No más mentiras

De listos y tontos, víctimas y verdugos: y canallas abundantes

23.10.17 | 09:18. Archivado en Sobre el autor

De listos y tontos, víctimas y verdugos: y canallas abundantes

Lo explica muy bien y “a latigazo limpio”, Arturo Pérez Reverte (XL SEMANAL 8-10-2017) en pocas palabras y diciendo: “Juntas a un fanático o un malvado con 1.000 tontos y matemáticamente, obtienes 1.001 hijos de la gran puta” y añade en otros latigazos lo que sigue: “Todos tuvimos bisabuelos que lucharon en guerras, invasiones, conquistas y reconquistas. Que mataron y murieron y murieron por un plato de comida, nosotros mismos. Olvidar que somos lo que somos porque fuimos lo que fuimos”.
Este muy inteligente escritor resume así y de forma magnífica, no solo la historia de España y los españoles, sino la de todos los países “hoy civilizados” (dicen); y en general de toda la Humanidad; por tanto enorgullecerse de los antepasados o tratar de ocultarlos, es una idiotez elevada al cubo; ya que el hombre es lo que dijo aquel filósofo moderno (simplemente su circunstancia) y por tanto es siempre responsable individual de todos sus actos, ya que siempre puede decidir él, aunque ello le cueste la muerte y en esos trances es donde puede marcar su valor real.

A mí me suele causar risa cuando un “descendiente de apellido ilustre presume de sus antepasados”; puesto que deduciendo la cosa es bastante sencilla; “tenemos padre y madre, cuatro abuelos, ocho bisabuelos, dieciséis, tatarabuelos… y si seguimos la cuenta en no muchos años atrás, reuniremos cientos de ascendientes; de los que si alguna hembra (“o varias”) se encapricha y tiene relaciones con “sangres extrañas”, resulta que el presuntuoso descendiente no tiene ni idea, del espermatozoide que le marca al día de hoy; de hecho y en nuestra historia reciente; la familia de los Borbones, tiene en “su sangre” la muy caliente y disoluta Isabel II, que engendró bastardos y de ahí se nutre la estirpe, con la mayor tranquilidad del mundo; lo que por otra parte, para mí no tiene importancia, por cuanto ya digo del filósofo (creo que era José Ortega y Gasset) el que dejó la sentencia que afirma… “Yo soy yo y mi circunstancia”; porque efectivamente, el individuo somos solo y exclusivamente eso mismo, una unidad irrepetible y que venimos a este mundo, con nuestras virtudes y defectos; así de simple y así de sencillo.
Es como “adorar o servirse de los muertos para los negocios de los vivos”; los muertos tuvieron sus vidas y dejaron sus legados (aquel que los dejara) pero apenas ninguno dejó ordenado, que le llevaran flores, o le agasajaran cada aniversario para “honrarle o criticarle”, los muertos se deben dejar descansar en paz y punto.
Seguro que si se atuvieran a estos preceptos sencillos, muchos de los follones, que inician o mantienen, los que en definitiva quieren vivir de los muertos, no, existirían: caso de todo el lío que han liado, “los catalanes que se consideran puros y limpios de pecado alguno”; todo lo cual al inteligente, “le huele a cuerno quemado y mientras huele tal tipo de peste, se suele reír a mandíbula batiente”; pero es claro que en estos movimientos, al final lo que hay siempre es “panza y bolsillo y a vivir del prójimo que es el que siempre paga todos los gastos y algunas veces con su propia vida”.
Y es que como escribí recientemente: La peor de las enfermedades humanas es la incultura. Sí, es lo que deduzco hoy “pisando ya los ochenta agostos”, puesto que el desgraciado ser humano que somos en general, no hemos logrado nada notable y definitivo con tanta maldad y violencia como hemos amasado a lo largo de nuestra no larga historia… ¿Puesto que, qué son los aproximadamente tres milenios y pico con que contamos nuestra historia aquí en esta “mota estelar”, en relación al tiempo enorme en que se dice tenemos un cerebro desarrollado en la cabeza? Nada o tan poco que…?
Y lo incomprensible es que “el desarrollo” de ese cerebro ha ido de mal en peor para llegar a la terrible realidad del hoy mismo, donde nos encontramos en un punto tan peligroso que amenaza con destrucciones inauditas, puesto que lo que se denomina progreso no lo es en grado notable. El ser humano sigue padeciendo las enfermedades de siempre y muchas más nuevas, de las que ni tenía idea; por tanto caminamos o nos hacen caminar, a un infierno real y no religioso, pero tan terrible o más que el que nos presentaron los sacerdotes. Amén.

Antonio García Fuentes (Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (Aquí más)


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