No más mentiras

LA IGUALDAD DEL HOMBRE ALGO IMPOSIBLE

07.02.19 | 09:05. Archivado en Sobre el autor

LA IGUALDAD DEL HOMBRE

¿Pero cómo se puede igualar al hombre? ¿Por arriba en lo elevado como pretenden los sabios? O... ¿Por abajo como pretenden los demagogos?
El sabio pretende un hombre fuerte, solo, pero en armonía con el resto, rico en inteligencia, sano de cuerpo, no estático ni estatificado, evolucionante y ascendente siempre hacia lo que llama Dios.
El demagogo pretende una masa homogénea, fácil y dúctil, simple y fácilmente excitable y, por tanto, muy manejable para lograr los fines pretendidos –por el demagogo- a través de esa igualdad, que preconizada sin base ni fuerza para convencer al inteligente, consigue lo que pretende, puesto que la plebe estará siempre dispuesta para escuchar la voz que anuncia indefectiblemente el camino fácil; camino en el que sólo confían los imbéciles.
El grave inconveniente desde que el hombre habita este mundo es precisamente ese hombre masificado, la abundancia de masas y la escasez de individuos.
Más aún, dentro de esos individuos,
son más escasos los de mayor pureza, puesto que dentro de esas minorías existe en mayor abundancia el demagogo, el que con algo más de inteligencia que la plebe, usa ésta “en cabalgar a la bestia, y sin saber conducirla, termina agotándola, desbocándola y exterminándola”... Parece ser que siempre –o casi siempre- por su superabundancia fue así... ¿Seguirá siéndolo en el futuro?... Tal y como se ve el horizonte, pienso que sí; terrible y largo tiempo el que queda para que el hombre cambie, para que ese hombre pueda volver al orden natural y jerárquico que impera y domina en toda la Naturaleza, donde ni una gota de agua es igual a lo otra; ni una hoja del mismo árbol es idéntica a la otra del mismo tronco; ni aún siquiera encontraríamos dos piedras exactamente iguales, pues esa Naturaleza “rompe el molde cada vez que crea algo”. Entonces, ¿cómo encontrar dos hombres iguales?, si ni aún los engendrados en el mismo seno y de igual parto, lo son ni en lo físico y mucho menos en lo psíquico y espiritual...
Simple y llanamente convenzámonos de que no existe ni existirán dos hombres iguales, por tanto al no ser posibles dos hombres iguales no puede existir la igualdad. Existirán grupos más o menos afines, más o menos parecidos, “más o menos iguales o semejantes en lo aparente”; pero a medida que se profundice, aparecerá la desigualdad que lleva al extremo de la lucha interna del individuo con su propio yo interior, cuerpo-alma, espíritu-materia, o como se quieran definir esas “dos mitades” en que a su vez se subdivide el propio individuo. He aquí lo hermoso de la diversidad humana, y si se quiere, lo terrible de la misma por su complejidad.
“Por ello, el hombre no podrá ir BIEN en filas y menos en masas”; irá mejor en hileras, y éstas en conjunción y armonía buscando “la pirámide natural”; pues en una emocionante y a la vez simple definición, lo curioso es que hombres –y mujeres- sólo existen de dos tipos genéricos... “Los que nacen para mandar y los que nacen para obedecer”. Naturalmente me refiero a los dotados por esa “fuerza que desconocemos” y la que inmutable a todos y a todo, enriquece al individuo al nacer y lo sigue acrecentando a lo largo de su vida y durante toda su existencia, según se desarrolle la misma y por imperativo del propio esfuerzo individual, aún en base al soporte colectivo, puesto que sería absurdo negar, “que las piedras del edificio se mantienen sujetas, unas en base y sobre las otras”.
