Non Solum Sed Etiam, el Blog de Txenti

Atentado a la Virgen Blanca 36 años después

08.03.18 | 00:08. Archivado en Autor

El 8 de marzo de 1982 una mujer también era protagonista de los informativos de ese día y de las portadas del día siguiente. Después de 36 años muchos vitorianos y devotos de la Patrona de la ciudad siguen preguntándose ¿Por qué? ¿Qué buscaban conseguir con aquel acto vandálico? ¿Cómo se las arreglaron y entre cuántos consiguieron precipitar la imagen desde la hornacina hasta el suelo de la balconada? Rescatamos de la memoria de algunos alaveses los sentimientos y las consecuencias que el atentado contra la Virgen Blanca de Vitoria tuvo lugar en la madrugada del 8 de marzo de 1982.


Joaquín Jiménez, además de conocido etnólogo alavés, en aquella década fue abad de la Cofradía de la Virgen Blanca: “siempre he estado vinculado con nuestra Madre, desde que nací la tenía en frente (vivía en la calle Mateo Moraza) y me bautizaron en las primeras vísperas de su día un 4 de agosto. ¿Que cómo recuerdo el día en que rompieron la imagen de nuestra Virgen Blanca? Como un día de mucha tristeza, de mucha pena, nos habían dado en lo más profundo del vitorianismo, eso sin hablar desde la perspectiva cristiana. Recuerdo sobre todo, la respuesta de los vitorianos ese día y, sobre todo, con la respuesta en el especial Rosario de la Aurora unos días más tarde. Es un acto religioso que hasta entonces pasaba sin pena ni gloria, y, aunque la multitud de vitorianos que acudimos era grande, había mucha tristeza en las caras y la Eucaristía que se hizo al terminar el rezo del Rosario fue muy especial. No nos imaginábamos que iba a ser una respuesta multitudinaria que a día de hoy sigue en pie.”
Y si los autores de aquellos hechos pudieran escucharle ¿qué les diría? “Que parece mentira que con la Madre de Dios, tan buena Madre, hicieran eso. Que si pretendían atentar contra un símbolo de la ciudad, algo tan nuestro, consiguieron una respuesta que a día de hoy está a la vista, con la presencia de tantos vitorianos en el Rosario de la Aurora, de hecho las fiestas de la ciudad son en su nombre. Que la única pena en todo esto es que se tuvo que proteger a la Virgen con cristal blindado.”

El párroco de San Miguel en aquellos años era Félix Uriarte, que en aquellos días se preguntó en más de una ocasión cómo no llegó a oír nada viviendo en la casa parroquial. Félix Nuñez, otro sacerdote que años más tarde ocuparía el mismo cargo, recuerda que se enteró por la radio, pero en su memoria no se borrará la respuesta de la gente. Para cuando la policía acordonó la zona, y antes de recoger los pedazos de la imagen esparcidos por la balconada, la cabeza decapitada había sido rodeada de ramos de flores, y más, recuerda Félix: “a partir de aquella idiotez el Rosario de la Aurora se puso a tope”. Pocos días más tarde, el 14 de marzo, se organizó un Rosario de la Aurora fuera de su tradicional fecha, el 5 de agosto, y la afluencia de personas marcó un antes y un después en esta tradición vitoriana. El 5 de agosto de 1982, el recuerdo de la imagen en el suelo, volvió a repetir un lleno absoluto de la plaza al finalizar el recorrido del Rosario de la Aurora.

En el año 1997 se convirtió en la primera abadesa en la historia de la Cofradía de la Virgen Blanca, pero en el 82 Cristina Fructuoso estaba delante de los micrófonos de Radio Vitoria, y así recuerda aquel acontecimiento que conmocionó a la ciudad: “aunque tuvo una repercusión mediática creo que fue mayor la repercusión emocional de las personas por todo lo que representaba para la gente sencilla. Si sucediesen hoy esos hechos se destacarían más como un atentado contra el patrimonio artístico. Pero entonces, aún todavía, tenía más peso el aspecto emocional, devocional.”
Cristina recuerda también cómo a partir de esa fecha se fue gestando las medidas de seguridad que posteriormente se adoptaron con el cristal antibalas. Esta medida evitó sucesivos ataques que se llevaron a cabo. El 24 de julio de 1984 se lanzaron contra la hornacina tres botellas llenas de pintura. A raíz de entonces se adoptó la decisión que ya se venía gestando, proteger la talla con un cristal semicilíndrico que fue colocado en septiembre de 1985. El cristal evitó más daños en el ataque del 6 de agosto de 1986 y en el siguiente en enero de 1987, dos fechas en las que hubo agresiones que sólo afectaron al cristal, que tuvo que ser sustituido. Por último el 10 de junio de 2013 un fuerte impacto en el cristal provocó un nuevo recambio que se llevó a cabo a primeros de agosto del 2014.
El actual Abad de la Cofradía, Ricardo Sáez de Heredia rememora aquellos hechos y dirige unas palabras a sus, hasta hoy, desconocidos autores: “Lo recuerdo con connotaciones de actos vandálicos, con intención de romper la convivencia. Consiguió una repulsa masiva de ciudadanos que nos sentimos atacados y heridos, pero no nos remataron. Todo lo contrario, a partir de ese momento, un lunes muy triste, todos los actos en honor a nuestra Patrona, reflejaron una asistencia participativa y viva, que gracias a Dios, hoy sigue siendo un estímulo más, para mirar a la Hornacina, y decirle a la Madre, Rogad por la Ciudad.” Aquellos acontecimientos quedaron recogidos en un libro: “En el libro queda expresión gráfica y de agradecimiento a los que actuaron para que el daño fuera reversible. Desde entonces, se procedió a proteger la imagen con un cristal anti vandálico, que hoy es móvil, y lamentablemente, en el tiempo, se han producido incidentes de pintura y de algún objeto arrojado por personas que, supuestamente, no saben beber. Y es que el alcohol hace estragos con uno mismo y hacia los demás”.

Ricardo tiende la mano a los autores de aquellos hechos: “El perdón y la acogida son signos de nuestras creencias. Difíciles de realizar, pero necesarios. Pues si hacemos y acogemos sólo a los que nos lo hacen, que mérito podemos tener. No sería la primera vez en mi vida que alguien se acerca para decirme actos que realizaron de manera inadecuada hace tiempo y de los que hoy están arrepentidos. Sería una oportunidad para ofrecerles lo que hacemos y explicarles porqué lo hacemos. Les diría, que Dios escribe derecho con renglones torcidos, y que en esta vida estamos de paso. Podemos pasar por ella, haciendo bien o mal, a nosotros mismos y a las demás personas. Les invitaría a conocernos y si les parece, vivir el resto de su vida desde la Cofradía de la Virgen Blanca, desde la cual, también se puede hacer Ciudad y convivencia.”

Todos los entrevistados recuerdan de manera especial la respuesta de la ciudad, de los ciudadanos, y es que la devoción a la Virgen Blanca en Vitoria siempre ha trascendido a lo meramente religioso, y prueba de ello es la anécdota de la que, quien suscribe este artículo, fue testigo: El día del atentado a media mañana en una céntrica panadería de la ciudad un señor de avanzada edad dijo textualmente “si pillo a esos hijos de puta no sé qué les hago, porque a MI Virgen Blanca NO la toca ni Dios”. Poco después supe que ese hombre era un comunista de pro, de los que ni en tiempos del Dictador se había desecho del carnet del partido, el PC. De los que ni pisaba la Iglesia ni intención que tenía de pisarla ni con los pies por delante. De los que para él la Iglesia era una cosa y SU Virgen Blanca, otra muy distinta.

Habría que señalar también que a consecuencia de aquellos hechos hoy la ciudad cuenta con dos imágenes de la patrona, una réplica exacta de la original que ocupa la hornacina y la imagen restaurada que puede visitarse actualmente en el Museo de Arte Sacro.

A pesar del descenso de la religiosidad en la sociedad vitoriana, los actos en torno a la patrona de Vitoria mantienen un alto nivel de participación ciudadana, quizá porque para muchos vitorianos SU Virgen Blanca es mucho más que una imagen de piedra.
De los sentimientos y reflexiones suscitados por el atentado se hizo eco el entonces obispo de Vitoria, y vitoriano de nacimiento, José María Larrauri.
Estas son algunas frases de la carta del obispo tras el atentado:
“Los causantes del atropello sacrílego han herido los sentimientos religiosos de todos los vitorianos que, desde hace siglos, consideran vinculada a esta sagrada Imagen su propia historia personal y la colectiva de la ciudad de Vitoria.”
“Preferimos figurarnos, porque queremos ser benévolos con vosotros, que haya podido ser el alcohol, la ignorancia o la inconsciencia lo que os moviera a realizar semejante atrocidad.”
Dos días más tarde se celebró una misa en San Miguel y en la homilía monseñor Larrauri volvió a referirse a los autores del derribo de la imagen:
“los que hicieron esto se olvidaron de algo importante, de que el verdadero templo donde vive María La Blanca es el corazón de cada hijo de Vitoria. Destruyeron la imagen venerada pero no han podido arrancar el amor y la fe que los vitorianos tenemos a la Madre de Dios, La Virgen de las Nieves.”
Una parte de la homilía fue de mirada autocrítica a la comunidad cristiana de Vitoria, pero también una llamada a la paz, a la convivencia y al perdón:
“No alegraríamos el corazón de María irritándonos, perdiendo la paz y pidiendo venganza. María sabe mejor que nadie cómo hay que perdonar siempre. Perdonemos también nosotros.”
Concluía sus palabras deseando encontrar un efecto positivo de los hechos:
“Bendito atentado contra la imagen de María si él nos ayuda a despertar de nuestros letargos, nos estimula a valorar más a nuestra Madre, nos acucia a ser mejores cada día y a hacer de nuestro Vitoria un pueblo que sabe progresar al unísono en lo material y humano, en lo espiritual y cristiano.”

Non solum sed etiam

Alguno quizá se pregunte por qué traer a colación este año aquel atentado si no se cumple ningún aniversario redondo (los 25, los 50 años), ni siquiera los 40.
Digamos que la “casualidad”, o quizá “diosidad”, han permitido recuperar unas preguntas que siguen sin respuesta y otras que surgen al repasar aquellos días.
La pregunta principal es ¿Por qué lo hicieron?, pero hay otras no menos importantes. ¿Cuántas personas participaron? ¿Eran solo hombres o solo mujeres, o un grupo mixto? ¿La fecha del 8 de marzo fue casual? No olvidemos que María como modelo de mujer no convence a todo el mundo. Lo de esclava, ni aunque sea del Señor, tiene buena prensa. Lo de Virgen tampoco. Y aquellas décadas había un fuerte movimiento anticlerical y lo de atacar a la Iglesia, en algunos círculos estaba bien visto. (no hemos progresado mucho) ¿Cómo se las arreglaron para rodear, muy probablemente con una soga larga, la imagen? Y desde los dos extremos hacer fuerza para sacar la imagen de la hornacina. ¿A qué hora sucedieron los hechos y por qué nadie les vio en un lugar tan abierto y transitado casi a cualquier hora del día y de la noche? ¿Cómo es posible que no quedase ninguna pista de los autores? Y si quedaron, ¿desaparecieron?
Toda una batería de preguntas por contestar, si alguien tiene las respuestas siempre quedará la puerta abierta para conocer la verdad, porque “la verdad os hará libres”.
Y aprovechando el 8 de marzo, sin dejar de reivindicar la eliminación de cualquier injusticia que prive de derechos a cualquier persona, o que ponga a nadie por encima de nadie, creo sinceramente que la lucha de esta sociedad respecto del papel de la mujer no ha de centrarse tanto en cotas de poder como en el reconocimiento de las capacidades de cada ser humano. Porque el mundo siempre lo han cambiado no las personas que tenían poder para cambiarlo, sino las que fueron capaces de hacerlo. Y María de Nazaret es un paradigma de ello, aquella niña de 15 o 16 años no tenía poder, sino capacidad para cambiar la Historia de la Humanidad, y con un solo “fiat” lo hizo posible. Desde el cristianismo se proclama que nadie tiene que dar carta de naturaleza a una igualdad de derechos ente hombres y mujeres, porque ya somos iguales por nuestra condición de hijos de Dios, lo que se reclama es el respeto a ese principio natural. A mi humilde modo de ver ese habría de ser el discurso de la Iglesia, y no otros que solo inspiran a dedicar a sus autores el 371 de “Camino”, que dice así: “Cuando bullen, haciendo cabeza de manifestaciones exteriores de religiosidad, gentes profesionalmente mal conceptuadas, de seguro sentís ganas de decirles al oído: ¡Por favor, tengan la bondad de ser menos católicos!”.


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