El día que esto escribo se está escenificando en “eso que dicen es el parlamento” (con minúsculas y adrede); un debate absurdo y estéril, para aprobar los denominados presupuestos generales del estado (también con minúsculas) y donde los determinados actores (la mayoría están para aplaudir o patear: según ordene el jefe) se dicen lo que a cada cual conviene, mientras el Estado (en este caso España, pero ocurre en otros países) se hunde en unos mares de corrupciones y en unas penurias que ni imaginar pensábamos hace poco tiempo, se podrían presentar con la crudeza y dureza que estamos padeciendo.
Y digo ello, por cuanto y mediante “la compra” (así hay que denominarla con toda la crudeza que pueda presentarla un idioma) de unos determinados “padres de la patria” (así los denominaron) el gobierno minoritario, ha logrado para llevar adelante lo que se considera va a ser el mayor desastre presupuestario del país, en muchas décadas. Cuando lo lógico hubiera sido, el convocar nuevas elecciones ante la serie ininterrumpida de fracasos que ya atesora, “el nefasto y devastador Zapatero”; y que el pueblo y mediante las urnas, elija a quienes va a ceder la administración nacional por un periodo máximo de cuatro años. Pero no, este nefasto y devastador ya nombrado, ha vuelto a aquel aberrante hecho que un déspota y enano rey francés pronunciara... “Después de mi el diluvio”.
Así este irresponsable, criticado desde los foros económicos internacionales, pasando por el propio Banco de España, e incluso por destacados miembros de su propio partido (Almunia: que ocupa un alto cargo en economía nada menos que en la UE) y otros
Jueves, 31 de mayo
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín