VIVIR PARA TRABAJAR Y MORIR DE INFARTO
11.12.07 @ 08:28:02. Archivado en Sobre el autor
De esas muchas cosas que se aprende viajando pueblo a pueblo y como había que hacerlo hace cuarenta o cincuenta años; recuerdo un relato, oído “al calor de unos chatos de vino”; y cuando para matar el tiempo de espera (“había que esperar mucho”) en el cotidiano trabajo de modesto representante o viajante, que va vendiendo, “de mostrador en mostrador” y por cuenta ajena, múltiples manufacturados… los compañeros o colegas de profesión, contábamos lo que nos habían contado otros; resumo pues, un relato que decían fue verdad que se vivía o vivió en un pueblo.
El relato se refería a un gitano; que como sabemos; en mayoría; “no tienen un pelo de tontos” y precisamente por ello viven su forma de vida y la defienden tal y como sabemos; los que los hemos venido observándolos muchas décadas… Aquel, era “un pobre gitano”, pero que llevaba la vida al revés de los “castellanos” (payo es palabra ofensiva: ver diccionario); o sea que trabajaba un día y descansaba los otros seis de la semana. Buscaba trabajo (menos mal, pues otros ni eso) y en lo que le salía u ofrecían, fuera más o menos duro, aceptaba trabajar la jornada; cobraba el jornal estipulado y con ello, lo iba administrando con el máximo rigor e iba comiendo y mal viviendo el resto de semana; que coincidía ya con las penurias del hambre; y entonces buscaba nueva peonada y así vivía, sin molestar a nadie. Los del pueblo, le solían increpar… ¡Refaeeé! (su nombre era Rafael, pero ya se sabe en ciertos lugares ello se modifica)… ¡Qué buena vida te raspas!; a lo que Rafael imperturbable siempre respondía… ¡¡Mis buenas jambres que me cuesta!! (Otra deformación verbal de la palabra hambre).
Eran épocas en que la mujer estaba en la casa, sobre todo las casadas; y el hombre, era “el cabeza de familia” y el que tenía que buscar el sustento; diferente era en épocas de cosechas y en las zonas rurales, puesto que entonces trabajaban hasta los chiquillos, puesto que había que… “recoger recursos para tiempos malos… que llegarían”. Pero llegó el progreso y con él, las prisas y el afán de tener y consumir y así,
Antonio García Fuentes
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