No más mentiras

EL "OTRO" CORDÓN UMBILICAL (O el maltrato entre hombres y mujeres)

22.05.18 | 11:19. Archivado en Sobre el autor

EL "OTRO" CORDÓN UMBILICAL
(O el maltrato entre hombres y mujeres)

Lo he comentado infinidad de veces, pero de alguna manera hay que pensar y meditar en ello, para tratar de comprender ciertos comportamientos entre hombre-mujer o viceversa, puesto que el hecho existe y no parece ser haya sido investigado a fondo.
Es claro que no me refiero al cordón umbilical físico y que une la placenta de la madre con el vientre del hijo y que es cortado tan pronto el recién nacido "sale a la luz de este mundo".
Hay otro cordón y el que yo denominé hace ya muchos años como "cordón umbilical psíquico" y el que para mí, existe y es el que une de por vida al hombre con una mujer y aun cuando a lo largo de la vida, este hombre dependa de diferentes mujeres.

Ese lazo invisible es por cuanto sigue. Un hombre viene siempre en el vientre de una mujer, ninguna mujer, por contra, ha venido en el vientre de un hombre. Así y desde que nace ese hombre, hasta que muere; generalmente "va pasando" de brazos en brazos, hasta que generalmente son unos brazos femeninos, los que le ponen la mortaja antes de emprender, "ese viaje de regreso".
Es claro que ese hombre, mal considerado o clasificado como perteneciente al "sexo fuerte", va recibiendo cuidos y a la vez órdenes, desde antes de haber aprendido a hablar y andar y las va a seguir recibiendo (directa o indirectamente) a lo largo de su vida, procedentes de mujeres que se le van cruzando y que siempre tratarán de mandar en él, o dominarlo de alguna de las maneras, puesto que por la fuerza o por la astucia, la mujer manda en la mayoría de hombres y muchos ni caen en esa cuestión, que resume muy bien ese dicho popular que afirma que... "si tu mujer te pide que te tires por un talud, pídele a Dios que no sea muy alto" (más o menos pues cito de memoria).
En cuanto a la fuerza del hombre (o vitalidad) y la de la mujer, a la vista está la longevidad de unos y de las otras. Morimos mucho antes que ellas y generalmente nos sobreviven largos años, con lo que queda demostrado la resistencia física de unos y otras.
No hablemos de lo de "sexo fuerte o sexo débil", puesto que un hombre difícilmente "cansa o agota" a una mujer y por contra, una mujer sí que puede "cansar o agotar", a más de un hombre y se queda "tan fresca" en esas lides amorosas, donde igualmente tiene el privilegio de poder fingir, cosa que al hombre le está totalmente vedado; queda por tanto demostrada la potencia de ambos seres, que semejantes, no son iguales en apenas nada de lo decisivo y que los define como bastante diferentes.
El hombre, sí que suele ser "más bruto", más brusco o incluso "más bestia", pero bajo mi particular opinión, basada en muchas observaciones, de cuando yo "andaba por el mundo" de pueblo en pueblo y "de mostrador en mostrador": la debilidad masculina es manifiesta y el hombre sólo, se queda mucho más desamparado que la mujer. Prueba de cuanto digo es que si el viudo es él, la familia -generalmente- no marcha y termina por desaparecer, salvo que tenga la suerte de encontrar otra mujer ("verdadera") y que recoja a la misma y la saque adelante. Por contra si en la familia muere el padre, la madre (si sabe serlo, que generalmente sí que lo sabe) saca adelante a la prole, logra situarlos y cubre el rol del padre, con una potencia y dignidad que todos hemos visto en múltiples ocasiones.
Esa debilidad masculina y siempre salvo excepciones, se nota en múltiples reacciones, que no son otra cosa que diferentes estados de miedos, que pueden incluso, desembocar en violencia; puesto que siempre la violencia oculta algún tipo de miedo, "más o menos profundo" y que posiblemente ni conoce el que lo padece.
A mi juicio es lo que justifica ("aunque no lo va a reconocer nadie hoy y ahora") ciertas violencias, las que no controladas a tiempo, llegan a producir los deplorables hechos que estamos hartos de ver reflejados en la prensa y tv.: a saber, lo de los malos tratos a mujeres, si bien está reconocido que igualmente los son a los hombres, por mujeres que los dominan, maltratan, pegan, e incluso destruyen o llegan a asesinarlos.
Lo que ocurre, es que en un mundo catalogado como "machista", se ha obviado el opuesto o "hembrista", que tiene sus perniciosas consecuencias, pero las que son silenciadas y llevadas con paciencia de "santo", por cuanto el hombre maltratado, es incapaz en mayoría de casos, de denunciar ciertos hechos ante una comisaría o juzgado, puesto que generalmente y en principio, lo que puede recibir es la rechifla, el cachondeo, o un tipo de rechazo, que de antemano limita la acción, puesto que, ¿quién es "el guapo" que denuncia abiertamente, que su mujer le pega, maltrata, vilipendia o escarnece...? Píenselo el lector/lectora.
Por contra, a la mujer se le ha dado toda clase de amparos y facilidades (como por otra parte es de lógica) y demagógicamente (hasta los políticos se convierten en "salvadores", pues ante todo saben que el voto de la mujer, es aproximadamente un diez por ciento más numeroso que el del hombre) se ha hecho bandera de algo, que como muchas cosas en la vida, tienen otra parte oculta y muy importante, puesto que ningún hombre (yo no me lo creo en absoluto) llega a ciertos grados de violencia, si no es por cuanto hay antecedentes desde vete tú a saber cuánto tiempo anterior y que producen unos hechos íntimos, que nadie conoce nada más que los desgraciados que los llegan a protagonizar, en ese grado ya digno de lástima y compasión y en los que "los espectadores" (muchas veces convertidos en espontáneos e implacables jueces) ni piensan, ni caen, ni menos tratan de averiguar y comprender.
Pienso sinceramente, que lo primero que hay que sentir, es lástima, incluso piedad, por aquel que recurre a la violencia como extremo, puesto que antes han debido de ocurrir cosas y muchas, así como de múltiples envergaduras.
Por ello, siempre hay que procurar, "no llegar al silletazo", que más de una vez "alguien", ha pensado asestar a su compañero/compañera, harto ya de aguantar imponderables, situaciones violentas o de límite y a las que se llega, simplemente a través "de la lengua" y sin necesidad de recurrir a otro tipo de "arma asesina"... "las palabras pueden ser más mortíferas que un arma homicida del tipo que sea".
Por ello, por todo ello, al menos no juzguemos a la ligera. Tratemos de comprender a "víctima y verdugo" ("ó verduga") y más aún, quienes cobran del erario público para tratar de impartir una difícil justicia, la que antes debiera ser: el tratar de una concordia, que muchas veces (yo creo) puede reinstaurarse, si se media a tiempo y antes de que las cosas lleguen a esos límites, donde ya "la fiera" (macho o hembra) ha perdido el control y apenas ya nada se puede hacer.
Por ello, por todo ello, pensemos y meditemos en que la violencia, es un signo de debilidad, pues el violento es tan débil... tan débil, tan débil, que no se controla ni a sí mismo y es por ello, por cuanto en muchos casos ("no sé si en todos") es más digno de lástima que de otra cosa, puesto que... "el que destruye a una persona, en realidad se está destruyendo así mismo"...?.
Qué duda cabe, que "lo que está pasando", es el enorme fracaso social y humano que corroe a la sociedad actual; por tanto son necesarias, o mejor dicho, ya imprescindibles... "nuevas escuelas de hombres y mujeres, donde verdaderamente se formen éstos, como tales"; creo sinceramente que habría que de nuevo... volver a estudiar a Pitágoras y su escuela..?".

Antonio García Fuentes
Escritor y filósofo
www.jaen-ciudad.es (Aquí más)


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