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Cuando la Historia se acerca, te mira y te toca la mano.

08.03.18 | 21:56. Archivado en Autor

Jornadas de Pastoral Universitaria de Vitoria sobre el Holocausto

Los días seis y siete de marzo han tenido lugar las tradicionales Jornadas de la Pastoral Universitaria de la Diócesis de Vitoria. A su término recojo en dos artículos unas pequeñas entrevistas con las personas que han intervenido en las mismas
La historia del Holocausto a la mayoría nos ha llegado a través del cine, de las clases de Historia, de alguna novela, los más privilegiados han podido visitar Auschwitz o el Museo del Holocausto en Israel. Nada de esto es comparable con el privilegio de compartir unos minutos en un “cara a cara”, viendo sus ojos, pudiendo estrechar sus manos, con personas que o bien se han convertido en portavoces de quienes vivieron el horror en sus carnes, o más aún con quien lo vivió en primera persona. Este es el resultado de una entrevista encadenada con las personas que en el primer día de las Jornadas de la Pastoral Universitaria de Vitoria hablaron del Holocausto con susurros de esperanza rodeados por el horror y el silencio.


La primera en hablar fue Maria Luisa Gueselalaga, quien desde hace algunos años se hace eco del testimonio de “su tía la de Francia”, Juana Gueselaga, natural de Zarautz, casada con José Miguel Berigistain, un, como dice su sobrina “zapatero remendón”, afiliado a la UGT y que estuvo en las milicias vascas en Madrid durante la Guerra Civil.
Acabada la guerra tuvieron que exiliarse a Burdeos, aunque pasaba clandestinamente a España. Cuando estalla la Segunda Guerra Mundial y los nazis ocupan Francia, el matrimonio sirve de apoyo a la resistencia. En una de las entradas clandestinas a España Juana es detenida y llevada a Compiége, un campo de concentración de estancia transitoria para mujeres. De allí fue trasladada al campo de exterminio de Ravensbruck (Alemania). Juana, la presa 19424, pasó durísimas experiencias en este campo de concentración. También allí conoció a Rita Pérez con quien trabó una amistad que le llevaría más tarde a emparentar, al casarse con el hijo de esta. El 16 de mayo de 1945 fueron liberadas. Juana buscó sin éxito el rastro de su marido, del que hasta la fecha se desconoce cuál fue su destino.
Maria Luisa descubrió la verdadera historia de “su tía la de Francia” muy tarde, porque “nadie hablaba de ello. Recuerdo que una vez que fuimos a visitarla a Burdeos revisando una caja con fotos se encontró con una que la retiró violentamente para que nadie la viese.” Pero su “tía Juana” tenía algo especial, y María lo intuía. Cuando Juana contaba con 80 años empezó a compartir con sus sobrinos algunos recuerdos. Ahí María Luisa empezó a descubrir la verdadera historia de Juana Gueselaga. “Nos contaba lo mal que lo pasaron. El miedo que tenían al domingo, porque era el día en el que los guardianas regresaban borrachos, y aunque nunca dio detalles dejó ver en cierto modo cuáles eran las consecuencias.” Cuando fueron liberadas las llevaron a Suecia y allí una de las consignas fue “no comáis, no comáis mucho. Muchas mujeres murieron por no seguir estas indicaciones. Juana resistió y llegó a vivir hasta los 93 años sola en Burdeos, tras enviudar de su segundo marido, gozando de una total autonomía.
La figura de Juana, para su sobrina, se podría definir con estas características: “fue una mujer muy valiente, muy franca, decía las cosas a la cara, y muy generosa”. En puertas del 8 de marzo este podría ser el modelo, la contribución para la paz, y el mensaje para las nuevas generaciones de Juana: el futuro se construye con valentía, con franqueza y con generosidad.


Teresa del Hoyo, una catalana emprendedora que regentaba una gestoría para entidades sin ánimo de lucro, vio como en su vida se cruzaba una mujer arrolladora, Neus Catalá, que marcaría su vida para siempre.
Neus Catalá es la última superviviente española del campo de concentración de Ravensbruck que hoy, a sus 103 años, sigue manteniendo la dignidad y rebeldía que marcó su historia.
Neus había nacido en Guiamets, en el Priorat tarraconense, el 6 de octubre de 1915. Su padre, un campesino con escasos recursos, le inculcó los valores que le ayudaron a tomar conciencia de su ideología feminista y comunista que mantiene hasta el día de hoy.

