Por mucho que me lo razonen, por mucho que lo justifiquen, y por muchos derechos de igualdad que esgriman; yo no admito el que una mujer entre en un ejército, para portar armas y tenga que sostener combates desde cualquier aparato mecánico o entrar en un cuerpo a cuerpo en cualquier asalto o defensa. Tampoco me imagino a un alto cargo femenino, planificando “operaciones” en las que sabe de antemano que van a se masacrados docenas, centenas o millares de otros seres humanos.
Admito un cuerpo de auxiliares y que en retaguardia bien lejana de los lugares de lucha, se dediquen a otros menesteres, salvo el que algunas más arriesgadas y en lo concerniente a sanidad las sitúen en lugares “más calientes”.
No es que yo no reconozca que en algunos casos excepcionales, la mujer tenga que coger una metralleta y defender algo en extremo, puesto que en nuestra historia existe hasta la heroína que se hizo cargo de un cañón en el sitio de Zaragoza y que aunque era catalana, pasó a la historia de España como “Agustina de Aragón”: Agustina Raimunda María Zaragoza Doménech, (Barcelona, 1786 – Ceuta, de 1857)
También la historia o leyendas nos hablan de aquellas famosas amazonas... pero la verdad, yo no me imagino una mujer que se tenga que cortar una teta, para poder emplear mucho mejor el arco y las flechas, tal y como se nos cuenta hacían aquellas, que sólo buscaban al macho en épocas de reproducción y luego y como siguen haciendo las abejas, los mataban y punto; igual dicen que hacían con los varones que les nacían.
Me motiva este artículo la noticia siguiente:
“El periódico militar Stars and Stripes informa que cuatro soldados estadounidenses de sexo femenino fueron penalizadas en virtud de una nueva norma controvertida que establece que el embarazo es una violación a la ley militar en el norte de Irak. Según estas normas,
Jueves, 31 de mayo
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Manuel María Ventura
Juan Granados
Juan Luis Recio
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín