No más mentiras

SUICIDIOS EN LOS EJÉRCITOS

08.03.09 | 09:00. Archivado en Sobre el autor

En las hojas del fichero del Ejército de España y en la época en que yo fui obligado a prestar un indeseado servicio, que me quitó dieciocho meses de los mejores de mi vida (1960-1961); en la media filiación militar, creo recordar que había un apartado que llevaba impreso la palabra “valor” y el suboficial mecánicamente, escribía a mano… “se le supone”. Supongo que aquel detalle, sería para algunos hechos de guerra y cuando fuese probado aquel “soldado a la fuerza”. En aquella época, para ser obligado en la leva anual, tenías que tener cumplidos los veintiún años y estar sano… “los tarados quedaban a cargo de sus padres, puesto que al Estado les importaban dos c..?. Los homosexuales entraban en la leva, como unos más; “no había discriminación”, si bien el secreto era guardado por el tal, aunque luego mucho se sabía.

Tras las soflamas absurdas de los que viven del Ejército; con aquello de la patria y demás exaltaciones; te dabas cuenta que en el ejército pasabas a ser un número más; un cuerpo que querían convertir en máquina, simplemente para atacar o defender, “la causa”. Lo más terrible para mí, fue cuando alguno de tantos “chusqueros” y muertos de hambre (Franco no pagaba muy bien que digamos, a la tropa) se te ponía delante y mirándote fieramente (animalmente) te ordenaba… ¡Póngase firme que está hablando con un superior!... aquello me producía “tales trallazos en mi mente”, que tenía que hacer verdaderos esfuerzos para aguantar; puesto que conociendo “al animal”; siempre me decía a mí mismo… ¿superior en qué?... en galones claro está.

En las marchas y despliegues, pegándonos “barrigazos” en los desiertos de Almería; observaba que tras cada sección, siempre iba un suboficial con una metralleta; hasta que pude averiguar muchos años después; que aquello era para que en caso de ataque, los soldados no retrocedieran por su cuenta… en caso necesario, allí estaría la metralleta montada, para cortar la retirada a los que se tachaba de cobardes. Por todo ello y cuando al fin me licenciaron; y a punto de embarcar en Melilla, como un rebaño de ganado, que fue como fuimos y volvimos a nuestra casa… no me hubiese quedado allí… ni con “las dos estrellas de teniente”… yo no valía ni valgo para militar.

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