No más mentiras

El sabor del pan y... "aquel banquete"

21.05.19 | 08:53. Archivado en Sobre el autor

El sabor del pan y… “aquel banquete”

El pan es tan bueno, que no he oído el que nadie lo rechace, aborrezca, o no le guste; tan es así que hasta Cristo, en la única oración que nos deja, incluye, “el pan nuestro de cada día dánosle hoy Señor”. Bien es cierto que ese, “pan nuestro”, sólo lo es en una parte del planeta; en otras partes emplean (pero también como pan) el arroz, el maíz, el sorgo, mandioca y otros; pero de los que obtienen harinas para elaborar “sus panes”; por tanto el pan es un alimento primordial e insustituible.
Como yo “soy hijo” de la peor de las guerras civiles que hubo en España (1936-1939); nací en familia de “braceros del campo andaluz”; me mataron a mi padre siendo yo un bebé de diez meses; y perteneciendo a la clase de “los perdedores”; el pan en mi familia y tras aquella guerra, viniendo después, una terrible pos guerra; aquellas masas a las que yo pertenecí, pasaron tal tipo de calamidades, que aquel “pan de la oración”, muchos días era ausente en los hogares de la mayoría; yo mismo y ya de niño, por lo que me acuerdo perfectamente; “he comido pan de las sobras de otra mesa más rica y en la que disfrutaban del denominado pan de maquilera”; lo que me permite valorar muchas cosas, por cuantas experiencias, he pasado personalmente y he visto a mi alrededor.

Pasadas aquellas penurias, que debieron terminar cuando en 1952 fueron suprimidas las cartillas de racionamiento, “que nos racionaban hasta los gramos de aquel pan, “no muy pan que digamos”; que cada individuo podía retirar de la panadería o tahona asignada y previo pago de su importe”. Pasada igualmente aquella época de “estraperlo” (mercado negro) y en el que había de todo; “de todo para aquel que tenía el alto precio a que había de pagarlo”; y ya siendo hombre y habiendo iniciado la profesión que elegí como “comisionista o representante-viajante”, a comisión; y para vender de proveedores fabricantes o almacenistas, al comercio en general. Los principios y como casi en todos, son duros; tan duros que algunas veces para comer “en ruta”, compraba un bollo de pan, una latita de sardinas y me iba a comerla, bajo un árbol, asiento o cobijo público (según el tiempo atmosférico) y cerca de alguna fuente pública de agua, para en ella, “tomar el necesario postre que nutriera de líquidos mi organismo”… Pasaron unos años y como es verdad aquello, de que, “el que la sigue la consigue”; fueron llegando las abundancias y en mi caso, tan abundantes que ni yo hubiera soñado, con una mínima parte de ellas, en aquellos duros principios.
Y como ya sentenció el clásico, con su frase de que… “poderoso caballero es don dinero”; ello me permitió y durante muchos años; el asistir a banquetes e incluso a congresos nacionales e internacionales; donde algunas veces, estuvieron ministros, gobernadores, alcaldes; y en general, “miembros de la casta política”; donde y como “es natural (ya entonces era propietario de un hotel) los que organizaban los actos y los cocineros (“hoy chefs”); se esmeraban y nos servían manjares, dignos de la mejor clase, de la profesión hostelera y que no contaré, por cuanto sería interminable. Ello nos permitió a mi esposa y a mí, incluso celebrar “en medio del Mediterráneo”; un congreso nacional del internacional “SKAL CLUB” (Nave Enrico “C”: 1981) y que fletamos exclusivamente para ello, “el gremio español”; con visita a Roma, y al entonces recién llegado Papa Juan Pablo II, para lo que hubo que pagar una cantidad importante y por ello, nos recibió en “visita privada”, en uno de los majestuosos salones del Vaticano. Después y en alta mar, celebramos la denominada “cena del capitán”; a la que vestidos de gala, nos la prometíamos “soberana”, puesto que nos servirían, “hasta caviar y champán”; pero he aquí, “que Neptuno, o Poseidón; no estuvieron de acuerdo” y nos mandó “una de sus tormentas”; y el muy acusado “balanceo del Enrico “C”, impidió que la mayoría de aquel millar de pasajeros, acudiésemos a la tal cena de gala… por lo que aquella y con esas contrariedades, la celebró, el capitán y unas cuantas docenas de “esforzados” comensales, que acudimos a ella y que lo pasamos circunstancialmente, como “los dioses del mar habían ordenado”.
Terminó aquel crucero al que me acompañó mi esposa y nuestros tres hijos; y tras salir del puerto de Barcelona, regresamos a él, tras arribar a Córcega, Civitavecchia-Roma, Nápoles, Cartago y Túnez; felizmente llegamos a casa, con esa satisfacción de cuando se es aún bastante joven; y tienes “ganas de todo lo que se dice bueno”; después a medida que envejeces, ves “el mundo y sus cosas de forma muy diferente”.
Pues bien, a pesar de todo ello, “mi mejor banquete”, fue en aquella infeliz época de niño huérfano; y fue que estando en la droguería-perfumería, en que me colocó mi madre a los siete años (“por la comida y la cama”); ya tendría uno o dos más; cuando los dependientes que habían juntado un dinerillo, por la venta de restos de embalajes y que el dueño les dejaba para ellos; me mandaron a comprar “un pan grande y blanco”, que algunas mujeres vendían a escondidas, tras el edificio de la Hacienda Pública en mi ciudad (Jaén), puesto que “ellos, los dependientes, le temían ir, por las consecuencias policiales”. Y fui a por aquel pan, que escondido en mi burdo guardapolvos, y junto a mi pecho, venía oliendo en el trayecto aquel olor embriagador, hasta llegar el comercio, donde llegado al mismo, de aquel pan, me dieron como obsequio, un canto del mismo, el que aún caliente, con un hoyo de aceite de aceituna, rociada la parte del miajón, con sal gruesa; les juro a mis lectores, que ha sido el majar más apetitoso que yo, he comido en mi vida.
Hoy a mi vejez y satisfecho; y también harto de todo y en la soledad que mi esposa me dejó hace ya casi cuatro años; sólo me acompaña las veinticuatro horas, mi querido Aníbal (un Yorkshire del que ya les he hablado) y guardando todas las contenciones que recomienda mi edad; sigo comiendo bien, pues mi organismo sigue igual de potente que siempre; al menos en el estómago y resto “del sistema”; pero ya digo, conteniéndome e incluso apenas comiendo pan; “con lo rico que sigue siendo para mí”. Y conforme con todo ello, no me quejo de nada; es y fue mi vida, que espero siga así, hasta que me venga a recoger “la parca”; y la que cuando llegue, me lleve rápido.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y
http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes


Martes, 18 de junio

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