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Vicente Aleixandre 3. ANHELAN ENLAZAR SUS ALMAS

Permalink 23.01.17 @ 07:00:00. Archivado en Espiritualidad, Psicología, Poesía

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aleixandre1066Los poemas de “Historia del corazón” construyen un relato tan narrativo como lírico, una historia de amor, de amor vivido con los otros, como leíamos en “La plaza” (pulsar), pero también de amor individualizado, pasión amorosa en convivencia y cotidianidad. De hecho, de sus cuarenta y ocho poemas, veintiséis cantan la experiencia erótica, expresamente referida o sugeridora.

Nos asomamos hoy a la sección “III. La realidad”, referida al amor como vida en común, de donde seleccionamos dos intensos poemas, “El alma” y “Tendidos, de noche”. Para ambientarlos con excelencia nos ha parecido interesante inventariar confidencias muy personales de su autor sobre el tema de fondo de dichos versos: la relación del cuerpo y el alma…
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TODO ES ESPÍRITU

Mantuvo Aleixandre durante veinte años con el poeta Ricardo Molina una muy sincera, muy íntima, correspondencia, enriquecida por confesiones difíciles de expresar en el receloso territorio de un diálogo presencial. Se inició el intercambio epistolar en enero de 1948; el 18 de marzo desnudaría su alma el poeta sevillano en los siguientes términos:

“Usted me habla de Dios, de su amor. La mística del amor que hay en mí no se polariza en un nombre, porque la enorme religiosidad de mi poesía se sume en el grito del hombre desterrado de su destino de gloria. El amor... Usted lo ve: todo el mundo poético mío está vivificado por el amor. ¿Qué soy yo si no soy amor? Pero sin mí los sentidos (mis ojos, mis oídos, mi doloroso tacto, mi caricia incesante) son alma, alma: espíritu puro. Todo es espíritu. Yo no puedo despreciar la materia sensible, que veo siempre rafagueada de alma. Un árbol, por ejemplo, me parece un agolpamiento espiritual sorprendente. Celebración del indivisible espíritu.”

La autora del artículo que recoge estos escritos, Olga Rendón Infante (pulsar aquí), nos sugiere que dicho epistolario se convierte en instrumento para reflexionar sobre un aspecto “tan inefable como la mística del cuerpo, de innegable eco cernudiano”. Y así continúa la carta:

“Y un cuerpo hermoso me sorprende como si fuera el ademán del alma. El alma misma. Es el alma que se expresa; se hace visible. Y en el rapto amoroso verídico jamás duda de que el alma es el cuerpo. Cuando los enajenados se unen con sus cuerpos, es que anhelan enlazar sus almas: ellas son las que se están enlazando. Las almas, solo las almas, por su misterioso lenguaje invisible.”

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Cederemos de nuevo la voz al autor de “Historia del corazón”, esta vez no en prosa lírica susurrada a un amigo, sino en verso libre de reconocido Nobel:

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bblancoANOCHE TE HE TENIDO EN MIS MANOS
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EL ALMA

El día ha amanecido.
Anoche te he tenido en mis brazos.
Qué misterioso es el olor de la carne.
Anoche, más suave que nunca.
Carne casi soñada.
Lo mismo que si el alma al fin fuera tangible.
Alma mía, tus bordes,
tu casi luz, tu tibieza conforme…
Repasaba tu pecho, tu garganta,
tu cintura: lo terso,
lo misterioso, lo maravillosamente expresado.
Tocaba despacio, despacísimo, lento,
el inoíble rumor del alma pura, del alma manifestada.
Esa noche, abarcable; cada día, cada minuto,
bblancoabarcable.
El alma con su olor a azucena.
Oh, no: con su sima,
con su irrupción misteriosa de bulto vivo.
El alma por donde navegar no es preciso
porque a mi lado extendida, arribada, se muestra
como una inmensa flor; oh, no: como un cuerpo
bblancomaravillosamente investido.

