Siente que lo que usted les dice les llega con fuerza y actualidad?

Cuando escribí mi historia lo hice a mano, en polaco. Y cuando volví a releerlo vi que era una experiencia muy fuerte, pero yo no me veía tan fuerte como para haberla vivido. Sí creo que llega mi relato a la juventud. En Israel se tardó diecisiete años en publicar mi primer libro. Se editó primero en Polonia.

En esta sociedad de la abundancia cómo llegar a entender la trascendencia de un pedazo de pan duro, un caldo de agua con colinabo, un lugar donde estirar las piernas, …
Yo solo puedo contar lo que recuerdo que viví. Cuando no teníamos nada para comer, cuando nos quitaban toda la ropa, o nos pegaban, cuando no teníamos sitio ni siquiera casi para sentarnos. La mayor privación la sentí cuando me separaron de mi madre, y gracias a mi cuñada que me acogió y cuidó como una madre pude salir adelante. Para acceder a la comida necesitabas una escudilla y sin ella no comías, pase semanas enteras sin comer. Y en los días de encierro en el bunker del gueto a veces nos conformábamos con un terrón de azúcar para pasar el día.

Por desgracia la humanidad no aprende de los errores del pasado y desde la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días se han seguido sucediendo los genocidios, el asesinato indiscriminado de inocentes por razón de su raza, su credo, su forma de ser o de pensar. Los horrores del holocausto se siguen sufriendo en algún lugar del mundo. ¿Qué pensamiento le viene a su cabeza con estos hechos?
Pienso que la gente no aprende de la Historia, solo aprende Historia. No aprendemos del Holocausto. A veces en esas circunstancias lo que se aprende es a ser peor. Se aprende a luchar, a matar. Y cuando se odia y se quiere más de lo que necesitamos y además no se dialoga, es cuando se evidencia que no aprendemos del Holocausto. Por desgracia los jóvenes solo aprenden Historia, cuando lo que tendrían es que aprender DE la Historia.

¿Qué palabra diría a los dirigentes del Mundo que levantan muros, alambradas, que crean guetos, que cierran fronteras o las blindan con armas hasta los dientes en este 2018?
No creo que les tenga nada especial que decir. Yo cuento lo que pasó, cómo fue aquello. Les muestro cómo cuando llega el odio ocurre lo que ocurrió. Muchas veces los políticos se mueven por intereses. Yo no soy una persona que tenga poder para decirles nada, me limito a contarles lo que viví y sus consecuencias.

Acaba de volver a su Varsovia natal para recibir el título de hija predilecta. ¿Cómo ha sido este regreso? ¿Ha vuelto a visitar los campos de concentración después de aquel verano del 86?
Grande. Una gran experiencia. Después de 50 años viviendo en Israel, con solo dos días en Varsovia he sentido volver a casa, las calles, el aire, he vuelto a recuperar los recuerdos. Y sí, he vuelto a visitar los campos de concentración, hoy me siento fuerte para ello.

Después de todo lo vivido y con la perspectiva de los años ¿cree que otro mundo mejor es posible?
Si fue posible el Holocausto, si fue posible todo aquel horror quiero pensar que todo es posible, también un mundo mejor.


Non solum sed etiam

Un placer y un honor haber compartido diversos momentos con esta mujer que ha vivido para enseñarnos que en esta vida más que aprender Hª hay que APRENDER DE LA HISTORIA; nos ha venido a contar que cuando el odio y la falta de diálogo se instalan en la vida de las personas y de los pueblos el resultado es un holocausto; nos ha venido a trasladar que a veces las religiones no tienen todas las respuestas; y también que en medio de la miseria, la inmundicia, el barro, … un gesto de amor puede devolver la esperanza para seguir viviendo; y por último, que si somos capaces de lo más rastrero como raza humana, también lo somos para lo más sublime, luego cada cual elige.


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