Por ello, “el que viene a mandar o ejercer un mando en este mundo al final lo ejercerá”, pese a quién pese y pase lo que pase; su fuerza vital o inteligente –no hablo de la que emana del bruto- se dejará sentir en el ámbito más o menos amplio que llega a dominar y la que –no se olvide esto- está en continuo crecimiento mientras la vida sostenga a este individuo, el que muchas veces “seguirá ejerciendo ese mando desde más allá de su propia muerte”. Éste es el mando positivo y el trascendente (hoy se le denomina líder), y el que sin duda alguna hay que acatar y obedecer; el otro, el tiránico, el del bruto, o el del demagogo, se mantendrán efímeramente y será destruido por su propio impulso, destructor de sí mismo; tal y como ocurre con “el violento vendaval”. Por ello, aun teniéndolo que soportar con rebeldía –nunca con sumisión total- sus días o sus años estarán contados, puesto que mientras más violento e irracional sea, menos durará y antes se consumirá, bien en la propia autoconsunción o a través de la propia fuerza contraria que generará por la inmutable Ley de Causa-Efecto que todo lo rige con la implacable Justicia Universal.
Vivimos hoy épocas de grandes y complejas muchedumbres de “fieles a lo absurdo”, de adictos al espectáculo de “moda”, el que preparado como conviene al demagogo, deforma más que forma, y embrutece más que dignifica a ese hombre masificado, el que, incapaz de pensar por sí mismo, se sigue dejando llevar por “el canto de sirena”, el que le produce ese refugio a su miedo y el que encuentra en “el no pensar”, puesto que a lo contrario le teme y puede que incluso le produzca terror o pavor.
No se decantan líderes ni élites NATURALES, por cuanto lo complicado de la demagogia actual es enorme; y envueltas en ella las grandes masas, son muy pocos los que se apartan del “gran escándalo”, para pensar y meditar sobre qué es lo que está pasando “aquí y ahora”.
Por ello se está deformando tanto y a tan gran velocidad el conjunto de pueblos y civilizaciones que hoy “alumbran” –es un decir- al siglo XXI.
Hoy, “los derechos abundan mucho más que las obligaciones” y –por ejemplo- un preso reincidente y ya convertido en escoria, suele “estar más protegido” que un hombre honrado, que obviamente es mucho más positivo –por tanto- para la evolución conveniente de la Humanidad. Se “procura” curar la drogadicción y otras lacras con parches y remiendos, cuando lo lógico y, por tanto necesario, sería la erradicación total mediante medios que debieran ser sobrados. Los “parlamentos” están convertidos en una especie de “gallineros” donde –como en Bizancio- se sigue discutiendo sobre el “sexo de los ángeles”. Se está ya pensando en el avión del siglo XXI para reemplazar a las fuerzas de “defensa” de la Europa actual y, sin embargo, no son capaces “los europeos” de sacudirse tanta degradación y escoria como existe en este viejo continente, el que fuera cuna de las mejores civilizaciones y dónde –y como demoledor ejemplo de corrupción- se ha descubierto dentro de una valija diplomática hasta a un ministro africano, el que así trataba de ser secuestrado hacia su país; no hablemos del conjunto de “líos a alto nivel” que aparecen en la prensa, los que nos dicen bien a las claras, “los que existen soterrados u ocultos y de los que nunca nos enteraremos. Por ello, uno, en su bien consolidada individualidad pensante, dice y se sonríe...
¿Éstos son los que van a educar y preparar a las masas para un mejor y más brillante porvenir?
¿Por dónde? ¿Por arriba o por abajo?
¿Con qué ejemplos se quiere producir el efecto de la emulación en las masas?
Sonriamos tristes y escépticos y esperemos el devenir del tiempo... “Quizá vengan los nuevos Dioses y los nuevos héroes del Olimpo del siglo XXI”... Quién sabe lo que La Creación nos tenga reservado a los hombres que aspiramos a ver “ese tiempo igual”, que se conocerá como el tercer milenio desde que se crucificara al Cristo, el que, desde luego fue “clavado en el madero” por cuanto ante todo y sobre todo fue un individuo singular... “Tan singular, que hoy hay cientos de agrupaciones o sectas cristianas que dicen seguirlo... amén”.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí más)

Torre del Mar (Costa de Málaga) Julio de 1984


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