En las hojas del fichero del Ejército de España y en la época en que yo fui obligado a prestar un indeseado servicio, que me quitó dieciocho meses de los mejores de mi vida (1960-1961); en la media filiación militar, creo recordar que había un apartado que llevaba impreso la palabra “valor” y el suboficial mecánicamente, escribía a mano… “se le supone”. Supongo que aquel detalle, sería para algunos hechos de guerra y cuando fuese probado aquel “soldado a la fuerza”. En aquella época, para ser obligado en la leva anual, tenías que tener cumplidos los veintiún años y estar sano… “los tarados quedaban a cargo de sus padres, puesto que al Estado les importaban dos c..?. Los homosexuales entraban en la leva, como unos más; “no había discriminación”, si bien el secreto era guardado por el tal, aunque luego mucho se sabía.
Tras las soflamas absurdas de los que viven del Ejército; con aquello de la patria y demás exaltaciones; te dabas cuenta que en el ejército pasabas a ser un número más; un cuerpo que querían convertir en máquina, simplemente para atacar o defender, “la causa”. Lo más terrible para mí, fue cuando alguno de tantos “chusqueros” y muertos de hambre (Franco no pagaba muy bien que digamos, a la tropa) se te ponía delante y mirándote fieramente (animalmente) te ordenaba… ¡Póngase firme que está hablando con un superior!... aquello me producía “tales trallazos en mi mente”, que tenía que hacer verdaderos esfuerzos para aguantar; puesto que conociendo “al animal”; siempre me decía a mí mismo… ¿superior en qué?... en galones claro está.
En las marchas y despliegues, pegándonos “barrigazos” en los desiertos de Almería; observaba que tras cada sección, siempre iba un suboficial con una metralleta; hasta que pude averiguar muchos años después; que aquello era para que en caso de ataque, los soldados no retrocedieran por su cuenta… en caso necesario, allí estaría la metralleta montada, para cortar la retirada a los que se tachaba de cobardes. Por todo ello y cuando al fin me licenciaron; y a punto de embarcar en Melilla, como un rebaño de ganado, que fue como fuimos y volvimos a nuestra casa… no me hubiese quedado allí… ni con “las dos estrellas de teniente”… yo no valía ni valgo para militar.
Jueves, 31 de mayo
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín