No más mentiras

Reflexiones de "un nada" II

17.04.19 | 09:28. Archivado en Sobre el autor

Reflexiones de… “Un nada” II

El 31 de Marzo inicié esta serie y cuya continuidad ni sé si la tendrá; pero como “nadie manda en su mente y yo soy una nada”; pienso que luego, puede ser cierto, aquello que atribuyen al fraile alemán e iniciador de la rebelión católica, que dio lugar a la denominada “reforma”; y cuyo individuo dijo que, “los hombres somos marionetas cuyos hilos mueve Dios” (se le atribuye a Martín Lutero)… esos “hilos me mueven a decir lo que hoy escribo”; si sirve para algo o no, me trae “al pairo”; a mí sí me sirven al menos para responder a esa mente que no sé si es mía o me viene por alguno de los ignorados hilos que dijera el mentado fraile y que son los que mandan y dirigen.
Cuando reflexiono sobre “las entrevistas divinas” que tantos mortales se atribuyen y sus seguidores afirman; simplemente me pregunto y pregunto… ¿Pero ese Dios ha hablado nunca con alguien y se ha preocupado de ello en este insignificante planeta, habitado por tantos y tan diferentes tipos, “de monos humanos”? ¿Alguien lo vio o ha visto y sabe algo de su aspecto individual?
Y la verdad, lo dudo totalmente y no me lo creo. Por otra parte nadie ha visto la imagen de Dios y si como otros dicen, Dios es el Universo y dentro del mismo estamos “los monos terráqueos”, pues algo de ese “Dios desconocido puede estar dentro de nosotros mismos”. Analizar todo ello es imposible por privilegiado que se crea así mismo, “el mono más inteligente de todos los monos”.
Luego entonces, ¿por qué yo, en mis escritos, me he manifestado creyente y lo sigo siendo; es por lo que y por enésima vez, me pregunto?… ¿En qué creo, por qué creo, necesita templos eso en lo que creo, puesto que si ya tiene el propio templo que Él mismo se creara, cual es el inmenso Universo, para qué dedicarle ridículas residencias si ya ello (“sea lo que sea”) lo posee todo y por tanto supongo que no necesita nada, puesto que incluso nos posee a todos y a toda la vida por “ello” creada? ¿Por qué entonces, “el mono ya referido”, inició ritos y los encerró en templos e hizo y hace lo que hace? Ni lo sé, ni lo entiendo en absoluto; me pierdo en mis inmensos interiores, per termino en una calma absoluta; y como el más perplejo de, “todos los monos que aquí habitaron y habitan”; puesto que por encima de todo y sobre todo, “yo soy efecto y no causa”, por lo que no debe preocuparme nada de lo que yo no soy responsable y por tanto, no me considero culpable. Como caso curioso y de ignorancia manifiesta, voy a citar a nada menos que a Sócrates, el que considerado como “el más sabio de los sabios”; y tras él mismo, reconocer su ignorancia con la lapidaria frase de… “sólo sé que no sé nada”, al morir, obligado por una sentencia incalificable, lo último que dicen que dijo a uno de sus discípulos, fue… “le debemos un gallo a Asclepio. Así que págaselo y no lo descuides”. Asclepio era el dios de la medicina y al que supongo veneraban los griegos; pero según se dice y se escribe, Sócrates no creía en este dios y en otros muchos de aquellos dioses; entonces, “pobre gallo”, si en realidad fue sacrificado por indicación del sabio a una de tantas deidades creadas por la imaginación del “mono humano”; y las que como tantas otras, lo fuera para crear el negocio, “alrededor del santo, como tantos otros santos han sido creados, para que de ellos vivan los santeros”; y por cuanto aportan sus creyentes para el mantenimiento de, en realidad, “algo que no existe nada más que en la mente y en la fe de la ignorancia”.
Prosigo en mis creencias y en lo que creo, “o creo que creo”.
Creo por cuanto he mirado y observado todo cuanto me rodea; y si el “mono” no ha podido crear nada de lo que nos da el ser y la vida y las infinitas maravillas naturales que nos rodean; y menos, los inmensos e innumerables cuerpos estelares que existen en el Universo; indudablemente, “el mono somos efecto y no causa”; e indudablemente; “La Causa” es la que creó y crea, por tanto hay que creer en ella por lógica elemental. ¿Pero por qué y para qué fuimos creados? Ese es otro gran misterio que como tal es indescifrable. Por ello, ya he decidido mostrarme totalmente conforme a lo que se me ha dado en esta vida y esperar lo que me reste de ella; y procurando no hacer daño a nadie ni a nada vivo, aguardar tranquilamente a que me llegue la muerte; en la esperanza que con ella me llegará la nunca encontrada paz; importándome ya poco, si después de ella seguiré existiendo o no, puesto que con mi vida mis vivencias y pensamientos, me considero haber vivido aquí demasiados siglos o milenios, como para querer volver a esta miserable tierra.
No obstante todo ello… Pienso que en el principio y cuando ya tuviera en su cráneo las suficientes neuronas para pensar, “el mono”, asombrado o aterrado al darse cuenta de toda la tragedia que le rodeaba y; “mirándose a sí mismo y a los otros bichos que a su alrededor pululaban”; y viendo con la fiereza a que el hambre y las atracciones sexuales les impulsaban; y viéndose a sí mismo, impulsado por las mismas fuerzas, pero creyéndose superior, pensó y dedujo que, a lo primero que había que adorar, era a ese “algo inmenso” (el Sol), que le daba “luz, calor y vida”; y al que de alguna manera, debía adoración y mostrarse sumiso a él, puesto que sin él; “no había vida y la noche eterna, sólo le proporcionaría la muerte y de forma terrible por los padecimientos que habría de sufrir, antes de llegar a ella”; así, todas las primeras adoraciones se iniciaron a favor “del padre Sol”; y al que como no se podía alcanzar, “los listos de la época, ya le buscaron casa (templo) y montaron el negocio, para que unas minorías, vivieran “como dioses”, siempre a costa de los que adoctrinaron para adorar a ese dios supremo, pero que en realidad sería “a la casta” que lo había adoptado principal o exclusivamente, en beneficio propio.
Pero… ¿Cómo agradecerle a aquel primer dios sus beneficios? Pienso que, viendo, “el mono al resto de bichos”; y fijándose, en que muchos de ellos, para obtener el “sexo” de la hembra, habían que obsequiarla con algo; viendo igualmente la satisfacción del propio “mono”, al lograr un buen banquete carnívoro y devorándolo, como veía él devorar a los otros seres carnívoros que a su alrededor pululaban, pensó que la mejor ofrenda que se podía hacer a “su primer dios”, eran presas vivas para su deleite; lo que luego derivaría en ofrecerle hasta seres humanos, incluso a los propios hijos, o los vecinos que cazaran, en aquellas primeras luchas de conquista y esclavización. (Mañana el resto)

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo… o sea “un nada”)
www.jaen-ciudad.es (aquí más)


Martes, 21 de mayo

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