TABERNAS Y BODEGONES
01.12.07 @ 09:12:35. Archivado en Sobre el autor
"Aquellas tabernas y figones para el pueblo"
No, no es lo que hoy figura o se presenta como taberna, bodega o bodegón, a lo que me refiero; reflejaré algo de aquellos modestos establecimientos, atendidos generalmente por el propietario, algún hijo menor y la propia esposa y los que, abiertos desde el amanecer, dónde en algunos (no todos) se “despachaban” las pequeñas copitas de aguardiente carrasqueño, que hacía saltársele las lágrimas a alguno; pero que el que podía (no todos pues el dinero era escaso) iba cada mañana para con él, “matar el gusanillo”, antes de entrar en el trabajo en el pueblo o marchar a los campos, aquel que podía hacerlo, pues también el trabajo era escaso. Igualmente los primeros parroquianos (lo de cliente vino después) y el que podía, se llevaba (al tajo o a su casa) su pequeña “damajuana” de vino blanco peleón, que procedente de La Mancha, era el masivamente consumido por aquellas muchedumbres, que lo bebían no cuando querían, sino cuando podían y pese al bajo precio del mismo… ya que incluso para ello, apelaban al “fiado”, si se gozaba de crédito en la taberna. Establecimientos que abrían sus puertas y las mantenían hasta que los últimos bebedores, se marchaban o eran echados a la fuerza, por el normalmente bronco tabernero, que tenía que ser bastante fuerte y bragado para aguantar a algunos parroquianos, a los que terminaba por incluso, negarles la bebida espetándole, de malos modos que ya no le servía más… que se fuera a su casa o donde quisiese, o llamaba a los “municipales o a los civiles”… cosa temida, pues aquellos y tras las palabras de invitación y llegados a un extremo, igual lo apaleban sin contemplaciones y terminaba en el calabozo municipal o en el “cuartelillo de los civiles”… por ello, “a las doce en punto silencio en la noche y todo en calma, salvo la voz y sonido de la pica del sereno (si es que había), “o las fuertes pisadas de la pareja de la ronda nocturna”; pues había que dormir y dejar dormir a los demás”. El gamberrismo de hoy… eso ni en las ferias, era permitido; era combatido incluso “a palo limpio”.
Aparte de las del pueblo donde viví mis primeros siete años; conocí las de mi ciudad natal, que eran similares en inmensa mayoría. “Lo de bar, cafetería, pub y otras, vendría después, mucho después”; luego y siendo ya casi un veinteañero en que empecé a viajar, “buscándome la vida”,
Antonio García Fuentes
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