No más mentiras

La peor de las enfermedades humanas es la incultura

18.10.17 | 10:12. Archivado en Sobre el autor

La peor de las enfermedades humanas es la incultura

Sí, es lo que deduzco hoy “pisando ya los ochenta agostos”, puesto que el desgraciado ser humano que somos en general, no hemos logrado nada notable y definitivo con tanta maldad y violencia como hemos amasado a lo largo de nuestra no larga historia… ¿Puesto que, qué son los aproximadamente tres milenios y pico con que contamos nuestra historia aquí en esta “mota estelar”, en relación al tiempo enorme en que se dice tenemos un cerebro desarrollado en la cabeza?
Y lo incomprensible es que “el desarrollo” de ese cerebro ha ido de mal en peor para llegar a la terrible realidad del hoy mismo, donde nos encontramos en un punto tan peligroso que amenaza con destrucciones inauditas, puesto que lo que se denomina progreso no lo es en grado notable. El ser humano sigue padeciendo las enfermedades de siempre y muchas más nuevas, de las que ni tenía idea; por tanto caminamos o nos hacen caminar, a un infierno real y no religioso, pero tan terrible o más que el que nos presentaron los sacerdotes.

Y para mí, la peor de todas las enfermedades es la incultura, puesto que esta, a medida que enriquece al hombre le va limando de ambiciones y angustias y le va llevando a un estado, sino de felicidad (que aquí no existe) sí a un estado de conformismo y aceptación de sí mismo que le calma la mayoría de sus ambiciones.
Por ello hoy “les obsequio” con el relato que sigue y que he dedicado a un libro y su autor, en el que termino hablando de lobos y camellos, por cuanto ni sé cómo se me ha ocurrido cerrarlo así, aunque leído y releído, simplemente me causa una sonrisa placentera y de conmiseración, hacia mí mismo.
“Momentos de mi vida”
Este es el título de un magnífico libro publicado en Jaén en diciembre del 1989 y del que no tuve noticias hasta la semana pasada, en que el autor me obsequió con un ejemplar dedicado; y cómo mi mejor hora para leer es cuando estoy en la cama, aquella noche inicié su lectura. Y sorprendentemente (buenos libros hay pocos y hoy menos) me fui entusiasmando en "el mundo” que allí se relata y poco a poco (se presta a la meditación en gran parte del mismo) he terminado de leerlo. Y como me ha impactado enormemente, quiero difundirlo puesto que con ello favorezco a mis lectores, animándoles a leerlo, aunque deduzco que “en este corto Jaén” no habrá ejemplares en los lugares donde aún se venden libros, puesto que aquí apenas si se venden libros “por encargo” y son, los que “voceados por la propaganda que vende papel impreso”, los traen los que los venden; pues aquí no hay libreros; el último fue Manuel Cruz (Librería Cruz) y este ya se fue al otro mundo hace bastantes años; puesto que un librero es un maestro en literatura y aquí y que yo sepa, sólo hay “despachadores” de libros y la mayoría son de los que cargan oficialmente a los escolares, de forma oficial que los llevan encorvados de espalda, pero vacío el cerebro o cuasi.
Pero quizá (no estoy seguro y lo sé por propia experiencia) en la biblioteca pública de la calle Santo Reino, tengan algún ejemplar a la lectura, de los cinco, que por imposición hay que regalarle al Estado, por cada edición para que no le cueste ni un céntimo el archivo de las nuevas obras. España ha sido siempre así, con sus creadores de pensamiento y de ahí las miserias que han (hemos) contado los escritores y el pueblo ha padecido y sigue padeciendo.
Pero insisto, traten de buscar un ejemplar y léanlo con detenimiento; les aseguro que hay capítulos de pensamiento, que no creo que el mismo “Séneca” los igualase y menos los mejorase; aparte que por esa lectura, me entero que en el “río Jaén” y no hace mucho tiempo, había nutrias, pescaba “el Martín Pescador”; y muchísimas otras cosas que son de muy buena, ilustrativa y profunda lectura, pues “son cosas del alma”.
Su autor que aún está vivo aunque ya los años “le dificultan el andar”, pero su cerebro sigue activo como en su mejor época, es Ignacio de la Casa Jiménez, jiennense y jaenero, de los que no abundan en este pobre Jaén nuestro; y del que me honra con su amistad y sus muy interesantes pláticas “de ser humano con cicatrices hasta en el alma”; lástima que no siguiera escribiendo; pero en parte lo entiendo y comprendo, escribir aquí creando libros, es como hacerlo… “en la Taiga o en el desierto de Gobi”, donde ni los lobos ni los camellos, consumen libros.

Antonio García Fuentes (Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (Aquí más)
Jaén: 16 de Octubre del 2017


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