No más mentiras

Desde la orilla del mar

20.07.18 | 07:41. Archivado en Sobre el autor

Desde la orilla del mar

Hoy cuando escribo, es el cuatro de julio, son las once de la mañana; me levanté muy temprano y a las ocho ya estaba paseando con mi mejor amigo (Aníbal: un Yorkshire) que feliz recorre lo que estima es su territorio, de esta orilla malagueña (Torre del Mar) del “mar que fuera todo él de la imperial Roma”. Lo llevo como siempre sujeto con su cadena, como mandan los reglamentos; pero lo llevo siempre así, más por su propia seguridad que por otra cosa; puesto que por aquí, pasean muchos perros, alguno llevado por alguna “energúmena”, que llevando un gran perro de presa y sin bozal, veo que lo acerca al mío y a lo que la requiero que lo aparte para evitar conflictos perrunos; y cuál es mi sorpresa que “me saluda llamándome gilipollas”; cosa que ya no me sorprende, puesto que vivimos en una sociedad bastante podrida; pero a lo cual “sonrío”; y viendo que tras “de la tal hembra”, viene el que seguro es su pareja y que porta otro perro de igual clase y dotación y el que se ha quedado a la espera de mi reacción, digo en voz alta… ¡Buena respuesta! Y espero que pase “la tormenta”, no vaya a que se incomoden los tales y “me echen los perros”. Y pasado el momento inesperado y mirando al Mediterráneo, me dirijo a él y le hablo recordándole algunos de los versos que le escribí hace muchos años… “Cuántos colores de piel, cuántos dioses y religiones, viste morir y nacer”; y me parece que el padre mar me sonríe y con ello quedo más que pagado; sigo mi camino y tras andar un par de kilómetros por este magnífico paseo marítimo, entro en el interior de la pedanía y marcho “al Venecia”, que es donde tomo mi desayudo; “pan en tostadas de aceite de aceituna, con pasta de tomate y láminas de ajo crudo, acompañadas de un té sumergido en leche sola y sin azúcar; que suele ser mi sano y nutritivo desayuno diario; y tras reposarlo un tiempo, continuo mi paseo ya por el interior del pueblo, camino de mi piso junto al mar y donde ya estaré hasta las catorce horas en que iré al restaurante a comer, junto a mi hija menor y nieto Alberto, que es con quienes “me toca hoy”.
No compro prensa, no leo prensa diaria, no veo casi televisión, sí que oigo bastante música clásica a través de Radio Nacional; puesto que las noticias oficiales y que dan a diario, son ya “una letanía” que se repite diariamente y que siempre “suena lo mismo”; puesto que las noticias en España, están en muy pocas manos y pareciera que “marchan todos de acuerdo para decirnos las mismas melopeas”; a saber… “Los que siguen viniendo en oleadas a estas costas, para que los mantengamos, curemos de sus enfermedades y también que atendamos a las preñadas que ya vienen adrede para una vez paridas, asegurarse la nacionalidad de madre y el hijo; igualmente a los menores de edad que aquí vienen a que los mantengamos, demos escuelas y enseñanzas hasta los dieciocho años, etc. Que estemos informados de los delitos que se producen en España, de los accidentes de carretera, de algunos de los continuos rifirrafes de la política, nacional o de las taifas y pueblos de las mismas, donde “los reyes y reyezuelos”, siguen haciendo lo que mejor les viene en gana; informaciones de todo ese maremágnum que le dicen “deporte”, de que y por ejemplo al rebelde catalán Puigdemont, “le siguen dando masajes en Alemania y que aquella justicia aún no ha decidido cuando lo entrega a la española”; de que en Mallorca ya van cuatro idiotas más, que se han matado (o suicidado) tirándose desde balcones hoteleros a las piscinas de los mismos; de los alijos de drogas que cada vez abundan más y en definitiva, de cosas que ni ya nos interesan, al menos a los pocos que pensamos y deducimos; y que vamos viendo, que; “esto es ya una feria, donde todo se compra y todo se vende, y que el porvenir que nos espera, es cada vez más incierto o precario”.
Por todo ello, hoy escribo “como escribo” y voy aguantando mi tiempo de la mejor forma que puedo, en espera de ya nada en concreto, salvo vivir mis días más o menos cortos que aún me queden en este planeta, los que trataré vivirlos en la paz y sosiego en que afortunadamente, llevo ya cinco días viviendo en esta orilla del mar, donde la gente y al igual que otros muchos años, “se divierte, come y bebe como cosacos, sigue ensuciando, playas, jardines, paseo, calles y calzadas y en general muchos hasta bailan, al son de extrañas danzas gimnásticas que el municipio les paga en la playa, para que dancen a lo loco y quemen energías y grasas que les sobran”.

NOTA: Marcho a “esa orilla del mar”, por diez días, mi perro y yo lo necesitamos, a la vuelta continuaré: saludos: AGF

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y
http://www.bubok.es/autores/GarciaFuentes


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