Ondas de alma..., alma reconocible.
Mirando, tentando su brillo conforme,
su limitado brillo que mi mano somete,
creo,
creo, amor mío, realidad, mi destino,
alma olorosa, espíritu que se realiza,
maravilloso misterio que lentamente se teje,
hasta hacerse ya como un cuerpo,
comunicación que bajo mis ojos miro formarse,
organizarse,
y conformemente brillar,
trasminar,
trascender,
en su dibujo bellísimo,
en su sola verdad de cuerpo advenido;
oh dulce realidad que yo aprieto, con mi mano, que
bblancopor una manifestada suavidad se desliza.

Así, amada mía,
cuando desnuda te rozo,
cuando muy lento, despacísimo, regaladamente
bblancote toco.
En la maravillosa noche de nuestro amor.
Con luz, para mirarte.
Con bella luz porque es para ti.
Para engolfarme en mi dicha.
Para olerte, adorarte,
para, ceñida, trastornarme con tu emanación.
Para amasarte con estos brazos que sin cansancio
bblancose ahorman.
Para sentir contra mi pecho todos los brillos,
contagiándome de ti,
que, alma, como una niña sonríes
cuando te digo: « Alma mía... »

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bblancoDESPIERTA, DESPERTADA, MUDA, MIRÁNDOME...
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Decisiva en la vida de la pareja es la comunicación, verbal y no verbal. El poeta enamorado y necesitado de afecto y palabras, se enreda en la madeja de la intimidad jugando a las miradas (“mirar”, “mirándome”, “contemplarte”, “mirarte y verte”, “no puedo mirarte sin amor…”). Se funden todos los sentidos: “La que en voz baja dice: Hace frío. La que cuando te beso murmura casi cristalinamente y con su olor me enloquece…”

Y a continuación: “La que huele a vida, a presente, a tiempo dulce, a tiempo oloroso…” La sensualidad del lírico no se conforma con el beso, reclama calor y abrazos: “La que recojo y acerco. La que siento como tibieza estable.” Se quedó prendido el tiempo en los alfileres del hoy: “La que me da vida sin pasar, presente, presente inmóvil como amor, en mi dicha…” El poema se cierra con el sueño: “Y callarse, y quedarse dormido del continuo olor que es la vida.”
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TENDIDOS, DE NOCHE

Por eso tú,
quieta así, contemplándote,
casi escrutándote, queriendo en la noche mirar muy
bblancodespacio el color de tus ojos.
Cogiendo tu cara con mis dos manos mientras tendida
bblancoaquí yaces,
a mi lado, despierta, despertada, muda, mirándome.

Hundirme en tus ojos. Has dormido. Mirarte,
contemplarte sin adoración, con seca mirada. Como
bblancono puedo mirarte.
Porque no puedo mirarte sin amor.
Lo sé. Sin amor no te he visto.
¿Cómo serás tú sin amor?
A veces lo pienso. Mirarte sin amor. Verte como serás
bblancotú del otro lado.
Del otro lado de mis ojos. Allí donde pasas,
donde pasarías con otra luz, con otro pie,
con otro ruido de pasos. Con otro viento que movería
bblancotus vestidos.
Y llegarías. Sonrisa... Llegarías. Mirarte
y verte como eres. Como no sé que eres.
Como no eres... Porque eres aquí la que duerme.
La que despierto, la que tengo.
La que en voz baja dice: "Hace frío". La que cuando
bblancote beso murmura
casi cristalinamente y con su olor me enloquece.
La que huele a vida,
a presente, a tiempo dulce,
a tiempo oloroso.
La que señalo si extiendo mi brazo, la que recojo
bblancoy acerco.
La que siento como tibieza estable,
mientras yo me siento como precipitación que huye,
que pasa, que se destruye y se quema.
La que permanece como una hoja de rosa que
bblancono se hace pálida.
La que me da vida sin pasar, presente,
presente inmóvil como amor, en mi dicha,
en este despertar y dormirse, en este amanecer,
en este apagar la luz y decir... Y callarse,
y quedarse dormido del lado del continuo olor que
bblancoes la vida.

