EL CRÉDITO OFICIAL EL PARTICULAR Y LA USURA
29.03.08 @ 08:30:49. Archivado en Sobre el autor
Desde antes de Franco, existía en España el crédito oficial, la banca oficial, las cajas de préstamos oficiales; a saber: Banco Hipotecario de España, Banco Exterior de España, Bancos de Crédito Agrícola, Industrial, Local o Municipal, Caja Postal e infinidad de cajas de ahorros, que luego fueron aumentadas por las cajas rurales. Todo ello bien controlado por el Gobierno y a través del Banco de España… creo recordar.
Todo este entramado, bien controlado; dio un resultado enorme para el desarrollo de España, a partir de los años sesenta del pasado siglo, principalmente. A todas estas entidades se las obligaba a invertir una importante cuantía “del coeficiente de caja”, en determinadas inversiones que dirigía el Gobierno; el que igualmente controlaba los tipos de interés para que no hubiese usura. Afianzando el empleo, pues era más fácil… “echar a un hijo o a la parienta… que a un empleado fijo”.
Tuve relaciones hipotecarias con el Banco Hipotecario y a través de un crédito concedido para iniciar un establecimiento hotelero (la inmensa red hotelera y turística construida en la época de Franco se realizó así: así como muchos millones de viviendas, que cualquiera podía adquirir con grandes facilidades); pero con un crédito hipotecario en forma férrea, puesto que si el edificio a hipotecar costó “tres”, la hipoteca era por una tercera parte y muy vigilada, para que el Estado no perdiese un céntimo; o sea que la última parte del préstamo no llegó a mis manos, hasta no estar el establecimiento funcionando; y funcionando (resalto) sobre la base de precios controlados igualmente por el Estado Español, que consciente de lo que representaban los ingresos turísticos, controlaba desde el precio de vaso de vino o taza de café, hasta el de la habitación de cualquier tipo de hotel, pasando por los de los menús de todo tipo de restaurantes o casas de comidas. Y al que se “colaba”… “estacazo dinerario y a reclamar al maestro armero”… “dependíamos de un militar”.
O sea; que había que “echarle bemoles” para emprender aquel negocio; puesto que si salías adelante bien; sino… el Estado y en subasta, recuperaba íntegramente lo aportado, por lo que antes he dicho; había hipotecado el valor de tres, aportando una solamente. Los posibles fallidos nunca dañaban el capital oficial.
Antonio García Fuentes
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