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Atentado a la Virgen Blanca 36 años después

08.03.18 | 00:08. Archivado en Autor

El 8 de marzo de 1982 una mujer también era protagonista de los informativos de ese día y de las portadas del día siguiente. Después de 36 años muchos vitorianos y devotos de la Patrona de la ciudad siguen preguntándose ¿Por qué? ¿Qué buscaban conseguir con aquel acto vandálico? ¿Cómo se las arreglaron y entre cuántos consiguieron precipitar la imagen desde la hornacina hasta el suelo de la balconada? Rescatamos de la memoria de algunos alaveses los sentimientos y las consecuencias que el atentado contra la Virgen Blanca de Vitoria tuvo lugar en la madrugada del 8 de marzo de 1982.


Joaquín Jiménez, además de conocido etnólogo alavés, en aquella década fue abad de la Cofradía de la Virgen Blanca: “siempre he estado vinculado con nuestra Madre, desde que nací la tenía en frente (vivía en la calle Mateo Moraza) y me bautizaron en las primeras vísperas de su día un 4 de agosto. ¿Que cómo recuerdo el día en que rompieron la imagen de nuestra Virgen Blanca? Como un día de mucha tristeza, de mucha pena, nos habían dado en lo más profundo del vitorianismo, eso sin hablar desde la perspectiva cristiana. Recuerdo sobre todo, la respuesta de los vitorianos ese día y, sobre todo, con la respuesta en el especial Rosario de la Aurora unos días más tarde. Es un acto religioso que hasta entonces pasaba sin pena ni gloria, y, aunque la multitud de vitorianos que acudimos era grande, había mucha tristeza en las caras y la Eucaristía que se hizo al terminar el rezo del Rosario fue muy especial. No nos imaginábamos que iba a ser una respuesta multitudinaria que a día de hoy sigue en pie.”
Y si los autores de aquellos hechos pudieran escucharle ¿qué les diría? “Que parece mentira que con la Madre de Dios, tan buena Madre, hicieran eso. Que si pretendían atentar contra un símbolo de la ciudad, algo tan nuestro, consiguieron una respuesta que a día de hoy está a la vista, con la presencia de tantos vitorianos en el Rosario de la Aurora, de hecho las fiestas de la ciudad son en su nombre. Que la única pena en todo esto es que se tuvo que proteger a la Virgen con cristal blindado.”

El párroco de San Miguel en aquellos años era Félix Uriarte, que en aquellos días se preguntó en más de una ocasión cómo no llegó a oír nada viviendo en la casa parroquial. Félix Nuñez, otro sacerdote que años más tarde ocuparía el mismo cargo, recuerda que se enteró por la radio, pero en su memoria no se borrará la respuesta de la gente. Para cuando la policía acordonó la zona, y antes de recoger los pedazos de la imagen esparcidos por la balconada, la cabeza decapitada había sido rodeada de ramos de flores, y más, recuerda Félix: “a partir de aquella idiotez el Rosario de la Aurora se puso a tope”. Pocos días más tarde, el 14 de marzo, se organizó un Rosario de la Aurora fuera de su tradicional fecha, el 5 de agosto, y la afluencia de personas marcó un antes y un después en esta tradición vitoriana. El 5 de agosto de 1982, el recuerdo de la imagen en el suelo, volvió a repetir un lleno absoluto de la plaza al finalizar el recorrido del Rosario de la Aurora.

En el año 1997 se convirtió en la primera abadesa en la historia de la Cofradía de la Virgen Blanca, pero en el 82 Cristina Fructuoso estaba delante de los micrófonos de Radio Vitoria, y así recuerda aquel acontecimiento que conmocionó a la ciudad: “aunque tuvo una repercusión mediática creo que fue mayor la repercusión emocional de las personas por todo lo que representaba para la gente sencilla. Si sucediesen hoy esos hechos se destacarían más como un atentado contra el patrimonio artístico.

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