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MISTERIOSAMENTE PLEGABA MIS ALAS...

ciclista99El tercer poema de hoy, “Al colegio”, se incluye en la sección IV “La mirada infantil” de Historia del corazón, que evoca experiencias, personales y observadas, del escritor en su trajín de estudiante adolescente que pedaleaba feliz por el tranquilo Madrid de 1912. Para ambientar el nostálgico sentir del poeta, reproducimos la respuesta de un setentón Aleixandre a cuestiones de Mariano Gómez-Santos (para más información, pulsar aquí):

“El Madrid primero que he conocido allá por el año 1912, era apacible, provinciano e idílico. Yo era un niño hijo único –solo tenía una hermana– muy atendido y cuidado en mi casa. Tenía una bicicleta con la que todos los días por la mañana y por la tarde, me iba por la calle de Serrano, Alcalá arriba, Cedaceros y Carrera de San Jerónimo, a mi colegio, tranquilamente por medio de la calle. Esto da idea de aquel Madrid tranquilo y de tráfico tan apacible que permitía que un niño cuidado fuera en su bicicleta al colegio por las calles más céntricas de la capital.”
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AL COLEGIO

Yo iba en bicicleta al colegio.
Por una apacible calle muy céntrica de la noble ciudad
bblancomisteriosa.
Pasaba ceñido de luces, y los carruajes no hacían
bblancoruido.
Pasaban majestuosos, llevados por nobles alazanes o
bblancobayos, que caminaban con eminente porte.
¡Cómo alzaban sus manos al avanzar, señoriales,
bblancodefinitivos,
no desdeñando el mundo, pero contemplándolo
desde la soberana majestad de sus crines!
Dentro, ¿qué? Viejas señoras, apenas poco más que
bblancode encaje,
chorreras silenciosas, empinados peinados, viejísimos
bblancoterciopelos:
silencio puro que pasaba arrastrado por el lento tronco
bblancobrillante.
Yo iba en bicicleta, casi alado, aspirante.
Y había anchas aceras por aquella calle soleada.
En el sol, alguna introducida mariposa volaba sobre
bblancolos carruajes y luego por las aceras
sobre los lentos transeúntes de humo.
Pero eran madres que sacaban a sus niños más chicos.
Y padres que en oficinas de cristal y sueño...
Yo al pasar los miraba.
Yo bogaba en el humo dulce, y allí la mariposa no
bblancose extrañaba.
Pálida en la irisada tarde de invierno,
se alargaba en la despaciosa calle como sobre un
bblancoabrigado valle lentísimo.
Y la vi alzarse alguna vez para quedar suspendida
sobre aquello que bien podría ser borde ameno
bblancode un río.
Ah, nada era terrible.
La céntrica calle tenía una posible cuesta y yo
bblancoascendía, impulsado.
Un viento barría los sombreros de las viejas señoras.
No se hería en los apacibles bastones de los bblancocaballeros.
Y encendía como una rosa de ilusión, y apenas
bblancode beso, en las mejillas de los inocentes.
Los árboles en hilera eran un vapor inmóvil,
bblancodelicadamente
suspenso bajo el azul. Y yo casi ya por el aire,
yo apresurado pasaba en mi bicicleta y me sonreía...
y recuerdo perfectamente
cómo misteriosamente plegaba mis alas en el umbral
bblancomismo del colegio.

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bblancoVICENTE ALEIXANDRE
bblancoNobel de Literatura 1977
bblanco3
enlaces8

1. ¿Qué poemas conoces del Nobel español?

MANO ENTREGADA
TEN ESPERANZA

2. En la plaza

EN LA PLAZA
EL VIEJO Y EL SOL

3. Anhelan enlazar sus almas

EL ALMA
TENDIDOS, DE NOCHE
AL COLEGIO

4. Un corazón que late en toda edad

ASCENSIÓN DEL VIVIR
NO QUEREMOS MORIR

5. Sombra del paraíso

NO BASTA

6. El niño de Vallecas

NIÑO DE VALLECAS
PIE PARA EL NIÑO DE VALLE. DE VELAZQUEZ, de L. Felipe

7. El pueblo está en la ladera

EL ÁLAMO
LA MADRE JOVEN

bblancoSOLrayos1
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Comentarios:
Poesía pura. Descarnada, no, encarnada. Contemplación tangible. Expresión de intimidad detenida en el tiempo. Belleza, en fin. Aleixandre siempre.

Precioso capítulo, Nicolás. Muchas gracias.
Enlace permanente Comentario por José 23.01.17 @ 10:22

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